“Utopía de un hombre que está cansado”
Publicado el | 28.5.2008 | Un comentario
Para Borges no era más que un sueño, un paisaje lleno de imágenes difusas entre las cuales con mayor claridad recuerdo la mención de la abolición del artefacto infernal (inevitablemente oriental) que multiplicó vertiginosamente la cantidad de libros hasta el punto de lo ridículo: Borges soñó un mundo donde no había más imprentas.
La realidad nuestra es diametralmente opuesta: el hombre –siempre amante de lo hiperbólico- creó por fin una ineludible imprenta total, ya no se trata solamente de la proliferación de lo impreso, de gruesos tomos de blancas hojas manchados por la prosa negra de nefastos autores que hayan tan fácil forma de contaminar al mundo con sus ideas, ¡no!, se trata también la etérea, fatigante y omnipresente red de redes, en la cual cada hombre es autor, editor y lector; y peor aún: omnisciente y sabio juez.
Esta no-tan-novísima Biblioteca de Babel cuyo índice contiene acrónimos de tres letras camuflados como sufijos a nombres propios que encierran en confusas codificaciones binarias electromatemáticas disertaciones absurdas, volúmenes casi-infinitos de palabras repetitivas, pensamientos dirigidos a nadie en particular pero que contaminarán más de una mente (sí, este blog es uno de ellos).
¿Sería mi vida (o cualquier vida) más provechosa si se leyeran solo una docena de libros? ¿Y se releyeran una y otra vez? (¿Podré, al menos, elegir los volúmenes como el ‘Time Traveler’ de Wells?, igual no importa esos pocos tomos constituirán mi saber. Sólo eso y nada más.) Sea tal vez cuestión de cansancio, pero preferiría esa alternativa a pasar inmerso en la lectura de una cantidad indeterminada de ‘deóces’, o de ‘pepetés’ que no valen los electrones por los que transitan y se manifiestan en un lienzo de cristal líquido (o cañón catódico).
¡Vulgar Internet que ha hecho proliferar autorcillos y luminarias con la misma brillantez de una luciérnaga! ¡Ea, arrabal virtual dónde cada hombrecillo insignificante es un genio o un semi-dios y puede publicar sus ‘Pensamientos’ bajo la convicción total de su relevancia (sin darse cuenta que solo repite palabras ajenas)!
(Al menos los que entran aquí saben que lo que van a hallar distará de cualquier seriedad, o convicción; contrario a tantos otras creaturas en la blogósfera, yo reconozco y acepto que mis escritos no son más que grafitis, garabatos ideológicos, tan sofisticados como un dibujo a lápiz en el margen de un cuaderno).
Para dicha o desdicha quemóse alguna vez la Biblioteca de Alejandría; aunque el fuego purgase obras de Aristóteles, Euclides y otros poetas o sabios también habrá librado al mundo de los PMBOKs, los “Pensamientos Arquitecto-centrales” o ATAM, SAAM, o SATAMs de esa época. No abogo por una nueva edad oscura, pero sí quisiera sentir el pasar del tiempo que dicta contundentemente quién o qué resulta verdaderamente trascendental o importante; mientras más rápido y más cuantioso se publique, más rápido también se debería descartar y olvidar.
Comments
Una persona dijo algo to ““Utopía de un hombre que está cansado””
28.5.2008 @ 7:54 pm
Meditaron un día la alondra y el caracol,
¿Qué decir, que no esté dicho?,
¿Qué hacer, que no esté hecho?,
¿Qué escribir, que no esté escrito?
La vida humana, una carrera sin sentido; nunca tuvo un fin. Es correr por correr, hacer por hacer; así de ineludible y inexorable el ciclo de las cosas que nos relevaron los ancestros. Venir a constituir un ente material en forma de homo sapiens, más allá de cualquier dialética.
La labor, inconfundible. Con las manos de la evolución, fundir, moldear, dar forma y crear. La palabra, un objeto más del utilitario del mico de sabana, mas no un fin sino otro medio. El propósito yace simple y llano a la postre de nuestro camino por el mundo, pero se encomienda antes de dar el primer paso en él.
Es pues entonces, donde por místico mandato superior nos ponemos de lleno en la construcción de un eslabón más. Ese vínculo entre lo efímero, el alma y la esencia, y lo material de este mundo. Creamos sin tener claro el motivo, dispuestos a vivir por ello -y morir si es necesario. Vagamente, algunos intrépidos le llaman idealogía.
Lista la obra personal, fruto del ingenio y del talento, la presentamos orgullosa a la multidud de congéneres. Nuestra “felicidad” depende la aprobación de la misma. Y un con último suspiro de vida que exhalamos, soldamos el eslabón a la cadena que teje la humanidad desde que tiene percepción de su existencia. Añadimos nuestra parte, la fundimos a una sucesión de aportes de los que ya han partido.
Bueno o malo, pequeño o grande, dejamos algo para la posteridad y el arduo trabajo que espera a quienes no han nacido aún. He ahí la deformidad de la cadena: es un popurrí multidisciplinario de cosas que nadie tiene por seguro hacia dónde va, o si por tendrá fin en algún momento. La culpa no es de la ignorancia de hombre, es de su miopía y su enorme incapacidad de verse más allá de su propio mundo. Bien lo diría Gödel: somos incompletos y por ende, nunca nos vamos a entender a nosotros mismos.
El sentido de la magnánima obra lo harán los herreros, quienes cansados de la ignorancia del vulgo deshacen los eslabones débiles y los funden de nuevo con delicada pericia. La cadena… ¿para qué entonces? Parafraseando Galeano: para eso, para tejer y tratar con todo ahínco ser herrero.