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	<title>Julián, su blog &#187; Barrabasadas</title>
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		<title>Juegos de Tronos y Malabares de Curules</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2012 14:48:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Ya ha comenzado mayo. Voraz, se ha comido ya varios días del calendario y las marchas días ha dieron el banderazo a un mes identificado por los abejones y la decepción política. Mes curioso: los estadounidenses, aficionados a la anáforas y a al onanismo, lo “celebran” como Masturbation May. A pesar del Diputado Carlos Góngora, el más obvio y común ligamen entre la política costarricense y la autosatisfacción norteamericana, sí hay una simpatía –en su más etimológico sentido- entre esa celebración y esta decepción. </p>
<p align="justify">Hagamos trampa. Esa trampa que comúnmente occidente ha apodado dialéctica y que consiste en invitar desconocidos a las tertulias. En llegar acompañado a una fiesta o a una reunión. En introducir un punto C que sirva para aclarar las distancias entre A y B. Así, sutil y astuto pongo sobre la mesa el “Juego de Tronos”. </p>
<p align="justify">Dicha serie –mucho más erotizada que el libro- describe las intrigas y maquinaciones políticas de un reino. Fantástico, sí, atrapado en una perenne edad media (occidental-británica, al punto que Westeros recuerda en disposición y forma a la mayor de las islas británicas) que no impide la existencia de elevadores y que juega con la prevalencia de dragones. El juego de tronos, dice uno de sus protagonistas secundarios, importa solo a los altos señores, juegos que resultan indiferentes al pueblo común siempre y cuando no lo afecten. Así, la serie –a pesar del amplísimo reparto- se limita a los nobles, a múltiples linajes y familias, el pueblo común, simple se representa en masa, o a través de esos exaltados individuos que como prostitutas o mercenarios logran colarse en las más altas esferas. Las escenas eróticas son diversas: hay incestos, prostitutas, tríos, homoerotismo, roces con el sadismo, etc; las escenas caracterizan a los personajes, avanzan la trama, muestran –casi alegóricamente en algunos casos- las complicaciones de los juegos por el poder. Sexo es poder. El eros –núcleo léxico de erotismo- es una fuerza en sí, creadora del mundo según los primeros griegos, y que impulsa a los individuos. </p>
<p align="justify">Las escenas eróticas están también para el espectador, para el pueblo que es voyeur de los juegos de tronos, viviéndolos desde sofás. El espectador ve los triunfos políticos de algunos, la llana prosa se interrumpe con sucesos determinantes: ejecuciones, muertes, ascensos y caídas. Ve también con morbo a la nena que pide a otra que le enseñe cómo satisfacer a su nuevo marido, visita varios prostíbulos, etc; <em>bref</em> le hace abrir o cerrar los ojos. La serie lo masturba, le muestra el erotismo sutil, le muestra la sublimación del poder: la serie excita, aviva, juega con el eros del espectador. </p>
<p align="justify">Nuestra realidad es más prosaica. Los juegos de tronos, decía, corresponden a los altos señores, a los padres de la patria si acaso les corresponden los malabares de curules (que lo digan Fabio Molina y José María Villalta). Los padres de la patria, también están lejos del “pueblo” común. La prensa y “Asamblea TV” muestran el primero de mayo el despliegue total de los juegos de poder. Otra vez “Masturbation May”, pero la inversión es evidente. La ficción, traslada el juego erótico al espectador para su deleite. La realidad muestra la masturbación, la auto-complacencia, la auto-satisfacción más banal de los políticos, de sus alianzas, de sus estratagemas: ¿los sobresaltos de Víctor Granados, recién nombrado presidente del directorio no equivalen a aquellos producto de la “turbación manual”? El espectador, el ciudadano y votante aquí es testigo de la masturbación de los políticos, a veces incestuosa, sádica y prostituta (con el actual directorio homoerótica, no). Los altos señores juegan a otra cosa. A algo menor, más prosaico, algo que más que juego es un malabar. No hay tronos, sino curules. </p>
<p align="justify">La ficción es y será mi única realidad. </p>
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		<title>Las mara&#241;as sociales</title>
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		<pubDate>Sun, 06 May 2012 15:14:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barrabasadas]]></category>
		<category><![CDATA[gregario]]></category>
		<category><![CDATA[redes sociales]]></category>
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		<description><![CDATA[Comienza tal vez como un juego. Digamos que dos personas están sentadas en un bar, hablan, no profundizan en ningún tema y se dejar llevar por liviandades, por el oleaje mismo de la conversación, por el suave vaivén de lo seriocómico. En algún momento un interlocutor abre su billetera ya que es parte del juego [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Comienza tal vez como un juego. Digamos que dos personas están sentadas en un bar, hablan, no profundizan en ningún tema y se dejar llevar por liviandades, por el oleaje mismo de la conversación, por el suave vaivén de lo seriocómico. En algún momento un interlocutor abre su billetera ya que es parte del juego y muestra su cédula, su carnet, su licencia, sus mil otra identificación. Espera que la otra persona replique de forma análoga. Yo te enseño a vos, vos a mí. El equivalente humano a olerse la cola. El humano afán de presentarse por aquello a lo que pertenece. Se maquilla, obviamente, con los comentarios sobre las fotos, sobre su turbia calidad, el <em>bad hair day</em>, la elección de ropa, hasta la misma cuestión historiográfica, <em>sí mirá, así tenía el pelo ese año</em>, <em>¡dioses, ese no soy yo!</em></p>
<p align="justify">En todo esto la otra persona pretende responder, sacar sus identificaciones, presentar su yo. Algo sale mal. O más bien sale bien. Sale más nuevo. Comienza un desfile diferente, uno en el que realmente ya no hay bar, a veces ni hay persona, solo ese otro afán, último, básico de definirse por dónde pertenece. De una billetera no real, los documentos de identificación serían <em>facebook</em>, <em>twitter</em>, <em>tumblr</em>, <em>9gag, </em><em>last.fm</em>, <em>grooveshark, pinterest</em>, <em>instagram</em>, <em>deviantart, flickr</em>, <em>linked-in</em>, <em>identica</em>,<em> foursquare, formspring</em>, <em>posterous</em>, <em>youtube</em>, <em>quora</em>, <em>hi5</em>, <em>stumbleupon</em>. Ahí siguen. No pretendo una lista exhaustiva. No la creo posible. </p>
<p align="justify">Eliminar la restricción física –el bar, las personas en piel, carne y hueso-, nos deja una persona abstracta en un mundo virtual. Tampoco hay un interlocutor específico, sino una cantidad monstruosa de posibles interlocutores. Ante ellos me construyo a través de mis redes sociales. Cada una equivale a la proyección de una parte de mí, en last.fm reside mi gusto musical, un historial del mismo ora sublime, ora vergonzoso. En flickr los más tímidos intentos de fotografía y en deviantart los de arte, o si tal denominación le queda grande, al menos dibujos o garabatos. En linked-in mi vida profesional. En pinterest la colección de frustraciones, de todo aquello que se quiere y no se tiene, hasta con etiqueta de precio. En Facebook, algo así como una elaborada cronología, o más bien una elabora réplica de la vida. (Realmente ante la pregunta de ¿Hey qué ha sido de vos?, la respuesta debería ser ¡hey, vea mi timeline!). Tumblr es algo así como conectar la imaginación (en su más literal sentido, es decir, aquello que uno ve como imagen) a un proyector, desfilan ahí –en palabras de Les Luthiers-, las ideas “desde las más sublimes, hasta las más perversas”. Y twitter. </p>
<p align="justify">Twitter. La red social de los trinos. De los pajaritos. A veces son periquitos que son una ensordecedora nube verde, a veces grises, lentas y tontas palomas que dejan gotear la cuita sobre las descubiertas cabezas, a veces las de&#160; la laguna del Estínfalo con alas y garras de bronce. A veces son pavorreales de inútil vuelo y vano plumaje, pájaros dodos, avestruces, el gran Ave Roc que en ocasiones aparece única y mesiánica entre las demás, fénices que se autodestruyen hasta la recreación, cisnes elegantes, patitos feos. En fin. Todo el libro II de la Ilíada en versión plumífera. Todos sus sonidos atrapados en 140 caracteres o menos. </p>
<p align="justify">En realidad no son aves, son personas. Y en cientocuarenta caracteres o menos tiene que ser expresada su voz, su esencia. He leído –y oído también- a personas comparar twitter con ese bar físico del primer párrafo, con ese lugar donde dos personas hablaban y se conocían. En una conversación “normal” no abundan frases largas, hay múltiples cambios de turno, y así twitter. Existe un cierto anonimato, en twitter uno puede no ser quién es, ocultar el nombre y la cara, uno es simplemente lo que uno dice. Entonces existe así también una fuerte noción de la persona. Construida pragmáticamente a través de opiniones, bromas, quejas, deseas, o en general cualquier tontera que es dicha (deba ser dicha o no). No importa ofender, porque son tantos los que leen que ofender a uno no importa. El sarcasmo y las indirectas son las segundas lenguas de la twitósfera. Y al principio es ameno, divertido. Es realmente estar en ese bar. En esa mesa hablando con una persona. Tal vez alguien oiga la conversación y se meta, y se meta otro, y otro y otro, y en la mesa de dos hay dieciséis y los primeros dos ya no se ven, no se hablan, o se han escuchado lo suficiente para desencantarse. El desencanto es común. Un individuo reducido a una imagen, a la brevedad de sus dichos, a la monotonía de sus vidas resulta ser algo así como un <strong>meme</strong>. Y como tales pronto cansones y banales. Unos están en ese afán de obtener un millón de amigos y más fuerte poder cantar, otros se destilan en una búsqueda infinita del tiempo por perder buscando la ruta más cercana a la fiestica, a la decadencia, otros entre tristezas claman de tal manera que sólo se les puede llamar attention-whores, y otros se repiten entre enlaces de los mismos trillados temas de nuevas maneras, otros escriben con hiel, con odio y desprecio por lo que no es ellos. Naturalmente: combinatoria. Las personas combinan estas características con otras que ni quiero recordar. Se llega así al punto kafkiano, al punto donde hasta lo conocido se torna ajeno y desagradable, la monstruosidad de lo Otro. Y así como twitter también es facebook. Y las demás. </p>
<p align="justify">Las redes sociales nos exigen mantener un culto a la propia personalidad. Como emperadores-dioses romanos, sin mármol ni estatuas. Hiperconstruyendo el face delante del self, aniquilando y avanzado la pragmática monstruosamente. </p>
<p align="justify">Yo también –no puedo evitar el comentario personal- tengo cuentas ahí, también he aburrido a otros con mis breves peroratas, con tajantes opiniones, con sarcasmos alegres (y algunos memorables). En ocasiones, como hoy, me canso de ello, me afano por volver a los párrafos largos, lejos de la mesa del bar a la mesa del café, la de los discursos largos, la de compartir con pocos y no con todos. Porque cuando un millón de amigos cantan, no se escuchan las voces más importantes. Las más cercanas. Las que importan. Las que uno quiere oír.&#160; </p>
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		<title>Mi&#233;rcoles 6 PM</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Apr 2012 04:44:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<category><![CDATA[presas]]></category>
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		<description><![CDATA[Eran las 6 p.m. y tomé el bus en el Mall San Pedro. Duré más de una hora en llegar a mi casa. Era un miércoles lluvioso, mi celular quedó sin batería y en mi fiel reproductor sonaba Viernes 3 AM antes de morir la batería de este también. Las notas de esa canción resonaron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Eran las 6 p.m. y tomé el bus en el Mall San Pedro. Duré más de una hora en llegar a mi casa. Era un miércoles lluvioso, mi celular quedó sin batería y en mi fiel reproductor sonaba Viernes 3 AM antes de morir la batería de este también. </p>
<p>Las notas de esa canción resonaron en mi mente por largos minutos en los que la calle de San Pedro se hacía cada vez más larga. </p>
<p>El resultado es esto (Al ritmo de Viernes 3 AM): </p>
<p><em>Las calles de un miércoles gris,     <br /></em><em>Y los autos y las presas.      <br /></em><em>Esquivas Circunvalación,     <br /></em><em>Crees llegar con presteza.     <br /></em><em>Y en tu voz, un cansado temor,      <br /></em><em>Y el reloj, en tu puño marcó: las seis. </em></p>
<p><em>El sueño de cama y hogar     <br /></em><em>Y una cena deliciosa,      <br /></em><em>Cambiando fatiga por paz      <br /></em><em>Y la gris ciudad por rosas,      <br /></em><em>Te hace bien, tanto como hace mal.      <br /></em><em>Te hace odiar tanto el querer viajar más. </em></p>
<p><em>Cambiaste de taxi y de bus,      <br /></em><em>De ruta y de carretera.     <br /></em><em>Cambiaste el carril y la luz     <br /></em><em>Colándote en la presa.      <br /></em><em>Pero en sí, nada más cambiarás     <br /></em><em>Y la cruel realidad ya vendrá y el fin. </em></p>
<p><em>Y llevas el caño a tu sien,      <br /></em><em>Apretando bien las muelas.      <br /></em><em>Y cierras los ojos y ves     <br /></em><em>Toda vacía la carretera. </em></p>
<p><em>Bang bang bang.      <br /></em><em>Las calles repletas están,     <br /></em><em>Siempre igual,      <br /></em><em>Los autos no avanzarán,     <br /></em><em>Jamás.</em></p>
<div style="float: right; margin-left: 10px;"><a href="http://twitter.com/share?url=http://julianastorga.com/2012/04/mircoles-6-pm/&via=Katagelon&text=Mi&eacute;rcoles 6 PM&related=:&lang=en&count=horizontal" class="twitter-share-button">Tweet</a><script type="text/javascript" src="http://platform.twitter.com/widgets.js"></script></div>]]></content:encoded>
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		<title>Los cordones flojos</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 19:12:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sobre mi mesa hay varios libros de griego. Gramáticas, manuales de métrica, textos bilingües. Me gustan ellos. Me gusta la lengua. Es algo que me hace feliz. Hay otras cosas también. Otros libros en los que también he encontrado felicidad, o al menos un destello de ella, o que el saber que lo he leído [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sobre mi mesa hay varios libros de griego. Gramáticas, manuales de métrica, textos bilingües. Me gustan ellos. Me gusta la lengua. Es algo que me hace feliz. Hay otras cosas también. Otros libros en los que también he encontrado felicidad, o al menos un destello de ella, o que el saber que lo he leído me da cierta satisfacción. Son parte de mí. Leer un libro es comérselo. Somos una membrana tonta. Lo que entra no se queda adentro. Mucho sale. Prevalecer nos está vedado. Leemos un libros y habremos olvidado demasiado del mismo, tenemos a veces el recuerdo de una frase, de una idea, de alguna relación, pero no todo; nuestra vida sobre este planeta es igual. Moriremos, quedará de nosotros –no por mucho- algo de piel, polvo y huesos, quedará el recuerdo en amigos, hijos, nietos, cosas así. Yo no sé el nombre de mis tatarabuelos. Prevalecen en los tomos del mundo, por azar tal vez, algunos nombres. Pero son nombres, no hombres. Las figuras históricas no son personas. Son un rol. Un personaje. Un carácter construido y elaborado por la Historia para justificarla, avanzarla, contrahacerla, recrearla. De Sófocles dirá alguien que fue general y dramaturgo, que tenía tales o cuales preferencias políticas. No sabemos si le gustaba dormir, si le gustaba el vino, no sabemos qué habría pasado por su mente al ver alguna hetaira en medio de El Pireo. No sabremos jamás cuál era su comida favorita. No sabremos a quién odiaba. No sabremos de las dificultades personales de su vida. No sabremos quién le instruyó la lectura, quién lo movió también a la escritura. Nada de esto ayudaría a entender sus textos. Jamás. Pero le devolvería algo de humanidad a su nombre. Algo de vulgaridad. Algo de ordinario. Algo socrático. </p>
<p>Jamás escribiremos como Sófocles. Los más, creo, somos ambiciosos. Queremos ser Sófocles, o Napoleón (dijo Julien Sorel), o Steve Jobs (el chico de moda, como lo confirman las multitudinarias ventas de su biografáis), o el semidios del momento, el hércules que guarda un Olimpo. El mundo nos exige afanarnos por la superación, por subirnos sobre hombros de gigantes y alistar los nuestros para que alguien más se trepe. Somos un nivel medio de un ziggurat. La mayoría, sin embargo, estamos sentenciados al anonimato. Otros hombres han de haber llevado mi nombre. Han muerto y son ceniza. Me pregunto a veces si habrán tenido los ojos verdes como yo. Si habrán tenido los mismos miedos que yo. Con el nombre por cadena busco en ellos la simpatía. Tal vez no. Lo más posible es que hayan sido hombres distintísimos a mí. Hombres que me intimidarían, o que yo despreciaría. Tal vez algún campesino Tajik, algún berber, algún mayo, algún Sioux, algún mendigo londinense, algún maorí, o algún náufrago cartaginés haya sido más semejante a mí. Tal vez en los ojos, en el pelo, tal vez en el sentido del humor, tal vez en la mirada –que no es lo mismo que los ojos-. Tal vez sí exista algún Valhalla donde no estén los ancestros de sangre, sino los de espíritu, tal vez los llegue a conocer, a languidecer en su humilde compañía. Absurdo, yo sé. </p>
<p>Tal vez más feliz que Buddha, fue algún otro hombre. Más sufrido que el Cristo, probables cientos más. Más pío que Abraham, otros miles. De todos esos anónimos no hay biografía, no hay noticia. Entre esos anónimos hay hombres más solos, tristes, contentos, astutos, divertidos, ingeniosos, solidarios, egoístas, temerosos que yo. Hay vidas que se pretenden construir como biografías. Cada paso es un capítulo. Hay una justificación ulterior, se aparta lo caótico, lo estéril. Las biografía pocas veces son felices. Son importantes. Ejemplares. Son la justificación total de la grandeza de un nombre. Son los cepillos que limpian las estatuas de gigantes sobre las cuales vivimos. Son los bloques de mármoles que se construyen sobre lo anterior. Son la terrible Babel de la humanidad. Desde lo alto no se ve: al pie del primer gigante aún hay tierra mustia. Ahí juegan perros. Ahí se han olvidado de los grandes gigantes que dicen buscar más lejanos horizontes. Los perros se ladran y se comen las pulgas. Corren en toda dirección siguiendo hilos invisibles. </p>
<p>La última forma de la iconoclastia es destruir un espejo. </p>
<p> Tal vez Sófocles destruyera uno. No lo sabemos. No le estaría permitido.</p>
<div style="float: right; margin-left: 10px;"><a href="http://twitter.com/share?url=http://julianastorga.com/2012/04/los-cordones-flojos/&via=Katagelon&text=Los cordones flojos&related=:&lang=en&count=horizontal" class="twitter-share-button">Tweet</a><script type="text/javascript" src="http://platform.twitter.com/widgets.js"></script></div>]]></content:encoded>
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		<title>Bocanada</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Feb 2012 16:18:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un hombre fuma. Es una de esas indeterminadas horas de la tarde en la que la tibia luz del sol y el fulgor tímido de postes y farolas se confunden en una atmósfera suave, tal vez parezca un cuadro impresionista, tal vez también una fotografía añeja de los setentas, en todo caso se distancia de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Un hombre fuma. Es una de esas indeterminadas horas de la tarde en la que la tibia luz del sol y el fulgor tímido de postes y farolas se confunden en una atmósfera suave, tal vez parezca un cuadro impresionista, tal vez también una fotografía añeja de los setentas, en todo caso se distancia de los fijos colores del día o del mano triste de la noche. Tal vez el humo que el hombre emana de la boca sea azul, aunque probablemente no lo sea y únicamente sea gris, simple y tóxico. La distancia, unos 25 metros, pierde cualquier rastro del hedor típico del cigarrillo, esa ausencia tan marcada torna la escena menos real, como algo que podría estar ocurriendo en televisión, lo único que rescata la realidad, que compensa la ausencia es&#160; la expresión en la cara del hombre. Tal vez lo más común sea imaginarlo con la cabeza elevada soltando tras cada inhalación una suave bocanada al aire, una nube pequeña que ascienda a unirse con su más estratosférica progenie. Sería propio de un comercial figurar la mano que sostiene el cigarrillo entre el índice y el dedo del medio colgando floja del lado izquierdo y notar el leve golpe del pulgar que hace caer ceniza al gris asfalto. La realidad se impone con su diferencia: el hombre fuma con la cabeza gacha y los ojos fijos en la lumbre a un extremo del cigarrillo, los brazos están tensos, entre cada exhalación e inhalación el cigarro difícilmente se aleja a más de una cuarta de sus labios. No hay tranquilidad en su gesto, una pie lleva un endiablado ritmo del golpes sobre el cordón de la acera. La tranquilidad la piensa obtener del ardiente tubillo de papel y tabaco que sostiene. </p>
<p align="justify">El hombre es un motociclista, el casco descansa en su brazo derecho, él mismo descansa sobre el asiento del <em>scooter</em>. Es imposible saber si el hombre acaba de salir de alguna oficina y el cigarrillo representa un necesario ritual para enfrentar el tráfico josefino, o más bien si el cigarrillo es el último aliento antes de entrar en algún gris edificio de esos en los que en tardías horas nada bueno ocurre. Tal vez la elección del lugar no tiene importancia alguna, fue el primer lugar donde se pudo detener, una escala posible en medio del rutinario desplazamiento entre casa-trabajo-casa. La escena no tiene inicio algún y no tendrá final. Yo habré seguido mi camino antes de ver si entra en alguna puerta, o si confluye nuevamente en el aluvión vehicular. </p>
<p align="justify">Ayer, en particular, presté atención a los fumadores. Los observé, ellos mismos se hicieron notar, hablaban de sí como una orden secreta, abiertamente condenada. Entre risas que mal maquillaban su preocupación los exégetas bufones de la ley comentaron sentencias y prohibiciones. Muchos querían tener su “último cigarro”, así, a la manera de los sentenciados a muerte. </p>
<p align="justify">Al otro lado de la calle, en la acera opuesta a la del fumador también hay cambios. Máquinas van y vienen sobre una calle que ya no es calle. Sólo quedan aceras que bordean nítidas las entrañas grises de una calle a la que se le ha arrancado el pavimento, revueltas y rotas como las más brutales escenas de despellejamiento que los occidentales comúnmente llaman “tortura china”. Sobre las aceras nada ha cambiado, la gente hace filas de bus, entra a los negocios y sale de ellos, sube o baja la calle en dirección a Plaza Víquez, o en dirección a la Avenida Central. Otra cosa también ha sido arrancada de esa calle: el nombre.</p>
<p align="justify">El Paseo de los Estudiantes desaparece. Tiene sentido, hay pocos estudiantes ahí. Abundan más los negocios chinos, los restaurantes chinos, los habitáculos chinos. Es, a todas luces, un barrio chino. Perviven algunas pocas librerías, librerías de segunda con estantes ordenados o con confusas cajas en las que conviven escasa cumbres literarias con papel vomitado por textos baladíes. Esas librerías, poco frecuentadas por los estudiantes no son suficientes para que esa calle mantenga su nombre. Tampoco lo logra el Liceo de Costa Rica, <em>terminus</em> del paseo e institución centenaria que ha visto el término “liceísta” trocarse de epíteto presidencial a calificativo despectivo. </p>
<p align="justify">Todo fluye. Tal vez el tránsito a esa hora no, pero la ciudad entera sí. Cae perpetuamente, cómo los errados átomos de Demócrito, en un eterno movimiento, mínimo pero decisivo. Los estudiantes y el fumador, tal vez no lo sepan, pero están unidos por haber vivido en un San José que deja de existir. Bueno para algunos, mejor para otros, pero diferente y hostil para los que quedan. Tal vez por eso el motociclista fumaba así, inhalando desesperadamente algo de su sutil San José. </p>
<div style="float: right; margin-left: 10px;"><a href="http://twitter.com/share?url=http://julianastorga.com/2012/02/bocanada/&via=Katagelon&text=Bocanada&related=:&lang=en&count=horizontal" class="twitter-share-button">Tweet</a><script type="text/javascript" src="http://platform.twitter.com/widgets.js"></script></div>]]></content:encoded>
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		<title>Tumblr, o la nouvelle philat&#233;lie</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 03:09:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barrabasadas]]></category>
		<category><![CDATA[facebook]]></category>
		<category><![CDATA[filatelia]]></category>
		<category><![CDATA[redes sociales]]></category>
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		<description><![CDATA[Muchos sagaces sociólogos, o periodistas, o los anónimos autores de infográficos se ocupan –a falta de actividades de mayor utilidad- a crear amables gráficos de barras sobre la preferencia o prevalencia de específicas redes sociales por los distintos usuarios según grupos demográficos, nivel de ingreso y cuantos otros parámetros conocen. Sería fácil también refutar y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Muchos sagaces sociólogos, o periodistas, o los anónimos autores de infográficos se ocupan –a falta de actividades de mayor utilidad- a crear amables gráficos de barras sobre la preferencia o prevalencia de específicas redes sociales por los distintos usuarios según grupos demográficos, nivel de ingreso y cuantos otros parámetros conocen. Sería fácil también refutar y aniquilar todo ese esfuerzo al sugerir la verdadera naturaleza del usuario: el individuo es un –aparentemente infinito- saco de contenidos, del cual se puede sacar y sacar para llenar perfiles, formularios o actualizaciones de estado en cuanto facebook, hi5, g+, twitter, identica, diaspora, etc. que haya; Danaides invertidas se podría decir. </p>
<p align="justify">Las redes sociales son de todo tipo (¿cómo? ¿no les ha llegado un correo de spam de algun descuidado allegado sobre el “facebook del sexo”?), para todo gusto, para todo uso. Así hay gente que socializa por twitter e informa por facebook, o al revés; o integra todo obsesivamente para controlar todas sus redes sociales desde su tablet, o desde Ubuntu One, o desde la aplicación que coloca el mismo contenido en foursquare, facebook, twitter e identi.ca. También actualizan semanalmente su linked-in cuando buscan empleo, o lo dejan languidecer en favor del grooveshark cuando están matando horas en ese empleo que tan difícilmente consiguieron. Más obsesivos aún están a la caza de cuanto plug-in de Chrome o de Firefox que les permita interconectar más cosas, para ser ellos mismos flotando virtualmente sobre la nube. Otros, tienen su as bajo la manga, es decir el perfil anónimo con el que ligan o se ventean sonoramente en twitter quejándose de compañeros de trabajo. Redes enredadas para todos, para todo propósito, carcomiendo –y lo sé porque también las alimento- el tiempo personal. </p>
<p align="justify">Naturalmente no están exentas de polémica. Desde que –dichosísimamente [a ver dónde está el signo de puntuación para el sarcasmo, ah sí aquí:] ?- los noticiarios decidieron dar a sus televidentes un espacio para expresar su significante (?) opinión sobre eventos políticos/económicos/culturales (para el pesar de otros televidentes que han de terminar por contestarles), ha surgido también la polémica entre la red social (la red única para dominarlas a todas) más apta para la libre y sacrosanta y democrática expresión: si twitter o facebook. Así, demasiados idiotas (claro con todo el cariño de la palabra idiota –no me vean así, busquen la etimología-) pierden su tiempo en discutir qué vehículo es mejor para perder más tiempo en decir cosas insulsas a oídos sordos, distantes o desinteresados. [Me encantaría que algún pensador célebre haya dicho algo como “¿De qué sirve la libertad de expresión si no hay deber de escuchar?”, para no tener que decirlo yo.] En medio de esta polémica, es donde yo –y probablemente secundado por todos los creadores de GIFs del mundo- digo (sin ser preguntado) tumblr (o cualquier otro servicio similar, pinterest, posterous, weheartit, etc.)</p>
<p align="justify">Tumblr no sirve para nada. Es como la filatelia. Sí, filatelia, esa actividad de niños de hace muchas décadas que coleccionaban timbres y estampillas, esa actividad ritual de remover la estampilla del sobre en el que veía, que se dejaba secar luego y se agregaba dentro de un álbum especial de donde no habría de salir jamás. Más resumido aún: es una actividad de búsqueda y colecta de ítemes no esenciales y únicamente accesorios a una actividad principal. Quien haya mandado una carta, un paquete o una tarjeta postal realmente se habrá preocupado poco de las estampillas excepto cuando aún se pegaban de un lengüetazo o –más higiénicamente- con el agüita que CORTEL ponía a su disposición en las oficinas de correos. Quien reciba la carta se interesará por la carta, o si acaso por los datos esenciales en el sobre y la estampilla fácilmente podría acabar en la basura con todo aquello que se descarta. Algo así es tumblr, un actividad de búsqueda y colecta de cosas (imágenes, citas, textos, música, videos) en un álbum virtual; cosas que pueden flotar por la internet sin despertar el interés de nadie hasta que algún loco decida que eso le gusta y lo incorpora al suyo. </p>
<p align="justify">Ah sí, <em>es</em> una red social pero de social tiene poco; cada persona “sigue” a varias otras personas, pero no necesariamente interactúa de manera alguna con ellas. Es más, técnicamente no se sigue a esas personas (como ocurre en twitter), sino uno sigue sus álbumes, sus tumblogs; es como estar vineando constantemente sus pertenencias y ya. Y sus pertenencias tampoco les pertenecen del todo, son cosas que dan vueltas por la nube, reciclándose y re-bloguéandose a voluntad de casi anónimos usuarios, como la basura que se revuelca en siempre nuevas iguales y diferentes olas (me quedó linda la imagen). Al mejor estilo de Isidoro también está el argumentum etimologicum para ver en tumblr una nueva filatelia: alguien con un muy rudimentario uso del griego y un muy rudimentario diccionario podría llegar fácilmente a explicar filatelia (philatelia) como el amor (philos) a lo que no tiene fin (a-telia): ciertamente aplica para las generaciones de estampillas que se renuevan sin cesar a voluntad de las agencias postales como también para los contenidos mediáticos en Internet. Es más, navegar por el dashboard de tumblr es lo más cercano a la infinidad (bueno, no es infinidad, pero implicaría tal uso del tiempo que ni el más grande procastinador se sentiría cómodo scrolleando por el dashboard en el afán de llegar al fin). En tumblr no hay tiempo, son escasas y poco importantes las fechas en las que se postea alguna cosa: es incluso peor que 9gag cuyos chistes se tornan cansones y repetitivos pronto (peor aún, no falta quién en tumblr incorpore chistes de 9gag). </p>
<p align="justify">En medio del –injustificado- autobombo de facebook y twitter, donde cada vez importa más quién, cuándo y cómo pensó, dijo o hizo algo (¿o es que el Timeline de Facebook es otra cosa?), el anonimato de tumblr, ese juego voyeurístico de ver cómo expresa una persona sus gustos resulta casi una experiencia feliz. Tal vez esa era la feliz justificación de la filatelia. </p>
<div style="float: right; margin-left: 10px;"><a href="http://twitter.com/share?url=http://julianastorga.com/2012/01/tumblr-o-la-nouvelle-philatlie/&via=Katagelon&text=Tumblr, o la nouvelle philat&eacute;lie&related=:&lang=en&count=horizontal" class="twitter-share-button">Tweet</a><script type="text/javascript" src="http://platform.twitter.com/widgets.js"></script></div>]]></content:encoded>
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		<title>Luces de San Jos&#233;</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Dec 2011 00:17:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barrabasadas]]></category>
		<category><![CDATA[Ficciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Las vi. Aunque las oí antes. Supongo que veía hacia el suelo o al habitual celular en la mano, o veía la calle, o veía a la gente llevando bolsas o niños a la avenida segunda, en todo caso veía el gris de siempre, y en eso escuché un bien conocido simulacro coral de truenos. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Las vi. Aunque las oí antes. Supongo que veía hacia el suelo o al habitual celular en la mano, o veía la calle, o veía a la gente llevando bolsas o niños a la avenida segunda, en todo caso veía el gris de siempre, y en eso escuché un bien conocido simulacro coral de truenos.</p>
<p align="justify">Las luces las vi luego, indirectamente, las vi viviendo y muriendo en los vidrios de un espigado y solitario hotel josefino. Parecían pequeñas bailarinas ocupadas con sus danzas, o más bien parecían juegos infantiles, o aún más simple, más elemental: luces que se persiguen como quetzales dorados remontando el cielo. Para los griegos los cometas tenían cabelleras como las mujeres, y así también algunas de estas podrías haber sido pequeñas niñas que sin ton ni son corrían hacia alguna oculta estrella cuyas cabelleras se agitaban. Otras luces más bien parecían frondosas copas arbóreas, por un segundo al menos; antes de desintegrarse en la múltiple fuga de titilantes puntos verdes hacia la inexistencia. Y así también efímeros globos de luz, saetas coloridas; todos los vi reflejados en los vidrios de ese no tan cercano hotel.</p>
<p align="justify">Si no veía las luces <em>de verdad</em>, las centellas fulgurantes de San José, se lo debía a ese bodoque amarillo decorado con ofertas extranjeras de cervezas extranjeras y vicios de importación. Pronto no me importó: un interés adolescente por la física, y la indiferencia de años posteriores me han permitido no sólo fabricar explicaciones y teorías verosímiles, sino que también me han liberado de cualquier preocupación por su veracidad. Si lo que pensé en ese momento de contemplación de las luces en los vidrios del edificio hubiera tenido alguna coherencia lógica habría sido algo así: los fuegos artificiales emiten luz, el reflejo en los grandes ventanales del hotel es un reflejo de esa luz, todo reflejo también es luz (que lo diga la luna oculta de esta noche), por tanto, ergo y q.e.d. ver el espectáculo real o el reflejo proyectado en el Holiday Inn daba igual. Además, el sonido -indiferente a mis problemas de perspectiva- me anclaba a cierta inmediatez. El olfato, en cambio….</p>
<p align="justify">Una brisa decembrina alzó el acre olor del orín desde un húmedo y oxidado vértice hacia mi nariz, apenas para ser relevado por el empalagoso dulzor del perfume de una prostituta, quien teléfono en mano y “amorcito” en boca, medía el tiempo y el espacio con siete pulgadas de tacón. Iba, seguro, a buscar sus doscientos dolaritos, precio estándar según un gringo atolondrado en el automercado, quien había vaticinado que no le habría de importar mucho el festival de medias-luces.</p>
<p align="justify">Ya después llegó el bus, los de siempre que no somos nunca los de siempre lo abordamos. La ruta no era la de siempre: pasó al frente del Calderón Guardia, como siempre atestado de gente, como si fuera una cuadra perdida de la Avenida Segunda, con todo y ambulancia y sus luces, y camilla. En ella inconsciente, un hombre entraba por la puerta grande a Emergencias.</p>
<p align="justify">Conforme mi bus se alejaba de San José, más jugaba yo con las observaciones hechas en esa no tan breve caminata desde la calle de “Mi Oficina” y del “Momentos” hasta la cuadra del “Del Rey” y del “Horseshoe” (en San José, por lo visto las referencias se pueden hacer de un putero a otro). Ese festival, según alguna luminaria, era una fiesta para los pequeños no pueden ir a Disneylandia; opinar sobre esa frase es casi tan vulgar como la frase misma. Aún así, negar los flujos de gente que convergían y divergían por las calles es innegable, eran innegables también los buses llenos que desde Heredia fluían a San José, innegable mi periplo de salmón en la Avenida Central, armado con un morral de cuero contra la violenta corriente de familias y sus compras navideñas que verían una carroza y ya, porque ¡los chiquitos amor, pobrecitos! no han comido, gordo comprémosle un combo, contra los novios con sus besitos muy cachichurris como en una mitosis elástica inconclusa, que te suelto y que te abrazo, de la mano o de la cintura, el aprete, o la mano en la bolsa-nalguial del pantalón ajeno, o contra los grupúsculos de amigos que más parecían jaurías de hienas risueñas o chacales gritones deslindados en muecas y gestos como esos ahí, al frente del “Del Rey”, que se carcajearon porque dos <em>puellae inter iuvenes</em>, nenas de quince o dieciséis, en la esquina se detuvieron y para molestar a sus amigos, se contoneaban deslizando las yemas lentas de su manos  por su caderas, guiñando ojos, y estallaron así las risas de los vendedores ambulantes con sus cajas falsas de cohibas dudosos, y un amigo de ellas, uno del grupo, al mejor estilo del galán llega y coloca una mano en la cintura de cada una, les dice algo al oído y se ríen todos y bajan juntos la calle.</p>
<p align="justify">Gente no faltaba en las nimias callejas capitalinas. Tampoco sonido: había risas, varias, había gritos, otros tantos, había –como en cualquier convergencia masiva de niños- llanto y gritos entrenzados, prohibiciones y regaños. Había incluso aún más vendedores ambulantes y –a pesar de los nominales esfuerzos de las autoridades- niños vendiendo el “confeto, confetti confeto a cien la bolsa”. Había gente vestida con sus ropas veraniegas adaptadas a la brisas. Había gente de toda tribu social, de toda etnia, y hasta tal vez de toda clase social. Sin duda alguna dijo presente todo el espectro geológico del casco metropolitano.</p>
<p align="justify"><em>N’importe quoi</em> faltó color.</p>
<p align="justify">En televisión luego vi parte del desfile, con su música y sus marcas telefónicas priapistas. Hoy no sé -ni me importa- quien ganó, si es que alguien gana. Insisto con lo del color. Tampoco hablo del “color” cuando siempre hablan que es una fiesta colorida. No es eso aunque tal vez sea algo semejante. Al igual que las carrozas –que no vi, pero imagino- o las bandas (que vi aniquiladas y regeneradas por el milagro de la electrónica, la radiotransmisión y un viejo buen fusil catódico) también en las gentes y gentecillas había colores en sus ropas, pelos, zapatos, tatuajes (polos y no polos, aunque todos lo son), bolsas y bolsos. Un buen snob hasta podría empezar a recitar los pantones (pantontos), numerarlos, computarlos y decirme que son un montón y aún así: faltó color.</p>
<p align="justify">Mientras más veo, menos sé: menos precisa me resulta esa idea que era real ayer a esta misma hora, y que ahora es lívida como precisamente el contenido de aquella, mi percepción.</p>
<p align="justify">Es diciembre, por lo visto el sonido de bombetas y fuegos artificiales suena por doquier. Aquí las oigo y no la veo, tampoco hay reflejo que las traslade a mí, ni siquiera un atisbo de color en las nubes. Y así, tampoco la estesis es la misma (estética, más que el mero degradado de “belleza”, refería a lo sensible, y a la sensación en sí).</p>
<p align="justify">Tal vez sea tan simple como eso, dijo Occam: la percepción de esa falta de color era sólo posible con el contraste de ese fulgor efímero en el reflejo de las altas vidrieras del hotel. Fulgor que a su vez acababa en pólvora quemada, cayendo lento sobre la capital. Caída universal, del extremo máximo de la luz colorida del brillo, cae como ceniza turbia hacia los ocres tonos de la nocturna ciudad. La ceniza cae porque pertenece al suelo: porque más que la gravedad la atrae la opaca luz ladrona del color de la ciudad, ciudad de putas o borrachos, ciudad sin luz, ciudad muerta de edificios vacíos, calles repletas, carrozas lentas, y espectadores inertes. Ciudades de gritos y risas, menos alegres que el más oscuro (e íntimo) silencio.</p>
<p align="justify">Así tal vez es que cae esa ceniza, caída universal, caída leve. Leve caída sobre el más oscuro festival de luz, ceniza invisible e imperceptible, velo silencioso de un fin, ceniza que cae sobre todos, sobre los niños y sus padres, las putas y sus papis, los vendedores y su propia ceniza falsa de papel, sobre las parejas amantes y los matrimonios pugnantes, sobre mí: descenso final sobre todos los vivos, sobre todos los muertos.</p>
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		<title>A Never Writer, to an Ever Reader</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Nov 2011 14:25:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barrabasadas]]></category>

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		<description><![CDATA[Ocurren cosas, así también el abandono. Un abandono que no es olvido, porque existe un recuerdo latente, un saber que algo está ahí, pero guardado en el fondo de un baúl, como un juguete viejo. Si este blog fuera un hijo el PANI ya habría intercedido y su custodia estaría en manos de un hospicio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Ocurren cosas, así también el abandono. Un abandono que no es olvido, porque existe un recuerdo latente, un saber que algo está ahí, pero guardado en el fondo de un baúl, como un juguete viejo. Si este blog fuera un hijo el PANI ya habría intercedido y su custodia estaría en manos de un hospicio de huérfanos blogs a la espera de una adopción que no llega, si fuera un edificio tomado ya estaría por piedreros, los enlaces estarían rotos, el orín habría corroído los bordes, el blanco del fondo tendría el color de la mugre, y telas y cartones lo habrían hecho un hogar que no es hogar; si fuera un animalito, una mascota ya estaría o en las calles ladrando y llorando y hurgando bolsas de basura, o sería de los que son dejados en esos albergues donde al cabo de pocas semanas son puestos a dormir porque nadie los busca y la comida no se paga sola.</p>
<p align="justify">Ayer fui al Mall San Pedro, por azar. Ahí, en su centro, el más bajo nivel de la caverna y la penumbra, abrazada por un cordón tenue, compuesta por cuatro mesas y una caja registradora había una aglomeración de productos demacrados que se hacía llamar una “Feria de Saldos”. La curiosidad llamó a inspeccionar. Las más básicas observaciones por hacer son casi sociológicas, o, al menos, mercadotécnicas, o como sea que se llame esa ciencia que especula sobre el consumo, que describe e interpreta lo que múltiples nadas individuales significan: estos libros están aquí porque nadie los quiere, ya no atraen a nadie, esta es su Ultima Thule, es la última esperanza antes del borde del mundo, donde dragones los devorarán con un fuego absolvedor. Libros que no pueden volver a sus editoriales, que lo harían como material reciclado, cadáveres purificados de la tinta de palabras que les pretendió dar un propósito que jamás se vería cumplido. Potencia sin acto. Como una idea que no se escribe ni nos llega a obsesionar, como un amor que no se confiesa; esteril. Los títulos correspondientes a esta condición están subordinados a tendencias y atravesamientos sociales: eran libros torpes de religión, de cocina saludable, libros infantiles –derrotados finalmente por los juguetes tecnológicos-, fotografía o arquitectura postmoderna hiperrealista.</p>
<p align="justify">El abandono pues de esos libros, es triple; olvidados por las más menguantes masas de lectores que recorren cada vez menos librerías han acabado en cuatro tristes mesas en el fondo de un triste centro comercial a causa de tratar cosas que ya no interesan; olvidados como libros porque un libro ya no es caché ni classy en los impetuosos tiempos del ipad y el kindle; olvidados por las propias editoriales que en su frenesí de publicaciones han inundado un mundo con cosas fácilmente consumibles y así también fácilmente despreciables. Así, pensé en este blog, también tal vez así olvidado, porque un blog no es classy -ya no es classy-, porque son más de 140 caracteres, porque no tiene fotos graciosas, ni goza de memes y esas tantas chabacanerías, y porque no educa ni enseña, ni polemiza, ni critica al gobierno sino simplemente se critica a sí con una altividad no justificada. Pensé, mudarme a tumblr donde estos ejercicios se camuflaran entre la variopinta cantidad de imágenes y sonidos que siento la compulsiva necesidad de compartir y revisar; pero, me abstuve.</p>
<p align="justify">De la Feria de Saldos me fui con algo entre manos. Ahí entre los libros vírgenes que ya muestran las máculas jantas de la edad, están también los fracturados, los que el descuido han hecho invendibles. A uno de esos salvé. Un libro con un prólogo que está armado con hopla, y aspis, un libro con los setenta y nueve reyes y las naves mil lanzadas tras una bella cara, un drama barroco.</p>
<p align="justify">La simetría me ha exigido también salvar mi propio blog.</p>
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		<title>Heaven Knows I&#8217;m Miserable now</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Aug 2011 03:45:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<category><![CDATA[asistencia obligatoria]]></category>
		<category><![CDATA[charlas]]></category>
		<category><![CDATA[conferencias]]></category>
		<category><![CDATA[no productivo]]></category>
		<category><![CDATA[presencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Imaginemos una especie de cavernosa cámara subterránea provista de una breve entrada, cerrada a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna y unas personas que están en ella por un par de horas, atados por la responsabilidad de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Imaginemos una especie de cavernosa cámara subterránea provista de una breve entrada, cerrada a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna y unas personas que están en ella por un par de horas, atados por la responsabilidad de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligadures les impiden huir, o siquiera volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un <em>videobeam</em> desde un plano superior, proyecta imágenes al fondo de la caverna y conectado a este una computadora, donde los “titiriteros” exhiben sus maravillas. </p>
<p align="justify">Las cosas que ahí presentaban, sus maravillas, no son reales. Son imitaciones. Sería fácil decir que es una imitación de una acción poco seria e incompleta, de una extensión desconsiderada, de un lenguaje mal sazonado, empleando cada tipo, por separado, en sus diferentes partes, y en la que tiene lugar un relato y nada de acción, y que por medio de la desesperación y temor logra la profundización de tales padecimientos, promoviendo una débil catarsis fugitiva cuando por fin acaba. <em>Cuando</em>. El final siempre es distante, lejano. </p>
<p align="justify">La imitación naturalmente no es sólo el contenido mismo de la exposición, es la exposición misma. El gesto, el acto reprentado está revestido de su mismo significado, esta recursión conlleva –casi por obligación matemática- la potenciación exponencial del aburrimiento y el cansancio. La escena no necesita ser detallada pormenorizadamente, porque las circunstancias específicas no son comunes a todos, basta imaginar el antro cavernoso, estar sentado viendo hacia el frente, imposibilitado de no escuchar las palabras de presentadores, así como imposibilitado de no ver la lenta marcha de diapositivas. Se evoca así esa multitud de horas desperdiciadas en audiotorios con el mínimo interés en escuchar. </p>
<p align="justify">Si bien al final, al salir, queda la única flotante pregunta&#160; -¿qué fue eso?- a lo largo del suplicio han debido florecer montones de interrogantes a una velocidad agalopada que pretendía compensar la lentitud agonal del expositor. ¿Por qué está ahí? ¿Para qué está ahí? ¿Qué pretende? ¿Por que está <em>él</em> ahí? Las preguntas más propias, casi existenciales –¿Por qué estoy <em>yo</em> aquí?, se entrelazaban también. </p>
<p align="justify">Varias son las decepciones trenzadas. La principal sin embargo se desvive del expositor mismo y de su técnica, su arte. Sin mayores dificultades somete a su público a un discurso finamente construido por una perversa retórica, una poética invertida. Hemos entrado al reino simple –pues en efecto, el acervo intelectual necesario es mínimo- de lo ilógico. Digo simple porque lo ilógica, en la medida que niega lo lógico, consiste en la más pura mímesis, si acaso, condicionada a negar a la vez que imita. Se convierte en una creación distinta –única-, pero sin un proceso creativo detrás. El discurso, donde debe ser convincente falla estrepitosamente, y el humor donde debe ser leve sólo nos recuerda los riesgos de morir bajo un transformador. La comedia fracasa si utiliza peripecias CON padecimiento. El discurso fracasa cuando sus recursos de interacción con el público son ineficaces. Como si las palabras de una persona por sí solas no fueran suficiente para fracasar, se combinan además otras voces –análogas tal vez al coro soez de la comedia griega antigua- y peor las lapidarias <em>voces</em>, consideradas inmerecidamente autoritarias, de un gráfico, un mapa, o cualquier otra cosa con aspecto profesional pero realización simplona. Cuando ya no saben qué decir recitan algo que ellos mismos escribieron en papel. El culmen de la argumentación. </p>
<p align="justify">Miserable. Creo que es el sentimiento que enturbiaba el aire. Miserable yo, escuchando palabras necias sin oídos sordos. Miserable aquel que habla. Miserable porque no se sabe imitación, porque él –realmente viendo y viviendo su propia ilusión- no se percata que lo que hace es una cosa incompleta. Si pretende enseñar, no lo está haciendo; si pretende aportar algo fracasa al repetir constantemente que “faltan” cosas. </p>
<p align="justify">¿Y entonces?</p>
<p align="justify">Entonces entre los espectadores se cruzan miradas. Recuerdan que sólo son espectadores. Que hay libertad. Hay risa, de desconsuelo, desengaño o anagnórisis. Después hay cafecito, más importante: hay libertad.</p>
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		<title>We don&#8217;t need no Education</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Aug 2011 04:34:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barrabasadas]]></category>
		<category><![CDATA[clases]]></category>
		<category><![CDATA[falacias]]></category>
		<category><![CDATA[idioteces]]></category>
		<category><![CDATA[informaciones falsas]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay días en que uno quiere caer de rodillas en la arena, como Charlton Heston. Caer de rodillas y mirar incrédulo. Mirar incrédulo y gritar, gritar como un loco, maldecir como sólo pudo maldecir él. “¡Bastardos! ¡Finalmente lo hicieron! ¡Lo hicieron estallar! ¡Váyanse todos al infierno!” Ante él la respuesta. Entre la playa y el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Hay días en que uno quiere caer de rodillas en la arena, como Charlton Heston. Caer de rodillas y mirar incrédulo. Mirar incrédulo y gritar, gritar como un loco, maldecir como sólo pudo maldecir él. “¡Bastardos! ¡Finalmente lo hicieron! ¡Lo hicieron estallar! ¡Váyanse todos al infierno!”</p>
<p align="justify">Ante él la respuesta. Entre la playa y el acantilado la respuesta: monumental, virginal, apocalíptica. Él en la arena. Él ante la derrota. Él. Yo.</p>
<p align="justify">Lo hicieron. ¡Váyanse al infierno! Yo no estaba de rodillas, sino sentadito, bien sentadito en un pupitre, ante la derrota total de la civilización. “Aristóteles fundó el Liceo, es decir: los colegios”, “Los chinos construyeron la Gran Muralla para defenderse de los invasores europeos”, “César conquistó Egipto para conquistar a Cleopatra –<em>lo que hace el amor</em>-”, “Napoleón era un guerrillero de la Revolución Francesa y estrenó la Guillotina con Luis XIV y Maria Antonieta”, “El papiro se obtiene de un cactus, que se corta y se abre y así se estira hasta obtener todo un pliego”, “San Petersburgo es la forma rusa de decir ‘San Pedro’, con los comunistas se llamó primero Leningrado, pero luego se llamó Stalingrado”, “Marco Antonio fue un César, que es decir como rey, o como si fuera Presidente de Roma”, la lista sigue, creo, la embolia se hizo presente antes.</p>
<p align="justify">Las citas, provienen todas de una única persona, tal vez erre en la textualidad de algunas, sin embargo la idea es veraz; el desconocimiento, la simplificación y el travestismo de la historia son auténticos. Quien lo pronunció, tiene un título universitario, más aun: académico. Labora dando clases universitarias y el séquito de compañeros míos, miran maravillados, absortos, “aprendiendo” todo esto. La ignorancia del hablante me deja tan atónito como la ignorancia del que escucha. Esa es la derrota ante la que me enfrento, es ahí en el momento en el que el gesto es pertinente: ¡lo han hecho! Deliberadamente se enseña la ignorancia: se vuelve del logos al mythos. Quien diga eso no es posible que las crea, tiene que saber que miente y no es una mentira blanca, como las de clases de colegio, en las que se simplifica y nada más, no, no y no. ¡No! La mentira parece obedecer a una urdimbre casi (tele)novelesca, la historia se trivializa, se falsfica por amor, por repetir protagonistas. Y todo esto, sin propósito evidente. La historia, Zweig insiste en ello no necesita que sus hitos se literaturicen, no es necesario falsificarlos de esta manera. Es casi perverso.</p>
<p align="justify">La historia, lo sé, no es el plato fuerte de muchos. Son cosas ya pasadas, como los chuicas viejos, los cuadernos del colegio; no repetiré el argumento favorito de los cienciasocialistas de que la historia se repite y que por esto es conveniente conocer el pasado, estar preparado. En efecto para la mayoría le importa poco que el papiro no se obtiene de un cactus sino de un junco, que Stalingrado existió pero que era Volgogrado y no Leníngrado o que Marco Antonio fue un Tribuno de la Plebe y que fue Luis XVI el que murió guillotinado y en ese momento Napoleón no tenía nada que ver, o que eran los mongoles quienes tenían en vilo a los chinos antiguos y que el Liceo no era un colegio y que el amor poco tenía que ver en la política expansiva romana. La precisión de esos datos no hará mejor profesional a tal o cual, y las ‘sentencias docentes’ pronto se añejarán en algún cuaderno, y –ojalá, merced a su falsedad- sean olvidadas.</p>
<p align="justify">Y aún así, está el sentimiento de derrota. La frustración por el sistema que perpetúa y facilita la difusión de ignorancia. El enojo es por la encrucijada, hasta por el mismo silencio que queda como la única respuesta posible. ¿Qué decir antes esto? En vano pensé en hacer alguna acotación, supuse que realmente a eso no hay mayor solución que salir un rato, ir por un chocolate y un confite. Hablar no es ningún gesto significativo, y sé que hasta cierto punto soy cómplice, a la vez sé que opinar, enderezar rumbo es algo así de quijotada. Las palabras son ruinas, los apuntes ‘sagacísimos’ de los compañeros como esquelas, ahí donde en su obediencia anotan, realmente están creando mentiras, mitos en su más pobre acepción. Son, aún, diferencias mínimas, mundos donde Napoleón estuvo en todo lado, donde las cronologías están manchadas y deshiladas, pero sobre eso, más imprecisiones seguirán. La luz seguida, lux auspiciata, encandiló.</p>
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