estrella lunar de limbo y del November 10UTCTuesday 2009


Vampire Nazis

¿Cómo se mata un vampiro? Obviamente hay que intentar con la estaca al corazón, pero luego alguien puede argüir que en realidad la estaca tiene que ser clavada en la boca o en el estómago y claro está la cuestión de qué tipo de madera se necesita para matar realmente al vampiro. ¿Que si es de roble o de fresno? Luego la cuestión de que el ajo o el crucifijo, el espejo, o si tiene que ser invitado para entrar. Ni para qué mencionar si es de verdad lo que sólo puede salir de noche y que la luz del sol lo quema.

Sólo el folclor en sí se contradice, al fin y al cabo es un cuento popular para espantar a la gente, que en algún momento entró a la literatura, al cine, a la cultura pop. Son distorsiones que no hacen daño, me importa poco si alguien cree que para matar al vampiro hay que usar una estaca de fresno y clavarla en el corazón, o si más bien hay que decapitarlo y rellenar su cabeza con ajo. Por una película o un libro puedo aceptar la convención que pretenda establecer el autor. Bien que mal para muchas cosas creemos lo que Bram Stoker nos ha hecho creer. Otras, ahora creeran lo que los vampiros en plena sobredosis hormonal adolescente quieran hacer creer, otros, más místicos y ocultistas buscarán razones ocultas en el folclor original de los Balcanes. Harmless, so far.

(si no ha visto o no le importa Inglourious Basterds, deje de leer aquí)

¿qué tal si ahora preguntamos cómo acabó la Segunda Guerra Mundial? Pausa. Pregunta tonta. Obviamente. Hitler se suicidó, Goebbels también, etc. Está en mil y un libros de historia. Sí, lo está. Sin embargo, vino Tarantino y, bramstokeramente, agarró lo que le servía para su historia, para darle el final que necesitaba y matar de un golpe a toda la cúpula militar nazi en un infierno cinematográfico de venganza judía. ¡uf! Claro, claro yo sé que es ficción, que es un spaghetti-western sin italianos ni vaqueros, sino judíos que se comportan como nazis por venganza, es ficción y ya, y y no debería juzgarla porque cada quien puede hacer lo que quiera con una historia. La peli me gustó, no digo que no, pero… Tal vez me apego mucho a la convención de la historia, de que los eventos ocurrieron de otra forma, tal vez por eso no me dejo llevar del todo por la trama de Tarantino, por eso tal vez me decepcionó el final, porque esperaba el descalabro inevitable de los héroes para que se pudiera acomodar la coherencia histórica y no el heroismo de caja de cereal.

Tal vez, en cierta forma, lo que me pica la mente ahí por el cerebelo sea la transmutación de la historia en ficción, que de repente aquello que debería estar fijado por metal termina siendo algo sumamente maleable, no es la primera vez (cada película es una interpretación, más que una representación de la historia), sin embargo, este equívoco lo trata de aparentar verosímil por el simple hecho que es memorable, lo memorable cala y termina siendo preferible a la tiesa y aburrida historia en la que no hay guapo de la película, no dudo que algún chamaco bruto llegue a creer que había un personaje bradpittesco real y que Hitler murió realmente en un cine en llamas.

(Parrafo aparte, de historias trastocadas, el escandalejo afrancesado por Sarkozy y , sus fotos del noviembre del 89 en el que sale en el muro de Berlín, y que más de uno jura y perjura que eso no tiene sentido y que son montajes y yo estoy tentado a creerlo, porque a Sarko le encantaría haber estado ahí y ahora la historia es reescribible, nos lo había enseñado Goebbels desde hace décadas, y ahora la tecnología nos lo hace más fácil, pero disvarío mucho).

Pero sí, la película ayuda a los nazis a dar un paso hacia el amplio mundo de la ficción, están entrando por la puerta chica, como caricaturas de domingo, burlas de dictadorcetes, autócratas sanguinarios o pomposos y necios villanos, y una vez adentro se despojan de sus ataduras históricas. Y así, reaparecen las contradicciones, terminan siendo como vampiros, cuestionados y definidos por folclor o fuentes contradictorias, y en las cuales no necesariamente importa la veracidad y comprobabilidad sino la persuasión, lo real termina siendo lo que la mayoría crea real, son los laberintos que tejemos los humanos, camuflando realidades con nuestras mentiras. Matando a nuestros vampiros con estacas, cuando en realidad su origen ha de haber sido algo común y corriente. Así ahora Hitler murió por la intervención heroica de un batallón de judíos.

No digo, de nuevo, que la película esté mala, me parece que no necesitaba de ese final, de ese deseo de reescribir historias, el juego entre Landa y Aldo no necesitaba de Hitler para ser eficaz, pero bueno, al menos yo aun no tengo la facultad de alterar la historia y corregir equívocos intencionales a mi imagen y semejanza.

Death and All His Friends

Trago saliva, más porque es un gesto de alguien quien duda mucho en qué escribir. Dos días atrás escribir de la muerte habría sido totalmente diferente. Dos días atrás Muerte era sinónimo de cempaxóchitles, esas flores naranja omnipresentes en panteones y altares de muertos, en esa Oaxaca colorida que celebraba la muerte, en ese Xoxocotlán con Mariachis y gente que cocinaba en las tumbas y donde las nubes de algodón de azúcar llevaban esa dulce atmósfera sobre el cementerio, en esa Etla de lentas comparsas y donde la Catrina iba con una calaca Mariachi, junto a otras figuras tan coquetas ante los lentes fotográficos. En ese atiborrado Cementerio de la Ciudad de Oaxaca donde la gente rendía sus tributos a sus muertos. Había sido un viaje para conocer esa muerte que se celebra, que incluso se venera como una santa.

Trago saliva y frunzo el ceño, el gesto se complica tal vez porque no sé aun cómo hablar de esa otra muerte que es más real. De esa que me hace garabatear en el teclado, escribir una cosa y borrarla porque sé que lo que aquí escribo alguien lee. Las siguientes oraciones han sido escritas y reescritas varias veces, justamente por eso, porque trato de decidir que poner y lo único que vuelve a mí es una frase que vi en algún altar, en alguna Catrina, en algún tapete o quién sabe dónde. “Pa’morir vivimos”. En algún momento pensé en el juego de palabras obligatorio, “pa’vivir morimos”, pero vuelvo al original, a la muerte como un final, una transición, no más ni menos, el luto es de los que quedan y no de todos, existe el alivio de que acabe el sufrimiento, igual hay tristeza y esa piedra en el pecho, ese nudo en la garganta y esa pausa en todo lo que escribo.

Hoy murió mi abuela paterna. Hoy recuerdo mis domingos de niño en Alajuela. Recuerdo a mi abuela y a mi abuelo juntos, son las imágenes que vienen a mí, la de abuelitos juntos y no la de la viuda de los últimos años. La recuerdo, mi abuela de nombre curiosamente árabe y apellido hanseáticamente germano. Sus ojos azules, su sonrisa, sus historias de chiquilladas de mi padre. Ya no trago saliva, ni revoloteo en pensamientos, sonrío con cierta serenidad.

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