estrella lunar de limbo y del Octubre 16UTCViernes 2009


Map of the Problematique

Todo es –naturalmente- culpa del blog de Javier; blog que descaradamente resucitó lazarosamente y me hizo reconocer que el mío más bien estaba en el olvido, con un par de posts que resaltan como puntos negros en un mar de blanco, de ausencia. Incluye el de Javier, de forma curiosa, digna de precuela cinematográfica, todo el listado de episodios no-publicados, un que otro episodio de Javier llega por word of mouth (or windows live messenger, for that matter) o por medio de un youtubazo de esos que hacen que uno ría y ría mucho más. Afortunadamente, contrario a Javier no tengo que recuperar meses de ausencia bloguera, tampoco me voy a poner a tratar de recordar o reponer sucesos pasados, bien que mal, ya añejos, procesados por la memoria llegarían a carecer de cierta vitalidad necesaria para ser memorables. Aun así si hay cosas de suceso reciente donde quiero sacar la gran, enorme, cuchara y meterla con ganas en el arroz y en el mango respectivamente y crear una de esas cosas gastronómica y dialécticamente confusas y absurdas, con apenas el suficiente nivel de contacto con la realidad para hacerlas pasables y –¿acaso?- legibles. Procedamos entonces al show varieté de la sandez.

Politiquerías Punzocortadas

Empecemos con la entrée de zapallo en la que nadie quiere perder mucho tiempo, un par de mordiscos, un tenedorazo que corta a través y que luego queda sobre el plato, indicación inevitable para que el mesero entienda que la entrada es una jugueteo a veces innecesario, pero bueno aquí está, hablar algo de política, no mucho, tampoco de las ridiculeces que puedan circular en días de elecciones de la FEUCR, pero ellos amertirarían un post entero sólo para criticar los panfletos repartidos, discursos escuchados y esas boludeces –porque el vocablo argentino es el más rico para usarlo y referirse a ellos- en las que no puedo creer que ellos crean. Me alejaré de la política de peleas de gallos o pollitos futuro-sindicalistas de la FEUCR y mejor me quedo con las sandeces globales, tan ridículamente palmada en el hombro con guante blanco que uno no quiere creer que ocurren. (Tomando la ambigüedad por la cintura y sentándola aquí al lado:) El Presidente estadounidense Barack Obama ganó la semana pasada el Premio Nobel de la Paz.

-Humbled, dijo él. [Eventualmente la mayoría de sobalevas lo felicitaron]

-¿WTF?, dije yo. [Eventualmente la mayoría de los políticos en Washington, Hugo Chávez et al corearon conmigo ese sentimiento, aunque su posición obligue a formularlo de forma diferente. –Tal vez Chávez haya sido creador de una forma más pintoresca de decirlo]

Premios Nobel en cajas de Choco Crispis, había dicho mucho antes alguien. [Desde antes había estado de acuerdo con esto]. No tengo nada contra Obama, me cae bien, simpático y carismático el hombre, no es un santo pero es menos diablillos que otros presidentes, los Bush, el mismo Clinton, y los que gobernaban antes de que yo naciera. Es más a Obama le deseo que le vaya bien con su política. El detalle es que la gente en Oslo quiere convertirlo en superhéroe prematuramente. Es la palmada en la espalda al pueblo norteamericano por haber elegido a Obama, es un premio para todos los que han apoyado a Obama, no es un premio para él. Torpezas noruegas. Premios oblicuos. Para la próxima podrían premiar a Jesús (-póstumamente-) por haber predicado un mensaje de paz y amor que está tan en el aire como los hechos logrados por Obama en cuestiones de política global. Mejor aun, premiar a Bono por haber descifrado how to dismantle an atomic bomb.

Al domingo siguiente, en esas cosas tan coincidentalmente finas e irónicas que sólo yo les presto atención, una fábrica en Cartago recibió un premio por ser la que le producía las mejores partes ‘x-cuac-321Z’ a General Motors. Todo es lo mismo, la psicología de un premio, los obreros de la fábrica se sentirán orgullosos de las piezas fabricadas que irán a dar a algún lugar que ellos mismo tal vez no sepan con total certeza, pero fueron premiados. Felicidad y orgullo gracias a un premio. happy worker is a better worker. Manipulaciones. Palmadas en la espalda, eventualmente se necesitan más, muchos más y por eso hay premios para todo que ya no se puede saber cuándo alguien realmente ha merecido algo. Si el Nobel se rebajó a la misma underhanded motivation technique de la fábrica en Cartago, de qué sirve.

Mientras los premios sean como si vinieran con el Corn Flakes o la Cajita Feliz mejor se los dan a Bono.

Primi Piatti, Secondi Piatti

Calcio. Futebol. Fussball. Idiomas diferentes, misma cosa. Pasiones, indiferencias, gritos a la pantalla, ojos bien abiertos, maldiciones, ‘jueputas’ libremente soltados y todo eso que caracteriza toda la cultura futbolera. No sé cómo, ni cuándo, pero al menos mi afición por la Selección está diluida. Aun me gusta el futbol, veo los partidos de la Juve o de Champions con más emoción y antojo que los de la Sele o los de la Liga.

Es posible que más de una persona me salga con un de-qué-jugás, la Liga, la Sele son de aquí, hay que apoyarlos, primero ellos luego los demás. NOT!

La Sub-20 fue algo refrescante, incluso su derrota queda marcada –sin ningún conformismo- como algo grande, un logro que merece un aplauso, a pesar de cuatro penales errados (quien me salga con que él/ella/ello lo podría tirar mejor, pues que se dedique al futbol y lo haga, honestamente, cansancio físico+psicológico por el empate, nervios [de repente una selección sub-20 en semifinales tenía la misión de devolverle la fe al país en el futbol] influyó. y ahí quedó. un cuarto lugar en el Mundial es más que respetable. Aplauso).

El otro cuarto lugar (el de eliminatorias) es más que despreciable. Entre campeonatos mediocres, jugadores que ni técnicos ni tácticos son, pésima condición física, y los demás et ceteras que correspondan, el resultado es que ahora la Selección necesita que la gente les de la fuercita para los partidos de repechaje y todo eso, porque ya el partido quedó atrás, aunque doliera el empate y como dijo el profe hay que pensar en el próximo rival, porque ahora es un partido de 180 minutos y hayq ue concentrarse y no lamentarse y ser fuerte y practicar y ensayar bien y. y . ¿Y?

Y el futbol de nuestro país es más predecible que las entrevistas que ellos mismos dan. En el Mundial le voy como siempre a Italia. Ghana simpatiza, España que se vaya pa’l cuerno. Y ojalá Argentina se recomponga.

Flora y Fauna de la UCR

Finalmente el brevísimo comentario de odio de rigor del día. Caminar por la U. Ir a sacar el carnet, tener que hacer una fila que avanza sólo esporádicamente, porque algunos ¿estudiantes? creen que la fila es cosa de estar al sol como matitas, como girasoles sonriendole a la pelota de helio incandescente que orbitamos, luego la foto, la muchacha que se cola porque es hija del encargado de las fotografías o algo así, luego salir de ahí, con calor y frustrado y no poder caminar, porque sobre la acera van ese grupo-manada que, como patos, vuelan en formación de v, estorbándoles a los demás. Horrores. Respirar, hacer como se tiene que hacer, tirarse a la calle para pasarles, adelantamiento en falso, negar por doble-enésima vez los panfletos de propuestas ridículas de partiduchos de la FEUCR. Hay días que la U es intolerable. Tal vez hoy fuera uno de ellos.

Hace más de una semana, cuando llegué, simplemente acertaba a mover la cabeza de lado a lado, un péndulo de ojos verdes que intentaba, desesperadamente, absorber por los ojos cuanto fuera posible de Nueva York, salir de Penn Station y sentirse súbitamente tan ínfimo, al pie de esos monstruosos rascacielos, colosos de concreto, toda mi mente estaba dedicada a ver, a descifrar cada detalle, a reinterpretar todo aquello de cultura pop que me había llegado de Nueva York, me sentía un graduado en asuntos neoyorquinos cortesía de Seinfeld y Friends, pero eso eran sólo pensamientos que pasaban de aquí a allá, mientras yo caminaba y veía y luego el Empire State ahí nomás, y la discusión sobre si lo era realmente porque no se veía grande, más bien peque como el Banco Nacional, pero conforme nos acercamos comprendimos la perspectiva, la distancia se redefinía y la azotea del Empire State porque sólo de ahí se podrían ver las cosas y no creerlas, porque se queda en un ¡wow! que es una unterjección sumamente puntual para un sentimiento que se prolonga por días, porque la ciudad tiene su propia luz, su propia alma –dirían algunos-, pero simplemente es un encanto que se deriva de ser un caleidoscopio-skyline-arquitectura-iluminación ya reconocible pero hasta el momento no comprendido.

Muchas otras veces pasamos por Times Square, era nuestra ancla, como un lugar que hay que ver aunque sea marginalmente, agregarlos sutilmente a nuestros itinerarios para verlo sin necesariamente comentar sobre algo nuevo, simplemente era el cruce por excelencia, el lugar típico por el cual había que pasar de nuevo y de nuevo. Y las tiendas, y los lugares para comer. Y simplemente las luces, los carros, el hummer-limusina que era la ubicación de una fiesta rodante de nenas-rubias-bobas sacando cabezas y gritando por el quemacocos, los vendedores de cosas de imitación, la Babel ambulante, porque había indios, alemanes, franceses, españoles (hasta para tirar para arriba) y nosotros cuatro ticos, balbuceando sandeces de la mejor manera posible, o con nariz de payaso en la cara o simplemente tomando docenas de fotos de todo. Y riendo, porque si algo dejamos en esa ciudad fue el eco de carcajadas burlistas e irreverentes desde Times Square hasta el Battery, en el Upper East Side o en una mesa en Little Italy y ni hablar de Secaucus y el tren a Newark que era ya familiar, las carreras en Penn Station y los indigentes cumpleañeros y las cervezas que comprábamos en la farmacia.

En los días siguientes fueron los museos los que me maravillaron, por su extensión o lo imposible de su naturaleza, imposible por que no hay forma real de poder ver todo en una visita, hay que satisfacerse con haber visto algo, esos museos que una amiga me dijo –y estoy de acuerdo con ella- que son el verdadera alma de esta ciudad, más allá de sus inmigrantes y sus landmarks son el Met, el MoMa, el Guggenheim y el Museo de Historia Natural lo que definen el carácter de los Neoyorquinos, de esa cultura donde saber que tienen a Monet, Picasso y Tiranosaurios ahí nomás, que desde pequeños se los enseñan, y yo a los 24 deambulaba como un niño también queriendo llevarme de eso cuanto fuera posible sea Kandinsky o Magritte, el Templo de Dendur, a Warhol y a Roy Liechtenstein, pero sólo en tarjetas me los pude traer cuando mucho.

Luego la quintaesencia de cualquier experiencia en EE.UU. el roadtrip, el viajecito, el GPS y el Dodge Journey que salió de un rental en Newark y luego se tiró por el Turnpike, guiado por CARlita, auxiliado por ‘Rosita’, para evitar perderse camino a Philadelphia para pasar el día y luego seguir a Dulles, pero el Centro Histórico de Philly es como el Smithsonian, de esas cosas chivísimas e increíbles que ‘vimos’ que cuánta historia en un solo lugar pero de las que no hay fotos por enredos y cosas de la vida, pero increíbles los lugares. Alejandro maneja, y Jose pone música, yo interpreto el mapa del GPS y estamos pasando de nuevo por un mismo lugar, pero la salida es aquella y hay que caer de nuevo en la I-95, que ahora va para Delaware o Baltimore o quién sabe dónde y en ella vamos nosotros y ¡peaje! ¿quién cuenta las monedas y billetes? y así vamos, y a ratos es Bon Jovi, a ratos los Beatles y –obvio- Muse y U2 que suenan y cantamos o gritamos, pero por lo general vamos riendo y que cuándo llegamos. Y el Hotel de Washington está en el culo del mundo pero hay un mall cerca y eso es debacle porque hay que comprar ropa y zapatos y al día siguiente es el concierto y viajamos y cruzamos por todo el estado rural y hay tractores y el ave estatal de Virginia son los semáforos y por enésima vez a comer en el McDonalds y todo menos una Angus que tiene calorías y grasa para matar y ya estamos hartos y llegamos temprano y el concierto es chiva aunque está lleno de rocos y eso no matiza tanto y la voz de Bono está hecha una desgracia pero Muse ¡MUSE!.

Y D.C. que para nosotros será la troleada tan dolorosa porque a estas alturas los pies son tamalópodos, porque duelen y quién sabe cuánto caminamos pero vimos el National Mall, y todo alrededor y caminar, pero Washington es aburrido y punto, nos hacía falta NYC y cada vez volvían los chistes de Salvador, de Wedges, de Rosita y Carlita, de imaginarnos escibiendo sandeces con Seth McFarlane, porque la producción es infinita, es irreverente, y la nariz de payaso que atrae los lentes de cámara ajenos nos sorprende así como los helicópteros que aterrizan en la Casa Blanca y secretamente temí que algún granjero redneck me viera y me quisiera volar un balazo por estar frente al Capitolio haciendo payasadas, porque es lo que mejor hacemos. Y luego más compras, pero el dinero ya no da.

Divagaciones. Risas. Irreverencias. Stellas Artois. Facebook. La payasa a la 1 a.m.Y si teníamos gente en el cuarto de a la par que se aguante, pero eso ya quedó en el pasado, porque ahora estamos en el aeropuerto y el Sudoku nos confunde y nos irrita el Wifi que se cobra, pero todo se acaba queda el vuelo y el viaje fue genial de esas cosas que se recordarán porque es memorable, porque casi morimos estampados porque un peaje nos sorprendió, porque los rocos genéricos nos veían con desprecio. Porque Washington apesta, y porque quisiéramos estar meses en Nueva York.

Thing is, good-bye for now, pero lo cierto es que un viaje de estos se vuelve necesario, ritual y ahí estará en el futuro, siempre habrá más destinos que conocer.

Creado a partir de la poderosa combinación de: mi intelecto, WordPress y el tema: Motion de 85ideas.
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