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	<title>Julián, su blog &#187; Del lado de allá</title>
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		<title>And Good Bye to All That</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Oct 2009 02:03:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace más de una semana, cuando llegué, simplemente acertaba a mover la cabeza de lado a lado, un péndulo de ojos verdes que intentaba, desesperadamente, absorber por los ojos cuanto fuera posible de Nueva York, salir de Penn Station y sentirse súbitamente tan ínfimo, al pie de esos monstruosos rascacielos, colosos de concreto, toda mi mente estaba dedicada a ver, a descifrar cada detalle, a reinterpretar todo aquello de cultura pop que me había llegado de Nueva York, me sentía un graduado en asuntos neoyorquinos cortesía de Seinfeld y Friends, pero eso eran sólo pensamientos que pasaban de aquí a allá, mientras yo caminaba y veía y luego el Empire State ahí nomás, y la discusión sobre si lo era realmente porque no se veía grande, más bien peque como el Banco Nacional, pero conforme nos acercamos comprendimos la perspectiva, la distancia se redefinía y la azotea del Empire State porque sólo de ahí se podrían ver las cosas y no creerlas, porque se queda en un ¡wow! que es una unterjección sumamente puntual para un sentimiento que se prolonga por días, porque la ciudad tiene su propia luz, su propia alma –dirían algunos-, pero simplemente es un encanto que se deriva de ser un caleidoscopio-skyline-arquitectura-iluminación ya reconocible pero hasta el momento no comprendido. </p>
<p>Muchas otras veces pasamos por Times Square, era nuestra ancla, como un lugar que hay que ver aunque sea marginalmente, agregarlos sutilmente a nuestros itinerarios para verlo sin necesariamente comentar sobre algo nuevo, simplemente era el cruce por excelencia, el lugar típico por el cual había que pasar de nuevo y de nuevo. Y las tiendas, y los lugares para comer. Y simplemente las luces, los carros, el hummer-limusina que era la ubicación de una fiesta rodante de nenas-rubias-bobas sacando cabezas y gritando por el quemacocos, los vendedores de cosas de imitación, la Babel ambulante, porque había indios, alemanes, franceses, españoles (hasta para tirar para arriba) y nosotros cuatro ticos, balbuceando sandeces de la mejor manera posible, o con nariz de payaso en la cara o simplemente tomando docenas de fotos de todo. Y riendo, porque si algo dejamos en esa ciudad fue el eco de carcajadas burlistas e irreverentes desde Times Square hasta el Battery, en el Upper East Side o en una mesa en Little Italy y ni hablar de Secaucus y el tren a Newark que era ya familiar, las carreras en Penn Station y los indigentes cumpleañeros y las cervezas que comprábamos en la farmacia. </p>
<p>En los días siguientes fueron los museos los que me maravillaron, por su extensión o lo imposible de su naturaleza, imposible por que no hay forma real de poder ver todo en una visita, hay que satisfacerse con haber visto algo, esos museos que una amiga me dijo –y estoy de acuerdo con ella- que son el verdadera alma de esta ciudad, más allá de sus inmigrantes y sus landmarks son el Met, el MoMa, el Guggenheim y el Museo de Historia Natural lo que definen el carácter de los Neoyorquinos, de esa cultura donde saber que tienen a Monet, Picasso y Tiranosaurios ahí nomás, que desde pequeños se los enseñan, y yo a los 24 deambulaba como un niño también queriendo llevarme de eso cuanto fuera posible sea Kandinsky o Magritte, el Templo de Dendur, a Warhol y a Roy Liechtenstein, pero sólo en tarjetas me los pude traer cuando mucho. </p>
<p>Luego la quintaesencia de cualquier experiencia en EE.UU. el roadtrip, el viajecito, el GPS y el Dodge Journey que salió de un rental en Newark y luego se tiró por el Turnpike, guiado por CARlita, auxiliado por ‘Rosita&#8217;, para evitar perderse camino a Philadelphia para pasar el día y luego seguir a Dulles, pero el Centro Histórico de Philly es como el Smithsonian, de esas cosas <em>chivísimas e increíbles que ‘vimos’</em> que <em>cuánta historia en un solo lugar</em> pero de las que<em> no hay fotos por enredos y cosas de la vida, pero increíbles los lugares</em>. Alejandro maneja, y Jose pone música, yo interpreto el mapa del GPS y estamos pasando de nuevo por un mismo lugar, pero la salida es aquella y hay que caer de nuevo en la I-95, que ahora va para Delaware o Baltimore o quién sabe dónde y en ella vamos nosotros y ¡peaje! ¿quién cuenta las monedas y billetes? y así vamos, y a ratos es Bon Jovi, a ratos los Beatles y –obvio- Muse y U2 que suenan y cantamos o gritamos, pero por lo general vamos riendo y que cuándo llegamos. Y el Hotel de Washington está en el culo del mundo pero hay un mall cerca y eso es debacle porque hay que comprar ropa y zapatos y al día siguiente es el concierto y viajamos y cruzamos por todo el estado rural y hay tractores y el ave estatal de Virginia son los semáforos y por enésima vez a comer en el McDonalds y todo menos una Angus que tiene calorías y grasa para matar y ya estamos hartos y llegamos temprano y el concierto es chiva aunque está lleno de rocos y eso no matiza tanto y la voz de Bono está hecha una desgracia pero Muse ¡MUSE!. </p>
<p>Y D.C. que para nosotros será la troleada tan dolorosa porque a estas alturas los pies son tamalópodos, porque duelen y quién sabe cuánto caminamos pero vimos el National Mall, y todo alrededor y caminar, pero Washington es aburrido y punto, nos hacía falta NYC y cada vez volvían los chistes de Salvador, de Wedges, de Rosita y Carlita, de imaginarnos escibiendo sandeces con Seth McFarlane, porque la producción es infinita, es irreverente, y la nariz de payaso que atrae los lentes de cámara ajenos nos sorprende así como los helicópteros que aterrizan en la Casa Blanca y secretamente temí que algún granjero redneck me viera y me quisiera volar un balazo por estar frente al Capitolio haciendo payasadas, porque es lo que mejor hacemos. Y luego más compras, pero el dinero ya no da. </p>
<p>Divagaciones. Risas. Irreverencias. Stellas Artois. Facebook. La payasa a la 1 a.m.Y si teníamos gente en el cuarto de a la par que se aguante, pero eso ya quedó en el pasado, porque ahora estamos en el aeropuerto y el Sudoku nos confunde y nos irrita el Wifi que se cobra, pero todo se acaba queda el vuelo y el viaje fue genial de esas cosas que se recordarán porque es memorable, porque casi morimos estampados porque un peaje nos sorprendió, porque los rocos genéricos nos veían con desprecio. Porque Washington apesta, y porque quisiéramos estar meses en Nueva York. </p>
<p>Thing is, good-bye for now, pero lo cierto es que un viaje de estos se vuelve necesario, ritual y ahí estará en el futuro, siempre habrá más destinos que conocer. </p>
<div style="float: right; margin-left: 10px;"><a href="http://twitter.com/share?url=http://julianastorga.com/2009/10/and-good-bye-to-all-that/&via=jules_astorga&text=And Good Bye to All That&related=:&lang=en&count=horizontal" class="twitter-share-button">Tweet</a><script type="text/javascript" src="http://platform.twitter.com/widgets.js"></script></div>]]></content:encoded>
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		<title>Learn to Fly</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Sep 2009 17:11:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barrabasadas]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>La película apesta, es de esas cosas sonsas que se hacen llamar comedias románticas, de esas que son una sucesión de obviedades y tibiezas, un qué anticipado, un cómo trillado, nada nuevo bajo el sol, besos, enredos, la ambientación es sosa, romance de chofer y guía turística, la he estado viendo lo admito, porque aquí en el 28E no hay nada más que hacer. </p>
<p>Veinte filas más adelante están mis amigos, pero 9A y 9B son un mundo de distancia de mí, ni siquiera imagino posible visitarlos, ya que sólo 28D es suficiente barrera para sentirme atrapado aquí, estrujado, incómodo, con el Zune y la laptop como mi único consuelo. El baño está lo suficientemente cerca para evitar que la difusión aromática sea total, la comida que sirven ya es la que está fría, la que ha recorrido el pasillo entero, ya ni por cortesía ofrecían una alternativa u otra. Ahora era sólo el sánguche de eso que llaman carne y dé las gracias, porque más bien casi ni hay, igual las bebidas. </p>
<p>Mi boarding pass dice 28F, aun así estoy en 28E, para cuando llegué el asiento de la ventana había sido usurpado por la roquilla estereotípica absorta en su desconsideración de ciudadana de oro, con un periódico leyendo alguna cosa como para ilustrar que ella es mayor, que por eso ella tomar mi campo. Pude haberle dicho algo, pero no, no quería regarme las bilis en un duelo de agudezas. </p>
<p>La comedia entra en su etapa musical, cantan y bailan, o al menos bailan, mis audifónos quedarán enchufados al Zune, me daría miedo conectarlos al avión, escuchar una sola palabra de la película. El vuelo se alarga. </p>
<p>Aquí estoy, escribiendo, y el hombre de 27E estornuda como una caricatura, como un Bob Esponja que podría ser Dino el Dinosaurio, la gente sigue pasando a los baños, mi abuela diría que como cucarachas, que apenas comen…. </p>
<p>Pero no quiero pensar en eso, y ahí va en sentido contrario otra vez el carrito, esta vez solo bebidas, pero ya no quiero nada más y estoy satisfecho, algo más y tendría que hablarle a 28D, pedirle permiso para ir al baño y la laptop y el bolso y todo aquí puesto y dispuesto y ya habiendo atraído su curiosidad, y mejor me quedo aquí, calladito, más bonito, mejor no exigir a los riñones y a la vejiga, porque no todo lo que se ofrece debe ser aceptado, pero aun tengo tiempo para pensarlo porque el carrito apenas va por allá adelante, pero ya un sobrecargo anda diciendo ‘anything else’ de tal forma que no suena a inglés, sino a ese extraño idioma que han creado los latinos que en algunos momentos se confunde al inglés. </p>
<p>28F pone un chicle en su boca, extraña reversión, no puedo evitar notarlo, ella ahí tan jovial mascando chicle viendo por la ventana, ojeando el periódico con el desinterés de una nena que espera que le hablen, pero yo más bien me pierdo en mi propia escritura, soy antisocial, mejor calladito, calladito y observador; 28D revisa el reloj, el gesto habitual de ver las manecillas y luego taparlo con la mano y al rato volverlo a ver, como si la mano pudiera acelerar el tiempo, pero Newark International aun está distante, hay que recorrer longitud y latitud. Música. Bendita sea. Bendita Janis Joplin dándome un pedazo de su corazón, y gracias a Led Zeppelin por cantar del poste de la horca y antes a The Killers por serenatearme con su tigre de neón.Y no sé que tanto escribo, pero creo que mi laptop es el tic que tengo que tener, el placebo matatiempos, mi forma personal de ver y tapar el reloj de pulsear o de hojear los periódicos ya insípidos y arrugados o de jugar con el respaldar, como lo hace 27E. </p>
<p>Antes de la comida intenté dormir, seguro lo hice, pero la incomodidad es intolerable, soñé, recordé, soñé recuerdos o recordé sueños, nunca los sabré distinguir, pero las personas eran claras, y ahora quisiera dormir pero ya no puedo, en parte porque 28D a mi izquierda termina inclinándose hacia mi lado cada vez que alguien pasa por el pasillo, y es el inicio de todo un complejo movimiento de relojero, porque 27E delante mío se inclina hacia atrás y eso me lleva a buscar la evasión hacia la derecha donde la roca de 28F ve por la ventana que me usurpó y bosteza y ve alrededor con curiosidad buscando algo, un comentario por hacer de esos que puedan iniciar una conversación a partir de un odio común, pero yo no quiero levantar la mirada y solo escribo, lo demás me entra de reojo, y por lo tanto no debería ser confiable, pero todo es verosímil porque en un avión la gente se reduce a un tic o un gesto, a una ruidosa risa a causa del manual de seguridad del EMB que viaja entre San José y CIudad de Panamá. </p>
<p>Y ya la película se acabó, por dicha, pero nada bueno vendrá, ahora, la gente ahra se siente más libre y se levanta y yo quisiera pero no hay donde ir y ahora la fila del baño es larga y la gente está con esa cara de maldita, de por qué todo mundo ahora, y luego la mueca de asco porque un baño tan usado en tan poco tiempo es desagradable, como lo son los baños de bares, y el Zune por dicha me da los Cadillacs, y yo podría sacar a Dorian Gray que languidece en mi bolso, sí el verde de siempre, donde está lo esencial el libro, el diario de quinceañera, los lapiceros y los cargadores y mi saco en mi regazo y encima la laptop y ahora me doy cuenta de que esto que escribo hace rato perdió cualquier hilo de coherencia y sólo le queda el valor interpretativo posmoderno de alguien que se esfuerce por leer este eterno recuento de rarezas, porque lo que se ve desde 28E es como hacer un catálogo de naves en un poema épico, es agregar que en 28B la muchacha se ha acostado en los regazos de 28A y que de pie en la cercanías de la fila 25 una mujer bosteza por tedio y porque la fila es muy larga y porque hace calor y el aire está pesado y ya la fila ha avanzado un poco y la que bosteza ahora sí está en la fila 28 y no hay nada que hacer sólo esperar y ahora va a empezar otra película, lo cual me dice que al menos quedan 90 minutos de vuelo, pero yo sé que es más por ahí de tres horas en las que no sabré que será de mí. </p>
<p>La película inician con tomas de ese Nueva York al cual me dirijo y es una noche en el museo y seguro es la uno y qué pereza ver es, pero tal vez sea la dos y sí lo es, pero igual no la quiero ver, porque tengo pereza porque estoy escribiendo y viendo, porque, porque, porque estoy en el 28E, porque el randome del Zune pasa de de Pink Floyd al Pop Italiano de Columbia Stereo cuando eso existía. </p>
<p>¿y ahora? </p>
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		<title>New York State of Mind</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Sep 2009 11:38:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Viajes. Viajes que inician. Que inician desde la noche que se empaca, pero más aun en este momento, en este instante en que se está ante la Puerta 10 del Juan Santamaría, después de haber sido revisado, de que se percataran que no ando materiales explosivos ni nada de eso, que solo soy un turista, con su laptop, con su pasaporte, con sus amigos. </p>
<p>Este es un viaje paréntesis, un momento intermedio, antes hay clases de Literatura Latina y Sánscrito y estarán después de este viaje, es un fin de semana, pequeña grieta en la rutina existencial, es por eso que tal vez sea Nueva York el destino indicado (y el DC, y U2 y Muse), ese lugar que es vibrante y dinámico, y que tiene cómo vivirse así acelerado, rápido. </p>
<p>Nos vemos, ci vediamo. Pronto volveré. Pronto, también, volveré a estar escribiendo cosas desde aquí desde esta sala pequeña, pero que siempre es estar en el marco de una puerta, sonriendo, yendo hacia el mundo para volver con sonrisa de nuevo. </p>
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		<title>Dinámica de Aeropuerto</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Jan 2009 21:41:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me gustaría decir que un aeropuerto es un lugar extraño, me gustaría poder llamarlo una burbuja, pero eso me suena mucho a un cliché, quisiera poder compararlo a un hormiguero o una colmena, pero aquí no existe esa monarquía hexápoda que le da órdenes a zánganos. Eso no quiere decir que no haya un orden, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me gustaría decir que un aeropuerto es un lugar extraño, me gustaría poder llamarlo una burbuja, pero eso me suena mucho a un cliché, quisiera poder compararlo a un hormiguero o una colmena, pero aquí no existe esa monarquía hexápoda que le da órdenes a zánganos. </p>
<p>Eso no quiere decir que no haya un orden, porque sí lo hay. Es un tipo de orden semajante al de un juego de mesa. Donde nadie duda en lo absoluto que en Monopoly hay que avanzar en un sentido, o que en tantos otros juegos hay que seguir hasta un destino, una meta, un extremo del tablero. </p>
<p>Las rutas que siguen las piezas en esos tableros no son lineales, ni sinoidales, ni son iguales entre sí; la maravillosa ruta que una sola persona puede recorrer entre los pisos relucientes de un aeropuerto subiendo escaleras y bajando por serpientes es impredecible. Hay puntos fijos como pasar por seguridad o abordar el avión, pero entre ellos cada persona es libre de divagar en un ambiente cerrado, controlado. </p>
<p>Es por eso, creo, que observar gente en el aeropuerto resulta tan entretenido. En un instante se ve al ejecutivo, con su pequeña valija de cuero que hace juego con un portafolio que camina hacia la cabeza de la gente que espera el abordaje de un avión. También se puede espiar sobre la familia que carga una cantidad irregular y posiblemente ilegal de equipaje de mano, que parecen salidos de una soñada caravana oriental con ropajes y trapos de todo color y textura. </p>
<p>Otros viajan ligeros, en sandalias y pantalones cortos, como si ir en avión fuera ir simplemente al parque o al jardín. Otros llevan en sus caras la marcas del cansancio, de más horas de viaje que las que quieran recordar. Estos se dejan caer como sacos de trigos en un granero, acomodados por el azar y la gravedad. Adornados por un pulóver que sirve de cobija y almohada y les da esperanza de una cama cálida que en alguna latitud los espera. </p>
<p>De vez en cuando se ve también el ligero trote de un can, peludo y molesto, que a toda velocidad divaga de un lado a otro. Se cruza en su camino, pero sin cruzar la mirada con la señora miope que parece llevar su tiquete de abordaje como una venda ante sus ojos, corroborando letras y nomenclaturas que en los más profundo la deben hacer sentirse perdida en un laberinto de metal y vidrio. </p>
<p>Un porcentaje considerable, entre los que me cuento, nos atrincheramos detrás del comfort electrónico de una computadora, desde detrás de la pantalla solo queremos ser parte de la escenografía, sustraernos a las divagaciones innecesarias sobre el piso de piedra pulida, encerada y desinfectada. </p>
<p>Pronto, sin embargo, nuestra dependencia a la electricidad nos hace acumularnos en torno a los centros de carga eléctrica. Aquí nos convertimos en una extraña población, una gusanera deambulante que permanece junta por el momento antes de volverse a disolver conforme las horas de partida se acerquen. </p>
<p>Ahí seguirán pasando todas las gentes y gentecillas del aeropuerto, el grupo de mujeres (Cheerleader Effect) que va de un lado a otro, en sus buzos que parecen piyamas, errando en busca de cuatro asientos juntos; pasa la mujer elegante que parecen haber descendido de un vuelo parisino o milanés y que se sienta sola para permanecer sola, aislada por esa aura de sofisticación que repele a los estadounidenses que la rodean. </p>
<p>Pasan hombres que llevan el pasaporte en la boca como un perro leal que lleva el periódico a su amo, y otros que lo andan en la bolsa de atrás del pantalón y nerviosamente revisan regularmente que no se haya caído. Otros juegan juegos, sean cartas o dominós; o el juego más entretenido que es el que yo mismo juego, el de observar con la fija y sutil perversión de un voyeur cómo se mueven las personas en un aeropuerto. Buscando patrones y siguiendo itinerarios, adivinando destinos e inventando historias. </p>
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		<title>Sobre el Atlántico en el 21F</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Jan 2009 15:09:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Del lado de allá]]></category>
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		<description><![CDATA[Estoy sentado en el asiento 21F en un vuelo entre FRA y DFW. Deberían ser alrededor de 10 horas de vuelo, ya han pasado al menos cuatro y me quedan cinco horas y algo más. Estoy inquieto. Aburrido. Como un gato encerrado. Escucho música para calmarme. (En el Zune suena &#8216;Believe Me Natalie&#8217;, de The [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estoy sentado en el asiento 21F en un vuelo entre FRA y DFW. Deberían ser alrededor de 10 horas de vuelo, ya han pasado al menos cuatro y me quedan cinco horas y algo más. Estoy inquieto. Aburrido. Como un gato encerrado. Escucho música para calmarme. (En el Zune suena &#8216;Believe Me Natalie&#8217;, de The Killers).</p>
<p>Estoy en el asiento 21F en un vuelo entre FRA y un lugar que aun está a 4389 kilómetros de distancia, estoy en un Triple 7, un avión grande y moderno, diseñado con la comodidad de los pasajeros en mente. (Ajá). Es un vuelo de American, por tanto va lleno de estadounidenses y gringos, unos serán yupis, hombres de negocios, y otros son rednecks y hillbillies, o soldados que estás siendo &#8216;relocated&#8217; con todo y sus familias. Es un vuelo de American, la comida es mala y escasa. Es un vuelo de American: por tanto, apesta.</p>
<p>Estoy en el asiento 21F en un vuelo entre un lugar que dejé hace mucho y otro al que parece que no llego lo suficientemente pronto. El pequeño sistema de entretenimiento incorporado en el asiento me entretuvo por unos muy escasos minutos. Hay que reconocer que hacen el intento de ofrecer entretenimiento, pero una varieté de películas malas y de episodios de series peores simplemente no son tentadores. Los juegos de video incorporados al sistema son juegos viejos con calidad gráfica mediocre que parece hecha por chiquitos de Progra II. (Y la eficiencia de algo corrido con Java en un Pentium III. Los computines podrán imaginar).</p>
<p>Estoy en el asiento 21F en un vuelo entre dos lugares, y aun me faltará un vuelo más. Puedo agregar que en el asiento 20F hay un niño que pendula entre los diversos grados de reclinación que ofrece el asiento. Por minutos ya delante mío el tejido que se lee &#8220;FASTEN SEAT BELT WHILE SEATED&#8221; se ha movido hipnóticamente hacia atrás y hacia delante, como si el asiento del niño fuera una mecedora. Tal vez de pequeño no lo mecieron bastante.</p>
<p>Estoy en el asiento 21F en un vuelo entre Frankfurt y Dallas. En este momento estoy sobrevolando alguna de las calles y estrechos que existen entre Groenlandia y Canadá. Los monitores centrales del avión me torturan con esa información, estadísticas de horas y distancia. Todo avanza muy lento. Todo. Muy. Lento.</p>
<p>Estoy en el asiento 21F en este maldito vuelo entre la Sacrosanta Germania y Gringolandia. Debo agregar, muy a mi pesar que además del niño en 20F, hay otros en 20E y 20H, y un bebé en 20D. Detrás de mi hay uno o dos también, pero esos -por dicha- brillan por su silencio. 20D en cambio ha querido imitar a Steve Tyler o a Mick Jagger y ha dado sus recitales de alaridos en distintos momentos. Lo que no daría por un par de Sound-Cancelling Earphones.</p>
<p>Estoy en el asiento 21F aburrido ya de escribir siempre lo mismo en este vuelo de nunca acabar. Naturalmente (ante los imaginarios dohs de mis imaginarios lectores) he intentado dormir y tal vez di rienda suelta al hilo de baba por una media hora, pero el horario simplemente no ayuda. Cuando un vuelo sale a las dos de la mañana y parece avanzar hacia el Oeste al mismo ritmo que el día. (Desde que despegué han sido siempre las 10:30 en hora local , las malditas pantallas me presentan con lujo de detalles el avance paralelo del avión y el de la superficie sub-sinoica que representa la luz de día.). Aunque apaguen las luces y cierran las ventanas, el reloj biológico no se deja engañar. Es de día.</p>
<p>Estoy en el asiento 21F y el Zune sigue sonando en su incansable aleatoridad programada. (Después de &#8216;The Killers&#8217; han sonado Sublime, Oasis, Sigur Ros, The Who e Incubus, y ya comienza Yves Jamait). Otra aleatoria variedad es la que reside en la pequeña bolsa de delante. Además de las revistas y panfletos de rigor está una colección de cuentos de Aldous Huxley, la edición especial de The Economist para el 2009, y cerca también el entretenido &#8216;Bild&#8217; alemán. Tal vez debí haber tomado una copia del &#8216;Maxim&#8217; alemán que la aerolínea ofrecía como cortesía. (No lo hice porque la portada con Mischa Barton me pareció poco tentadora). Tampoco quise ejemplares de la Süddeutsche Zeitung, ni del Wall Street Journal, tal vez solo para coleccionarlos para tener más cosas que no leer.</p>
<p>Estoy en el asiento 21F y algo de tiempo ha pasado en este vuelo entre FRA y DFW que en algún momento llegará a SJO (si esto se postea es porque habré llegado). Oigo a los niños, así como oigo el rugido del aire acondicionado y con algo de suerte escucho pedazo de alguna canción de The Knack.</p>
<p>Estoy en el asiento 21F en un vuelo que ya está sobre la península de Labrador y dejo de escribir, porque ya esto también perdió su encanto.</p>
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		<title>Di&#225;logo Imposible en un Bazar en Estambul</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Jan 2009 20:13:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Del lado de allá]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;No, señor, no gracias. Aprecio mucho su interés en ayudarme, pero no lo necesito, creo que puedo encontrar mi camino por mí mismo. Sí, hablo español, pero no soy de España. Casi, no es Sudamérica, sino Centroamérica, cerca de Panamá. No, no, eso es Puerto Rico. Puerto Rico es una isla, Costa Rica está en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;No, señor, no gracias. Aprecio mucho su interés en ayudarme, pero no lo necesito, creo que puedo encontrar mi camino por mí mismo. Sí, hablo español, pero no soy de España. Casi, no es Sudamérica, sino Centroamérica, cerca de Panamá. No, no, <em>eso</em> es Puerto Rico. Puerto Rico es una isla, Costa Rica está en tierra firme, en el <em>mainland</em>, exacto. </p>
<p>Sí, es mi primera vez en Turquía, me ha gustado mucho. Istanbul es increíble&#8230; y no, nunca imaginé que la ciudad fuera así, y Anatolia me ha encantado también. Sí, me encantaría, naturalmente tengo que volver y verla en verano. Invierno tiene su encanto, pero definitivamente debo volver cuando se vea colorida la ciudad. </p>
<p>Claro, algo he visto de las tradiciones turcas, de los productos que hacen, ah, sí las alfombras claro las he visto. Sí, he oido que son diferentes a las persas, con un doble nudo al tejerlas en vez de uno simple, claro, son más fuertes, y un trabajo de años. Pero, no, no me interesa comprar una. Entiendo algo de las tradiciones de hospitalidad, y que los turcos se esfuerzan por hacer sentir a gusto a los visitantes, pero en este momento no puedo aceptar su invitación a tomar te de manzana. </p>
<p>Sí, claro le entiendo, y su ayuda ha sido grande, le agradezco que me enseñara el camino, pero le repito que no puedo aceptar su invitación y tomar te en su tienda de alfombras. Claro, yo sé, el negocio familiar pero, le repito que no puedo. Yo entiendo, no es una obligación comprar, pero aun así yo no quiero ir, le agradezco, pero no quiero entrar a tiendas, quiero ver la ciudad. </p>
<p>Hasta luego, gracias, hasta luego, en una próxima, hasta luego, adiós, sí, yo puedo ir solo, por favor no me siga, adiós, no le voy a comprar una alfombra, lo siento. Adiós. &#8220;</p>
<p>Esto es parte de un diálogo como se puede dar en las calles de Istanbul. A la salida de Ayasofya, o de la Cisterna Subterránea, o de la Mezquita Azul. Ser turista es exponerse a ser presa, de hombres, atracadores, que hablan y ofrecen amistad y te de manzana para vender una alfombra. Sus redes las construyen con palabras y persuasión, el mercadeo molesto y sutil que se ha depurado tras siglos de negociar en mercados y caravanas. </p>
<p>El diálogo es imposible porque en la realidad solo se puede ignorar al estafador al inicio, o comprar una alfombra al final. No hay punto medio, no hay negativa posible. Hay un tercer desenlace posible. Un punto gris, un punto que se pierde rápidamente en la distancia. Huir. </p>
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		<title>Feliz A&#241;o Nuevo</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Jan 2009 08:14:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Del lado de allá]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay que decirlo o al menos dejarlo vigente aquí en lós inmortales electrones (al menos hasta que se me olvide pagarlo) de julianastorga.com: Feliz Año Nuevo! Podría divagar sobre promesas y autoengaños que no voy a cumplir, sobre deseos de que el 2008 sea fácilmente superado por el 2009 o tantas otras cosas que se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay que decirlo o al menos dejarlo vigente aquí en lós inmortales electrones (al menos hasta que se me olvide pagarlo) de julianastorga.com: Feliz Año Nuevo!</p>
<p>Podría divagar sobre promesas y autoengaños que no voy a cumplir, sobre deseos de que el 2008 sea fácilmente superado por el 2009 o tantas otras cosas que se dicen por fórmula para la ocasión. </p>
<p>Yo solo quiero desearles a todos lo mejor, que los celebren como quieran, como puedan que la pasen bien. Que sigan charlataneando y divirtiéndose en el 2009 y más importante que sigan leyendo este pobre blog. </p>
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		<title>Un Josefino en Budapest</title>
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		<pubDate>Wed, 31 Dec 2008 18:06:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Del lado de allá]]></category>

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		<description><![CDATA[Tomé el tren de las 17:24 en la Gare de L&#8217;Est, corría con el habitual cuarto de hora de atraso que he venido a encontrar harto común en los trenes alemanes últimamente. A las pocas horas, sin embargo habría llegado a mi primera escala la estación de Mannheim am Neckar; era ya de noche, el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tomé el tren de las 17:24 en la Gare de L&#8217;Est, corría con el habitual cuarto de hora de atraso que he venido a encontrar harto común en los trenes alemanes últimamente. A las pocas horas, sin embargo habría llegado a mi primera escala la estación de Mannheim am Neckar; era ya de noche, el frío viento de invierno golpeaba sobre los andenes mientras yo desaparecía en el inframundo de la estación. </p>
<p>Sin prisa, pero con paso seguro y ágil dejé atrás las escaleras electrícas y atravése el largo pasaje subterráneo que conecta los múltiples andenes paralelos con el edificio principal de la estación. El sonido de los rodines de la maleta me pisaba los talones conforme evadía a un que otro alemán que volaba descendiendo escaleras tratando de alcanzar algún tren. </p>
<p>Busqué las habituales pizarras amarillas donde están anotados los itinerarios de los trenes, descubrí una confusión respecto al mío, un dato incorrecto, el rumbo al Este trocado por una estación al Oeste. Karlsruhe y no Budapest estaba listado como el destino final del 409 que saldría a las 20:57. </p>
<p>Con calma, mejor nunca agitarse por cosas así, pero con la rapidez que viene de una preocupación como tal subí por otra escalinata en busca del Centro de Información, infaltable en los Hauptbahnhöfe de la Deutsch Bahn, y que tanta falta me hicieron en los austeros antros de la SNCF. </p>
<p>La pizarra negra infaltable en todo tipo de estación giraba las letras y los números reacomodando destinos y andenes. Ahí también mi 409 aparecía con destino a Karlsruhe, a salir por el andén 4. Antes de volver a revolotear en su alegre metamorfosis me pareció leer la partida de algún tren con destino a Moscú Belarusskya. Recuerdos que vuelven. </p>
<p>El hombre del puesto de la información pareció consternado inicialmente, en efecto el 409 tenía como destino final Karlsruhe, aunque luego se corrigió, y descubrió que por un acto de trasvestismo ferroviario el tren asume una nueva identidad y que con esa en efecto transita hasta Budapest. </p>
<p>Siguió pues la larga noche en el tren, dominada primero por lectura, luego por tender la cama de la couchette, luego algo más de lectura, esperar a que los otros huéspedes (una pareja de alemanes que in-familia apodamos como Hansel y Grettel) se acomodaran. Luego muere la luz y se trata de dormir. </p>
<p>Es extraño dormir en un entorno así, porque aunque maldije a medio mundo sobre dormir en un tren nocturno ruso este fue diferente. Me desperté, sí, repetidas veces a lo largo de la noche, principalmente cuando el tren aceleraba o desaceleraba haciendo paradas en estaciones donde nadie bajaría ni subiría; pero dormí, plácidamente por horas de un tirón hasta que la políglota voz del Schaffner empezó a irrumpir en el cuartito repartiendo emparedados y jugos de naranja. </p>
<p>Poco después ya se divisaban por la ventana los rótulos en ese extraño idioma Finno-Úgrico, con abundantesi-griegas, vocales tildadas y sin ninguna semejanza a otra lengua. En todo eso pensaba y también en la historia, en Atila y en la Primavera del 56, en historias medievales de conquista y en Fito Paez. Budapest como un latido, pulsando con mayor intensidad conforme por fin me acercaba. </p>
<p>El tren se detuvo una vez más entre Györ y Budapest Keleti pu, en uno de los arrabales de Budapest hizo una de esas paradas insignifcantes en las que nadie sube ni baja, que le dan oportunidad al viajero de acomodarse en la puerta, esperando descender sobre el andén que no llega lo suficientemente rápido. Budapest Kelenföld quedaba atrás. </p>
<p>Sonó por última vez la voz del conductor, anunciaba en húngaro y en alemán la llegada por fin a Budapest Keleti; nadie le ponía atención, ya todos estaban al tanto que llegaban por fin a la capital húngara, a una de las joyas del Danubio. </p>
<p>El andén se materializó del lado izquierdo del tren, bajaron los primeros impacientes que se desvanecieron entre la multitud de gente que tiraba de sus trolleys, de sus valijas, o cargaban sus múltiples maletines. Todo parte del infinito teatro de pasajeros en tránsito. Bajé con la mía, detrás de mí mi madre y hermana me seguían.</p>
<p>Cuando el andén se une a la planta de la terminal me detuve un instante para volver a encontrarme con Keleti, donde hace casi dos años casi quedé paralizado por lo foráneo que me resultaba, lo ajeno y sucio y el escalofrío que me subió la espalda. Esta vez vi la estación como cualquier otra, aun en una lengua extraña pero amigable. Hermosa. </p>
<p>Busqué, en atención a mis capitalistas necesidades, un cajero automático. Esa pequeña maravilla de la tecnología mordió en su ranura que es boca la pequeña tarjeta plástica fabricada, etiquetada y magnetizada en un país distante, envió por medio de alguna conexión de alta velocidad la información necesaria a algún otro servidor en una parte del mundo que nunca descubriré y servilmente me escupió de vuelta la tarjeta y un puñado de billetes de denominaciones altas de Forintos. Muchos ceros, parecen colones. </p>
<p>En la oficina de Turismo un húngaro, de esos estereotípicos que parecen todos jugadores de ajedrez, informáticos o solitarios me dio un mapa de la ciudad y con un buen inglés me explicó dónde se encontraba la entrada al Metro 2. Era todo lo que necesitaba saber, le agradecí y sobre mis talones giré como un soldado para iniciar la marcha al hotel. </p>
<p>Salir de la estación, jalar maletas, bajar gradas, comprar tiquetes, abordar y cambiar metros, comentar estilos, ver húngaras pasar en sus abrigos de inviernos, girar como un ratón en un laberinto buscando una salida del metro que sea la correcta y recibir ahí la ayuda inesperada pero agradecida de una señora mayor que hizo su buena obra del día al enseñarme el camino. </p>
<p>En el hotel la sonrisa cristalina del recepcionista que nos daba la llave de la habitación, y luego entrar al ascensor, dejar la valija e inaugurar el cuarto con el inevitable ritual de dejarse caer, aunque sea un instante, sobre la limpia y bien tendida cama. Dibujar en las sábanas la silueta de un josefino, dejar una impresión costarricense en el maleable lienzo de una blanca cama. </p>
<p>Llegar siginifica desempacar algo, lo necesario, ponerse los lentes de contacto y conectar el cargador del celular, prender el tele solo para ver qué hay en la televisión húngara, ver algunos festejos de año nuevo en Auckland, descifrar una serie en húngaro, descubrir TVE, Pro Sieben o CCTV4 en un país tan extraño. </p>
<p>Finalmente, volver a ponerse sobre los hombros la carga del abrigo de invierno, estrangularse suavemente con la bufanda y encubrir huellas digitales con los lanudos y Therminsulationados guantes. Salir al frío de una ciudad gris en invierno, a menos 7 grados celsius. </p>
<p>Gris, lo digo por su cielo, que parece un manto infinito de concreto, menos colorido que sus edificios pétreos, donde el hierro, la caliza, las areniscas se decoran con detalles de oro, rezagos de una época opulenta olvidada hace un Siglo. </p>
<p>Vaci utca, una de las principales calles de compras se llena de un colorido particular, no solo los escaparates de las tiendas, sino las ventas callejeras esperando el Szilveszter que se llena de vendedores de vino calientes que hacen su agosto vendiendo gorros y cornetas a visitantes y fiesteros. </p>
<p>No todo es riqueza y alegría, existe como siempre, la pobreza, hombres y mujeres que divagan mendigando una moneda para comer, se les ve atrincherados en algunas bocacalles, en las mandíbulas subterráneas de las estaciones de metro, arropados entre numerosas cobijas, todo un triste cuadro que da lástima, que hace extender la mano a la bolsa de atrás del pantalón, sacar un par de piezas de 50 forintos y dejarlas caer a otra mano. Es una caridad simple, pero diferente a habérselos dado tal vez a las bosnias-gitanas que divagan por París como hormigas que preguntan si alguien habla inglés para entregar un panfleto conmiserable. Incluso en la mendicidad hay una diferencia entre lo real y lo ligeramente escenificado.</p>
<p>Digo por eso que se siente en la ciudad un ambiente distinto, muy distinto al que reinaba en París y que me desgastó por completo en unos pocos días. Aquí la gente es más alegre, tal vez más espontánea, tal vez porque no tengan que mantener el nombre de una ciudad como París, aunque tengan -en mi opinión- un paisaje tan bello y romántico como el de aquella. </p>
<p>El Sena palidece ante el esplendor del Danubio con sus puentes, con el Parlamento y el Castillo, los Baños de Gellert, las colinas de Buda de un lado y el alegre ajetreo de Pest en el otro. Esta ciudad melliza tiene algo encantador que no logro descifrar, no logro destilar. </p>
<p>Durante siglos, los magyares -húngaros antiguos- han habitado esta región, Budapest, o Buda más bien, fue fundadada hace poco más de un Milenio y este pueblo ha sobrevivido aquí durante todo ese tiempo; ellos dicen que en este tiempo han ido y venido todo tipo de invasores y conquistadores, y que los húngaros han aprendido a tomar lo mejor de ellos e incorporarlo en su estilo, en su forma de vida. </p>
<p>Creo que es eso, esa apertura hacia recibir extranjeros con curiosidad y alegría la que le da a la ciudad un aire agradable que se fortalece por su belleza escénica. Es eso creo lo que me hizo volver a Budapest y que sé que me hará volver en el futuro, verla en un fulgor veraniego en la amarilla llamarada del Otoño.</p>
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		<title>The Day The Tube Stood Still</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Dec 2008 23:42:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Del lado de allá]]></category>

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		<description><![CDATA[Es extraño estar en una ciudad como Londres, una ciudad que se ha perdido siempre entre el mundo real y la literatura, una ciudad de la que uno lee, ve, y escucha tantas cosas, tan variadas. Definitivamente más de lo que uno puede expirementar en unos pocos días. He visto cosas que me han convencido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es extraño estar en una ciudad como Londres, una ciudad que se ha perdido siempre entre el mundo real y la literatura, una ciudad de la que uno lee, ve, y escucha tantas cosas, tan variadas. Definitivamente más de lo que uno puede expirementar en unos pocos días. </p>
<p>He visto cosas que me han convencido del Imperio que alguna vez se comandó desde aquí, no se necesita más que divagar un rato por sus calles, ver sus monumentos, su legado, o entrar al British Museum (entrada gratuita desde 1753) y ver los tesoros del mundo exhibidos aquí. </p>
<p>(Un paréntesis parrafal aparte sobre el British Museum, que es definitivamente uno de los mejores museos que he visto en mi vida. Una colección enorme y riquísima expuesta de tal manera que uno desea seguir viendo, descubrir partes de la historia, entender y ver. Hay objetos, esculturas, obras de arte que marcan a hitos de nuestra en ocasiones brillante especie. He visto momias y perfectas esculturas, calaveras de cristal, serpientes de jade y hermosas impresiones niponas, piezas de ajedrez medievales, y la historia del mundo redescubierta en un Babilonia Épica y Eterna). </p>
<p>Uno fácilmente puede quedarse corto al hablar de Londres, tanto de sus virtudes como de sus defectos, podría dedicarme a hablar de sus rarezas, que van desde los Punks (punks originales, no acepte imitaciones) hasta las extrañas escenas que solo pueden desarrollarse en el Tube. (Extraño lugar donde se necesita un tiquete válido para poder salir del mismo). También he visto cosas como Fire-Limos, aparentemente toda una alternativa para fiestas es alquilar un camión de bomberos y utilizarlo como limusina. </p>
<p>(Otro párrafo para otro landmardk, Madame Tussaud&#8217;s es un lugar increíblemente divertido. Nunca creí que andar deambulando entre réplicas de humanos me pudiera reparar tantas risas, tantos chistes, tantas fotos. Más de una vez, admito, confundí a una estatua con una persona. En sí, me parece que este lugar de veras y por un instante fotográfico logra difuminar la realidad y la falsedad de cera. Tal vez por lo efímero del momento se llega a sentir mucho más real que los juegos, multimediáticos de Disney). </p>
<p>El paisaje del Tamesis, sin embargo, no logra compararse con tantos otros paisajes europeos; en verdad son pocos los que podrían compararse con el Danubio, o con el Sena en Paris; pero es imposible negar que cada calle tiene alguna historia, sea la casa de Sherlock Holmes en Baker Street, o los callejones donde Jack el Destripador aterrorizó y asesinó prostitutas en las cercanías de Whitechapel, o desde cualquier otra callejuela que se pueda intuir desde el tope del Ojo de Londres. </p>
<p>Lo último, y el aspecto más negativo de Londres es que son increíblemente vagos, difícil creer que dominaran alguna vez el mundo, o tal vez justamente por eso mismo ahora han aprendido a llevar la vida con más tranquilidad. En todo caso, la explotación capitalista industrializada que uno cree existe a causa de tantas novelas siglodiecinuevistas de Dickens es una gran falacia, no hay ningún Ebeneezer Scrooge obligando a sus empleados a trabajar hasta tarde en Noche Buena, y luego tanto Navidad como &#8216;Boxing Days&#8217; son feriados del estado. </p>
<p>Que recuerde el 24 en Costa Rica es el día que más tarde cierran las tiendas, siempre deseando atrapar a un último cliente que aun debe comprar regalos, y el mismo 25 siempre hay lugares donde se pueda hacer algo, trátese de ir al cine, o ir a comer. Incluso supermercados abren, pero Londres, Londres&#8230; que es supuestamente una Ciudad de Cinco Estrellas en algún tipo de escala mundial que aparece en Wikipedia&#8230; En Londres se suspende todo el transporte público el 25. (En San José, yo he agarrado mi muy leal bus de San Ramón un 25, sin problema alguno),</p>
<p>Esto es Londres. Definitivamente mucho más que los clichés que uno está habituado a oir. (No me ha llovido hasta la fecha, ni me ha salido neblina del Tamesis, Tampoco he comido solo Fish&amp; Chips, pero definitivamente los Sterling Pounds me están matando). </p>
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		<title>Aconteceres de Aeropuerto</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Dec 2008 01:22:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Del lado de allá]]></category>

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		<description><![CDATA[Son las 6:56 Central Standard Time, estoy en el Aeropuerto de Chicago (O&#8217;Hare) y el vuelo -naturalmente- está atrasado. Por las ventanas de la sala de espera se ve la pista, cubierta por el manto blanco de la nieve,&#160; el cielo desde el vuelo que me trajo de Orlando acá está gris y tupido. En [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Son las 6:56 Central Standard Time, estoy en el Aeropuerto de Chicago (O&#8217;Hare) y el vuelo -naturalmente- está atrasado. Por las ventanas de la sala de espera se ve la pista, cubierta por el manto blanco de la nieve,&nbsp; el cielo desde el vuelo que me trajo de Orlando acá está gris y tupido. En fin Chicago está sumido en las tinieblas del invierno. </p>
<p>La sala de espera K5 de la cual mi avión debería haber partido a las 7:30 p.m, está llena de pasajeros cansados por anticipado, a pesar de la relativa comodidad de los asientos, las voces megafónicas del personal de American son capaces de producir un coro de suspiros, de melancólicas miradas a la nieve y a la oscuridad y hay algún que otro insulto en alemán murmurado. El vuelo ha sido -progresivamente- atrasado hasta las 8:45 p.m. y sospecho que aun se puede prolongar más. </p>
<p>La sala de espera incluso ha sido reasignada, o más ante la cada vez más distante hora de abordaje de mi vuelo, decidieron incluir el abordaje de otro avión. Además de los que esperamos el vuelo a Frankfurt, ahora la sala de espera ha sido invadida por los pasajeros que esperan abordar el vuelo a Paris: el resultado natural es un hacinamiento que a más de un claustrofóbico le deparará pesadillas. </p>
<p>En fin estoy aquí, aburrido. Y cansado. Han sido muchas las horas en el aeropuerto luego los retrasos, asientos cómodos e incómodos y como broche de oro el blanco y deprimente paisaje del Midwest, tan lleno de nieve, tan frío. Todo un augurio de lo que no quiero sentir. </p>
<p>Por tanto me trato de divertir observando a los demás pasajeros, descubrir algún tipo de rareza que me dibuje una sonrisa, o al menos me permita hacer un comentario cínico al respecto. Cada aeropuerto ha tenido lo suyo. </p>
<p><strong>Aconteceres en el Juansa:</strong> </p>
<ul>
<li>En Seguridad siempre vigilan más al hombre negro. Inevitable.
<li>Siempre hay un turista europeo tratando de convencer a la gente de seguridad que no les revisen algún artículo. (&#8220;Coño, que la cámara no puede pasar por los rayos &#8216;x&#8217; porque le daña los píxeles&#8221;)
<li>Siempre hay una extraña música en vivo a la que nadie le presta atención. </li>
</ul>
<p><strong>Aconteceres en Miami:</strong> </p>
<ul>
<li>En Migración hay que contar la historia de vida. Narrar los eventos que han confluido para llevarme a EE.UU.
<li>El personal de servicio es casi todo latino-gringo y como tales destruyen el idioma. (&#8220;My amor, todo ok?&#8221;). Además de una cierta hipocresía idomática. </li>
</ul>
<p><strong>Aconteceres en Orlando:</strong></p>
<ul>
<li>El Aeropuerto está invadido por familias obesas y llenas de niños.
<li>Existen pasajeros tontos, irresponsables y exigentes (todo al mismo tiempo). (Llegan al aeropuerto cuarenta minutos antes del vuelo, creyendo poder pedir un upgrade de clase, y sin entender las instrucciones del personal). </li>
</ul>
<p><strong>Aconteceres en Chicago:</strong></p>
<ul>
<li>La gente no entiende cuando les dicen que solo están abordando el vuelo a París. No a Frankfurt.
<li>No hay mirada más triste que las de los pasajeros que ven como todos los demás vuelos se van menos el de ellos. </li>
</ul>
<p>Creo que aun tengo tiempo de coleccionar más &#8216;Momentos Kodak&#8217; en diferentes aeropuertos, y aquí en Chicago la aventura aun no termina. Con un bostezo, y con una triste mirada hacia el avión fuera de mi gate que no es el mío. Dejo de escribir. </p>
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