Cruzada
Publicado el | 26.5.2008 | Un comentario
Anno Domini 2008, vigésimo-sexto día del mes quinto. (Naturalmente una antiquísima historia). Muchas leguas separan al remoto cafetal convertido en Escuela de Computación de las ostentosas bóvedas doradas y de los jardines imperecederos del Vaticano, no obstante por un momento el computín convertido en novelista y consultor pareció tomar los hábitos dorados de un Papa o al menos de un Purpurado Cardenal y dictar una sacro-santa cruzada contra los apóstatas, heréticos e infieles de la administración de proyectos. Indignado presentaba él y alegaba a los cuatro vientos el inmencionable sacrilegio que en sus escritos planteaban.
Este Cardenal, bendecido por el libro de libros apodado “El Cuerpo de Conocimiento”, no tardó tampoco en trocar sus ropas y su retórica por el hierro y el fuego, e ipso facto nosotros, pobres pueblos del desierto (desierto del conocimiento), fuimos fustigados y castigados por no creer en esa misma y terrible deidad conocida como “El Proyecto” (dicen algunos sabios de Oriente, que el nombre del proyecto es infinito e imperecedero, siendo yo poco menos que un apóstata no debo permitir que mis labios ni mis falanges ayuden a expresar el terrible nombre propio y secreto de “El Proyecto”).
Sépase que entre Cinco, que concurrimos en nuestra fe y labor, Cuatro coincidimos en combate con las furiosas huestes de este hombre “ilustrado” y “occidental”. Jamás, en mi lustro de lucha tenaz en este cafetal desértico apodado Universidad, he sido testigo de un teatro tan atroz: underhanded and cunning el Cardenal arremetió contra el fruto de nuestro esfuerzo mental, insultó nuestras artes, nuestra metódica y nuestro desempeño. Truculento –como era de esperarse- manipuló sus herramientas, sus mediciones, blandiendo argumentos tan sólidos como los espejismos en los Oasis de nuestro desierto. Luchó Juan Luis en solitario contra el Cardenal, hasta que hartóse el primero de este particular duelo y, con la indiferencia propia de un hombre que reconoce que ni el triunfo ni la derrota valen la pena, cedió.
Una vez derrotado el primero, los demás no dudan en callar y dejar su lucha; el campo abierto no les favorece, es preferible replicar desde las sombras, por medio de trabajo, de sutileza y de subterfugios. Con el tiempo cobrarán su venganza contra esta figura perjudicial. Que aquel se vanaglorie de la defensa de lo indefendible, que crea reconocer en el silencio ajeno el triunfo de su ‘sabiduría’; los pueblos del desierto nos hemos forjado entre la hostilidad del abandono y nos sabemos capaces de crear a partir de la nada, de no doblar las rodillas ante el discurso retóricamente insensato de un hombre que asume el traje, la postura y el modo de un gran sabio, pero despojado de ellas no es más que otra sombra que asusta en un edificio que germinó de un terreno que fue cafetal y que ahora es un Campus.
Comments
Una persona dijo algo to “Cruzada”
26.5.2008 @ 10:28 pm
El reloj corre con prisa, como si se hubiera olvidado por tan sólo un momento que el tiempo no es obstáculo; se difuma, en parte es todo un ciclo circular de contracción temporal.
Alejandro vuelve su mirada -aterrorizada, quizás- hacia el instrumento. Tick, tock; un vaivén, una danza del destino en un aparato que encierra las paradojas más interesantes del mundo. Por sólo un instante Cronos da una truega al pobre hombre; tan refrescante como el rocío, pero tan corta que pasa inadvertida de no ser por el daño.
Ese personaje iluso, recuerda que debería estar practicando su disertación de mañana. ¿Lo ha comenzado, siquiera? El favor del padre tiempo sirvió sólo para que se percatase de la hecatombe que le espera. Mil y un asuntos esperan respuesta, demandan su atención. Y en ese mismo instante, luego de posar mi mirada sobre el lienzo blanco del monitor de la página de Jules y absorver lo que ahí dice, oye un grito de procedencia incalculable: “¿¡Qué estás haciendo huevón!?”
Vuelve a ver el documento, ahí, sí, justo dónde siempre estuvo. No recuerda el propósito de su visita al blog, más que para talvez pretender que todo lo que leyó es en realidad ficción. Mas no lo es. Es la realidad, la historia de una tragedia que le corresponde continuar viviendo.
Vuelve a ver el reloj… hace tick. Y empieza de nuevo.