estrella lunar de limbo y del Diciembre 31UTCJueves 2009


Yo no olvido el año viejo

Los años son circulares, las cumbias no. Un treintayuno de diciembre son todos los treintayunos de diciembre, los venideros y los sucedidos. Son el presente. También. La canción es la de siempre, pero no es igual. A veces es la mera molestia que emana de un parlante, un radio y Radio Reloj, el tumbacocos en la avenida central o a veces es la canción que uno no admite que esté, pero sí está en la colección de música en la compu. Otras veces es algo que acompaña al treintayuno para crear una especie de estado de mente, al que se vuelve, por eso es circular, porque es regresar a ese momento en el que uno evalúa todo, le busca el sentido a lo que ha sucedido, trata de plantear expectativas, cuando son en realidad las sorpresas las que vienen a llenar el año: los papeles inesperados.

Hace un año también escribía, en otra latitud y otra temperatura pero escribía y no podía imaginar qué iba a escribir hoy. Sonrío, mientras escribo, mientras el Sol se pone detrás de San José, sabiendo que ya para casi todo el mundo el año es nuevo y yo me aferro a esas últimas hebras del año para dejar mis torpezas garabateadas aquí.

Yo no olvido el año viejo, me ha dejado cosas muy buenas, me dejó: un viaje chiva, una Budapest fría, una Viena rápida, una Turquía inolvidable, una Troya filológicamente stendhaliana, el pequeño energúmeno e inseparable cel negro, varios meses de vagancia, un gato gris, un curso de sánscrito, otro de latín, otro de griego, varias tardes en zacatales ucrianos, un asco a la máquina de nescafé y sus esporas, dos vueltas al mundo, un concierto en la Guácima, otro en el Saprissa, una cédula nueva y una billetera vieja, correspondencia inesperada, un mundial de surf en el que no vi ni una tabla, varias cere-vezas, unas tizas rayuela, una nariz de payaso, un regalo perfecto, demasiadas pechuguitas buffalo, suficiente cerveza, más zacatales ucrianos, un viaje a la Gran Manzana, un tridente, un poco de ropa, varias camisetas de sandeces, una boina, conocer a salvadorrrr, añorar Secaucus, NJ, la troleada por Lexington, el huecocle de Charlottesville, un Bono ronco, un Muse increíble, otro concierto en la Guácima, (me faltó el del Palacio), más griego, más sánscrito, más latin, puella nauta amat, una literatura latina, varios pelos en los alambres, una luz morazanosa, un viaje a Oaxaca, ser el “galán intelectual”, una tarde de Muertitos en Moravia, la Carmina Burana, una pilsen en Chelles, un telar y un solsticio, tres espadas y mezcal vacío, un veinticuatro con lluvia, un par de libros, un borrador. una vista desde las chorreras, una septuagenaria argentina, y una buena suegra.

Yo no olvido yo no olvido yo no olvido.

Una de Romanos

Los dioses me quieren tanto que me odian, eso dije yo hace unos días al recibir una noticia que es, en esencia, buena; repasando, necesariamente, las lecturas sé que esos dios ahora debería llamarlos númenes son en realidad fuerzas de la naturaleza, que conviene obedecerles y que más de un augur me los interpretaría en el vuelo de las aves en el cielo, las tripas de un animal sacrificado, o en la forma en la que cae la torre séxtuple de latas de cerveza.

Esos tiempos, sin embargo son cosas del pasado, así como la mores maiorum, que tanto defendían Catón el Censor o Marco Tulio Cicerón. Valores de antes, la gravitas que censuraría este blog, porque no lo consideraría comitas sino más bien lo asociaría con la mente, mens… de ahí viene mentir. Cosas dichas con astucia equivalen a eso, por eso los romanos valoraban la discreción, la seriedad, no este malamansamiento literario. Digno, tal vez, de la poesía fescenina, de las saturas, que al final son un género propio romano, como los discursos forenses, políticos o demostrativos, donde importa lo justo, lo útil, o lo bello y todas esas cosas. Y ciertamente los escritos de Cicerón me convencen de apoya a Gneo Pompeyo, pero los discursos actuales me convencen de votar por Ringo.

Pero me adelanto, qué voy a estar hablando de Cicerón y sus discursos sin hablar de Plauto y Terencio o las Carmina que meramente son oraciones solemnes, desde oraciones, hasta encantamientos. Todo eso en un día, estoy mareado, de tantas Puellae (porque sólo una me interesa), las matronas o las meretrices, el tontón enamorado, el sénex los astutos esclavos siempre al servicio del amor, las viejas y el leno o el soldado o cualquier otro impedimento. ¡Por Cástor, en qué momento leí todo eso! ¡Que me confundan los Dioses! Me da picazón en el seso. [nota al pie decía que en las obras de Plauto la picazón indica por dónde va a venir la zurra posterior] (en las de Terencio, en cambio, el callidus hace poco, es medio inútil, pero el Sénex es más importante].

¡ah! y este post es como una nube o un río, o cualquier otra cosa, sólo lo escribo para decir que esto es un símil, un tropo, o una figura retórica. Y decir que en la primera línea de este párrafo ya hay un polisíndeton, y ni siquiera les voy a decir que esto que me niego a decirles es una pretericín, ¿porque para qué? pero ahí está, plantada la dejé, la pregunta retórica, y a estas alturas del párrafo ya me dirán que todo es una prosopopeya o una enorme onomatopeya de un filólogo falso que no haya que hacer, sí, vos lector, sólo para meter la apóstrofe, porque ya no se me ocurren más formas de camuflar figuras retóricas.

Figuras retóricas que quedan aún. (hipérbaton con algo de anadiplosis por ahí) también para analizarlas en Catulo, pero cuando se le caga a los amigos y les dice que son un montón de sodomos (“¡Eh! Talo, marica, más suave que piel de conejo…” y otros insultos que por ahí hay que me convencen que desde hace dos mil años es común cagársele a los demás, diciéndoles playos [no es un insulto discriminatorio, sigo el ejemplo de Catulo]) en lo menos en lo que se piensa es en el análisis y más bien hace gracia el odio que tienen esos versos, aunque otros sean cursos, otros patéticos y otros me hagan pensar de Anatolia y el Asia Menor. Pero soy un geek y por eso lo hago.

Estudié, este post demuestra que al menos leí algo y me tomé el tiempo de darle forma de sandez (aunque la sandez probablemente no haya sido aprobada por los romanos, por no estar en versos saturnion, ni en ningún yambo ni tener esa pateticidad de paraklausíthyron, que es una gran palabra para el lamento de la puerta cerrada, cosa que sólo he sentido cuando llego muy tarde a una oficina gubernamental. Sí puedo decir que hice caso a Cicerón. e hice mi inventio, mi dispositio la chamboneé, la probatio la omito porque no quiero convencer a nadie, la peroratio la hago siempre, y la elocutio es la normal. La memoria que no me falle mañana y el pronuntiatio pues que sea de boca de la profe que me diga que pasé.

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