Un Misil en mi Placard
Publicado el | 10.8.2010 | 2 Comentarios
Te miré tristemente (triste yo con mi plato del día de verte con el desfile de platos, copas de vino y postres). No hay más tiempo que perder. (Ya había pasado la hora de almuerzo, las manecillas se alejaban más y más de la cima del reloj). Estaba ahí. (Tan ahí que eran menos de cinco metros, oía su voz, murmullo de ella hablar con sus acompañantes memorables.) Un Misil en mi placard. (O un diputado en mi restaurante)
No cualquier diputado, Justo Orozco en el restaurante.
En un país tan pequeñito como este, no es extraño ver a alguna figura conocida rondar en algún café o en alguna tienda (¿O creías que estaba lejos?) Confieso que tenía entendido que semejantes figuras de la política rondan los restaurantes más finos en Escazú y no osarían entrar al “Restaurante más viejo de San José, abierto desde 1909” tan cerca de esos antros perversos como el Hotel del Rey. ¡Ah! Pero ahí estaba, confieso que me costó reconocerlo, si bien la cara es una que ya había visto múltiples veces. En mi mesa, ella y yo estábamos con nuestros spaghetti, en la de él, él y sus acompañantes con los macarrones. Alguna carne, tal vez, la copa de vino blanco. Luego los postres, delicados y bien decorados. Ahí se come bien, entiendo por ello que él, así como yo comiera rápido su comidita.
Lo reconocimos y ella y yo reíamos sigilosamente. Yo imaginé a mis muy ateos amigos, imaginé cualquier intervención posible de ellos y espero haberlos honrado al haber dicho suficientes chistes con ella sobre el comensal de la otra mesa. La cabeza en la pica, la inevitable indigestión de sólo reconocerlo, que la corbata parecía ser la misma de una foto que escupió Internet mientras tratábamos de esclarecer su identidad. (A juzgar por la corbata tal vez de verdad necesitaba el #aumentazo para comprarse otra).
Otros chistes rondaron mi cabeza. Otros aún se forman, horas después. Pero más bien han decaído en lo escatológico, Justo Orozco en su casa indigesto viene a mi mente, con sus postrecitos, sus macarroncitos (porque de él dudo que los llame spaghetti), indigesto agarrándose la panza, tomándose la pastilla porque la Sala IV le hizo caer mal el almuerzo. ¡Oh Justo! Así te imagino, vos y tu partido antilaico, contradicción venerable entre política, fe y bueno, tu actitud mercenaria, (modelo para armar y nunca para desarmar). Justo, hasta el nombre sirve para un punchline que me ahorraré.
Justo Orozco en el Balcón de Europa. Compinche de Avendaño, defensores de las iglesias o centros de culto, o como quieran llamarlos. Tan ahí a la vuelta de donde comiste, está el antiguo Cine Capri, chinchorro de culto cuyas goteras y mal olor oprimen a los peatones. Justo, vos que debés estar ofuscado con la resolución de la Sala. Serán varios años de esto. Los spaghetti que comí estaban ricos, muchísimo. (Un lugar recomendado, de verdad). Tus macarrones seguro te pesan.
Tags: almuerzo > balcón de europa > costa rica > diputados > justo orozco > referendo gay > renovación costarricense
Comments
¡uf! 2 Respuestas to “Un Misil en mi Placard”
10.8.2010 @ 8:37 pm
[...] This post was mentioned on Twitter by Julián Astorga, Julián Astorga. Julián Astorga said: #autobombo Lo que ocurre en mi mente al ver almorzar a Justo Orozco: http://julianastorga.com/2010/08/un-misil-en-mi-placard/ [...]
11.8.2010 @ 7:35 pm
El hp vive a 30 mtrs de mi casa y nadie en el barrio se lo soporta. Lástima que no comentó acerca de las pelucas del susodicho diputado.