categorí según la taxonomía astorgiana: Ficciones


Aquí, a mí, al escribir me podrá faltar la sal. No así lo demás, porque la pimienta, el comino, el cardamomo, la albahaca, el perejil y ese tarrito mágico y amarillo que contiene mi azafrán, oh sí, my precious azafrán, están ahí donde deben estar, cerquita del aceite y la salsa lizano que, como my precious, cruzan océanos porque de eso se trata el mundo de ahora (o el mundo de siempre): que, las cosas que sólo se consiguen en un lugar, viajen en bajeles o container ships de un lado a otro, van y vienen, o los chips de intel que de aquí se van allá y se devuelven luego para terminar en el tarro que reproduce la música en el bar estándar y genérico donde también venden el alcohol polimorfo, la cerveza con apodo italiano y origen sumerio y hechura de aquí, de Holanda, Bélgica, Estados Unidos, México o Argentina o Alemania, cuando es mucho pedir, o los Vodkas escandinavos o esteparios y bueno, los otros licores, de aquí o de por allá y son casi especialidades con propio pasaporte, la cachaça brasilera, el tan-americanizado bourbon y el Bailey’s tan irlandés como James Joyce cuyas obras atrapadas en los papeles de Modern Library y Penguin terminan en mi librero, así como tambíén de una caja de amazon.com de forma casi pandoresca salgan Keats y Milton y Graves y el libro del piloto francés traducido a la lingua morta y las Edda en Prosa y a veces pienso que tiene algo de inverosímil que tantos libros tan variados terminen aquí en este rincón olvidado por los dioses y los gobernantes y la gente y que sólo es recordado por las mineras infinitas canadienses. No es de extrañar eso, porque las empresas son las primeras en recordar que del tercer mundo para abajo todo es más barato y como en el cuarto o en el octavo o en el catorceavo es donde están las fábricas de tenis Nike, los telares de Zara, los pequeños niños y sus pequeñas manos para coser las pequeñas cosas; de donde venía la seda ahora viene el plástico en cantidades casi transinfinitas y allá van el metal y el mundo enredado y el hambre de las industrias que se oye y se siente en esa extraña ciencia de números y valores que nunca he terminado de entender bien, pero, en cierta forma hay que obedecer. Así es el mundo, ni bueno ni malo, solo enredado, con mariposas que baten las alas en Shanghai y cae la bolsa en Frankfurt o algo así era.

Veo veo, qué ves, qué veo, ahora todos vemos, todos vemos todo. La mariposa puede batir sus alas en toda la imaginables formas, fotos, ilustraciones, por qué no esculturas, o todo lo que google ponga a nuestra disposición o que alguien nos pase con un link; la internet, la máxima representación de nuestra época es una mediateca proteica, toma la forma que quiera, que pidamos. Laberinto mediático lleno de videos como el de Salomón o de esos textos franceses del siglo XVIII que Google Books deja vinear, el universo de la representación está a nuestra alcance. Ya cada quién escoge qué ver e incluso cómo ver, porque em esa miríada de imágenes ya unos sólo ven problemas otros, selectivos del buffet sólo agarran lo que les guste, les interese les sea pertinente, les excite. El que busca encuentra. Entre lo que encuentra tiene que buscar de nuevo, porque el que busca, encontró demasiado. El mundo se nos revela de miles y miles de formas; la distancia es una ilusión porque sé que hay una webcam que me deja ver algún monumento en otro país, veo las muertes de gente de otros países, soldados o civiles con la apología del miles gloriosus luego, criminales de otros países, incitiativa para evitar declararlos criminales, el mundo despojándose de sus velos, la pornografía de la existencia que en algún momento se convirtió en la regla general. Saber lo que ocurre en Kyrgystan es evidencia de cultura, de interés de un alma esclarecida y curiosa, poder comentar que alguna cifra murió en un atentado donde entender las causas es importante aunque nada de eso siquiere llegar a ameritar más de una oración en un texto de historia, los videos porno de la Paris, o de cuanta cabezahuecamachatonta exista también es ese dato increíblemente útil. Casi divinamente el mundo nos pide su adoración; nos exige estar sentado absorbiendo todo lo que pasa aunque sea un ejercicio futil; el presente es un caos increíble cuántico imposible de captar en una imagen. Su comprensión implica que ya algo más ha cambiado, sea un volcán en Islandia o un terremoto en Taiwán, elegir este camino además evitar que yo esté allá haciendo algo, desencadenando un evento en el mundo, escribir en el blog es negarme a hacer otra cosa, sea leer, sea quién sabe qué. E incluso leer, esas otras cosas, reliquias de un mundo recordado sólamente por lo que nos lega, pero del que se ha perdido su “presente”, sus cosas baladíes que importaban poco para los textos, es enajenarse, es construir un ‘idilio’, porque no todo tiene que ser bucólico para ser idílico. Muchos preferiremos la vida del Quijote, atrapados en libros, enterrados en tomos, personajes, metáforas; desovillar los finos intertextos, saltar de una poema a una elegía o una epopeya para venir a dar en una novela epi oinopa ponton. Sin incurrir en la ira de Poseidón, thalatta thalatta, nos volvemos a enredar, porque la red que se teje entre textos no es menos espesa que la babilonia de imágenes en un monitor. Hacia atrás o hacia adelante, del mundo huímos hacia lus lugares idílico, a veces son utopías o distopías, pero están lejos del infinito tentacular presente, refugiamos en tinta y papel o saltamos a la parafernalia gráfica y en Star Wars, Avatar, o cuanta otra historia, The Notebook, trama, romance, simplificación, abstracción, exageración, exista nos perdemos, dos horas a la vez, con suerte más, y ahí podemos ser héroes, anagnórisis, identificación, no más mundo, mejor ser, lo que se es dentro de la ficción que es y será mi única realidad. Tal vez sea esa la mejor lección de este mundo.

El final es predecible. Terminará con que yo deje de escribir, dé el botón de enviar, me levante, me vaya a bañar y asista a clases de mitología griega. Antes de eso habré balbuceado algo más, sin aclarar qué son galimatías, ni explicar que la psicrología es una palabra que Eddie azarosamente encontró en la página 652 del diccionario, la charla insulsa, o que muy a su manera el diccionarito vox, acertadamente, llamará cháchara. No nos precipitemos que aun no me voy, que aun tengo qué inquirir pegar el grito al cielorraso de mi cuarto, porque realmente la voz mía no da para llegar más allá y la libertad propia me impide afectar la libertad de los demás. El mundo es el único que nos afecta a todos, nos obliga a refugiarnos quijotescamente en novelas, telenovelas, noticianovelas; por el momento nos limitamos a vivir en esas parcelas intelectuales que hemos definido para cada uno. Este siglo insípido y sin gracia es vulgar: vulgar en su violencia y su afán de oro, con ejecutivos y sus bonificaciones, con Goldman Sachs, con Grecia asociada a finanzas desfalcada y no a Homero, con petróleo y todo lo demás también. Mundo aburrido donde la ciencia y la tradicíón se terminan reduciendo a una encuesta en televisión para que respetuosamente la gente eligar qué es verdad, si el mono o el quick-six-day creation del barbudo arquetípico. Lo sublime de lo absurdo, del que cambie biblias por metralletas pone en evidencia lo estéril de lo real. Ojalá algún quijotillo vuelva a confundirse y bañe el mundo con su locura, cambie al mundo al asaltar molinos y nos convenza que Dulcinea está ahí y nos la enseñe a todos. Ahora sí, el momento justo, iré a bañarme. Mutis.

Achilles Last Stand

¡Canta, oh musa! Sí, cantá, cantate una de esas, las que me gustan, las canciones que me saben-huelen-parecen-sienten-escuchan como el mar como el vino. Epi oinopa ponton. Dale entonces musa y empezá una de esas canciones que son como el mar y por tanto como la tempestad porque son ambas una y la misma cosa que son un ciclo de condensación o evaporación y me faltará ahí la sublimación pero que no tiene fin que tampoco es problema porque lo infinito es bienvenido como también le tocó aprender a Aquiles, de pies ligeros. A kill-ease. Un-ease. Crept. Repta. Como una tortuga que es un reptil, ergo repta, pero que así y no de otra forma logra vencer a Aquiles, de pies ligeros; la velocidad del Pelida poca importancia tiene porque en la infinita sucesión de persecuciones una flecha lo alcanza. Arma más cercana a lo efímero. Dura un instante apenas. Tensar. Soltar. Morir.

Son diferentes la lanza y la espada, eso lo sabía bien Aquiles, de pies ligeros. Hacen sentirse en el atacante, es más cercano, que lo diga el poeta que describe de-ta-lla-da-men-te los desparramamientos, las rodillas desarmadas, las tripas regadas, las caída como encina o los que son menos gloriosos y mueren retorcidos como gusano y todo eso ocurre con la lanza ahí, clavada, luego retirada, pero es peor con la espada porque la mano que da el golpe debe sentir como se desgarran piel y corazón; la flecha no. Sólo mata. Y ya. Y ya. Y ya. Y ya. Y el buen arquero fácilmente podría matar a tantos. Ulises y los pretendientes. O Paris. O Teucro. O Filoctetes, pero ese hasta el final y no hay que adelantarse, porque para qué, ya es mucho saber para Aquiles que muere. Porque hasta en muerte Aquiles entiende que está en una eterna competencia; tiene sus muertos que lo preceden y lo matan, sí lo matan ellos, porque cada uno lo acercaba más, porque antes de él murió Memnón, antes Antíloco, antes Pentesilea, antes Héctor, antes Patroclo, antes Troilo y en cada uno estaba escrita su suerte.

Luego Áyax, luego Paris, luego la ciudad y Príamo, luego las atrocidades de Neoptolemo y en cada uno está la estela de la muerte del Pelida. En los mismos Nostoi está el fantasma de Aquiles. Veo el talón, despedazado, la flecha mordiéndole la carne y consumiéndole la vida, en ese momento la final comprensión que toda esa guerra gira entorno a él. Con las bodas de su padre inicia, con su muerte, producto de esas bodas por dioses temerosos conjuradas acaba. Él, héroe, nació para destruir tanto a troyanos como a griegos, su vida fue su cólera; fue perseguido por su destino que los dioses sutilmente dirigieron, como la saeta. Ahí, al fin alcanzado, la destrucción total logra. Si mil veces naciera, mil veces ardería Troya, de amplias calles, con sus tumbas de príncipes muertos, mil veces morirían también los caudillos, a los dioses caros.

Ulises, más querido a Aquiles de los caudillos aqueos, he de imaginar, presenció el último momento de Aquiles pero no le correspondió entender nada. Sí, en cambio, le correspondió entender la solución del otro Aquiles. El que sí venció a la tortuga y de esa se apropió: Solvitur ambulando. Y es por eso que Ulises en el Mediterráneo erra.

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