Desde la parte de abajo del camarote, empezó a sonar la melodía polífónica del celular que funge principalmente como alarma de uno de nuestros protagonistas (recordemos que el celular de nuestro políglota y ojiverde protagonista se perdió en algún antro Moscovita). Volvamos a nuestra escena, eran las ocho de la mañana y la alarma comenzaba a sonar, rápidamente nuestro protagonista porteño la apagó. Mejor dormir cinco minutos más, aun podrían ir a agarrar el desayuno que terminaba a las diez.
Con el fin de ahorrarme narrar la repetitiva escena de alarma que suena, y Protagonista Porteño que la apaga, mejor digo que a las diez y media todavía estaban en sus respectivas camas, recién quitándose de encima la pereza y el cansancio.
Como a las Once y Algo salieron del Wombat Hostel (donde en el Wombar la noche anterior estuvieron cantando ‘De Música Ligera’ y tomando Cerveza Austriaca un domingo en la noche) hacia la Ciudad.
Alrededor del mediodía y sus menudencias vieron las Sights, Stephansdom, Oper, Hundertwasserhaus, Museumsqueartier, Casa de la Rata (Rathaus, según Di Mare), y un poco más, también se despidieron de algunos Euros que se transmutaron en una sueta (una que espero no sea como mi sueta anterior -la que al final toooodo mundo tenía-) y un par de Schnitezels.
Siempre hay más que hacer, mucho que ver: Mercados Navideños y Palacios. Volver al Hostel y volver a salir. Ir al cine, salir tarareando el Theme Song de James Bond. Salir creyéndose agente secreto, deseando encontrar esa Chica Bond, esa aventura, ese villano y todo lo demás.
