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	<title>Julián, su blog</title>
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		<title>Tumblr, o la nouvelle philat&#233;lie</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 03:09:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Muchos sagaces sociólogos, o periodistas, o los anónimos autores de infográficos se ocupan –a falta de actividades de mayor utilidad- a crear amables gráficos de barras sobre la preferencia o prevalencia de específicas redes sociales por los distintos usuarios según grupos demográficos, nivel de ingreso y cuantos otros parámetros conocen. Sería fácil también refutar y aniquilar todo ese esfuerzo al sugerir la verdadera naturaleza del usuario: el individuo es un –aparentemente infinito- saco de contenidos, del cual se puede sacar y sacar para llenar perfiles, formularios o actualizaciones de estado en cuanto facebook, hi5, g+, twitter, identica, diaspora, etc. que haya; Danaides invertidas se podría decir. </p>
<p align="justify">Las redes sociales son de todo tipo (¿cómo? ¿no les ha llegado un correo de spam de algun descuidado allegado sobre el “facebook del sexo”?), para todo gusto, para todo uso. Así hay gente que socializa por twitter e informa por facebook, o al revés; o integra todo obsesivamente para controlar todas sus redes sociales desde su tablet, o desde Ubuntu One, o desde la aplicación que coloca el mismo contenido en foursquare, facebook, twitter e identi.ca. También actualizan semanalmente su linked-in cuando buscan empleo, o lo dejan languidecer en favor del grooveshark cuando están matando horas en ese empleo que tan difícilmente consiguieron. Más obsesivos aún están a la caza de cuanto plug-in de Chrome o de Firefox que les permita interconectar más cosas, para ser ellos mismos flotando virtualmente sobre la nube. Otros, tienen su as bajo la manga, es decir el perfil anónimo con el que ligan o se ventean sonoramente en twitter quejándose de compañeros de trabajo. Redes enredadas para todos, para todo propósito, carcomiendo –y lo sé porque también las alimento- el tiempo personal. </p>
<p align="justify">Naturalmente no están exentas de polémica. Desde que –dichosísimamente [a ver dónde está el signo de puntuación para el sarcasmo, ah sí aquí:] ?- los noticiarios decidieron dar a sus televidentes un espacio para expresar su significante (?) opinión sobre eventos políticos/económicos/culturales (para el pesar de otros televidentes que han de terminar por contestarles), ha surgido también la polémica entre la red social (la red única para dominarlas a todas) más apta para la libre y sacrosanta y democrática expresión: si twitter o facebook. Así, demasiados idiotas (claro con todo el cariño de la palabra idiota –no me vean así, busquen la etimología-) pierden su tiempo en discutir qué vehículo es mejor para perder más tiempo en decir cosas insulsas a oídos sordos, distantes o desinteresados. [Me encantaría que algún pensador célebre haya dicho algo como “¿De qué sirve la libertad de expresión si no hay deber de escuchar?”, para no tener que decirlo yo.] En medio de esta polémica, es donde yo –y probablemente secundado por todos los creadores de GIFs del mundo- digo (sin ser preguntado) tumblr (o cualquier otro servicio similar, pinterest, posterous, weheartit, etc.)</p>
<p align="justify">Tumblr no sirve para nada. Es como la filatelia. Sí, filatelia, esa actividad de niños de hace muchas décadas que coleccionaban timbres y estampillas, esa actividad ritual de remover la estampilla del sobre en el que veía, que se dejaba secar luego y se agregaba dentro de un álbum especial de donde no habría de salir jamás. Más resumido aún: es una actividad de búsqueda y colecta de ítemes no esenciales y únicamente accesorios a una actividad principal. Quien haya mandado una carta, un paquete o una tarjeta postal realmente se habrá preocupado poco de las estampillas excepto cuando aún se pegaban de un lengüetazo o –más higiénicamente- con el agüita que CORTEL ponía a su disposición en las oficinas de correos. Quien reciba la carta se interesará por la carta, o si acaso por los datos esenciales en el sobre y la estampilla fácilmente podría acabar en la basura con todo aquello que se descarta. Algo así es tumblr, un actividad de búsqueda y colecta de cosas (imágenes, citas, textos, música, videos) en un álbum virtual; cosas que pueden flotar por la internet sin despertar el interés de nadie hasta que algún loco decida que eso le gusta y lo incorpora al suyo. </p>
<p align="justify">Ah sí, <em>es</em> una red social pero de social tiene poco; cada persona “sigue” a varias otras personas, pero no necesariamente interactúa de manera alguna con ellas. Es más, técnicamente no se sigue a esas personas (como ocurre en twitter), sino uno sigue sus álbumes, sus tumblogs; es como estar vineando constantemente sus pertenencias y ya. Y sus pertenencias tampoco les pertenecen del todo, son cosas que dan vueltas por la nube, reciclándose y re-bloguéandose a voluntad de casi anónimos usuarios, como la basura que se revuelca en siempre nuevas iguales y diferentes olas (me quedó linda la imagen). Al mejor estilo de Isidoro también está el argumentum etimologicum para ver en tumblr una nueva filatelia: alguien con un muy rudimentario uso del griego y un muy rudimentario diccionario podría llegar fácilmente a explicar filatelia (philatelia) como el amor (philos) a lo que no tiene fin (a-telia): ciertamente aplica para las generaciones de estampillas que se renuevan sin cesar a voluntad de las agencias postales como también para los contenidos mediáticos en Internet. Es más, navegar por el dashboard de tumblr es lo más cercano a la infinidad (bueno, no es infinidad, pero implicaría tal uso del tiempo que ni el más grande procastinador se sentiría cómodo scrolleando por el dashboard en el afán de llegar al fin). En tumblr no hay tiempo, son escasas y poco importantes las fechas en las que se postea alguna cosa: es incluso peor que 9gag cuyos chistes se tornan cansones y repetitivos pronto (peor aún, no falta quién en tumblr incorpore chistes de 9gag). </p>
<p align="justify">En medio del –injustificado- autobombo de facebook y twitter, donde cada vez importa más quién, cuándo y cómo pensó, dijo o hizo algo (¿o es que el Timeline de Facebook es otra cosa?), el anonimato de tumblr, ese juego voyeurístico de ver cómo expresa una persona sus gustos resulta casi una experiencia feliz. Tal vez esa era la feliz justificación de la filatelia. </p>
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		<title>Luces de San Jos&#233;</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Dec 2011 00:17:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barrabasadas]]></category>
		<category><![CDATA[Ficciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Las vi. Aunque las oí antes. Supongo que veía hacia el suelo o al habitual celular en la mano, o veía la calle, o veía a la gente llevando bolsas o niños a la avenida segunda, en todo caso veía el gris de siempre, y en eso escuché un bien conocido simulacro coral de truenos. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Las vi. Aunque las oí antes. Supongo que veía hacia el suelo o al habitual celular en la mano, o veía la calle, o veía a la gente llevando bolsas o niños a la avenida segunda, en todo caso veía el gris de siempre, y en eso escuché un bien conocido simulacro coral de truenos.</p>
<p align="justify">Las luces las vi luego, indirectamente, las vi viviendo y muriendo en los vidrios de un espigado y solitario hotel josefino. Parecían pequeñas bailarinas ocupadas con sus danzas, o más bien parecían juegos infantiles, o aún más simple, más elemental: luces que se persiguen como quetzales dorados remontando el cielo. Para los griegos los cometas tenían cabelleras como las mujeres, y así también algunas de estas podrías haber sido pequeñas niñas que sin ton ni son corrían hacia alguna oculta estrella cuyas cabelleras se agitaban. Otras luces más bien parecían frondosas copas arbóreas, por un segundo al menos; antes de desintegrarse en la múltiple fuga de titilantes puntos verdes hacia la inexistencia. Y así también efímeros globos de luz, saetas coloridas; todos los vi reflejados en los vidrios de ese no tan cercano hotel.</p>
<p align="justify">Si no veía las luces <em>de verdad</em>, las centellas fulgurantes de San José, se lo debía a ese bodoque amarillo decorado con ofertas extranjeras de cervezas extranjeras y vicios de importación. Pronto no me importó: un interés adolescente por la física, y la indiferencia de años posteriores me han permitido no sólo fabricar explicaciones y teorías verosímiles, sino que también me han liberado de cualquier preocupación por su veracidad. Si lo que pensé en ese momento de contemplación de las luces en los vidrios del edificio hubiera tenido alguna coherencia lógica habría sido algo así: los fuegos artificiales emiten luz, el reflejo en los grandes ventanales del hotel es un reflejo de esa luz, todo reflejo también es luz (que lo diga la luna oculta de esta noche), por tanto, ergo y q.e.d. ver el espectáculo real o el reflejo proyectado en el Holiday Inn daba igual. Además, el sonido -indiferente a mis problemas de perspectiva- me anclaba a cierta inmediatez. El olfato, en cambio….</p>
<p align="justify">Una brisa decembrina alzó el acre olor del orín desde un húmedo y oxidado vértice hacia mi nariz, apenas para ser relevado por el empalagoso dulzor del perfume de una prostituta, quien teléfono en mano y “amorcito” en boca, medía el tiempo y el espacio con siete pulgadas de tacón. Iba, seguro, a buscar sus doscientos dolaritos, precio estándar según un gringo atolondrado en el automercado, quien había vaticinado que no le habría de importar mucho el festival de medias-luces.</p>
<p align="justify">Ya después llegó el bus, los de siempre que no somos nunca los de siempre lo abordamos. La ruta no era la de siempre: pasó al frente del Calderón Guardia, como siempre atestado de gente, como si fuera una cuadra perdida de la Avenida Segunda, con todo y ambulancia y sus luces, y camilla. En ella inconsciente, un hombre entraba por la puerta grande a Emergencias.</p>
<p align="justify">Conforme mi bus se alejaba de San José, más jugaba yo con las observaciones hechas en esa no tan breve caminata desde la calle de “Mi Oficina” y del “Momentos” hasta la cuadra del “Del Rey” y del “Horseshoe” (en San José, por lo visto las referencias se pueden hacer de un putero a otro). Ese festival, según alguna luminaria, era una fiesta para los pequeños no pueden ir a Disneylandia; opinar sobre esa frase es casi tan vulgar como la frase misma. Aún así, negar los flujos de gente que convergían y divergían por las calles es innegable, eran innegables también los buses llenos que desde Heredia fluían a San José, innegable mi periplo de salmón en la Avenida Central, armado con un morral de cuero contra la violenta corriente de familias y sus compras navideñas que verían una carroza y ya, porque ¡los chiquitos amor, pobrecitos! no han comido, gordo comprémosle un combo, contra los novios con sus besitos muy cachichurris como en una mitosis elástica inconclusa, que te suelto y que te abrazo, de la mano o de la cintura, el aprete, o la mano en la bolsa-nalguial del pantalón ajeno, o contra los grupúsculos de amigos que más parecían jaurías de hienas risueñas o chacales gritones deslindados en muecas y gestos como esos ahí, al frente del “Del Rey”, que se carcajearon porque dos <em>puellae inter iuvenes</em>, nenas de quince o dieciséis, en la esquina se detuvieron y para molestar a sus amigos, se contoneaban deslizando las yemas lentas de su manos  por su caderas, guiñando ojos, y estallaron así las risas de los vendedores ambulantes con sus cajas falsas de cohibas dudosos, y un amigo de ellas, uno del grupo, al mejor estilo del galán llega y coloca una mano en la cintura de cada una, les dice algo al oído y se ríen todos y bajan juntos la calle.</p>
<p align="justify">Gente no faltaba en las nimias callejas capitalinas. Tampoco sonido: había risas, varias, había gritos, otros tantos, había –como en cualquier convergencia masiva de niños- llanto y gritos entrenzados, prohibiciones y regaños. Había incluso aún más vendedores ambulantes y –a pesar de los nominales esfuerzos de las autoridades- niños vendiendo el “confeto, confetti confeto a cien la bolsa”. Había gente vestida con sus ropas veraniegas adaptadas a la brisas. Había gente de toda tribu social, de toda etnia, y hasta tal vez de toda clase social. Sin duda alguna dijo presente todo el espectro geológico del casco metropolitano.</p>
<p align="justify"><em>N’importe quoi</em> faltó color.</p>
<p align="justify">En televisión luego vi parte del desfile, con su música y sus marcas telefónicas priapistas. Hoy no sé -ni me importa- quien ganó, si es que alguien gana. Insisto con lo del color. Tampoco hablo del “color” cuando siempre hablan que es una fiesta colorida. No es eso aunque tal vez sea algo semejante. Al igual que las carrozas –que no vi, pero imagino- o las bandas (que vi aniquiladas y regeneradas por el milagro de la electrónica, la radiotransmisión y un viejo buen fusil catódico) también en las gentes y gentecillas había colores en sus ropas, pelos, zapatos, tatuajes (polos y no polos, aunque todos lo son), bolsas y bolsos. Un buen snob hasta podría empezar a recitar los pantones (pantontos), numerarlos, computarlos y decirme que son un montón y aún así: faltó color.</p>
<p align="justify">Mientras más veo, menos sé: menos precisa me resulta esa idea que era real ayer a esta misma hora, y que ahora es lívida como precisamente el contenido de aquella, mi percepción.</p>
<p align="justify">Es diciembre, por lo visto el sonido de bombetas y fuegos artificiales suena por doquier. Aquí las oigo y no la veo, tampoco hay reflejo que las traslade a mí, ni siquiera un atisbo de color en las nubes. Y así, tampoco la estesis es la misma (estética, más que el mero degradado de “belleza”, refería a lo sensible, y a la sensación en sí).</p>
<p align="justify">Tal vez sea tan simple como eso, dijo Occam: la percepción de esa falta de color era sólo posible con el contraste de ese fulgor efímero en el reflejo de las altas vidrieras del hotel. Fulgor que a su vez acababa en pólvora quemada, cayendo lento sobre la capital. Caída universal, del extremo máximo de la luz colorida del brillo, cae como ceniza turbia hacia los ocres tonos de la nocturna ciudad. La ceniza cae porque pertenece al suelo: porque más que la gravedad la atrae la opaca luz ladrona del color de la ciudad, ciudad de putas o borrachos, ciudad sin luz, ciudad muerta de edificios vacíos, calles repletas, carrozas lentas, y espectadores inertes. Ciudades de gritos y risas, menos alegres que el más oscuro (e íntimo) silencio.</p>
<p align="justify">Así tal vez es que cae esa ceniza, caída universal, caída leve. Leve caída sobre el más oscuro festival de luz, ceniza invisible e imperceptible, velo silencioso de un fin, ceniza que cae sobre todos, sobre los niños y sus padres, las putas y sus papis, los vendedores y su propia ceniza falsa de papel, sobre las parejas amantes y los matrimonios pugnantes, sobre mí: descenso final sobre todos los vivos, sobre todos los muertos.</p>
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		<title>A Never Writer, to an Ever Reader</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Nov 2011 14:25:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ocurren cosas, así también el abandono. Un abandono que no es olvido, porque existe un recuerdo latente, un saber que algo está ahí, pero guardado en el fondo de un baúl, como un juguete viejo. Si este blog fuera un hijo el PANI ya habría intercedido y su custodia estaría en manos de un hospicio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Ocurren cosas, así también el abandono. Un abandono que no es olvido, porque existe un recuerdo latente, un saber que algo está ahí, pero guardado en el fondo de un baúl, como un juguete viejo. Si este blog fuera un hijo el PANI ya habría intercedido y su custodia estaría en manos de un hospicio de huérfanos blogs a la espera de una adopción que no llega, si fuera un edificio tomado ya estaría por piedreros, los enlaces estarían rotos, el orín habría corroído los bordes, el blanco del fondo tendría el color de la mugre, y telas y cartones lo habrían hecho un hogar que no es hogar; si fuera un animalito, una mascota ya estaría o en las calles ladrando y llorando y hurgando bolsas de basura, o sería de los que son dejados en esos albergues donde al cabo de pocas semanas son puestos a dormir porque nadie los busca y la comida no se paga sola.</p>
<p align="justify">Ayer fui al Mall San Pedro, por azar. Ahí, en su centro, el más bajo nivel de la caverna y la penumbra, abrazada por un cordón tenue, compuesta por cuatro mesas y una caja registradora había una aglomeración de productos demacrados que se hacía llamar una “Feria de Saldos”. La curiosidad llamó a inspeccionar. Las más básicas observaciones por hacer son casi sociológicas, o, al menos, mercadotécnicas, o como sea que se llame esa ciencia que especula sobre el consumo, que describe e interpreta lo que múltiples nadas individuales significan: estos libros están aquí porque nadie los quiere, ya no atraen a nadie, esta es su Ultima Thule, es la última esperanza antes del borde del mundo, donde dragones los devorarán con un fuego absolvedor. Libros que no pueden volver a sus editoriales, que lo harían como material reciclado, cadáveres purificados de la tinta de palabras que les pretendió dar un propósito que jamás se vería cumplido. Potencia sin acto. Como una idea que no se escribe ni nos llega a obsesionar, como un amor que no se confiesa; esteril. Los títulos correspondientes a esta condición están subordinados a tendencias y atravesamientos sociales: eran libros torpes de religión, de cocina saludable, libros infantiles –derrotados finalmente por los juguetes tecnológicos-, fotografía o arquitectura postmoderna hiperrealista.</p>
<p align="justify">El abandono pues de esos libros, es triple; olvidados por las más menguantes masas de lectores que recorren cada vez menos librerías han acabado en cuatro tristes mesas en el fondo de un triste centro comercial a causa de tratar cosas que ya no interesan; olvidados como libros porque un libro ya no es caché ni classy en los impetuosos tiempos del ipad y el kindle; olvidados por las propias editoriales que en su frenesí de publicaciones han inundado un mundo con cosas fácilmente consumibles y así también fácilmente despreciables. Así, pensé en este blog, también tal vez así olvidado, porque un blog no es classy -ya no es classy-, porque son más de 140 caracteres, porque no tiene fotos graciosas, ni goza de memes y esas tantas chabacanerías, y porque no educa ni enseña, ni polemiza, ni critica al gobierno sino simplemente se critica a sí con una altividad no justificada. Pensé, mudarme a tumblr donde estos ejercicios se camuflaran entre la variopinta cantidad de imágenes y sonidos que siento la compulsiva necesidad de compartir y revisar; pero, me abstuve.</p>
<p align="justify">De la Feria de Saldos me fui con algo entre manos. Ahí entre los libros vírgenes que ya muestran las máculas jantas de la edad, están también los fracturados, los que el descuido han hecho invendibles. A uno de esos salvé. Un libro con un prólogo que está armado con hopla, y aspis, un libro con los setenta y nueve reyes y las naves mil lanzadas tras una bella cara, un drama barroco.</p>
<p align="justify">La simetría me ha exigido también salvar mi propio blog.</p>
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		<title>Heaven Knows I&#8217;m Miserable now</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Aug 2011 03:45:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Imaginemos una especie de cavernosa cámara subterránea provista de una breve entrada, cerrada a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna y unas personas que están en ella por un par de horas, atados por la responsabilidad de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Imaginemos una especie de cavernosa cámara subterránea provista de una breve entrada, cerrada a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna y unas personas que están en ella por un par de horas, atados por la responsabilidad de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligadures les impiden huir, o siquiera volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un <em>videobeam</em> desde un plano superior, proyecta imágenes al fondo de la caverna y conectado a este una computadora, donde los “titiriteros” exhiben sus maravillas. </p>
<p align="justify">Las cosas que ahí presentaban, sus maravillas, no son reales. Son imitaciones. Sería fácil decir que es una imitación de una acción poco seria e incompleta, de una extensión desconsiderada, de un lenguaje mal sazonado, empleando cada tipo, por separado, en sus diferentes partes, y en la que tiene lugar un relato y nada de acción, y que por medio de la desesperación y temor logra la profundización de tales padecimientos, promoviendo una débil catarsis fugitiva cuando por fin acaba. <em>Cuando</em>. El final siempre es distante, lejano. </p>
<p align="justify">La imitación naturalmente no es sólo el contenido mismo de la exposición, es la exposición misma. El gesto, el acto reprentado está revestido de su mismo significado, esta recursión conlleva –casi por obligación matemática- la potenciación exponencial del aburrimiento y el cansancio. La escena no necesita ser detallada pormenorizadamente, porque las circunstancias específicas no son comunes a todos, basta imaginar el antro cavernoso, estar sentado viendo hacia el frente, imposibilitado de no escuchar las palabras de presentadores, así como imposibilitado de no ver la lenta marcha de diapositivas. Se evoca así esa multitud de horas desperdiciadas en audiotorios con el mínimo interés en escuchar. </p>
<p align="justify">Si bien al final, al salir, queda la única flotante pregunta&#160; -¿qué fue eso?- a lo largo del suplicio han debido florecer montones de interrogantes a una velocidad agalopada que pretendía compensar la lentitud agonal del expositor. ¿Por qué está ahí? ¿Para qué está ahí? ¿Qué pretende? ¿Por que está <em>él</em> ahí? Las preguntas más propias, casi existenciales –¿Por qué estoy <em>yo</em> aquí?, se entrelazaban también. </p>
<p align="justify">Varias son las decepciones trenzadas. La principal sin embargo se desvive del expositor mismo y de su técnica, su arte. Sin mayores dificultades somete a su público a un discurso finamente construido por una perversa retórica, una poética invertida. Hemos entrado al reino simple –pues en efecto, el acervo intelectual necesario es mínimo- de lo ilógico. Digo simple porque lo ilógica, en la medida que niega lo lógico, consiste en la más pura mímesis, si acaso, condicionada a negar a la vez que imita. Se convierte en una creación distinta –única-, pero sin un proceso creativo detrás. El discurso, donde debe ser convincente falla estrepitosamente, y el humor donde debe ser leve sólo nos recuerda los riesgos de morir bajo un transformador. La comedia fracasa si utiliza peripecias CON padecimiento. El discurso fracasa cuando sus recursos de interacción con el público son ineficaces. Como si las palabras de una persona por sí solas no fueran suficiente para fracasar, se combinan además otras voces –análogas tal vez al coro soez de la comedia griega antigua- y peor las lapidarias <em>voces</em>, consideradas inmerecidamente autoritarias, de un gráfico, un mapa, o cualquier otra cosa con aspecto profesional pero realización simplona. Cuando ya no saben qué decir recitan algo que ellos mismos escribieron en papel. El culmen de la argumentación. </p>
<p align="justify">Miserable. Creo que es el sentimiento que enturbiaba el aire. Miserable yo, escuchando palabras necias sin oídos sordos. Miserable aquel que habla. Miserable porque no se sabe imitación, porque él –realmente viendo y viviendo su propia ilusión- no se percata que lo que hace es una cosa incompleta. Si pretende enseñar, no lo está haciendo; si pretende aportar algo fracasa al repetir constantemente que “faltan” cosas. </p>
<p align="justify">¿Y entonces?</p>
<p align="justify">Entonces entre los espectadores se cruzan miradas. Recuerdan que sólo son espectadores. Que hay libertad. Hay risa, de desconsuelo, desengaño o anagnórisis. Después hay cafecito, más importante: hay libertad.</p>
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		<title>We don&#8217;t need no Education</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Aug 2011 04:34:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<category><![CDATA[idioteces]]></category>
		<category><![CDATA[informaciones falsas]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay días en que uno quiere caer de rodillas en la arena, como Charlton Heston. Caer de rodillas y mirar incrédulo. Mirar incrédulo y gritar, gritar como un loco, maldecir como sólo pudo maldecir él. “¡Bastardos! ¡Finalmente lo hicieron! ¡Lo hicieron estallar! ¡Váyanse todos al infierno!” Ante él la respuesta. Entre la playa y el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Hay días en que uno quiere caer de rodillas en la arena, como Charlton Heston. Caer de rodillas y mirar incrédulo. Mirar incrédulo y gritar, gritar como un loco, maldecir como sólo pudo maldecir él. “¡Bastardos! ¡Finalmente lo hicieron! ¡Lo hicieron estallar! ¡Váyanse todos al infierno!”</p>
<p align="justify">Ante él la respuesta. Entre la playa y el acantilado la respuesta: monumental, virginal, apocalíptica. Él en la arena. Él ante la derrota. Él. Yo.</p>
<p align="justify">Lo hicieron. ¡Váyanse al infierno! Yo no estaba de rodillas, sino sentadito, bien sentadito en un pupitre, ante la derrota total de la civilización. “Aristóteles fundó el Liceo, es decir: los colegios”, “Los chinos construyeron la Gran Muralla para defenderse de los invasores europeos”, “César conquistó Egipto para conquistar a Cleopatra –<em>lo que hace el amor</em>-”, “Napoleón era un guerrillero de la Revolución Francesa y estrenó la Guillotina con Luis XIV y Maria Antonieta”, “El papiro se obtiene de un cactus, que se corta y se abre y así se estira hasta obtener todo un pliego”, “San Petersburgo es la forma rusa de decir ‘San Pedro’, con los comunistas se llamó primero Leningrado, pero luego se llamó Stalingrado”, “Marco Antonio fue un César, que es decir como rey, o como si fuera Presidente de Roma”, la lista sigue, creo, la embolia se hizo presente antes.</p>
<p align="justify">Las citas, provienen todas de una única persona, tal vez erre en la textualidad de algunas, sin embargo la idea es veraz; el desconocimiento, la simplificación y el travestismo de la historia son auténticos. Quien lo pronunció, tiene un título universitario, más aun: académico. Labora dando clases universitarias y el séquito de compañeros míos, miran maravillados, absortos, “aprendiendo” todo esto. La ignorancia del hablante me deja tan atónito como la ignorancia del que escucha. Esa es la derrota ante la que me enfrento, es ahí en el momento en el que el gesto es pertinente: ¡lo han hecho! Deliberadamente se enseña la ignorancia: se vuelve del logos al mythos. Quien diga eso no es posible que las crea, tiene que saber que miente y no es una mentira blanca, como las de clases de colegio, en las que se simplifica y nada más, no, no y no. ¡No! La mentira parece obedecer a una urdimbre casi (tele)novelesca, la historia se trivializa, se falsfica por amor, por repetir protagonistas. Y todo esto, sin propósito evidente. La historia, Zweig insiste en ello no necesita que sus hitos se literaturicen, no es necesario falsificarlos de esta manera. Es casi perverso.</p>
<p align="justify">La historia, lo sé, no es el plato fuerte de muchos. Son cosas ya pasadas, como los chuicas viejos, los cuadernos del colegio; no repetiré el argumento favorito de los cienciasocialistas de que la historia se repite y que por esto es conveniente conocer el pasado, estar preparado. En efecto para la mayoría le importa poco que el papiro no se obtiene de un cactus sino de un junco, que Stalingrado existió pero que era Volgogrado y no Leníngrado o que Marco Antonio fue un Tribuno de la Plebe y que fue Luis XVI el que murió guillotinado y en ese momento Napoleón no tenía nada que ver, o que eran los mongoles quienes tenían en vilo a los chinos antiguos y que el Liceo no era un colegio y que el amor poco tenía que ver en la política expansiva romana. La precisión de esos datos no hará mejor profesional a tal o cual, y las ‘sentencias docentes’ pronto se añejarán en algún cuaderno, y –ojalá, merced a su falsedad- sean olvidadas.</p>
<p align="justify">Y aún así, está el sentimiento de derrota. La frustración por el sistema que perpetúa y facilita la difusión de ignorancia. El enojo es por la encrucijada, hasta por el mismo silencio que queda como la única respuesta posible. ¿Qué decir antes esto? En vano pensé en hacer alguna acotación, supuse que realmente a eso no hay mayor solución que salir un rato, ir por un chocolate y un confite. Hablar no es ningún gesto significativo, y sé que hasta cierto punto soy cómplice, a la vez sé que opinar, enderezar rumbo es algo así de quijotada. Las palabras son ruinas, los apuntes ‘sagacísimos’ de los compañeros como esquelas, ahí donde en su obediencia anotan, realmente están creando mentiras, mitos en su más pobre acepción. Son, aún, diferencias mínimas, mundos donde Napoleón estuvo en todo lado, donde las cronologías están manchadas y deshiladas, pero sobre eso, más imprecisiones seguirán. La luz seguida, lux auspiciata, encandiló.</p>
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		<title>Walk this Way</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Aug 2011 04:45:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barrabasadas]]></category>
		<category><![CDATA[Punzocortadas]]></category>
		<category><![CDATA[romería; costa rica; virgen de los ángeles; cartago; cartagada; iglesia católica;]]></category>

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		<description><![CDATA[Tal vez lo más singular sobre las romerías es que uno creería que después de tantos años, después de tantas miles de suelas gastadas en el Ochomogo habría algunas historias dignas de contar. Es decir, las hay, pero son anécdotas de otro tipo. Yo pienso en algo más grande. ¿Acaso más importante? Pienso, entre otras [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Tal vez lo más singular sobre las romerías es que uno creería que después de tantos años, después de tantas miles de suelas gastadas en el Ochomogo habría algunas historias dignas de contar. Es decir, las hay, pero son anécdotas de otro tipo. Yo pienso en algo más grande. ¿Acaso más importante? Pienso, entre otras cosas, en cómo verá alguien del futuro estas romerías. Esta manía nacional. </p>
<p align="justify">Démosle una voltereta al dial temporal. Qué se yo. ¿Unos mil años al futuro? En todo caso, cuando la piedrita esa de jade, grafito y piedra volcánica esté atollada en una cajita de cristal en un museo (es decir in vitro, pero sin fertilizar, naturalmente), una colección privada o algo así; de la misma forma en que ahora se exhiben objetos de culto “primitivos” en el Louvre, el Met o el Museo Nacional. Realmente entonces se van a preguntar las cosas que ahora pasamos por alto. Tales como: cuántas molestias se habrá tomado el curita intrigante que puso la piedra para que la encontrara la tal Juana Pereira, o quién hizo realmente la piedrita esa, que –a juzgar por el artículo de Wikipedia (sí, qué fuente, pero qué se va a hacer, de la piedra nadie sabe nada)- implica un proceso de elaboración bastante singular. ¿Realmente alguien se pregunta quién fue el pobre artesano que la hizo? ¿Qué sentiría quien reciba un encargo tal: “Buenos días, quiero hacer una figura de la virgen para engatusar a los inditios de Cartago”? Y todo, todo lo que ahora se considera importante, va a acabar resumido en alguna sentencia breve del tipo “objeto de culto, miles peregrinaban a su ubicación anterior, para hacer promesas, o agradecer a la divinidad”. </p>
<p align="justify">Es por eso que las historias de milagros y curaciones, de muestras de fe inquebrantable y de divina retribución me parecen banales. Están todas en el mismo saco. Hasta Laurita que va [la hija predilecta no puede faltar], hasta la politiquería barata de la iglesia y los políticos y hasta las quejas de los que se oponen, todo realmente es ¿intrascendente? De aquí a un año casi todo se va a haber olvidado. Los (buenísimos) chistes malos se van a repetir: que si “la negrita tiene tumba’o” o si “los romeros nunca caminan de la’o”, que si no sería mejor ir a romerear a la estatua de la Chola y agarrarle las nalgas en la Avenida Central, que qué tal sería hacer la salmonada y corretear contra los romeros. Los romeros atropellados serán reemplazados por nuevos atropellados [suena cruel, pero sabemos que es cierto], es como la continua repetición de la gloriosa gesta maratónica de los romeros de Coto Brus, o la continua frustración e incertidumbre por calles cerradas y paradas trasladadas, o la venta de ponchos, o los futiles intentos por una ecoromería que no protestará. Hasta la gente que reclama porque todo es una pantalla de humo, va a repetirse porque siempre todo son pantallas de humo. Y todo esto al final no es nada. Las anécdotas individuales no pasan más allá de sus cofaleados o alcoholizados entornos inmediatos. La supuesta importancia de esta negrita y su ritual en el panorama nacional se me hace en realidad desteñida, sostenida más por ser un hábito adquirido, un vacilón, un ir a Cartago, porque el verdadero fin de la romería no es la Basílica, sino la terminal de buses de Lumaca. </p>
<p align="justify">Basta con ver a los romeros. Basta con verlos para cuestionarse qué hacen. La mitad de ellos parece que van al gimnasio. Tenis de correr, pantalonetas o lycras, camisetas dry-fit. Ir a Cartago es un ejercicio más. Subir el Ochomogo, una prueba para el corazón y las piernas. Otros van en grupúsculos de amigos, vacilando y sacando la pachita de por ahí, tomarse un trago y muchas veces&#160; se quedan a medio palo en los parques de Tres Ríos o por ahí. Van también los devotos, tan devotos a veces que ni siquiera son católicos sino más bien de alguna de esas impertinentes y espontáneas congregaciones, pero que por costumbre, bombetismo o religiosidad buffet (¡rece todo lo que quiera!) les parece lindo seguir sumando dígitos en las ya infladas listas de asistencia de la Sacrosanta Iglesia Católica Apostólica Románica Retrógrada de Costa Rica. Van los que expían sus culpas haciéndose ampollas, callos y lesiones caminando descalzos hasta allá. ¿Estos hacen que la gente se pregunte que qué pretenden al infligirse dolor para su dios, pero igualmente, qué pretenden los demás con la peregrinación? ¿Ver algo que ya han visto? ¿demostrar su fe… caminando? [alternativas: demostrar su fe por medio de una masiva coreografía estilo thriller, demostrar su fe corriendo en una rueda de hamster, demostrar su fe pagando las cuotas de la ccss, demostrar su fe dando su sangre en un banco de sangre, demostrar su fe no atropellando gente].</p>
<p align="justify">Resulta insípida la parafernalia y pompa oficial de la Romería, son como esas fiestas de graduación caras y embelesadas, se sigue un protocolo, se chanean todos, pero realmente resultan poco memorables. Me atraen más las historias marginales, las historias de lidiar con el culto a la piedra. Las mil y una maromas que hay que hacer para evitar los romeros, para descubrir dónde fueron a dar las paradas de bus en San Pedro, imaginar el odio y las vituperaciones de los cartagineses que quisieran mandar a la Negrita a lo más oscuro del Cerro de la Muerte para ver si hacen romerías hasta ahí. Ante las presas de camino a Cartago sólo me vinieron a la mente los versos de Dante: “Por mí se llega a la ciudad doliente, | por mí se llega al llanto duradero, | por mí se llega a la perdida gente. […] ¡perded cuantos entráis toda esperanza!”, los que saben sabrán a qué corresponden. </p>
<p align="justify">Y ya mañana todo pasará. Se concluirá el ritual, los numerólogos contarán los muertos, las toneladas de basura, los milagros; los eclesiásticos conjurarán otros números de asistencias, cerrarán puertas mágicas, cambiarán la ropa de la muñequita [naturalmente muy discreta y recatamente] y concluirán que todo fue un éxito y que todo fue posible gracias al triunfo sobre la maléfica fertilización in vitro ; los políticos se aplaudirán por sus geniales rezos que solucionarán el problema de opinión pública y porque diosito, la virgencita y el coro celestial están ya al tanto de la CCSS, la inseguridad, y todo eso; los fieles et cetera se congratularán ¿supongo?, por una buena caminata, por ser mejores personas, porque la virgencita les va a ayudar [hablando de historias marginales, ¿cuántas historias patéticas (en el sentido escricto del “pathos”) habrá, de promesas incumplidas, de gente con rencor a la virgen?]</p>
<p align="justify">Cartagada. Dejémoslo ahí. La romería es una cartagada. Y ya. </p>
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		<title>Friends Will be Friends Will Be Friends</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jul 2011 04:34:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<category><![CDATA[facebook]]></category>
		<category><![CDATA[google+]]></category>
		<category><![CDATA[redes sociales]]></category>
		<category><![CDATA[twitter]]></category>

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		<description><![CDATA[Ah. Redes sociales. Ver tantas caras en pequeños cuadritos forrando una pantalla me hace pensar en esas paredes de aristócratas británicos en las cuales cuelgan cabezas de rinoceronte, hipopótamos, leones, tigres, hipocampos, cinocéfalos, arimaspos, etc. Algo así, los veo, los puedo rajar, sí tengo tantos; los últimos los atrapé en un safari en el pretil, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Ah. Redes sociales. Ver tantas caras en pequeños cuadritos forrando una pantalla me hace pensar en esas paredes de aristócratas británicos en las cuales cuelgan cabezas de rinoceronte, hipopótamos, leones, tigres, hipocampos, cinocéfalos, arimaspos, etc. Algo así, los veo, los puedo rajar, sí tengo tantos; los últimos los atrapé en un safari en el pretil, este es una presa valiosa, anécdotas de cada uno, como esos cazadores pomposos de fusiles y un sirviente con turbante.</p>
<p align="justify">Tal vez algo así era al principio. Facebook nos abrió mil dimensiones más. Ah, aquel se casó. ¡Ish mae! ¿Qué le paso a&#8212;-? ¡ay mae, qué mal visto que a &#8212;- le guste  ¿Arjona?! Era una husmeadera. Ah, y ¿por qué &#8212;- está en Katmandú? Sabíamos todo. Hasta cuáles plantas cultivaba en Farmville. Y luego claro, privacidad. Tener al jefe, a la mamá, a la suegra, a la abuelita, al guachimán, al chofer del bus nos lleva a eso. Mi link a un video de youtube que se burla de la gente con alopecia no puede ser visto por los clientes del centro capilar svenson. Además tampoco quiero que sepan que le di like a un video puro porno pop, ni ser tagueado en esa foto inconveniente, haciéndole esa cara, esos ojos a esa tipa con esas-.</p>
<p align="justify">Twitter. Es algo así como una diarrea. ¿De qué? ¿De parla? ¿Paja? Aún no sé. Unos hablan de los que les gusta, otros de los que no les gusta, de la sele, de la novia, del gobierno, de los rulos de Laura Chinchilla, de cómo les gusta, de cómo no les gusta. Es como una cantina. Como una reunión con viejas de patio. Un café con los que son, o una fila de banco con los que no. Aburre a la vez que entretiene. Uno conoce gente que luego quiere desconocer. A los bombetas les encanta. Es para los que quiren tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar.</p>
<p align="justify">Google ahora quiere venir y enseñarnos cómo son las cosas. Es como lo mejor de twitter y facebook a la vez. También tiene unicornios y rescata niños somalíes del hambre. En realidad no. Tiene para poner fotos (¡wow!) un más uno, que es (¿)más cool(?) que darle “like” a algo. Tiene aplicaciones, se pueden seguir a las personas como en twitter y todo depende de los círculos.</p>
<p align="justify">Digamos que hasta ahí íbamos bien. Yo no he podido más allá de los círculos.</p>
<p align="justify">¿Círculos? …. ¿Son las argollas? No, los círculos.</p>
<p align="justify">Ahora resulta que todo depende de cómo organizo yo a mis amigos y a partir de ahí me trabé, porque no sé cuál es el criterio. Resulta que a mis “amigos” los debo dividir entre amigos y conocidos, familia, trabajo, etc. O será que los divido del entorno del cual los conozco, entonces tendré el colegio, la u, la fila del banco, la fila de la biblioteca, la doble filita en el bus. ¿Qué clase de criterio es eso? ¿O lo organizo por la antigüedad? ¿Un círculo para los veteranos que recuerdan el color de mi lonchera de tercer grado y otro para los que no conocen mi segundo apellido, mi color favorito, el color más escandaloso de medias que uso? ¿O por la confianza, a los que les cuento, a los que no, los que son tema de lo que cuento, los que son objetivos de mis risas, de mis diátribas, los que compadezco, de los que me enorgullezco? Ya estoy como anuncio de Coca-Cola. Y mis amigos siguen siendo un problema de categorización. ¿Seré como el lenguaje japonés y los organizaré según forma, los amigos oblongos, los que tienen forma de tortuga? ¿Acaso platónico? ¿los que participan de la forma de la amistad? ¿qué hacer entonces con el “tercer hombre”? ¿deberé definirlos primero? ¿a pura dialéctica? ¿O me guiaré por el <em>Emporio Celestial de conocimientos benévolos</em>? ¿Cuáles entre mis amigos serán los a) pertenecientes al emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romer el jarrón, n) que de lejos parecen moscas ? ¿O me rendiré ante la asociatividad y daré a los círculos variedades dantescas? ¿quién entonces con Judas, Bruto y Casio?</p>
<p align="justify">Tal vez sea yo el problema. Yo que cambio y así, arbitrariamente cambio mis criterios. G+ no entiende eso, tampoco lo han entendido nadie más. Todo es muy tieso, muy procidemental, muy kafka, mi vinculación con una persona por internet sigue un ritual, un agregar, un confirmar, un seguir, sacarla de la vida es un borrar, confirmar, sí, seguir, adiós, chao. Redes sociales. Ajá.</p>
<p align="justify">Al final creo que la única que me depara alguna satisfacción es tumblr, porque prefiero ver, antes ver que hablar, también last.fm, escuchar, simpatizar, saber que hay alguien más con gustos similares. Y acaso entonces, sí, hablar.</p>
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		<title>Los Vendedores de Libros</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Apr 2011 01:51:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[Punzocortadas]]></category>
		<category><![CDATA[ignorancia; costa rica; vendedores;]]></category>

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		<description><![CDATA[Yo soy un hombre de pocos gustos. Alguna ropa, mis variopintas tarjetas postales, mis libros y algunas inadivinables rarezas (juguetes, acaso, mementa, algún chiste personal encarnado en un producto). Soy estricto con mis gustos. Soy quisquilloso, eso quiero decir más bien. Más de una vez mi novia ha visto mi cara de decepción ante un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Yo soy un hombre de pocos gustos. Alguna ropa, mis variopintas tarjetas postales, mis libros y algunas inadivinables rarezas (juguetes, acaso, <em>mementa</em>, algún chiste personal encarnado en un producto). Soy estricto con mis gustos. Soy quisquilloso, eso quiero decir más bien. Más de una vez mi novia ha visto mi cara de decepción ante un zapato, una camisa que descubro en una tienda y que “casi me gusta”, sí, está chiva, pero… claro, una ínfima raya roja, un color sutil que no me agrada y acabó la magia. Eclipse total por un lunar. Y eso no se va. </p>
<p align="justify">Odio las tiendas de ropa, algún dependiente me sigue o me hace sugerencias que no me interesan. Yo no quiero saber lo que está de moda, ni lo que recién entró. Yo estoy buscando esa aguja en un pajar. Ese pajar mío, esa aguja que sólo yo busco. Casi todas las personas ignoran lo que yo busco, ergo son ignorantes. </p>
<p align="justify">Ocurre también en las tiendas de libros. Ahí soy peor de quisquilloso y a pesar del montón de prejuicios literarios que cargo –como cualquier otro- me intereso por conocer, por al menos tener un criterio. Busco como siempre lo mío y por costumbre de verme creo que ya no preguntan qué me pueden ofrecer. Sólo viendo. Porque yo sé qué busco. A veces me divierte ver cómo ayudan ellos. </p>
<p align="justify">La escena es habitual: La Lehmann. Yo soy el auditorio y entran por la derecha el DEPENDIENTE 1 y la TURISTA. </p>
<p align="justify">TURISTA: Busco algo de literatura costarricense, quiero conocer qué se escribe aquí. </p>
<p align="justify">DEPENDIENTE 1: [formalidades]. Este libro –por ejemplo-, que no he leído, es muy popular (Mamita Yunai, CaLuFa). Está en la lista de lecturas de colegio (sinopsis del libro). Y este (El Jaúl, M. Jiménez). Y bueno también &quot;Marcos Ramírez” (CaLuFa) pero está agotado.</p>
<p align="justify"><em>TURISTA muestra duda y sigue revisando libros agarrando libros, esperando que el DEPENDIENTE 1 le pueda decir algo sobre ello. DEPENDIENTE 1 mutis izquierda. </em></p>
<p align="justify">Yo sigo la escena sin darme por aludido, yo sostenía libros en las manos, valorando si invertir en profundizar mi interés por Bioy Casares o viendo los índices de los libros de Borges. De reojo vi a la TURISTA. Me dio lástima, risa. </p>
<p align="justify">No sé si por maldad o curiosidad me acerqué al cubículo informativo que tienen ahí. </p>
<p align="justify">JULIÁN: Hola, quería buscar un libro en el sistema. </p>
<p align="justify">DEPENDIENTE 2: Ajá, sí, cómo se llama, el libro o el autor cualquiera.</p>
<p align="justify">JULIÁN: Quería saber qué tenían de Augusto Monterroso. </p>
<p align="justify">DEPENDIENTE 2: ¿Cómo?´</p>
<p align="justify">JULIÁN: Augusto Monterroso, cuentista guatemalteco-hondureño…</p>
<p align="justify">DEPENDIENTE 2: ¿Pero cómo se escribe?</p>
<p align="justify"><em>JULIÁN lo repite lento y DEPENDIENTE 2 teclea y buscar por “August Mont”. No aparecen resultados, llama a otro DEPENDIENTE 3 para que use el sistema por él. </em></p>
<p align="justify">DEPENDIENTE 3: ¿August Mont? Suena a inglés….&#160; ¿Es nuevo?…</p>
<p align="justify">JULIÁN: No, es Augusto Monter&#8212;</p>
<p align="justify">Ahí me aburrí, me dijo que tal vez hubiera uno y me llevó al estante que yo le tuve que ubicar y que yo ya había revisado. Se fue y yo también, me fui a sacar un apartado. Tres monigotes en la sección de libros. Ninguno sabe nada de libros. Si acaso se saben la lista del MEP. Todo comprobado. Qué lindo vivir dentro de un canon. Qué lindo es no saber nada: sólo saber vender, saber cómo buscar en un sistema, pero no saber qué se vende, no saber qué recomendar. Fui por mi apartado: mis Edda, mi Orlando (V. Woolf), a la salida escuché a DEPENDIENTE 1 comentar que su autor favorito era Tolkien, pero que se le olvidaban los títulos de otros libros que no son “El Señor de los Anillos”. Recordé mis breves días en un par de diciembre en la Librería Internacional, recuerdo que había vendedores, pero también había lectores entre los vendedores. Un colombiano, si no mal recuerdo, impecable con recomendaciones de literatura latinoamericana. Yo recuerdo haber recomendado un par de Rayuelas en alguna navidad, algo de Borges y un libro de Asímov a esa madre que no sabía qué darle al hijo que describío como tímido, encerrado en sus juegos de compu. Hay una valiosa diferencia en eso. Un plus que no debería ser opcional. </p>
<p align="justify">También he visto con asombro a vendedoras de zapatos que se quedan maravilladas si mi novia pregunta por Oxfords o flats, o por telas en ciertas tiendas. Con el tiempo ya uno sabe no preguntar, para no escuchar el amable “no sabría decirle”. </p>
<p align="justify">Vender lo puede hacer una máquina –¿será por eso que prefiero las compras por Internet?-, será que es un lujo tener personal que sabe en qué trabaja y sabe qué decir, ¿el consumo según calidad está fuera del consumismo? ¿estamos en ese caldo ignorante, en el consomé de la viñeta de Montt?</p>
<p align="justify">Oh vendedores, oh transitoria gente que trabaja sin saber en qué trabaja. </p>
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		<title>Wasting Time</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Apr 2011 05:03:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Punzocortadas]]></category>
		<category><![CDATA[estudiantes]]></category>
		<category><![CDATA[semana u]]></category>
		<category><![CDATA[universidad de costa rica]]></category>

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		<description><![CDATA[De que era metal, era metal. Si es black, death, gore, o quién sabe qué otro adjetivo no lo sabría, se que gritaban y vestían de negro y el grupo se podría llamar, Eructo de Satán, Flato de Mefistófeles, Aborto Exangüe o Corpus Fortunatus Nonplusultra. Algo así. Hay como una fórmula que se repite. Mañana [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">De que era metal, era metal. Si es black, death, gore, o quién sabe qué otro adjetivo no lo sabría, se que gritaban y vestían de negro y el grupo se podría llamar, Eructo de Satán, Flato de Mefistófeles, Aborto Exangüe o Corpus Fortunatus Nonplusultra. Algo así. Hay como una fórmula que se repite. </p>
<p align="justify">Mañana otra fórmula se repetirá por parte de todos los sagaces músicos que incluirán la palabra SKA en el nombre de su banda: caSKArrabia, raSKAndome, enfraSKAdos, madagaSKAr, quién sabe. Olerá a mota, a niños de colegio que llegan a codearse con los universitarios. </p>
<p align="justify">Una que otra subtribu (¿punketos, indiesos –que son tan under que ni asisten-, modernitos que andan su unifome de camisas de cuadros, nenas de panty, enaguas floreadas y botines bajos; y la prole mayor que recuerda los chivos de El Parque de años atrás) también estára buscando su represent estos días. </p>
<p align="justify">Esto es extrañamente la Semana U. Hay una dinámica que no entiendo. ¿Qué tienen que ver los conciertos “gratis” –que en el fondo los pagan las federaciones con las platas que les da la U con la plata que les da el gobierno- (obvio el FEES era para que todos tuvieran beca, ¿no? y que todos pudieramos oir luminarias musicales como Cocofunka o Sonámbulo Psicochancletúo) con la UCR?</p>
<p align="justify">Yo entendería actividades culturales, yo entendería y apoyaría que los estudiantes se organizaran para hacer algo (y muchos lo hacen, propias actividades) (en sí yo valoraría más que la EXPOUCR se tragara a la Semana U; que hubiera algo de la U en la semana más allá de los estudiantes fuera de las aulas). Lo que no entiendo es la necesidad de convertirlo en un turno con ruedas de chicago, juegos mecánicos, paintball y cosas que no son para que estén ahí. </p>
<p align="justify">Por aquí se me empieza a acabar el sarcasmo y no me da para comentar con infinita ingenuidad que estoy olvidando que la venta de churros es para que las pobres asocias ganen algo de platica y que la rectoría nos da la semana porque somos tan buenos y valiosos. Claro ese es el espíruto de Semana U. </p>
<p align="justify">Mejor agarro mis libros y estudio. Digo yo. </p>
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		<title>Walls are Tired</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Mar 2011 14:38:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Punzocortadas]]></category>
		<category><![CDATA[estadio nacional]]></category>
		<category><![CDATA[paredes rayas]]></category>
		<category><![CDATA[polada]]></category>
		<category><![CDATA[vandalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Para seguir siendo mainstream, seguiré hablando del estadio. Hoy medios y mediecillos empezaron comentando los daños lamentables al estadio. Ya rayaron puertas, paredes, robaron palancas de los inodoros y todo están con la boca abierta como si esto hubiera sido totalmente inesperado. El sábado alababan el ambiente familiar de la inaguración, desemejante a la común [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Para seguir siendo mainstream, seguiré hablando del estadio. Hoy medios y mediecillos empezaron comentando los daños lamentables al estadio. Ya rayaron puertas, paredes, robaron palancas de los inodoros y todo están con la boca abierta como si esto hubiera sido totalmente inesperado. El sábado alababan el ambiente familiar de la inaguración, desemejante a la común atmósfera de partido de fútbol. Hoy se hacen las preguntas, ¿es que realmente esas familias eran clanes de hunos, vándalos y mongoles que nomádicamente llegaron a saquear el nuevo estadio político (lo digo naturalmente refiriéndome a que es propio de la pólis, malpensados) nacional?</p>
<p align="justify">Yo no veo nada de qué sorprenderme. Esas familias son las mismas que viajan en bus y cuyos hijos rayan asientos, son la gente que no respeta las más mínimas reglas de la cortesía, son la gente escurridiza que se fuma a escondidas un cigarrillo en lugares donde claramente no se puede fumar, son los primeros en pegar el grito al cielo y ampararse en el cuentito de que el que paga manda y que habiendo pagado por ir al estadio podían hacer lo que fuera ahí. Naturalmente son todos inocentes del todo. Interrogados sobre daños dirían que no, que ellos jamás atreverían a tomar un trofeo, pero realmente nos es fácil imaginar a la señora que le dice al chiquillo que se traiga un “recuerdito”, así como también se los trae de parques nacionales, de la ida al teatro y todo eso. Un recuerdito así, inocente. Otros son los que firman, como si hubieran hecho algo, pero es su forma de inscribirse en algo colectivo. Claro Saborío metió el primer gol y eso lo recordarán otros, el polo que fue al estadio, comió mucho y fue a cagar también firmó; cago ergo firmo. ¿Lógico, no? Todos quieren inscribirse en la historia, ser un nombre indeleble con marcador permanente. </p>
<p align="justify">Es como el cuento de la vaca de Marito Mortadela de la Avenida Central, que ha perdido los cachos varias veces. O las orejas. O la pintura. Y la muni, la artista han reconstruido varias veces. Así va a pasar con el estadio nacional, así tiene que ser porque si no no va a durar nada y el “Coloso de la Sabana” va a ser el tugurio del deporte nacional, hasta que alguna nueva potencia ¿India, Brasil, Rusia? nos quiera regalar uno más chiva, más nuevo más limpio. Yo en parte le pediría que en vez del estadio nos dieran ciudadanos mejor educados, que nos manden unos quinientosmil chinos profesionales que sepan cuidar la cosas. Donación más útil diría yo.</p>
<p align="justify">El estadio no le costó un cinco a los ticos (sí, sí, dejémoslo así; otro día hablamos del costo). El tico (y digo tico y no costarricense, porque para mí “tico” es peyorativo, para mí “tico” es el que raya paredes) está malacostumbrado a esto, es un niño chineado poco esforzado al que le salen las cosas bien. Tiene su plata de trabajo de monigotes-programador-maquilero o de coll-centerero-how-can-i-help-you (y otro montón de trabajos, más, pero digamos que esto son vistas como el carril de ascenso social rápido) pero realmente no es educado. La disciplina, el orden y el cuido no son valores aquí. Aprender bien inglés y conocimientos técnicos lo son. (ahem ahem Ministerio de Educación son sus mega-clases de inglés y más colegios técnicos, ¿dónde están los valores éticos?). </p>
<p align="justify">Terminemos señalando que esto es un problema de escala. El berrinche por estos daños parece un berrinche, pero realmente es un petite crime, pequeñas infracciones a la ley, o más bien pequeños achaques a nociones del bien común. El gobierno sólo va a saber hacer dos cosas: pagar los platos rotos y poner cámaras para atrapar infractores, cambiar el problema de raíz está más allá de la imaginación de los analistas (¿serían del BCIE?) del gobierno. Microcosmo, macrocosmo: y tendremos corrupción (que es –dentro del imaginario dle infractor, no lo dudo- un mal menor), evasión fiscal, caos administrativo, incumplimiento de contratos. </p>
<p align="justify">Realmente no hay que ser narcotraficante, asesino en serie o violador de menores para cagarse en un país; hay que empezar con el paso pequeño: rayar paredes.</p>
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