estrella lunar de limbo y del Junio 28UTCDomingo 2009


The Times They Are A-Changin

Quería escribir, desde hace días, algo sobre el Irán; no iba a hablar ni de Ahmadinejad ni Moussavi ni Ayatolás, simplemente habría querido decir lo asombrado que estaba de ver las cosas que ocurrían, ‘history in the making’ dirán algunos; la reacción a 1979 para analistas políticos, un toque de 1789 para algunos de nosotros ilusos.

Los tiempos cambian, de la nada (mentira, pues luego en retrospectiva todo es increíblemente obvio, históricamente inevitable y todo lo demás, pero en el momento las cosas son una sorpresa, un rayo que le cae a la humanidad y ese rayo apenas es parte de una tormenta) hay un evento cualquiera, revueltas, muertes, protestas, que acaparan la mente del mundo, la secuestran para grabarse en ellas como hitos.

El jueves murió un hombre de 50 años, su muerte ha sido llorada por todo el mundo. En realidad sólo murió el hombre, pues su nombre está más vivo que nunca, su música le sobrevive y se repite a manera de réquiem para él. La autopsia, los testamentos y todo eso le dará de comer a la prensa rosa por varios días, la música prevalecerá al igual que ese estado que había adquirido, tan apropiadamente llamado de ser algo ‘larger-than-life’. No ocupo mencionar el nombre del difunto para que sepan quién es.

Y hoy domingo, sigue la avalancha, claro, no hay día de descanso ni para dioses ni hombres, mucho menos militares o presidente, demócratas o antidemócratas, oligarcas, empresarios, parlamentarios y los demás ingredientes de esa olla’ecarne que se llama Honduras y de la que salimos pringados.

No hay paz en este mundo; es un mundo tormentoso llenos de muertes, de revueltas, de agendas secretas (o conspiraciones) que ponen hombres empijamados entre el fusil y la pared. Son hitos, son momentos, anécdotas para los nietos si se quieren, para que los periódicos no vengan engordados sólamente por las banalidades de promociones y facilidades al crédito.

Cada quién sabrá juzgar al mundo que cambia, si le da importancia  lo que ocurre, o si se limita a vivir su vida con ese egoísmo iluso de que ‘eso’ no es conmigo, cuando siempre lo es. Los tiempos están cambiando y en eso vamos nosotros también.

Stormy Weather

Las luces están apagadas, las cortinas abiertas y la gata está inquieta, viendo por el vidrio pero a la vez no, parte de su naturaleza felina de hacer cosas sin hacerlas, parcialmente pendiente de algo que pretende ignorar. Claro, lo anterior tiene poco sentido, poco de particular, imaginar las cortinas abiertas y las luces apagadas sería perfectamente normal si fueran las diez de la mañana, las dos de la tarde, o la perezosa hora del crepúsculo donde se exprimen esos últimos rayos de sol previos a la penumbra cotidiana. Lo cierto que es son alrededor de las nueve y media de la noche. Las cortinas están abiertas porque quiero ver a través de ellas, las luces apagadas porque espero otra iluminación (más allá del resplandor electrónico del monitor), y la gata está nerviosa por la tormenta eléctrica.

Existe en ella una belleza caótica, una belleza compuesta; porque no es sólo el rayo que cae, el trueno que nos abraza, o la lluvia omnipresente, es la combinación de todos. Los múltiples rayos que de repente iluminan al mundo con algo que realmente sólo se puede atribuir a algún dios, esa certeza fulminante, ese blanco total, tan efímero pero impactante. Y son varios, cae uno y luego otro, y a veces con el cielo nublado no se nota ni dónde cae, porque toda la bóveda celesta se ilumine totalmente, y luego la sigue el trueno, alargando su gruñido en el tiempo y el espacio; por unos segundo todo es la respiración detenida y el rugido del trueno perdiéndose en todas las distancias a la vez, haciendo recordar al rayo que lo creó.

No digo mucho más, la verdad, veo por las ventanas bien abiertas los rayos que caen, y los quiero seguir viendo; es como ver un monumento, una obra de arte y absorberla, no verla por medio de los ojos abiertos de un curioso, sino con la mirada calmada de un conocedor; veré la tormenta, los rayos que caen, dejaré que los truenos rujan a mi alrededor.

Que llueva, que truene, que caigan rayos; que las tormentas a veces también son bonitas, sí se saben apreciar.

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