categorí según la taxonomía astorgiana: Del lado de allá


Hace más de una semana, cuando llegué, simplemente acertaba a mover la cabeza de lado a lado, un péndulo de ojos verdes que intentaba, desesperadamente, absorber por los ojos cuanto fuera posible de Nueva York, salir de Penn Station y sentirse súbitamente tan ínfimo, al pie de esos monstruosos rascacielos, colosos de concreto, toda mi mente estaba dedicada a ver, a descifrar cada detalle, a reinterpretar todo aquello de cultura pop que me había llegado de Nueva York, me sentía un graduado en asuntos neoyorquinos cortesía de Seinfeld y Friends, pero eso eran sólo pensamientos que pasaban de aquí a allá, mientras yo caminaba y veía y luego el Empire State ahí nomás, y la discusión sobre si lo era realmente porque no se veía grande, más bien peque como el Banco Nacional, pero conforme nos acercamos comprendimos la perspectiva, la distancia se redefinía y la azotea del Empire State porque sólo de ahí se podrían ver las cosas y no creerlas, porque se queda en un ¡wow! que es una unterjección sumamente puntual para un sentimiento que se prolonga por días, porque la ciudad tiene su propia luz, su propia alma –dirían algunos-, pero simplemente es un encanto que se deriva de ser un caleidoscopio-skyline-arquitectura-iluminación ya reconocible pero hasta el momento no comprendido.

Muchas otras veces pasamos por Times Square, era nuestra ancla, como un lugar que hay que ver aunque sea marginalmente, agregarlos sutilmente a nuestros itinerarios para verlo sin necesariamente comentar sobre algo nuevo, simplemente era el cruce por excelencia, el lugar típico por el cual había que pasar de nuevo y de nuevo. Y las tiendas, y los lugares para comer. Y simplemente las luces, los carros, el hummer-limusina que era la ubicación de una fiesta rodante de nenas-rubias-bobas sacando cabezas y gritando por el quemacocos, los vendedores de cosas de imitación, la Babel ambulante, porque había indios, alemanes, franceses, españoles (hasta para tirar para arriba) y nosotros cuatro ticos, balbuceando sandeces de la mejor manera posible, o con nariz de payaso en la cara o simplemente tomando docenas de fotos de todo. Y riendo, porque si algo dejamos en esa ciudad fue el eco de carcajadas burlistas e irreverentes desde Times Square hasta el Battery, en el Upper East Side o en una mesa en Little Italy y ni hablar de Secaucus y el tren a Newark que era ya familiar, las carreras en Penn Station y los indigentes cumpleañeros y las cervezas que comprábamos en la farmacia.

En los días siguientes fueron los museos los que me maravillaron, por su extensión o lo imposible de su naturaleza, imposible por que no hay forma real de poder ver todo en una visita, hay que satisfacerse con haber visto algo, esos museos que una amiga me dijo –y estoy de acuerdo con ella- que son el verdadera alma de esta ciudad, más allá de sus inmigrantes y sus landmarks son el Met, el MoMa, el Guggenheim y el Museo de Historia Natural lo que definen el carácter de los Neoyorquinos, de esa cultura donde saber que tienen a Monet, Picasso y Tiranosaurios ahí nomás, que desde pequeños se los enseñan, y yo a los 24 deambulaba como un niño también queriendo llevarme de eso cuanto fuera posible sea Kandinsky o Magritte, el Templo de Dendur, a Warhol y a Roy Liechtenstein, pero sólo en tarjetas me los pude traer cuando mucho.

Luego la quintaesencia de cualquier experiencia en EE.UU. el roadtrip, el viajecito, el GPS y el Dodge Journey que salió de un rental en Newark y luego se tiró por el Turnpike, guiado por CARlita, auxiliado por ‘Rosita’, para evitar perderse camino a Philadelphia para pasar el día y luego seguir a Dulles, pero el Centro Histórico de Philly es como el Smithsonian, de esas cosas chivísimas e increíbles que ‘vimos’ que cuánta historia en un solo lugar pero de las que no hay fotos por enredos y cosas de la vida, pero increíbles los lugares. Alejandro maneja, y Jose pone música, yo interpreto el mapa del GPS y estamos pasando de nuevo por un mismo lugar, pero la salida es aquella y hay que caer de nuevo en la I-95, que ahora va para Delaware o Baltimore o quién sabe dónde y en ella vamos nosotros y ¡peaje! ¿quién cuenta las monedas y billetes? y así vamos, y a ratos es Bon Jovi, a ratos los Beatles y –obvio- Muse y U2 que suenan y cantamos o gritamos, pero por lo general vamos riendo y que cuándo llegamos. Y el Hotel de Washington está en el culo del mundo pero hay un mall cerca y eso es debacle porque hay que comprar ropa y zapatos y al día siguiente es el concierto y viajamos y cruzamos por todo el estado rural y hay tractores y el ave estatal de Virginia son los semáforos y por enésima vez a comer en el McDonalds y todo menos una Angus que tiene calorías y grasa para matar y ya estamos hartos y llegamos temprano y el concierto es chiva aunque está lleno de rocos y eso no matiza tanto y la voz de Bono está hecha una desgracia pero Muse ¡MUSE!.

Y D.C. que para nosotros será la troleada tan dolorosa porque a estas alturas los pies son tamalópodos, porque duelen y quién sabe cuánto caminamos pero vimos el National Mall, y todo alrededor y caminar, pero Washington es aburrido y punto, nos hacía falta NYC y cada vez volvían los chistes de Salvador, de Wedges, de Rosita y Carlita, de imaginarnos escibiendo sandeces con Seth McFarlane, porque la producción es infinita, es irreverente, y la nariz de payaso que atrae los lentes de cámara ajenos nos sorprende así como los helicópteros que aterrizan en la Casa Blanca y secretamente temí que algún granjero redneck me viera y me quisiera volar un balazo por estar frente al Capitolio haciendo payasadas, porque es lo que mejor hacemos. Y luego más compras, pero el dinero ya no da.

Divagaciones. Risas. Irreverencias. Stellas Artois. Facebook. La payasa a la 1 a.m.Y si teníamos gente en el cuarto de a la par que se aguante, pero eso ya quedó en el pasado, porque ahora estamos en el aeropuerto y el Sudoku nos confunde y nos irrita el Wifi que se cobra, pero todo se acaba queda el vuelo y el viaje fue genial de esas cosas que se recordarán porque es memorable, porque casi morimos estampados porque un peaje nos sorprendió, porque los rocos genéricos nos veían con desprecio. Porque Washington apesta, y porque quisiéramos estar meses en Nueva York.

Thing is, good-bye for now, pero lo cierto es que un viaje de estos se vuelve necesario, ritual y ahí estará en el futuro, siempre habrá más destinos que conocer.

Learn to Fly

La película apesta, es de esas cosas sonsas que se hacen llamar comedias románticas, de esas que son una sucesión de obviedades y tibiezas, un qué anticipado, un cómo trillado, nada nuevo bajo el sol, besos, enredos, la ambientación es sosa, romance de chofer y guía turística, la he estado viendo lo admito, porque aquí en el 28E no hay nada más que hacer.

Veinte filas más adelante están mis amigos, pero 9A y 9B son un mundo de distancia de mí, ni siquiera imagino posible visitarlos, ya que sólo 28D es suficiente barrera para sentirme atrapado aquí, estrujado, incómodo, con el Zune y la laptop como mi único consuelo. El baño está lo suficientemente cerca para evitar que la difusión aromática sea total, la comida que sirven ya es la que está fría, la que ha recorrido el pasillo entero, ya ni por cortesía ofrecían una alternativa u otra. Ahora era sólo el sánguche de eso que llaman carne y dé las gracias, porque más bien casi ni hay, igual las bebidas.

Mi boarding pass dice 28F, aun así estoy en 28E, para cuando llegué el asiento de la ventana había sido usurpado por la roquilla estereotípica absorta en su desconsideración de ciudadana de oro, con un periódico leyendo alguna cosa como para ilustrar que ella es mayor, que por eso ella tomar mi campo. Pude haberle dicho algo, pero no, no quería regarme las bilis en un duelo de agudezas.

La comedia entra en su etapa musical, cantan y bailan, o al menos bailan, mis audifónos quedarán enchufados al Zune, me daría miedo conectarlos al avión, escuchar una sola palabra de la película. El vuelo se alarga.

Aquí estoy, escribiendo, y el hombre de 27E estornuda como una caricatura, como un Bob Esponja que podría ser Dino el Dinosaurio, la gente sigue pasando a los baños, mi abuela diría que como cucarachas, que apenas comen….

Pero no quiero pensar en eso, y ahí va en sentido contrario otra vez el carrito, esta vez solo bebidas, pero ya no quiero nada más y estoy satisfecho, algo más y tendría que hablarle a 28D, pedirle permiso para ir al baño y la laptop y el bolso y todo aquí puesto y dispuesto y ya habiendo atraído su curiosidad, y mejor me quedo aquí, calladito, más bonito, mejor no exigir a los riñones y a la vejiga, porque no todo lo que se ofrece debe ser aceptado, pero aun tengo tiempo para pensarlo porque el carrito apenas va por allá adelante, pero ya un sobrecargo anda diciendo ‘anything else’ de tal forma que no suena a inglés, sino a ese extraño idioma que han creado los latinos que en algunos momentos se confunde al inglés.

28F pone un chicle en su boca, extraña reversión, no puedo evitar notarlo, ella ahí tan jovial mascando chicle viendo por la ventana, ojeando el periódico con el desinterés de una nena que espera que le hablen, pero yo más bien me pierdo en mi propia escritura, soy antisocial, mejor calladito, calladito y observador; 28D revisa el reloj, el gesto habitual de ver las manecillas y luego taparlo con la mano y al rato volverlo a ver, como si la mano pudiera acelerar el tiempo, pero Newark International aun está distante, hay que recorrer longitud y latitud. Música. Bendita sea. Bendita Janis Joplin dándome un pedazo de su corazón, y gracias a Led Zeppelin por cantar del poste de la horca y antes a The Killers por serenatearme con su tigre de neón.Y no sé que tanto escribo, pero creo que mi laptop es el tic que tengo que tener, el placebo matatiempos, mi forma personal de ver y tapar el reloj de pulsear o de hojear los periódicos ya insípidos y arrugados o de jugar con el respaldar, como lo hace 27E.

Antes de la comida intenté dormir, seguro lo hice, pero la incomodidad es intolerable, soñé, recordé, soñé recuerdos o recordé sueños, nunca los sabré distinguir, pero las personas eran claras, y ahora quisiera dormir pero ya no puedo, en parte porque 28D a mi izquierda termina inclinándose hacia mi lado cada vez que alguien pasa por el pasillo, y es el inicio de todo un complejo movimiento de relojero, porque 27E delante mío se inclina hacia atrás y eso me lleva a buscar la evasión hacia la derecha donde la roca de 28F ve por la ventana que me usurpó y bosteza y ve alrededor con curiosidad buscando algo, un comentario por hacer de esos que puedan iniciar una conversación a partir de un odio común, pero yo no quiero levantar la mirada y solo escribo, lo demás me entra de reojo, y por lo tanto no debería ser confiable, pero todo es verosímil porque en un avión la gente se reduce a un tic o un gesto, a una ruidosa risa a causa del manual de seguridad del EMB que viaja entre San José y CIudad de Panamá.

Y ya la película se acabó, por dicha, pero nada bueno vendrá, ahora, la gente ahra se siente más libre y se levanta y yo quisiera pero no hay donde ir y ahora la fila del baño es larga y la gente está con esa cara de maldita, de por qué todo mundo ahora, y luego la mueca de asco porque un baño tan usado en tan poco tiempo es desagradable, como lo son los baños de bares, y el Zune por dicha me da los Cadillacs, y yo podría sacar a Dorian Gray que languidece en mi bolso, sí el verde de siempre, donde está lo esencial el libro, el diario de quinceañera, los lapiceros y los cargadores y mi saco en mi regazo y encima la laptop y ahora me doy cuenta de que esto que escribo hace rato perdió cualquier hilo de coherencia y sólo le queda el valor interpretativo posmoderno de alguien que se esfuerce por leer este eterno recuento de rarezas, porque lo que se ve desde 28E es como hacer un catálogo de naves en un poema épico, es agregar que en 28B la muchacha se ha acostado en los regazos de 28A y que de pie en la cercanías de la fila 25 una mujer bosteza por tedio y porque la fila es muy larga y porque hace calor y el aire está pesado y ya la fila ha avanzado un poco y la que bosteza ahora sí está en la fila 28 y no hay nada que hacer sólo esperar y ahora va a empezar otra película, lo cual me dice que al menos quedan 90 minutos de vuelo, pero yo sé que es más por ahí de tres horas en las que no sabré que será de mí.

La película inician con tomas de ese Nueva York al cual me dirijo y es una noche en el museo y seguro es la uno y qué pereza ver es, pero tal vez sea la dos y sí lo es, pero igual no la quiero ver, porque tengo pereza porque estoy escribiendo y viendo, porque, porque, porque estoy en el 28E, porque el randome del Zune pasa de de Pink Floyd al Pop Italiano de Columbia Stereo cuando eso existía.

¿y ahora?

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