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	<title>Julián, su blog</title>
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	<description>laberintos. cronopios. rayuelas. piedras. metempsicosis. serpientes. sandeces. espejos. lluvias. subversiones. paralajes.</description>
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		<title>Anarchy in the U.C.R.</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Aug 2010 04:27:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Bueno, de aquí nadie sale. Este blog, siguiendo las inmaduras tendencias del día, toma su atención. No lo va a dejar irse. El botón de ‘cerrar’ está detrás de una barricada, entre gritos y demás salvajismos se impedirá la fuga. Las palabras se encadenan a su pupila. ¿El por qué? El por qué es muy importante, no se puede reducir, es un argumento irrefutable: porque me da la gana. [Huyan por la salida de emergencia antes de que la cierre, también.]</p>
<p>El FEES ha sido el tema del mes en la UCR. Es un tema delicado, porque en esta época todo lo que tenga que ver con dinero es delicado, casi cualquier otra cosa más bien es tratada burdamente. Los millones se cuentan a cuentagotas. Hubo “semana de la reflexión” que no pocas veces se extendió a un adoctrinamiento, en algunas valiosas otras sí cumplió con la reflexión. Hubo marcha, hubo discusiones, noches de encerrona entre ministros y rectores.</p>
<p>Quien alguna vez haya regateado un precio entiende la premisa básica de una negociación. Yo quiero algo que usted tiene, usted quiere algo de mí. Si no puedo ir a regatearle a otro vendedor, pues toca entre usted y yo. Es un tango, va de un lado para otro, es una lucha a muerte en un mercado en Estambul. La negociación concluyó, la oferta quedó bien. No es óptima, no, no es pésima. Tampoco. Se aplaude el esfuerzo. Se toman medidas. Se sigue.</p>
<p>Lo que no se hace es lo que hicieron los pelagatos de la FEUCR. Es una inmadurez, por no decir ridiculez. Es algo que lo vi venir desde que supe que los rectores querían un 11%, la FEUCR y el sindicato un 13%. Desde el día previo a la marcha, hablaban de traición. ¿Traición? Es una palabra grave, más si se trataba de algo cuya prioridad debería ser la Universidad. Aquí podría insertar alguna de esas hermosas historias de bueyes, que para labrar mejor deberían ir ambos en el mismo sentido y al mismo ritmo, que sólo así se obtiene lo mejor. No la mencionaré por obvia, tanto así como decir que algunos se comportaron como las vacas, más bien.</p>
<p>Tomar un edificio. Tomar otro. La Universidad cumple años. Había un acto, pequeño, simbólico en el teatro Melico Salazar y se canceló. La Feria Vocacional terminó evacuada por las puertas de emergencia del edificio de Sociales. Las otras puertas, estaban ocupadas por algunos tipos encadenados. ¿Por qué? ¿Porque les dio la gana? No sé, la verdad no lo logro comprender. ¿Por un ideal? No, no, un ideal no. Me atrevería a decir que es orgullo, patético y simple orgullo, es aferrarse a las palabras que han repetido tres semanas, por ser sus palabras. Pero incluso eso es Brechtiano. Sigo sin entender. Los rectores se encargan del día a día de la U. La oferta que aceptaron, arguyen, permite mantener el status quo. Me atrevería a decir que incluso permite crecimiento, escalonado, pero crecimiento, e incluso podría ser el inicio de una reestructuración y optimización de la U a lo interno. ¿Por qué juzga la FEUCR que su cifra, su 13% es mejor? ¿Por ser más plata nada más? ¿Hay algún interés –porque siempre hay alguno y hay que ser honesto- de por medio?</p>
<p>No empezaré con los chismes de la FEUCR. Un árbol genalógico es un buen referente para saber quién es quién ahí. Otros podrán decir esas cosas, sí esas cosas como que la plata de la caja chica es para comer en FRiday’s (aunque eso fue hace años, ahora debe ser Hooters) o que qué bueno porque la FEUCR sirve para tener patas y salir a un buen puestito. O que, bueno, pero no digo nada más. Porque no quería empezar con los rumores y no lo cumplí. Me limitaré al hecho que la FEUCR no me representa, más bien me avergüenza y que haría más por mí al no existir. (Porque la única vez que recuerdo haber acudido a ella su solución fue tan negativa y desinteresada como pudo haber sido).</p>
<p>Sí, me avergüenzo de ellos, en particular hoy. Porque es ser hotheaded. Es no tener un criterio, es aferrarse a la terquedad. Es darle rienda suelta al orgullo. Es tal vez lo que está mal y lo que va para futuro (y no solo en la U, porque el nombre de esa chiquita de apellido Herrero lo seguiremos escuchando en otros lugares y otros momentos).</p>
<p>1968 fue hace mucho. fue en otra circunstancia, en un mundo diferente. El remedo que aquí intentan no es más que una rabieta, una falta de respeto y ni siquiera ante el Consejo Universitario o las autoridades, sino más bien ante los propios estudiantes que dicen representar, ante los futuros estudiantes que asistieron a la Feria Vocacional. A todos los que de verdad sentimos orgullo por la UCR, los que somos capaces de criticar o defenderla sin ceder a pasiones.</p>
<p>Addendum: Me he enterado luego que fueron dos grupos diferentes. Uno, el de la FEUCR tomó la rectoría, su presidenta se pavonea, llama la atención; el otro, el de sociales, aparecen en un video en youtube enmascarados y hablando incoherencias de privatización. Mantengo mi posición de desprecio a ambos. A los primeros por dar el mal ejemplo que siguen los segundos. A los segundos por la cobardía en sus acto. A ambos por igual por adjudicarse el derecho de representarme.</p>
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		<title>&#8220;La Bestia&#8221; por Bertolt Brecht</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Aug 2010 03:40:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
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		<category><![CDATA[traducción amateur]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuantas posibles interpretaciones pueda tener la postura de una persona lo evidenció no hace mucho un suceso en los estudios de cine ruso Moszroprom; evento quizá insignificante y que no tuvo tampoco consecuencia alguna, pero que tenía algo de espantoso. –En los estudios apareció un hombre viejo solicitando trabajo durante el rodaje del filme “El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuantas posibles interpretaciones pueda tener la postura de una persona lo evidenció no hace mucho un suceso en los estudios de cine ruso Moszroprom; evento quizá insignificante y que no tuvo tampoco consecuencia alguna, pero que tenía algo de espantoso. –En los estudios apareció un hombre viejo solicitando trabajo durante el rodaje del filme “El Águila Blanca”, que trataba de los Pogrom en el sur de Rusia antes de la guerra y denunciaba la postura de la policía de aquel entonces. Este hombre entró en la portería y, dirigiéndose al portero, solicitó ser presentado a los productores a razón de su extraordinaria similitud con el famoso Gobernador Muratov. (Muratov, quien fue el iniciador de aquellas carnicerías, era el personaje principal del mencionado filme). </p>
<p align="justify">El portero se rio de él, pero, a razón de su edad, no le enseñó la puerta de una vez. Así, el hombre magro y alto, gorra en mano y perdido en medio del alboroto de trabajadores, estuvo con una débil esperanza, de pie, esperando que su parecido con el famoso y sanguinario sabueso pudiera conseguirle pan y techo por unos días. </p>
<p align="justify">Alrededor de una hora esperó el hombre, haciéndose un poquito más al lado para dar espacio al gentío hasta que fue empujado detrás de una mesa, donde aún habría de recibir repentinamente alguna atención. En una pausa –durante la filmación- los actores salieron del estudio. El famosísimo actor Kochalov entró a la portería para hacer uso del teléfono. Apoyado en el aparato telefónico y ante la burlona sonrisa del portero, giró y descubrió el blanco de las sonoras risas de los presentes: el hombre detrás de la mesa. Kochalov estaba maquillado según fotografías históricas; todos los presentes reconocieron fácilmente la <i>extraordinaria similitud</i> de la que había hablado el portero. </p>
<p align="justify">Una media hora después el viejo estaba sentado entre directores y operadores, no muy diferente al niño Jesús entre los sabios del Templo y comentaba su compromiso con ellos. Las negociaciones se simplificaron mucho, porque Kochalov tenía poco interés en arriesgar su popularidad al representar a semejante bestia, se mostró de acuerdo en que el ‘semejante’ intentara actuar su parte. </p>
<p align="justify">No era extraño que en los estudios de Cine Ruso Moszroprom los roles históricos fueran dados a personas de aspecto similar en vez de a actores. Estas personas se trataban según ciertos métodos de actuación; se presentaban al nuevo Muratov las situaciones históricas de un evento determinado y como prueba se le solicitaba que interpretara a este Muratov tal cómo se lo imaginaba. Se esperaba de esta manera que su semejanza física equivaliera a una semejanza en su comportamiento. </p>
<p align="justify">Se escogió la escena. Era aquella en la que Muratov recibe a la delegación de judíos que le implora detener los asesinatos. (Manuscrito Página Diecisiete: La delegación espera. Aparece Muratov. Cuelga gorra y sable en la percha de la pared. Va al escritorio. Hojea el matutino etc.). Ligeramente maquillado, con el uniforme del gobernador imperial, entra el ‘semejante’ en el plató, parte del cual es una reconstrucción de la oficina histórica del Palacio de Gobernación e interpretó ante todo el equipo de dirección a aquel Muratov, tal como se lo imaginaba. Esto fue de esta forma: </p>
<p align="justify">(La delegación espera. Aparece Muratov). El ‘semejante’ entra rápidamente por la puerta, las manos hacia adelante, pero dentro de los bolsillos, con una mala postura, encorvado hacia el frente. (Cuelga gorra y sable en la percha.) Esa indicación de la dirección aparentemente la olvidó el ‘semejante’. Se sienta enseguida, sin colgar las cosas, ante el escritorio. (Hojea el matutino). El ‘semejante’ lo hace como ausente. (Inicia la entrevista.) Ni siquiera ha vuelto a ver a los cabizbajos judíos. Vaciló antes de poner a un lado el periódico, no sabe –aparentemente- cómo encontrar la transición hacia el interrogatorio de la delegación. Con una mirada tortuosa vuelve a ver al equipo de dirección al quedar atascado. </p>
<p align="justify">El equipo rio. Uno de los asistentes burlonamente sonrió, con las manos en los bolsillos avanzó hacia el ‘semejante’ y trató de ayudarle. </p>
<p align="justify">“Ahora vienen las manzanas”, dijo tratando de animarlo. “Muratov era conocido por comer manzanas. Su actividad como gobernador consistía, además de masacres, en comer manzanas. Las manzanas las guardaba en esta gaveta. Vea, aquí están.” Abrió la gaveta a la izquierda del ‘semejante’. “La delegación ahora va a avanzar, cuando el primero comience a hablar, coma usted la manzana, buen hombre.” </p>
<p align="justify">El ‘semejante’ escuchó al joven con la mayor atención. Las manzanas causaron gran impacto en él. </p>
<p align="justify">Cuando se retomó la escena, Muratov efectivamente tomó con su mano izquierda una manzana de la gaveta y, mientras garabateaba con la derecha algunas letras en un papel, la comió. Sin prisa alguna, más bien como si fuera su costumbre. Mientras la delegación presentaba sus argumentos, él estaba concentrado únicamente en su manzana. Después de algún tiempo, durante el cual no puso atención, con su mano derecha hizo una seña en medio del discurso de un judío y así finiquitó este asunto. </p>
<p align="justify">El ‘semejante’ giró y buscó al equipo de dirección y murmuró su pregunta. “¿Quién se los lleva?”</p>
<p align="justify">El director permaneció sentado. “¿Acaso usted cree que ya terminó?”</p>
<p align="justify">“Sí, creí que ahora se los llevaban.”</p>
<p align="justify">Sonrío el director, con una mueca burlona. “No, no es así de fácil con las bestias. Tiene usted que esforzarse más.” Se puso de pie y comenzó a guiarle nuevamente por la escena. </p>
<p align="justify">“Así no se comporta una bestia”, dijo él. “Así se comporta un pequeño burócrata. Vea, usted tiene que pensar. Sin pensar no se puede. Debe usted imaginarse a este perro, a este sabueso, a este mastín de cacería. Lo tiene que tener aquí, en la punta de los dedos. Intentémoslo de nuevo.”</p>
<p align="justify">Esta vez comenzó a construir la escena según ciertos aspectos más dramáticos. Quería más intensidad, una mejor caracterización. El ‘semejante’ no se mostró torpe. Hacía todo lo que se le pedía y no lo hacía para nada mal. Parecía estar en capacidad de representar a una bestia tan bien como cualquier otro, si acaso le faltaba algo de fantasía. Al cabo de una media hora la escena se veía así: </p>
<p align="justify">(Aparece Muratov.) Hombros hacia atrás, pecho afuera, movimientos de cabeza cortantes. Entra, casi volando, por la puerta y lanza una mirada de hambriento buitre a la delegación de judíos. (Cuelga gorra y sable en la percha de la pared). El abrigo cae al suelo y lo deja ahí. (Va al escritorio. Hojea el matutino.) Busca las noticias de teatro, las marca. Con una mano marca un ritmo en el escritorio. (Inicia el interrogatorio.) Con un altanero gesto indica a la delegación que den tres pasos atrás. </p>
<p align="justify">“Usted no lo entiende. Lo que hace allí, eso no sirve”, dijo el director. “Esto es una actuación corriente. Un villano de antes. ¡Hombre! Esto no es lo que ahora entendemos como una bestia. Esto no es Muratov.”</p>
<p align="justify">El equipo de dirección se acercó a Kochalov que nuevamente se había acercado, buscaban convencerlo de retomar el papel. Todos hablaban a la vez. Agrupados trataban de dilucidar el carácter de Muratov, la esencia de la bestia. </p>
<p align="justify">Sobre la silla –histórica- del General Muratov, el ‘semejante’ con su mala postura y encorvado hacia adelante seguía sentado, torturado, no viendo más allá de lo que tenía al frente, aunque con el oído afilado seguía las conversaciones. Trataba de comprender la situación. </p>
<p align="justify">También los actores de la delegación judía participaban en la conversación. Durante un tiempo se le puso atención a un grupo de ancianos judíos de la ciudad que habían sido parte de la delegación histórica, real. Habían sido contratados para darle mayor realismo a la escena y consideraban que la primera actuación del ‘semejante’ no había estado para nada mala. Si bien ellos no podían especular qué efecto podría tener en otras personas, aquel sentimiento rutinario y burocrático les había producido una impresión horrible. Esta actitud la había podido transmitir bien el ‘semejante’. La primera toma de la manzana, casi mecánica, les evocaba aquello, aunque aclaraban que durante su <i>entrevista</i> Muratov no había comido manzana alguna. El asistente del director rechazó esta opinión. “Muratov siempre comía manzanas”, dijo cortante. “¿Acaso estuvieron ustedes ahí?”</p>
<p align="justify">Los judíos que no querían caer bajo sospecha de haber estado entre aquellos candidatos a morir, se refugiaron en la especulación que tal vez Muratov probablemente haya comido una manzana, acaso antes, acaso después de la audiencia. </p>
<p align="justify">En este momento ocurrió algo en medio del grupo. El ‘semejante’ había ido acercándose poco a poco al Director y a Kochalov. Con una mirada ávida a pesar de su magra fisionomía comenzó a hablarles. Aparentemente ya había entendido qué era lo que querían de él y ante la angustia de perder su pan le llegó la inspiración, de ahí la sugerencia que presentó. </p>
<p align="justify">“Creo, no, más bien, sé qué es lo que ustedes piensan. Él debe ser una bestia. Vean, lo pueden lograr con las manzanas. Figúrese simplemente que yo tome una manzana y la ponga ante la cara del judío. ‘Comé’, diré yo. Mientras él- ¡pongan atención!”, se dirigió ahora al que actuaba el rol del líder de la delegación, “mientras vos te comés la manzana, por el temor que sentís, no podrás tragar la manzana. Pero. Pero te tenés que comer la manzana, porque yo –el Gobernador- te la doy, además lo hago amablemente, para mí es un gesto de amistad hacia vos, ¿no es así?”, gira ahora hacia el director, “¿no podría además firmar ahora el decreto condenándolo a muerte, mientras él –comiendo la manzana- me ve?”</p>
<p align="justify">El director lo miraba fijamente. El anciano encorvado, magro y emocionado aunque agotado estaba ante él, quien le llevaba una cabeza de diferencia y por esto podía verlo por encima del hombro. Por un momento el director creyó que el anciano quería burlarse de él, pues creyó notar algo de desprecio, de un desdén profundo en sus llameantes ojos. Kochalov fue quien retomó la conversación. </p>
<p align="justify">Este había escuchado con atención la escena propuesta por el ‘semejante’ para las manzanas y aquello había prendido la chispa de su fantasía histriónica. Con un empujón brutal apartó de si al ‘semejante’ y se dirigió al equipo de dirección. “¡Brillante! Así es como este se lo imagina.” Comenzó a actuar la escena, de tal manera que todos quedaron asombrados. El silencio que reinaba mientras Kochalov firmaba la sentencia de muerte se rompió con un estruendoso aplauso. Trajeron las lámparas, se les informó a los judíos, se posicionaron las cámaras. Comenzó la grabación y Kochalov <i>fue</i> Muratov. Se acababa de demostrar que mera <i>similitud</i> con un mastín de cacería no indica nada, más bien era necesario el arte para transmitir la impresión de bestialidad pura. </p>
<p align="justify">***</p>
<p align="justify">El que una vez fuera el gobernador imperial Muratov recogió su gorra de la portería, se despidió del portero y salió al frío día de octubre con rumbo a la ciudad, donde desapareció en algún mísero caserío. Aquel día comió dos manzanas y obtuvo una pequeña suma de dinero, que le alcanzaría para un par de noches en algún cuartucho. </p>
<p> <span id="more-221"></span>La traducción es mía. No es la mejor, ciertamente es amateur, plagada de errores, probables malos usos del gerundio y quién sabe qué. Sin embargo es difícil encontrar el texto en español, sé que en Internet no lo encontré. Ni en alemán. (El cuento está en un libraco que le robé a mi madre que lo había comprando en una compraventa-mercado-de-libros-usados en Tübingen. Espero que al menos sea legible y comprensible.</p>
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		<title>Espacio No Pol&#237;tico Ni Pagado</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Aug 2010 15:38:35 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Interrumpimos la transmisión de su procrastinación por internet para desearle un feliz cumpleaños a la señorita Melissa Hernández. Miaus y gracias.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Interrumpimos la transmisión de su procrastinación por internet para desearle un feliz cumpleaños a la señorita <a href="http://silabariomelissiano.blogspot.com/">Melissa Hernández</a>. </p>
<p>Miaus y gracias. </p>
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		<title>Grey Street</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Aug 2010 14:02:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Comentaba con una amiga hace no muchos días que San José es una ciudad profundamente gris; el color inicia en el cielo y no se parece agotar, está en el asfalto y en las aceras, en la mugre de paredes y marcos de ventanas, en las caras largas de la gente, en sus palabras descorteses [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Comentaba con una amiga hace no muchos días que San José es una ciudad profundamente gris; el color inicia en el cielo y no se parece agotar, está en el asfalto y en las aceras, en la mugre de paredes y marcos de ventanas, en las caras largas de la gente, en sus palabras descorteses e interesadas. Sea esta una de las razones que tornan la capital horrible. </p>
<p align="justify">La otra es la fantasmagoria en cada uno de sus recovecos. La nostalgia correspondió a las generaciones previas; las que recuerda de su infancia, lugares, cafés, plazas o el Obelisco en Paseo Colón. Ya nada de eso existe y nuestros padres y abuelos sólo pudieron heredarnos el recuerdo de que alguna vez existieron, de que las vieron desaparecer. Poco queda de ese San José para nosotros, a excepción del sentimiento de que algo falta, pero que ya ni sabemos qué fue. </p>
<p align="justify">A pesar de su arquitectura chocante, de su escasa estética y de todos los bloques de concreto que meramente sugieren San José no tiene más de cuarenta años, sí se siente alguna vejez previa, perdida. No sólo por el teatro con su sincrético rococó que fluye hacia todas direcciones y da esa sensación de anacronismo total, no, son sus vetustos edificios más viejos en los que se siente algo de esa prehistoria de hombres con sombreros de copas y damas con manteletas. (La exposición actual en el Teatro Nacional, puede ayudar a dar un idea de las vestimentas de los elegantes fantasmas, otra en la casa de la cultura en Heredia, puede llenar una que otra imagen del tren y del tranvía). </p>
<p align="justify">Historias diferentes son las del Edificio Steinvorth y la de otro llamado la Casona. El primero ha vuelto a ser un referente, parte de una renovación, porque sí, implica algo nuevo, en forma vieja. El Steinvorth, el 13, el Morazán, pequeños bares para jóvenes son un pequeño enclave de avanzada hacia el centro de San José. Son forma que van poblando de nuevo la noche josefina con música, risas, besos, en fin, vida. El otro, la Casona es un edificio más grande y a juzgar por su principal escalera, mucho más pomposo en el pasado. Su estado actual es deteriorado. Mucho, habitado por ventas de artesianas, propias de un mercado y no un edificio semejante. (Sé que a ese edificio he entrado varias veces, sé que de pequeño me confundía, me era un pequeño laberinto, pero la gran escalera, amplia, desentonaba, siempre, fue hasta ayer que la vi y entendí la total decadencia de ese edificio, las escaleras las columnas). La Casona, nefasto nombre para algo que habría merecido una mejor suerte. (Pero para lo viejo no hay suerte que valga en nuestra capital).&#160; Arriba, subiendo no por la amplia escalera, sino por otra, mugrosa y estrecha se encuentra una tienda de Antigüedades. Es surtida. </p>
<p align="justify">Pululan ahí sombreros que cubrieron ideas ajenas, Gramófonos, la lonchera de Lata de Bonanza, el cuadro de un desnudo necesitado de urgente restauración, la Fotonovela de Corín Tellado, Relojes que vomitaron sus ruedecillas y nunca latirán de nuevo, el Radio Zenith no posterior a 1970, partituras apiladas y olvidadas en una caja donde el comején hace fiesta, la taza tan kitsch y de porcelana lacquerada, trencitos y carritos de lata, las botellas de vidrio de la Leche, la alcancía en forma de Caja Fuerte, el mismo propietario con su gran presbicia y su dispar aumento. Su gran ojo derecho y su normal ojo izquierdo asombrados de que Tres Ríos y San Rafael de Heredia entren en su tienda, que pregunten y husmeen, que rían y se maravillen. Esos tiliches que para ellos son antigüedades, para él son mementos, son cosas que vio funcionar en su vida, que fueron novedades en su San José. </p>
<p align="justify">Viajar es una cuestión de óptica y el viaje en el tiempo lo es mucho más. Fueron tres las escalas en esa mañana (gris, siempre gris aunque las risas sean coloridas, porque San José es gris y eso no se debe olvidar), la Librería con fachada vieja, donde se compran libros un par de milenios más viejos, la casona y su rincón oculto, paria de artículos de lata, polvo y tiempo entre las tiendas de decoraciones aburridas de madera y ranas y loras, el Teatro con esas ropas de hace un siglo, extraño contraste. Tan bien cuidados el sombrero de copa, los abanicos labrados en marfil el corset de seda pura, así como el teatro, tan bien cuidado y preservado. Tan distinto a la casona y la tienda de antigüedades. </p>
<p align="justify">En la noche, recostado, cansado en mi cama, mientras envejecía en pensamientos pensé que ya había sido un transgresor. Entrar a la casona, a la Lehmann, al Steinvorth, a los pequeños varios edificios viejos que a veces aparecen dispersos por San José ya los hacen pasar a mi memoria, a mi apropiación de esta gris ciudad. Ya me lamentaré y agregaré más nostalgia si los veo desaparecer. Ya no hay vuelta atrás. Son míos y lo poco que queda de una ciudad que conozco a través de recuerdos fantasmas. </p>
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		<title>Un Misil en mi Placard</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Aug 2010 02:12:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Te miré tristemente (triste yo con mi plato del día de verte con el desfile de platos, copas de vino y postres). No hay más tiempo que perder. (Ya había pasado la hora de almuerzo, las manecillas se alejaban más y más de la cima del reloj). Estaba ahí. (Tan ahí que eran menos de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Te miré tristemente (triste yo con mi plato del día de verte con el desfile de platos, copas de vino y postres). No hay más tiempo que perder. (Ya había pasado la hora de almuerzo, las manecillas se alejaban más y más de la cima del reloj). Estaba ahí. (Tan ahí que eran menos de cinco metros, oía su voz, murmullo de ella hablar con sus acompañantes memorables.) Un Misil en mi placard. (O un diputado en mi restaurante) </p>
<p align="justify">No cualquier diputado, Justo Orozco en el restaurante. </p>
<p align="justify">En un país tan pequeñito como este, no es extraño ver a alguna figura conocida rondar en algún café o en alguna tienda (¿O creías que estaba lejos?)&#160; Confieso que tenía entendido que semejantes figuras de la política rondan los restaurantes más finos en Escazú y no osarían entrar al “Restaurante más viejo de San José, abierto desde 1909” tan cerca de esos antros perversos como el Hotel del Rey. ¡Ah! Pero ahí estaba, confieso que me costó reconocerlo, si bien la cara es una que ya había visto múltiples veces. En mi mesa, ella y yo estábamos con nuestros spaghetti, en la de él, él y sus acompañantes con los macarrones. Alguna carne, tal vez, la copa de vino blanco. Luego los postres, delicados y bien decorados. Ahí se come bien, entiendo por ello que él, así como yo comiera rápido su comidita. </p>
<p align="justify">Lo reconocimos y ella y yo reíamos sigilosamente. Yo imaginé a mis muy ateos amigos, imaginé cualquier intervención posible de ellos y espero haberlos honrado al haber dicho suficientes chistes con ella sobre el comensal de la otra mesa. La cabeza en la pica, la inevitable indigestión de sólo reconocerlo, que la corbata parecía ser la misma de una foto que escupió Internet mientras tratábamos de esclarecer su identidad. (A juzgar por la corbata tal vez de verdad necesitaba el #aumentazo para comprarse otra). </p>
<p align="justify"> Otros chistes rondaron mi cabeza. Otros aún se forman, horas después. Pero más bien han decaído en lo escatológico, Justo Orozco en su casa indigesto viene a mi mente, con sus postrecitos, sus macarroncitos (porque de él dudo que los llame spaghetti), indigesto agarrándose la panza, tomándose la pastilla porque la Sala IV le hizo caer mal el almuerzo. ¡Oh Justo! Así te imagino, vos y tu partido antilaico, contradicción venerable entre política, fe y bueno, tu actitud mercenaria, (modelo para armar y nunca para desarmar). Justo, hasta el nombre sirve para un punchline que me ahorraré. </p>
<p align="justify">Justo Orozco en el Balcón de Europa. Compinche de Avendaño, defensores de las iglesias o centros de culto, o como quieran llamarlos. Tan ahí a la vuelta de donde comiste, está el antiguo Cine Capri, chinchorro de culto cuyas goteras y mal olor oprimen a los peatones. Justo, vos que debés estar ofuscado con la resolución de la Sala. Serán varios años de esto. Los spaghetti que comí estaban ricos, muchísimo. (Un lugar recomendado, de verdad). Tus macarrones seguro te pesan. </p>
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		<title>All The Small Things</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Aug 2010 03:28:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tosía. Tosía y toda se estremecía. Sé que me vio feo cuando me alejé de ella y fruncí el ceño; hay algo terriblemente repugnante en esos tosidos trompo, no puedo dejar de imaginar los gérmenes esparcidos por el movimiento, toser sin taparse la boca, haciendo que se volvía hacia otro lado, pero sólo imaginaba yo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tosía. Tosía y toda se estremecía. Sé que me vio feo cuando me alejé de ella y fruncí el ceño; hay algo terriblemente repugnante en esos tosidos trompo, no puedo dejar de imaginar los gérmenes esparcidos por el movimiento, toser sin taparse la boca, haciendo que se volvía hacia otro lado, pero sólo imaginaba yo que los gérmenes estaban quedando untados, sí untados como mantequilla en un pan añejo, untados sobre cualquier producto en la góndola del supermercado. </p>
<p>La tipa, achatada en los polos y ensanchada en las caderas, se me hizo insoportable. Todo en ella se me hacía un defecto. No sabía toser y eso me bastó, a la manera de un diagnóstico médico, para emitir un criterio sobre ella. Confieso que no estoy aquí para sutilezas ni consideraciones. Mi voz es mía, quiero usarla contra ella.</p>
<p>No dejaba de toser, yo me di la vuelta aún sintiendo el asco. Yo estaba seguro que era tonta, pues de ninguna otra manera tosería así, menos después de tanta campaña educativa por ello. Hace un año el país entero aprendió a toser. Ella no. Pero qué podía esperar de ella, la ropa la delataba, las caderas fofas, el pelo desgreñado. Y la tos. Esa tos más desesperante que le latido de Poe. La tos que no acababa. </p>
<p>Ya estaba lejos yo. Me alejé. Aún sentía asco y le imaginaba. Todavía con un cierto escalofrío. Me negué, sí por capricho y asco a agarrar cualquier producto de ahí cerca. Son las pequeñas cosas dice el adagio, como saber toser, las que hablan tanto de la gente. Hace un año el país entero tuvo que aprender a toser. Son las pequeñas cosas. Mastico la idea y la llevo hasta el final del silogismo. </p>
<p>Son las pequeñas cosas y vienen a mi mente las fórmulas tradicionales, hola, con permiso, gracias, por favor, que si acaso aparecen ahora entrecortadas por sonrisas automáticas o se ven transformadas en ladridos. ¿Será necesario enseñar a decir esas cosas también? ¿Acaso masticar con la boca cerrada? Con permiso, claro, esa frase se le olvidó al tipo que se me lanzó en el pasillo, no creo que necesitara tanto el champú para embestirme de tal forma. Eso es mío, me dijo aquella mujer, está en el mostrador, dije yo. Sí, pero es mío yo lo tenía ahí mientras iba por otra. Hombros encogidos bajo mi cuello, se lo di porque para qué pelear. Me ahorré la palabra punzocortante porque no vale la pena. Son fanáticos, fanáticos de sí mismos, egoístas. Su espacio, su producto, su forma de toser. </p>
<p>Son las pequeñas cosas en las que se nota eso, esa rastrera egolatría que se les mete por todo lado. Esa ponzoña que se les escapa por la mirada cuando uno dice algo, cuando uno está buscando el champú, cuando uno quiere la carne empaquetada que es de alguien más de antemano, cuando uno se repugna por la tos ajena. Tangos de intromisiones y rechazos. La edad del a usted qué le importa. La reacción a la intromisión violenta. Van de la mano. (Me dicen que por ahí hay alguno de esos escándalos que alguien decidió que eran importantes). </p>
<p>Cabría decir algo más, alguna anécdota más que dé más color a este texto tan lleno de verdes gérmenes. Por otro lado, para qué callar en perífrasis, silenciarse en torpes momentos si es tan fácil señalar el lugar, la gente y acabar diciendo con un tono de decepción que este es un país de polos. Sí. Ah, catarsis. No más recovecos. Se lo digo a usted señora, aprenda a toser, tome un kleenex, suelte el cacique que lleva en la mano, compre un pañuelo. </p>
<p>Las pequeñas cosas. Las pequeñas cosas corroen, afectan las grandes cosas. Esto es un <i>leap</i>. De dónde saco eso, no lo sé, pero sé que es cierto. Las pequeñas cosas reflejan las actitudes de las pequeñas personas, las pequeñas personas imitan las actitudes de las grandes personas. No conozco suficientes grandes personas para saber si toserán así de feo, pero supongo que también tienen sus egoísmos de ese tipo. Ah, la magia de una suposición. Confirmada por las torpezas de nuestra realidad. Nos tuvieron que enseñar a toser y la gente no aprendió. O lo hizo mientras duró. Así como se maneja para la prueba de manejo donde el soborno la gana. Así como se barre por donde se ve la suegra. Polos. Así como la ecología es bonita, pero fuera de San José donde la basura cae de la mano al caño. Así como van dos millones a Cartago, va la presidente que acaba por chorrear más promesas. El día siguiente es un martes con sabor a lunes, lluvioso y sin gracia como cualquier otro día aquí. Ah, sí, ser polo es la mayor de las hipocresías, es querer aparentar algo, pero más importante su definición es ni siquiera aparentar bien, fracasar en eso y defenderlo. Reaccionar ante el reclamo, sacar la grosería, la mirada de odio. No sé toser y qué decía la mirada de la tipa. No sabe toser, señora, debería corregirlo.</p>
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		<title>The Closest Thing to Crazy</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 01:27:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<category><![CDATA[locura]]></category>
		<category><![CDATA[los dioses deben estar locos]]></category>

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		<description><![CDATA[Era una historia que giraba entorno a una botella vacía de Coca-Cola. Los dioses debían estar locos. El Masai y su botella. Luego las secuelas, pero ya eso era otra cosa. Vi la película y,&#160; más memorable que su trama que mi mente en gran parte ha desdibujado, me fascinó el título. Un dios loco [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Era una historia que giraba entorno a una botella vacía de Coca-Cola. Los dioses debían estar locos. El Masai y su botella. Luego las secuelas, pero ya eso era otra cosa. Vi la película y,&#160; más memorable que su trama que mi mente en gran parte ha desdibujado, me fascinó el título. Un dios loco ocupó mi mente infantil, acaso la más propensa a comprender un dios, a comprender la naturaleza voluble y antojadiza. Un niño es dios, loco y tirano de sus juguetes. Un dios que deja caer una botella en el desierto no es diferente al niño que tiene carros voladores que se rescatan y se hablan que interactúan con hombrecillos amarillos. </p>
<p>Sí, es fácil creer loco a un dios. Teólogos y filósofos podrán preocuparse de por qué es loco un dios, qué es la locura de un dios y todo esas signos de preguntas que crecen sobre las cosas. Es más lúdico imaginarse a dios (algún dios el barbudito de los cristianos, o cualquier otro) en una de esas habitaciones simétricas, blancas y agotadoras como si las hiciera Kubrick, con una de esas prendas de moda exclusiva, con correas y acolchada, imaginarlo hablando incoherencias, víctima de su omnipotencia, omnipresencia, senilidad y confusión. Imaginarlo como el loco que en San José ladra palabras a los cuatro vientos y se ríe. Loco. Un Loco que se dio cuenta que el tiempo es muy poco. </p>
<p>Loco. ¡Qué variado es ser loco! Loco como el hijodeputa que se salta el alto que casi nos mata, malparido de mierda, loco, cuidado con el loco sociópata que tiene un arma y con cualquier chichón lo saca para amenazar y decir que con un par de plomazos todos los problemas se arreglan. Loco, loco como el mero iluso, el pobre herediano que cree que este año sí, porque alguna cábala dice que sí. Loco como el que aún cree que este país es una tierra de paz, belleza y únicamente alaba la motita de bondad en el cerro de la corrupción. Hacerse el loco y ser ciego no es tan distinto. Loco. Loco de rabia o loco de amor. No sé en qué momento me dejé de imaginar a dios y simplemente pensé en locos. En ser loco, estar loco, parecer loco. Loco como el que dice palabras al viento, que suspira poemas en alemán o lee de oro rojo en el bus. </p>
<p>Loco como aquello que no podemos comprender. Que no va. Que no tiene coherencia. Que empieza de una forma y resulta de otra. Que nos da lástima si termina mal lo que bien empieza. Loco como decapitaciones, accidentes, imprudencia, corrupción, caos, desorden, inoperancia, egoísmo, plutocracia, fanatismo. ¡Uf!</p>
<p>Luego, de tantas ideas locas, tantas imágenes furtivas queda la idea fija de un país entero recostado en un diván. Luego la certeza de que el país tuvo un presidente que fue psiquiatra y peor quedó. </p>
<p>Finalmente sólo flota la imagen de la camisa de fuerza que le luciría a más de uno.</p>
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		<title>Pardon Me</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jul 2010 05:05:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Fue en una clase de Estudios Sociales allá cuando tenía trece o catorce años, o la edad que se tiene cuando se está en octavo, cuando escuché el término indulgencia por primera vez. Una de esas explicaciones relativas a la Edad Media. in-dul-gen-cia La palabra era extraña y nueva y exigía una explicación adicional. Recuerdo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Fue en una clase de Estudios Sociales allá cuando tenía trece o catorce años, o la edad que se tiene cuando se está en octavo, cuando escuché el término indulgencia por primera vez. Una de esas explicaciones relativas a la Edad Media. in-dul-gen-cia </p>
<p align="justify">La palabra era extraña y nueva y exigía una explicación adicional. Recuerdo hasta un nombre. Leo X. El profesor explicaba que este tal Leo X era el Papa y que vendía Indulgencias. ¿Las vendía? ¿Qué es eso y por qué se podía vender? Sí bueno, era como un perdón de los pecados cometidos. </p>
<p align="justify">Algo en ello me pareció totalmente absurdo y el cuentito este de las indulgencias terminó –con cierta burla y cierta inocencia- como un dibujo en la última página del cuaderno. El dibujo era una ‘tarjeta de crédito’ emitida por Leo X, especial para comprar indulgencias, con todo y una burla del logo de MasterCard en ella. Aún me acuerdo aunque han pasado ya más de una década de eso. </p>
<p align="justify">Tanto me impactó que de repente se pudiera vender la bondad. ¿La bondad? Sí, la bondad, porque lo que se vendía era el borrón y cuenta nueva, alguien que paga su indulgencia y muere se gana el campito en el tal Cielo ese donde supuestametne van los que pasan toda su vida siendo buenos. </p>
<p align="justify">Pasaron los años, me hice ateo, cínico y criticón. Mi país no siguió mi mismo rumbo y más bien inaugura una puerta santa, donde ciertas personas reciben una indulgencia después de cumplir los requisitos y pasar por ella. Ya no hago el dibujito en el cuaderno, más bien arqueo una ceja y pregunto al mundo si alguien se da cuenta de lo que pasa. </p>
<p align="justify">La muñequita de piedra fragmentada, la puerta de madera que revierte las malas obras. Normalmente no habría nada de malo con eso.&#160; Soy ateo, pero no soy contrario a la religión, entiendo qué es parte de la experiencia humana. Símbolos religiosos son lo que son, elementos necesarios para sus ritos, sus mitos. Mi problema es cuando se sale de su contexto, cuando la función moral de la religión está a la venta (y pues sí, ya en estos días habrá quien compre su paso a través de la puertica esa con una tarjeta de crédito) porque es una salida fácil. Un trato bajo la mesa. </p>
<p align="justify">Cabe preguntarse: si la iglesia (en miníscula, para que sea cualquiera, a la que le calce el guante) toma tantas medidas para asegurar su solidez monetaria; si aquello que es más importante para ellos es ese fervor religioso, esa misión moral; si el crucificado es un adorno más en un mundo donde ellos también adoran el dinero. </p>
<p align="justify">El dinero es una cosa curiosa, en la medida que obliga a la gente a darle valor a la cosas, a las mercancias. A lo largo de muchos, muchos siglos hemos decidido que algunas cosas no deberían ser mercancías de ahí la prohibición de la esclavitud y los cuentos de la educación pública, la salud y eso. Por eso cuando dicen que pasar por una puerta elimina pecados (así de inmediato, apenas para el mundo 2.0) y se cobra por ello (o se solicita alguna caridad como requisito, ¡ah eufemismos, la dialéctica de nuestro siglo!) estamos de nuevo poniendo sobre la mesa algo que no se debería negociar. </p>
<p align="justify">Yo soy un gran moralista. O al menos creo que la gente debería hacer lo correcto, porque sí, porque es correcto. Aquellos errores, que algunos (algunos religiosos que aparentemente tienen un catálogo de cosas que pueden ser pecado) llamarán pecados, hay que cargarlos y aprender de ellos, no olvidarlos, mucho menos pagar por olvidarlos. No creo ser el único que piense así. Espero no serlo. Espero que alguien también arquee la ceja con la idea de una puerta mágica, que tiene poco que ver con la religión, que tiene más que ver con vender un servicio.</p>
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		<title>Octopus&#8217;s Garden</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Jul 2010 02:11:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En algún momento quería escribir del Mundial. No de futbol, sino de Mundial, no de Sudáfrica, ni de estadios ni de hipocresías ni intrigas de la FIFA, ni esas politiquerías, pero del Mundial. Del juego, del show, porque sí es un show que es juego y de la relación entre lo que se desarrolla en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">En algún momento quería escribir del Mundial. No de futbol, sino de Mundial, no de Sudáfrica, ni de estadios ni de hipocresías ni intrigas de la FIFA, ni esas politiquerías, pero del Mundial. Del juego, del show, porque sí es un show que es juego y de la relación entre lo que se desarrolla en la cancha y los millones que ven, reaccionan, celebran y se lamentan. Podría haber dicho que era una destilación del drama. No, no me estoy yendo por la tangente y tampoco es que quiera ponerle los tacos de fútbol a la Poética de Aristóteles. </p>
<p align="justify">Sino simplemente a resumir la relación existente entre un escenario donde participan actores que se expresan en un lenguaje particular, común a los espectadores que reaccionan a ese lenguaje. Un penal implica un cierto erizamiento de la piel, aunque bien se sabe que el mundo no cambiará gran cosa si es anotado o no. Una cierta jugada pueder suspender la respiración para luego terminar en un grito. Basta con ver a la gente reaccionar ante el tele, basta con estar uno mismo preocupado por un juego. Basta con ver un gol de Forlán, admirar la belleza de la jugada, para luego preguntarse qué es belleza en el futbol. Me detengo aquí porque sino terminaría tirando puentes mal hilado de cuerdas argumentales flojas entre la teoría literaria y una teoría del futbol. </p>
<p align="justify">No hablaré de eso porque el Mundial tomó un giro extraño. No hubo gran belleza: privó lo mezquino y utilitario, hubo tensión: mis favoritos fueron perdiendo, eliminados tal vez por la profética autoridad de un cefalópodo. Y bueno sí, hubo cefalópodo. </p>
<p align="justify">Si hace un par de párrafos pude haber mencionado las nociones elementales humanas que están en el futbol, ahora puedo hacer gala de las nociones absurdas humanas que están en el futbol. O en el pulpo. </p>
<p align="justify">Empieza como un chiste, una curiosidad, la mera nota insólita. Un Pulpo que predice resultados. También predecían otros animales, pero esos no tuvieron tan buen tino como el Pulpo Paul y el mundo se olvidó de ellos. (Querrá aquí el conocedor de historia antigua, o historia de las religiones preguntarse sobre antiguas culturas que vencidas por otros pueblos más fuertes, se sometían a los dioses conquistadores). Queda Paul y de repente es algo viral y está en boca de todo mundo. Nadie se cuestiona cómo hace Paul la predicción. Simplemente Paul las hizo y acertó y eso basta. ¡Tuvo razón! Paul no es objeto de estudio. La gente se fija en el resultado, lo apoya o lo rechaza; convierte al pulpo en una figura –’el pulpo’ no es El pulpo, sin la opinión generalizada sobre el pulpo-, una representación del resultado, porque en el fondo sabe que la predicción es una boludez, que es un pulpo hambriento y que media el azar. </p>
<p align="justify">Y aún así celebran al pulpo o lo maldicen y ya el pulpo fue otra cosa. (Quienes lo defienden están conviertiendo el pulpo que un ser sobrenatural, justificándolo con clarividencias, o con propiedades que la ciencia no logra explicar, no falta quien llegue a decir que Paul es la reencarnación de X.) Cuando el Pulpo se equivoque, no importará, porque ya a manera de excusa alguien especulará, dirá que el pulpo dio el resultado falso para promover una reacción opuesta. El pulpo sabe todo pero nos miente, por nuestro bien. ¿Hemos creado una religión? No, todavía no, pero no se trata de eso. Sino que el Pulpo se nos metió por la cocina y ya lo tenemos encaramado, porque de nuevo es fácil creer en el pulpo por unos días, sea en broma, pero de broma en broma. (El oscurantismo se asoma)</p>
<p align="justify">La ciencia llegó a sus límites. No porque se haya descubierto todo, sino porque se ha descubierto tanto que ya no se sabe qué se ha descubierto. Los últimos cincuenta años han sido de revisar y ordenar el saber adquirido a pasos gigantes en décadas anteriores; no es nada nuevo. Ya otros siglos han pasado por eso. (Ah, aquí cabe decir que la evolución tiene sentido, no será selección natural, pero una cierta selección tecnológica: si no tenemos carros voladores es porque nos urge más tener algo como Internet [de la misma manera que nos urge más tener pulgares opuestos que alas]). Con la ciencia incapaz de satisfacer voraces respuestas, se asoma de nuevo la explicación alternativa (necesaria hasta cierto punto porque la ciencia no podrá dar todas las respuestas) y de aquí la tangente a lo radical: a creer en pulpos adivinos o barbudos redentores. </p>
<p align="justify">Tal vez el mismo pulpo esté previendo que lo ataco y me deje escribir esto, porque sabe que su fe me aniquilará (por pulpo yo entiendo una metáfora). Tal vez este post sea fácilmente obviado porque no tiene gran importancia porque no dice más que lo que ya es evidente. Tal vez hubiera hecho mejor especulando sobre el Mundial que preocupándome eternamente sobre esos sutiles cambios idiosincráticos. Tal vez no. Tal vez debí hablar de la violencia en Costa Rica. Pero no tengo tantos tentáculos como Paul. </p>
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		<title>Con Nombre de Guerra</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Jul 2010 17:58:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Ante todo, sincretismo”, parecía decir la puta sin estarlo diciendo. Obvio, no puedo empezar a hablar de su lado de la acera sin hablar del mío. Del nuestro. No estaba solo de mi lado, estaban aquí las señoras subsombrilladas y los señores fumando bajo sus paraguas, todos haciendo fila para el bus de la ruta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">“Ante todo, sincretismo”, parecía decir la puta sin estarlo diciendo. Obvio, no puedo empezar a hablar de su lado de la acera sin hablar del mío. Del nuestro. No estaba solo de mi lado, estaban aquí las señoras subsombrilladas y los señores fumando bajo sus paraguas, todos haciendo fila para el bus de la ruta 56. Del lado de acá: la cocina de un casino, el haitiano vendiendo platanitos, la entrada de Plazavenida y el Mr. Churro; hay más cosas más abajo, pero eso es para la gente del bus de Sabanilla, hay más cosas más arriba pero ya eso es otra cuadra, el Hotel del Rey y todo aquello. De aquel lado un edificio con un vidrio roto y una cadena oxidada en las verjas, el New York Bar, un taxi parqueado (ese taxi son muchos taxis, uno se va y llega otro, gente sube y baja, dinero pasa, pero el taxi ahí es parte del paisaje). De sendos lados parqueos. </p>
<p align="justify">De aquel lado estaban las putas y de este lado no. No sólo porque no anduvieran caminando en la misma acera, porque sí, sí estaban de este lado. Andan con sus tacones abriendose paso, bajan o suben, vienen y van, se vuelven a ver. Pero. A la vez no estaban porque no, simplemente no. La gente les huyen con la mirada, unos, ven como si viera a través de ellas, otros. Negación en todo caso. No falta también la lectura automática de un lupino hombre, que ve los tacones y las piernas y todo lo demás tan elaboradamente expuesto y después de la degustación visual, agitando la cabeza el hombre vuelve a su antigua distracción. Sí de este lado, aunque anden no están. No son. </p>
<p align="justify">Del otro, están y son. Ahí las ven todos. Las mujeres subsombrilladas balbucean su desencanto, su desprecio, su crítica punzante.<em> Esas. Ahí van. Ah.</em> El tono es algo que no se puede poner aquí. No es arrogancia, ni desprecio en sus puras formas, van mezclados, se tiñe de lástima, de tristeza, de una inadmitible envidia, seguida del odio puro. Interpreto sus voces, sus comentarios, incluso cuando ya estemos los de la fila en el bus y el bus esté lejos algunas conversaciones aún se agitan en hablar de la parada, de las putas, de las putas que es un trabajo, que es un relajo, que sólo crimen y gringos pervertidos, que qué feo, pero también qué saladas, o qué descaradas. </p>
<p align="justify">Sincretismo entonces. Las putas están ahí al frente mío, del otro lado de la acera. Sus devenires me interesan poco, las veo como si viera una obra de teatro. Repiten las escenas de siempre. Eso. Sí. La fila del bus crece detrás mío y todos somos espectadores. Creemos que es algo Brechtiano, la vemos asumiendo que es un espectáculo, que es pura trama, un mero montaje y que al final la ilusión se manifieste como tal. Pero no. Eso no ocurre nunca. Sincretismo falso, inventarse dramas. Creer que lo de aquel lado está sólo de aquel lado. La putilla cruza la calle, saca su sombrilla de ese bolso (porque ella también se moja, y la sombrilla no será diferente a la de una de las subsombrilladas). Los tacones del desprecio (epíteto hurtado a Bunbury) van sobre el asfalto húmedo. De nada sirve reducir ‘este lado’ a lo individual, lo harán –imagino- las subsombrilladas, el bigotón, el tipo que por no andar paraguas se tapa con una bolsa plástica . Las putas siempre están allá, del otro lado, del show eterno de la ciudad ajena y decadente que vale siempre atacar, criticar, destruir. Allá. </p>
<p align="justify">“Sincretismo”, parecía insistir. ¿Qué quiere decir con eso? ¿Tengo que aceptar que está de mi lado de la acera, del lado mío, yo, mi bolso, mi libro de Keats o de Luciano de Samósata, mi celular, mi cárdigan, mi San José ficticio, mis mil ideas para hacer una ciudad mejor aunque ninguna será puesta en práctica, mi lado, el lado del crítico que soy? Si la acepto qué. Es aceptar también al piedrero, al gringo pervertido y degenerado, al proxeneta, la plata sucia. Es aceptar que esa es la bajeza de mi realidad que sigue estando ahí cuando ya esté en el bus. Pero, me digo, con la anagnórisis a medio apagar: <strong>eso ya está aceptado</strong>. Si no, leería los periódicos como novelas. Sin preocuparme de muertos, ni asaltos, ni violencia, ni cifras. ¿Entonces? </p>
<p align="justify">¿Sincretismo qué? Pienso en ser metódico y volver a pensar. Sincretismo exigiría también ponerme en su lugar, en tratar de ver el mundo a través de los ojos sobre sonrisas falsas, cansados por andar en zancos de aguja y el frío por las tiras de tela que llevan por ropa. En pensar estar de aquel lado de la acera y ver la fila, ver la gente que hace caras pero que las ve, ve fijamente, verme a mí desde su óptica, ver al haitiano y ver el bus azul de la ruta 56 tan molesto recuerdo de la vida común y silvestre anegadas de mandados y sombrillas. </p>
<p align="justify">Aquella ruta es insensata y futil. Puedo imaginar, hasta ahí; esta imaginación mía se iría por otras tangentes, buscando algo heroico en aquello que es grotesco y vulgar. Mi razón se iría por lo darwiniano, por la respuesta, la adaptación, la supervivencia. No, no conviene imaginar un punto de vista ajena, ni siquiera el más verosímil deja de lado el –símil. C’est la verité. </p>
<p align="justify">Ya no sé cuántos días más he estado ahí. Bajo el paraguas en la parada. Es mi salida de San José, entre el vaivén pendular de prostitutas solas o mal acompañadas. La puta (no distinta al taxi ya mencionado) está ahí, siendo otra puta. Aún insiste en el sincretismo, en decir que los dos lados de la acera son iguales. No porque ella guarde alguna moral retorcida, no porque de este lado haya parangones de moral. Ni una ni la otra. Sino porque sí, porque los dos lados de la acera son lo mismo. No porque la gente sea la misma, no, no se trata de eso. Pero tenemos igual atribuciones, tenemos la misma relación con la ciudad. </p>
<p align="justify">No, no, huyamos de la idea de siempre, de que somos hijos de la ciudad, hijos de San José sólo porque nacimos en una clínica en su centro, o porque la visitamos con frecuencia. Más bien San José es el remedo de aborto nuestro, es nuestro sincretismo. La puta le da su color a San José. Se lo da el piedrero. El predicador. El tipo vestido de queque de spoon. El policia. El filólogo que se ríe solo por Luciano de Samósata. Los que la juzgan, los que son juzgados por ella. Sincretismo ante todo, decía la puta sin querer decirlo, pero no me lo decía a mí. Se lo decía a ella misma, a San José, tal vez. A la nube no digital, a todos los que leen algo de la gente que pasa al frente suyo en los bulevares y aceras; la densa niebla de caras larga o cortas, pintadas, sonrientes o furiosas. </p>
<p align="justify">Sincretismo, sí, entiendo. Algo así sólo se descubre estando ahí varias veces más, entender que yo también soy ese taxi. Siempre vuelvo a estar ahí. Otras circuntancias, otra expresión. Pero otra vez ahí. Yo no soy distinto a ella. También yo soy observado y bastaría yo estar duplicado para que alguien me examinara de la forma en queyo examino a alguien más para entender del todo la repetida pluralidad de juicios de las personas. Sí, es así como damos forma a San José, a partir de lo que vemos, de lo que pensamos cuando vemos. Así San José nos pretende resumir a todos; nunca lo logrará claro, pero el punto de vía mío, no es más que uno mas en el crisol de momentos josefinos. Sincretismo digo yo en el blog, sin decirlo a nadie en particular. </p>
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