The Closest Thing to Crazy
Publicado el | 25.7.2010 | Comments Off
Era una historia que giraba entorno a una botella vacía de Coca-Cola. Los dioses debían estar locos. El Masai y su botella. Luego las secuelas, pero ya eso era otra cosa. Vi la película y, más memorable que su trama que mi mente en gran parte ha desdibujado, me fascinó el título. Un dios loco ocupó mi mente infantil, acaso la más propensa a comprender un dios, a comprender la naturaleza voluble y antojadiza. Un niño es dios, loco y tirano de sus juguetes. Un dios que deja caer una botella en el desierto no es diferente al niño que tiene carros voladores que se rescatan y se hablan que interactúan con hombrecillos amarillos.
Sí, es fácil creer loco a un dios. Teólogos y filósofos podrán preocuparse de por qué es loco un dios, qué es la locura de un dios y todo esas signos de preguntas que crecen sobre las cosas. Es más lúdico imaginarse a dios (algún dios el barbudito de los cristianos, o cualquier otro) en una de esas habitaciones simétricas, blancas y agotadoras como si las hiciera Kubrick, con una de esas prendas de moda exclusiva, con correas y acolchada, imaginarlo hablando incoherencias, víctima de su omnipotencia, omnipresencia, senilidad y confusión. Imaginarlo como el loco que en San José ladra palabras a los cuatro vientos y se ríe. Loco. Un Loco que se dio cuenta que el tiempo es muy poco.
Loco. ¡Qué variado es ser loco! Loco como el hijodeputa que se salta el alto que casi nos mata, malparido de mierda, loco, cuidado con el loco sociópata que tiene un arma y con cualquier chichón lo saca para amenazar y decir que con un par de plomazos todos los problemas se arreglan. Loco, loco como el mero iluso, el pobre herediano que cree que este año sí, porque alguna cábala dice que sí. Loco como el que aún cree que este país es una tierra de paz, belleza y únicamente alaba la motita de bondad en el cerro de la corrupción. Hacerse el loco y ser ciego no es tan distinto. Loco. Loco de rabia o loco de amor. No sé en qué momento me dejé de imaginar a dios y simplemente pensé en locos. En ser loco, estar loco, parecer loco. Loco como el que dice palabras al viento, que suspira poemas en alemán o lee de oro rojo en el bus.
Loco como aquello que no podemos comprender. Que no va. Que no tiene coherencia. Que empieza de una forma y resulta de otra. Que nos da lástima si termina mal lo que bien empieza. Loco como decapitaciones, accidentes, imprudencia, corrupción, caos, desorden, inoperancia, egoísmo, plutocracia, fanatismo. ¡Uf!
Luego, de tantas ideas locas, tantas imágenes furtivas queda la idea fija de un país entero recostado en un diván. Luego la certeza de que el país tuvo un presidente que fue psiquiatra y peor quedó.
Finalmente sólo flota la imagen de la camisa de fuerza que le luciría a más de uno.