estrella lunar de limbo y del May 04UTCTuesday 2010


La tijera se acerca a la cinta, única prenda, la corta, la cinta cae suavemente y deja al desnudo las nuevas ropas del emperador.

En todo caso la inaguración fue feliz y se puede brindar con la champaña, abrazarse, tomar fotos, aplaudirse, posar para la foto, para la posteridad, mirada al horizonte, visión, sí, visionario. El estadista inmortalizado por sus obras. La historia caprichosa e injusta en no pocas ocasiones ha olvidado a sus grandes hombres. ¡Ah aquellas épocas! Con un cincel y un mazo era tan fácil hacer olvidar el legado de algún faraón. Cincelazo. Cincelazo. Y desparecía así el nombre del registro de reyes, de sus obeliscos, se reescribía la historia así de fácil; alguien aprovechaba y se jactaba de obras que no eran suyas. Orwell nos exagera la manipulación de la historia, 1984 distópicamente describe cómo se puede mantener la guerra, manipular la propaganda los libros de historia, Eurasia siempre ha sido nuestro enemigo, Asia Oriental el aliado, luego el Gran Hermano lo rebaraja todo. ¿Y qué importa?

Todo es susceptible a ser manipulado. La historia la escriben los inauguradores, digo, los vencedores.

Reconozco que ahora la originalidad está en robarse el mandado. Por adelantado. Un hospital que no atiende gente, un estadio poblado por constructores de la lejana Asia Oriental (¿se referiría Orwell a ellos?), una Casa Presidencial en un parqueo ajeno. En todo lugar la foto. Habrá plaquitas, imagino, bien bonitas, de metal, para conmemorar la excelente gestión de esta actual administración que avocó tanta obra pendiente. Tanta obra que ahora, además de pendiente, es fantasma.

Un rotundo cero recibiría si para algún trabajo de la Universidad entrego algo atrozmente incompleto, así como si sólo tuviera la obra gris y los chinos aun tuvieran que poner las conclusiones o la bibliografía, o si elaborando algo más práctico (recordando mi formación de computín) si entregara un software que no es capaz de ser utilizado, casi tan insensato como cortar el listón de un hospital que no puede atender aún. O peor, poner inaugurar la introducción de un ensayo del que no tengo tema, ni los terrenos para construir.

Existe algo de surreal, casi kafkiano en esto. Absurdo, sí, terriblemente. Soy ciudadano de un país que promueve oficialmente la mediocridad (y la vive con emoción en los demás aspectos de su vida [para el cliché de siempre que es el futbol está Bryan Ruiz y su Twente como la reducida masturbación en sustitución de lo que habría sido la orgástica experiencia de otro mundial, la solución placebo para el futbol nacional]). Tenemos una carretera nueva, que no abastece bien el volumen de tránsito, tenemos una carretera costanera que vive en un casi-casi-casi-está-casi-un-poquito-nada-más, tenemos los semáforos inteligentes que deben haber sacado mala nota en algún examen porque no se ha vuelto a hablar más de ellos, la palabra “mantenimiento” es una papa caliente que se la pasan de lado a otro y nadie atiende, la nueva ley de tránsito se reduce porque ¡qué fuerte era!, el sistema de justicia por un lado arresta y por otro suelta, así como el Minaet que por un lado protege y por otro explota; y todo está bien tal cual es porque ¡algo es algo! y ¡diay, peor es nada! o el ¡mucho enredo cambiar las cosas, si sirve no se cambia! y ¡deje de criticar si no lo puede hacer mejor, agradezca que están haciendo algo! Ok. Gracias.

Pienso, en el fondo, que esos argumentos defensivos son igual de irreducibles e intransigentes que los de un fanático. Lo cual es terriblemente preocupante. ¿Por qué? Por la simple implicación que hay gente que defiende a capa y espada lo poco que se hace, por el mero hecho que se hace, sin poner en tela de duda la eficacia, la eficiencia de lo que se hace, o de cómo se hace siquiera. Ven y aplauden las nuevas ropas del emperador [serán nuevas, pero no hermosas, probablemente arrugadas, quien conozca el cuento no querrá imaginar al emperador]. Cualquier crítica es apabullada por el fanatismo en el comodismo del sistema.

Es realmente cansado llevar algo a su fin, sí lo es, para qué ponernos en eufemismos. Lo es. Requiere esfuerzo, disciplina. Lo vale, es cierto, pero hay que tener conciencia de lo que cuesta. Construir un puente, arreglar una calle, invertir en tal o cual desarrollo urbano implica un mantenimiento, mantenimiento implica un compromiso, una inversión igual o incluso superior a lo que fuera la obra per se. En muchos casos es algo de nunca acabar; asusta un poco, pero está bueno, así se ponen los pies en tierra, así entendemos que cortar una cinta es una tibieza, una cobardía. La cinta la deberían cortar quienes se comprometan a mantenerlo, a entregarlo listo, no el que se desentiende de esto en una semana o menos.

Contrario a Óscar Arias, yo dejaré este post inaugurado, porque lo he finalizado.

I Hope, I Think, I Know

Fue antes del desayuno, pero después de levantarme; en medio de ese deambular de un extremo del cuarto al otro, del control remoto en la mano, el zapping porque la programación matutina contamina todos los canales y la cama que se deja de tender para ver la tonta pantalla. El programa se llama “El Universo de Stephen Hawkings” y era una anuncio simple, bello, artístico en esa forma que sólo la física puede ser bella por ser cósmica; juegos de estrellas, esferas, tiempo. Luego me cayó la peseta. Me cayó de forma Newtonesca, por gravedad. Gravitas. El Universo es un atributo de los físicos teóricos, claro. El universo de Stephen Hawkings, El universo según Stephen Hawkings. ¿Según? Es casi un evangelio, pero evangelio no es más que ‘buena noticia’, ‘buena nueva’ en griego así que en cierta forma sí aplica, si la teoría es buena y es nueva, sería un evangelio, entonces el universo según Hawkings, de Hawkings sería un evangelio. Modus Ponens y reglas euclidianas, consecuencias lógicas. Todo tiene sentido.

Luego, lo inevitable, el por lo tanto, el ‘queda explícitamente demostrado’ o en vernacular: las consecuencias, en bunburesco: ‘de vez en cuando está bien asustar un poco’. El Universo de Stephen Hawkings me sigue dando vueltas. El Universo. De. Stephen Hawkings. No es de él. No es de nadie. La interpretación sí, es suya, cómo un evangelio, como también hubo un universo de Einstein. De Newton. De Pitágoras. De Perícolos Palotes. Ya aquí cae la peseta, el maní, se prende el bombillo y todo lo demás. La ciencia acaba siendo un asunto de opinión. Hay hechos innegables, la manzana que cae, las explicaciones son divergentes, porque sí, porque de ahí surge platónicamente la verdad, del diálogo, de la reconciliación de esas teorías, pero esa teórica promiscuidad acaba por ser su propio undoing, cuando se olvida la manzana ya podrida (¿será la misma que la serpiente recomendó?) y todo termina siendo el debate entre un viejo tal o cual, barbudo o bigotudo.

La ciencia pretende explicar el mundo. Hay explicaciones tal vez coherentes y sensatas que resultan densas y están más allá de la comprensión de la mente no entrenada, el zoológico de partículas, la curvatura del espacio, cómo funcione el LHC, las cosas que hacen Hawkings et al, e incluso los mismos chistes de Big Bang Theory andan por ahí, en esa zona a la cual no es fácil acceder, donde la ciencia ya se convierte casi en un asunto de fe, donde los doctos apóstoles de Pitágoras, Newton y Einstein nos comunican lo que han descubierto, lo que han pensado, lo que abundantes experimentos no han descartado. Muchas teorías no son más que eso, hipótesis que aún no han sido descartadas. Dimes y diretes, decir y desdecir. Y claro nunca falta un domingo siete que ante la dificultad salga con el creacionismo, pretendiendo salvar todo cuando Darwin no tiene sentido y Lamarck tampoco. De ahí eventualmente los pleitos y fanatismos. De ahí el cinismo y el escepticismo. De pronto aquello que no se entiende no vale la pena, sí la verdad es impenetrable e inútil, no vale la pena adquirirla. Ya no entendemos la ciencia, se nos fue por la tangente, a la velocidad de la luz.

De Newton para el mundo: Acción, reacción. Sí la ciencia no seduce por la verdad de laboratorio que descubre, entonces se nos mete en lo nuestro, en lo cotidiano. Y con un pequeño bang, la ciencia se ha rebajado, se convirtió en un asunto de popularidad, Einstein apoteósico, conocedor del mundo y de una sabiduría imperecedera, no sólo por sus trabajo científico sino por su estilo de vida: como si ser judío o arrepentirse de la bomba nuclear fuera un legado así trascendental cuando tantos otros también son judíos y se arrepentirían de la bomba. Se convirtió en un héroe, porque las películas tienen al científico sexy que salva el mundo porque descubrió la verdad de las cosas, o el viejito sabio científico que hace artilugios inverosímiles pero científicamente justificados. La ciencia ahora es un espectáculo televisivo, un juego para desmentir mitos urbanos, una vitrina circense de hombre gordos, siameses, o partos subacuáticos. Lo peor, la ciencia que abraza lo seudocientífico, para justificar que la ciencia está en todos, que tal vez se comunique en alegorías y entonces: Nostradamus. Ya está.

¡Qué familiar suena! Es como cuando el Papa dice que el infierno no existe, cuando ante los mitos urbanos se receta un santo y se cuentan las vidas de cuanto barbudo europeo existiera en la Edad Media. Las misas del sistema son por televisión y ahora incluyen modelos de computadora, es dogmática la ciencia porque establece sus reglas, si los obispos salen diciendo que Dios es amor, los científicos ungen todo de euclidianismo, de consecuencias lógicas. Ciclos. Comportamientos. Que se repiten. Péndulos. Un lado para acá, otro para allá. [¿Será que Creacionistas y Evolucionistas se pelean porque piensan según la misma forma, pero con argumentos diferentes?] El mundo es el mismo, porque el mundo no es sólo el hecho que la manzana caiga, sino que la manada de simios lo ve y piensa sobre eso. Cuando el sistema de reglas, de estructuras mentales se expande para que para todos los monos sea cierto inicia la decadencia y toca buscar otra cosa.

Llegó el fin, gente, se nos agotó la ciencia. La Física Cuántica es tan lejana como Dios, tan arbitraria como el panteón Olímpico. La evolución azarosa como Poseidón. No es nada malo, tampoco es que la compu en la que lee esto se le va a apagar, no es el fin del mundo ni nada así (aunque canales con nombres como Descubrimiento, Historia, Geografía que deberían ser parangones de objetividad salgan con los mayas y el 2012). Tampoco se cayeron las iglesias cuando el Papa admitió que el infierno no existe realmente y reinvindicó a Galileo Galilei. Algo saldrá y no nos convencerá, eso le tocará a otras generaciones. Nosotros viviremos regidos por reglas y leyes que no terminamos de entender, pero que nos bastan.

Sé que mientras hacía el desayuno ya no pensaba en esto. Los treinta segundos del anuncio se había agotado también. Al final y al cabo, para pegarle un mordisco a la tortilla, al queso, al huevo no necesito saber qué extraña forma tendrá el dios detrás de dios que la trama empieza. Me refugiaré en un paréntesis, lejos de la verdad, como siempre, como conviene.

Creado a partir de la poderosa combinación de: mi intelecto, WordPress y el tema: Motion de 85ideas.
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