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	<title>Julián, su blog &#187; costa rica</title>
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		<title>Juegos de Tronos y Malabares de Curules</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2012 14:48:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ya ha comenzado mayo. Voraz, se ha comido ya varios días del calendario y las marchas días ha dieron el banderazo a un mes identificado por los abejones y la decepción política. Mes curioso: los estadounidenses, aficionados a la anáforas y a al onanismo, lo “celebran” como Masturbation May. A pesar del Diputado Carlos Góngora, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Ya ha comenzado mayo. Voraz, se ha comido ya varios días del calendario y las marchas días ha dieron el banderazo a un mes identificado por los abejones y la decepción política. Mes curioso: los estadounidenses, aficionados a la anáforas y a al onanismo, lo “celebran” como Masturbation May. A pesar del Diputado Carlos Góngora, el más obvio y común ligamen entre la política costarricense y la autosatisfacción norteamericana, sí hay una simpatía –en su más etimológico sentido- entre esa celebración y esta decepción. </p>
<p align="justify">Hagamos trampa. Esa trampa que comúnmente occidente ha apodado dialéctica y que consiste en invitar desconocidos a las tertulias. En llegar acompañado a una fiesta o a una reunión. En introducir un punto C que sirva para aclarar las distancias entre A y B. Así, sutil y astuto pongo sobre la mesa el “Juego de Tronos”. </p>
<p align="justify">Dicha serie –mucho más erotizada que el libro- describe las intrigas y maquinaciones políticas de un reino. Fantástico, sí, atrapado en una perenne edad media (occidental-británica, al punto que Westeros recuerda en disposición y forma a la mayor de las islas británicas) que no impide la existencia de elevadores y que juega con la prevalencia de dragones. El juego de tronos, dice uno de sus protagonistas secundarios, importa solo a los altos señores, juegos que resultan indiferentes al pueblo común siempre y cuando no lo afecten. Así, la serie –a pesar del amplísimo reparto- se limita a los nobles, a múltiples linajes y familias, el pueblo común, simple se representa en masa, o a través de esos exaltados individuos que como prostitutas o mercenarios logran colarse en las más altas esferas. Las escenas eróticas son diversas: hay incestos, prostitutas, tríos, homoerotismo, roces con el sadismo, etc; las escenas caracterizan a los personajes, avanzan la trama, muestran –casi alegóricamente en algunos casos- las complicaciones de los juegos por el poder. Sexo es poder. El eros –núcleo léxico de erotismo- es una fuerza en sí, creadora del mundo según los primeros griegos, y que impulsa a los individuos. </p>
<p align="justify">Las escenas eróticas están también para el espectador, para el pueblo que es voyeur de los juegos de tronos, viviéndolos desde sofás. El espectador ve los triunfos políticos de algunos, la llana prosa se interrumpe con sucesos determinantes: ejecuciones, muertes, ascensos y caídas. Ve también con morbo a la nena que pide a otra que le enseñe cómo satisfacer a su nuevo marido, visita varios prostíbulos, etc; <em>bref</em> le hace abrir o cerrar los ojos. La serie lo masturba, le muestra el erotismo sutil, le muestra la sublimación del poder: la serie excita, aviva, juega con el eros del espectador. </p>
<p align="justify">Nuestra realidad es más prosaica. Los juegos de tronos, decía, corresponden a los altos señores, a los padres de la patria si acaso les corresponden los malabares de curules (que lo digan Fabio Molina y José María Villalta). Los padres de la patria, también están lejos del “pueblo” común. La prensa y “Asamblea TV” muestran el primero de mayo el despliegue total de los juegos de poder. Otra vez “Masturbation May”, pero la inversión es evidente. La ficción, traslada el juego erótico al espectador para su deleite. La realidad muestra la masturbación, la auto-complacencia, la auto-satisfacción más banal de los políticos, de sus alianzas, de sus estratagemas: ¿los sobresaltos de Víctor Granados, recién nombrado presidente del directorio no equivalen a aquellos producto de la “turbación manual”? El espectador, el ciudadano y votante aquí es testigo de la masturbación de los políticos, a veces incestuosa, sádica y prostituta (con el actual directorio homoerótica, no). Los altos señores juegan a otra cosa. A algo menor, más prosaico, algo que más que juego es un malabar. No hay tronos, sino curules. </p>
<p align="justify">La ficción es y será mi única realidad. </p>
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		<title>Spellbound and Speechless</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Mar 2011 03:25:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tengo varios malos hábitos, uno que realmente odio y trato de evitar en la medida de lo posible es llegar tarde. Hoy llegué tarde a todo esto del estadio. No es que llegara tarde a ver el show, los discursos, el pan, el circo, las poladas, el queque y todo lo demás. No, no, llegué [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Tengo varios malos hábitos, uno que realmente odio y trato de evitar en la medida de lo posible es llegar tarde. Hoy llegué tarde a todo esto del estadio. No es que llegara tarde a ver el show, los discursos, el pan, el circo, las poladas, el queque y todo lo demás. No, no, llegué tarde a criticarlo. Tan tarde, que ya lo inauguraron y no pude decir nada antes. </p>
<p align="justify">Llegué tarde a la polémica política, creo que se me pasó el turno para hacer alusiones a Taiwan (tan tarde llegué que, como parte de su metafórico discurso, Óscar Arias con todo el sarcasmo/ironía/disimulo posible dijo que este estadio era para construir “puentes de amistad”); llegué tarde también a lo comédico: a reír con los chistes de chinos o con esa brillante –pero inusual- salida de Ottón Solís que quería ponerle al estadio “Dalai Lama” (¿ah, cómo, ustedes no la entendieron como un chiste?).</p>
<p align="justify">Ni hablar que también llegué tarde a las conspiranoias, por lo visto no acerté a decir que el juego de luces realmente es un haz de luz hipnótico diseñado para plantar en la mente de cada costarricense la idea que hay que apoyar a China siempre en el consejo de seguridad de la onu (sic., estos días merecen estar en minúsculas). Llegué tarde para criticar el gasto de diesel, la falta de parqueos e incluso a pesar de mi acidez toronjil no logré decir lo suficiente sobre lunadas, conciertos, desconciertos y desaciertos (ya para eso Jacques Sagot publicó su infamosa misoginografía sobre las nalgas de Shake-ira). </p>
<p align="justify">Entonces, mientras se juega la primera mejenga me quedan –como es común- varias dudas. La primera es que si soy sólo yo el que siente esto. El estadio ha estado en boca de todos, al punto que ya muchos lo vomitan. Ha sido todo un fenómeno de merchandising (¡realmente sólo faltó una rifa para ver quién se podía mandar el primer polvo en el estadio!); ha sido algo que nunca ha sido (y no, no estoy hablando de que sea un símbolo de amistad entre un águila milenaria y un ruiseñor que da sus primeros cantos –pésima, pésima metáfora, Óscar Arias, btw-); el estadio ya no es un estadio nacional. No es una nueva, flamante arena para el deporte nacional único en su clase en Centroamérica (ah porque sí, porque la comparación no la podemos sacar más allá), tampoco es un referente arquitectónico ni es tampoco el sueño mojado de tanto periodista deportivo, tampoco es el escenario formidable que va a hacer que U2, The Killers, Coldplay etc surjan de la tierra de la Sabana para tocar ahí (en parte estoy seguro que a Guido Sáenz le molestaría esa expresión). </p>
<p align="justify">El estadio es eso y un pocote más. El pocote más es ciertamente un discurso de poder. No conviene entrar en discusiones al respecto –dejemos a Barthes y a Foucault que vean el partido tranquilos-, máxime que ya es un tema tratado, conocido, es más hasta me repito porque el pan y el circo están aquí, desde el primer párrafo; porque la contentera de la gente (medios, profesionales, intelectuales, los fans de Daddy Yankee que si qué) lleva días; porque con todas estas actividades esta administración está haciendo olvidar el invierno pasado (a manera de kinocola intelectual: lluvias-deslizamientos-daños-millonarios-infraestructura-defectuosa-crucitas-llamadas-rodrigo). Y sí, hasta yo me canso de gritar que el emperador anda chingo, si Laurita anduviera chinga yo no gritaría sino sólo me saco los ojos (por el momento sólo me saco los lentes de contacto). </p>
<p align="justify">Me quedan otras dudas; pero conviene no hacerlas porque la respuesta ya la conozco: hoy vi la megaautopista a Caldera, tan mega que los únicos lugares donde es lo suficientemente ancha es en los cobros de peajes. Ya sé cómo se piensa aquí, pequeñito, a poquitos, con regalitos nos sonreímos nos alborotamos, no queremos ser malagradecidos, no queremos evitar que se enojen y nos dejen de chinear, diay sí, ya los gringos no nos chinean. </p>
<p align="justify">Al menos ya dije algo, tarde, pero seguro. Igual en este país nunca es tarde; lo que sea haya dicho se olvida y se aniquila; así que ser repetitivo sirve para hacer recordar que había algo que nos preocupó en los meses antes de ir como vacas a comer pan en el circo.</p>
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		<title>Bridge Over Troubled Water</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Sep 2010 03:08:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Existe un dicho en inglés, comúnmente mal citado que reza que todo es como “water under the bridge”: da a entender algo que no importa y es cierto a nadie le importa el agua que fluye ahí. No le importa hasta que ya no esté ahí, hasta que esté sobre el puente. O más bien [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Existe un dicho en inglés, comúnmente mal citado que reza que todo es como “water under the bridge”: da a entender algo que no importa y es cierto a nadie le importa el agua que fluye ahí. No le importa hasta que ya no esté ahí, hasta que esté sobre el puente. O más bien hasta que sea “bridge under the water”. </p>
<p align="justify">Cometido una vez el crimen de la reversión del aforismo podría dedicarme a cuestionar las políticas de mantenimiento, infraestructura y todo ese berrinche tan común que lo debería tener pregrabado, elaborado en un machote en el que sólo convenga cambiar “Autopistas del Sol” o “Infinito Gold” por “Ministerio de Obras Públicas y Transportes”. Ando poco inspirado, tampoco considero apropiado remitirme a alguna fábula, alguna alegoría o algún tímido símil que busque comprar los puentes con la típica trama de telenovela, porque hay víctimas y malvados y peripecias y desgracias. Pero sobre todo predecible. </p>
<p align="justify">Llueve. Sí. Los puentes están malos sí. Ya después aparece todo el circo de dedos acusadores, que calentamiento global, cambio climático, déficit, desinterés, los charcuteros (por estar viendo chorizos en todo lado). A veces creo que ya es una sinfonía común de voces. </p>
<p align="justify">Tampoco quiero volcarme al otro lado, al mensaje de galletita de la fortuna. De que tenemos que trabajar todos juntos y ayudarnos, que país solidario y todo eso. No. Es aquí donde los demás empezarán a anticipar la angustia de este post. Angustia de por sí creciente, como el agua del río. Ya no hay para donde jalar. No se puede vivir en la cómoda irrealidad del índice incansable que tan bien sabe criticar; tampoco hay que ser el bedfellow político de nadie; este país espera un mesías porque se le ha enseñado que existe tal cosa como un superhombre político, porque aquí por lo visto se censuró la fábula de Andersen del Emperador Desnudo (cosa que no me extrañaría de país tan moralista y correcto). Será por este sentimiento de hundimiento que me falla la sagacidad. </p>
<p align="justify">Ya el agua se enturbia. La mediocridad, las faltas tan comunes tan mínimas y tan significativas tan la nación que no sabe remitirse a fuentes tan impunes como todo aquí&#160; tan argumentos egoístas tan instituiciones defendiendo a capa y espada a las empresas privadas tan concesiones sospechosas tan ineficiencia y descaro tan falto de cabeza como este gobierno todo esto es el barro que arrastra la corriente del río. La lluvia cae como siempre ha caído. El puente lo hemos hecho nosotros, el río lo ensuciamos nosotros. Si crece y nos hundimos. Ya llegaran otros a limpiar. A esos los felicito y les deseo que aprendan de nosotros. Que nos vean con la condescendencia que nos merecemos. Porque sí, somos los tontitos de la edad de barro.</p>
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		<title>Animal Instinct</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Sep 2010 06:04:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Diré que no miento. Todo lo que refiera es cierto, también es falaz, pero primordialmente es cierto. Soy parte de una larga tradición de hombres que refieren con asombro lo que descubren en tierras desconocidas, o más bien, tierras bien conocidas. Es difícil ya poder decir que hay algún lugar terrible y misterioso donde puedan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Diré que no miento. Todo lo que refiera es cierto, también es falaz, pero primordialmente es cierto. Soy parte de una larga tradición de hombres que refieren con asombro lo que descubren en tierras desconocidas, o más bien, tierras bien conocidas. Es difícil ya poder decir que hay algún lugar terrible y misterioso donde puedan habitar criaturas como las que mencionaré a continuación. Es por eso que más bien no me toca a mí hablar de los habitantes de la luna, ni de las minúsculas islas del Pacífico sino de algo más desconocido: los parajes cotidianos, la calle de la iglesia, la parada de bus, la acera por la escuela. </p>
<p align="justify">Sé que en algún momento mi infancia fue aniquilada por Dalí. No por los temas, no por el surrealismo, al fin y al cabo era un niño nomás, tan incapaz de entender el arte o los sueños como lo sigo siendo. But that is beside the point. No, fueron sus elefantes. Grandes, enormes, robustos, regordetes, pero. Pero. ¡Con esas patitas! Esas patas de insecto, tan alargadas, tan imposibles. El elefante se tambalearía y caería, era yo un niño y no entendía, el elefante se quebraría todo, pero en los cuadros parecían caminar, San Antonio&#160; y yo tan aterrados por ellos, esos elefantes que desde entonces he visto también en esculturas y otros cuadros. Esos elefantes que también he visto en calles cualquieras. Únicamente no eran grises, ni andaban en cuatro patas. En dos patas, robustas y negras, sostenidas sobre agujas, caminando para tambalearse, lentamente, con la prepotencia y rabia de un elefante africano. Un macizo deambulante. La acera es estrecha. La Dalifante va por el centro, se mueve al azar tratando de evitar los inevitables camanances en el cemento. Quiero pasar, no se mueve, parsimoniosamente marcha toc toc suenan sus pezuñas de aguja. Quiero, pasar. A la calle qué diablos. </p>
<p align="justify">Quien se detenga y vea al cielo podrá fácilmente divisar –si tiene suerte- un grupo de aves migratorias. Algunas vuelan sin particular orden, otras volarán precisas, dándole dolores de cabeza a los investigadores que busquen explicar eso. Una de las más comunes es aquella que se denomina comúnmente como la formación en v. El esquema es obvio, la forma sugerida como una V también podría remitir a la cabeza de una flecha. Es posible, en las cercanías de las escuelas, descubrir esta formación también en un tipo particular de bestia terrestre. Digamos que son del tamaño de avestruces. La población es casi homogénea, el grupo está compuesto de crías pero son lideradas por una criatura de mayor edad que ocupa el lugar en el vértice de la V. La bestia del vértice, extiende sus dos extremidades, con ellas se aferra a dos crías que también han extendido sus extremidades. De cada cría es posible que se aferren otras crías, siempre creciendo de forma simétrica hacia ambos lados. En el centro la madre o nodriza grazna, ladra y chilla a las crías a su cargo, como un avestruz, pero también como un búho gira su cabeza en los trescientossesenta grados cuando tiene que descender de una acera para cruzar a la otra. Cruza ella primero y hala a las crías que parecen colgar de sus extremidades. Si tiene suerte podrá ver estas madres migratorias sin necesidad de elevar la mirada. Si no tiene suerte verá esta formación caminando delante suyo sobre las aceras cerca de las escuelas. </p>
<p align="justify">Decía algún vejete degenerado, seguro griego, que existe tal cosa como la mímesis. Quien vea a Mc Hammer dirá que no es más que la imitación del cangrejo. Debo profundizar al respecto. Sí, Mc Hammer lo imita, intencionalmente. Es mil veces más enriquecedor ver ese comportamiento como una segunda naturaleza, una aprehensión total de la lateralidad. En alguna de las tenazas portan el infaltable celular, en la otra pues el paraguas, la bolsa del súper o quién sabe qué. Por el celular escucha los chirridos y sonidos de su especie, ante lo cual entra en un estado de desconcierto total. Camina lateralmente. Va de un lado a otro, ora sostiene en alto el teléfono, ora mueve la cabeza buscando congéneres. Normalmente esto no tiene nada de malo, en una plaza amplia, vacía no estorba a nadie. En una calle peatonal estrecha, donde la gente va en dos sentidos (el sentido propio, y el de la gente que viene contra uno) la intromisión lateral puede conducir a un empujón no intencional y eso en un efecto similar al de bolas de billar que se empujan, bolas de billar como átomos en plena fisión. Boom. Cangrejos desorientados, sin avanzar pendulando esperando ser encontrados. Obstáculos y no caminantes. </p>
<p align="justify">Sé que en lugares mejores se efectúan simulaciones de flujos con programas de cómputo, otros menos confiados de lo tecnológico han llegado a demostrar que el tránsito se comporta como hojuelas en aguas. Se basan en las unidades, cosas simples, no conciben lo terrible de algo amorfo, de un conglomerado. Imaginen ustedes -los que andan en carro- qué terrible sería que de repente en un semáforo a un bus se le soldara otro y siguiera el camino entero delante de ustedes. El águila bicéfala en el este de Europa es un símbolo de poder, donde yo lo he visto es una criatura terrible, impasable. Como algo quasi-mitológico se trata de una coincidentia oppositorum, opuestos juntos, puede ser un hombre y una mujer, vejez y juventud, etc. Lo importante es su naturaleza bicéfala puesto que actúan como un solo cuerpo con dos cabezas. Uno al lado del otro. Llenando con todo su amor la amplitud escasa de la acera. Es flexible también, porque no sería tan molesto el ser bicéfalo si no se extendiera, pero no, se mantienen juntos, a veces parece que están a punto de hacer mitosis, puesto que sólo el extremo de sus extremidades los mantiene fusionados. Esta es la oportunidad para pasar, a veces no hay otro remedio que tratar de separarlos, en no pocas ocasiones más bien acaban por crear un arco, como uno de esos juegos de escuela y uno pasa por debajo y todo es muy ridículo. A veces yo mismo actúo bicéfalamente, pero no, nunca así, nunca con ese tortuguismo mortal, algo me obliga a la consideración, a la fila india si es del caso, pero no, no el conglomerado atado dactilarmente como el nudo gordiano. </p>
<p align="justify">Son muchos más los ejemplos, muchas más las páginas que podrían llenar un bestiario, de esos medievales que transpiran algo de lo antiguo y lo colorean con sus colores y dorados. Me dicen aquellos que manejan su automóvil que en la calle sólo hay bestias, no lo niego; pero no entienden que en las aceras van las peores, tal vez más transparentes, porque nadie muere si es atropellado por la gorda taconuda, la tipa que avanza con media docena de niños como golondrina no causa una presa de horas y el tipo que te sale de la nada te pega un empujón y ya y la pareja estorbosa eventualmente se estrecha y uno puede pasar. La magnitud del daño es menor, el error es más grave, sí: en la acera –diría uno- no hay reglas de cómo moverse, se puede andar como un salmón, o errático, un zig zag de hormiga, no, no, no, sí hay una regla: saber dar espacio, caminar rápido, ágil, no estorbar, nada se gana aletargándose en la acera, andando como si cada paso fuera sobre una alfombra ilusoria y roja sobre la que los engañados caminan, esa regla olvidada le da sentido a mi catálogo. Termino entonces, satisfecho de haber contado de estas míticas criaturas, de haber instruido y resaltado sus características, no hay von Humboldt ni Darwin que las puedan explicar, yo me satisfaré de haber contado cosas ciertas.</p>
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		<title>Un Misil en mi Placard</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Aug 2010 02:12:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Te miré tristemente (triste yo con mi plato del día de verte con el desfile de platos, copas de vino y postres). No hay más tiempo que perder. (Ya había pasado la hora de almuerzo, las manecillas se alejaban más y más de la cima del reloj). Estaba ahí. (Tan ahí que eran menos de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Te miré tristemente (triste yo con mi plato del día de verte con el desfile de platos, copas de vino y postres). No hay más tiempo que perder. (Ya había pasado la hora de almuerzo, las manecillas se alejaban más y más de la cima del reloj). Estaba ahí. (Tan ahí que eran menos de cinco metros, oía su voz, murmullo de ella hablar con sus acompañantes memorables.) Un Misil en mi placard. (O un diputado en mi restaurante) </p>
<p align="justify">No cualquier diputado, Justo Orozco en el restaurante. </p>
<p align="justify">En un país tan pequeñito como este, no es extraño ver a alguna figura conocida rondar en algún café o en alguna tienda (¿O creías que estaba lejos?)&#160; Confieso que tenía entendido que semejantes figuras de la política rondan los restaurantes más finos en Escazú y no osarían entrar al “Restaurante más viejo de San José, abierto desde 1909” tan cerca de esos antros perversos como el Hotel del Rey. ¡Ah! Pero ahí estaba, confieso que me costó reconocerlo, si bien la cara es una que ya había visto múltiples veces. En mi mesa, ella y yo estábamos con nuestros spaghetti, en la de él, él y sus acompañantes con los macarrones. Alguna carne, tal vez, la copa de vino blanco. Luego los postres, delicados y bien decorados. Ahí se come bien, entiendo por ello que él, así como yo comiera rápido su comidita. </p>
<p align="justify">Lo reconocimos y ella y yo reíamos sigilosamente. Yo imaginé a mis muy ateos amigos, imaginé cualquier intervención posible de ellos y espero haberlos honrado al haber dicho suficientes chistes con ella sobre el comensal de la otra mesa. La cabeza en la pica, la inevitable indigestión de sólo reconocerlo, que la corbata parecía ser la misma de una foto que escupió Internet mientras tratábamos de esclarecer su identidad. (A juzgar por la corbata tal vez de verdad necesitaba el #aumentazo para comprarse otra). </p>
<p align="justify"> Otros chistes rondaron mi cabeza. Otros aún se forman, horas después. Pero más bien han decaído en lo escatológico, Justo Orozco en su casa indigesto viene a mi mente, con sus postrecitos, sus macarroncitos (porque de él dudo que los llame spaghetti), indigesto agarrándose la panza, tomándose la pastilla porque la Sala IV le hizo caer mal el almuerzo. ¡Oh Justo! Así te imagino, vos y tu partido antilaico, contradicción venerable entre política, fe y bueno, tu actitud mercenaria, (modelo para armar y nunca para desarmar). Justo, hasta el nombre sirve para un punchline que me ahorraré. </p>
<p align="justify">Justo Orozco en el Balcón de Europa. Compinche de Avendaño, defensores de las iglesias o centros de culto, o como quieran llamarlos. Tan ahí a la vuelta de donde comiste, está el antiguo Cine Capri, chinchorro de culto cuyas goteras y mal olor oprimen a los peatones. Justo, vos que debés estar ofuscado con la resolución de la Sala. Serán varios años de esto. Los spaghetti que comí estaban ricos, muchísimo. (Un lugar recomendado, de verdad). Tus macarrones seguro te pesan. </p>
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		<title>All The Small Things</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Aug 2010 03:28:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Punzocortadas]]></category>
		<category><![CDATA[costa rica]]></category>
		<category><![CDATA[falta de cultura]]></category>
		<category><![CDATA[falta de educación]]></category>
		<category><![CDATA[polada]]></category>
		<category><![CDATA[polos]]></category>

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		<description><![CDATA[Tosía. Tosía y toda se estremecía. Sé que me vio feo cuando me alejé de ella y fruncí el ceño; hay algo terriblemente repugnante en esos tosidos trompo, no puedo dejar de imaginar los gérmenes esparcidos por el movimiento, toser sin taparse la boca, haciendo que se volvía hacia otro lado, pero sólo imaginaba yo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tosía. Tosía y toda se estremecía. Sé que me vio feo cuando me alejé de ella y fruncí el ceño; hay algo terriblemente repugnante en esos tosidos trompo, no puedo dejar de imaginar los gérmenes esparcidos por el movimiento, toser sin taparse la boca, haciendo que se volvía hacia otro lado, pero sólo imaginaba yo que los gérmenes estaban quedando untados, sí untados como mantequilla en un pan añejo, untados sobre cualquier producto en la góndola del supermercado. </p>
<p>La tipa, achatada en los polos y ensanchada en las caderas, se me hizo insoportable. Todo en ella se me hacía un defecto. No sabía toser y eso me bastó, a la manera de un diagnóstico médico, para emitir un criterio sobre ella. Confieso que no estoy aquí para sutilezas ni consideraciones. Mi voz es mía, quiero usarla contra ella.</p>
<p>No dejaba de toser, yo me di la vuelta aún sintiendo el asco. Yo estaba seguro que era tonta, pues de ninguna otra manera tosería así, menos después de tanta campaña educativa por ello. Hace un año el país entero aprendió a toser. Ella no. Pero qué podía esperar de ella, la ropa la delataba, las caderas fofas, el pelo desgreñado. Y la tos. Esa tos más desesperante que le latido de Poe. La tos que no acababa. </p>
<p>Ya estaba lejos yo. Me alejé. Aún sentía asco y le imaginaba. Todavía con un cierto escalofrío. Me negué, sí por capricho y asco a agarrar cualquier producto de ahí cerca. Son las pequeñas cosas dice el adagio, como saber toser, las que hablan tanto de la gente. Hace un año el país entero tuvo que aprender a toser. Son las pequeñas cosas. Mastico la idea y la llevo hasta el final del silogismo. </p>
<p>Son las pequeñas cosas y vienen a mi mente las fórmulas tradicionales, hola, con permiso, gracias, por favor, que si acaso aparecen ahora entrecortadas por sonrisas automáticas o se ven transformadas en ladridos. ¿Será necesario enseñar a decir esas cosas también? ¿Acaso masticar con la boca cerrada? Con permiso, claro, esa frase se le olvidó al tipo que se me lanzó en el pasillo, no creo que necesitara tanto el champú para embestirme de tal forma. Eso es mío, me dijo aquella mujer, está en el mostrador, dije yo. Sí, pero es mío yo lo tenía ahí mientras iba por otra. Hombros encogidos bajo mi cuello, se lo di porque para qué pelear. Me ahorré la palabra punzocortante porque no vale la pena. Son fanáticos, fanáticos de sí mismos, egoístas. Su espacio, su producto, su forma de toser. </p>
<p>Son las pequeñas cosas en las que se nota eso, esa rastrera egolatría que se les mete por todo lado. Esa ponzoña que se les escapa por la mirada cuando uno dice algo, cuando uno está buscando el champú, cuando uno quiere la carne empaquetada que es de alguien más de antemano, cuando uno se repugna por la tos ajena. Tangos de intromisiones y rechazos. La edad del a usted qué le importa. La reacción a la intromisión violenta. Van de la mano. (Me dicen que por ahí hay alguno de esos escándalos que alguien decidió que eran importantes). </p>
<p>Cabría decir algo más, alguna anécdota más que dé más color a este texto tan lleno de verdes gérmenes. Por otro lado, para qué callar en perífrasis, silenciarse en torpes momentos si es tan fácil señalar el lugar, la gente y acabar diciendo con un tono de decepción que este es un país de polos. Sí. Ah, catarsis. No más recovecos. Se lo digo a usted señora, aprenda a toser, tome un kleenex, suelte el cacique que lleva en la mano, compre un pañuelo. </p>
<p>Las pequeñas cosas. Las pequeñas cosas corroen, afectan las grandes cosas. Esto es un <i>leap</i>. De dónde saco eso, no lo sé, pero sé que es cierto. Las pequeñas cosas reflejan las actitudes de las pequeñas personas, las pequeñas personas imitan las actitudes de las grandes personas. No conozco suficientes grandes personas para saber si toserán así de feo, pero supongo que también tienen sus egoísmos de ese tipo. Ah, la magia de una suposición. Confirmada por las torpezas de nuestra realidad. Nos tuvieron que enseñar a toser y la gente no aprendió. O lo hizo mientras duró. Así como se maneja para la prueba de manejo donde el soborno la gana. Así como se barre por donde se ve la suegra. Polos. Así como la ecología es bonita, pero fuera de San José donde la basura cae de la mano al caño. Así como van dos millones a Cartago, va la presidente que acaba por chorrear más promesas. El día siguiente es un martes con sabor a lunes, lluvioso y sin gracia como cualquier otro día aquí. Ah, sí, ser polo es la mayor de las hipocresías, es querer aparentar algo, pero más importante su definición es ni siquiera aparentar bien, fracasar en eso y defenderlo. Reaccionar ante el reclamo, sacar la grosería, la mirada de odio. No sé toser y qué decía la mirada de la tipa. No sabe toser, señora, debería corregirlo.</p>
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		<title>The Closest Thing to Crazy</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 01:27:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barrabasadas]]></category>
		<category><![CDATA[costa rica]]></category>
		<category><![CDATA[locura]]></category>
		<category><![CDATA[los dioses deben estar locos]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Era una historia que giraba entorno a una botella vacía de Coca-Cola. Los dioses debían estar locos. El Masai y su botella. Luego las secuelas, pero ya eso era otra cosa. Vi la película y,&#160; más memorable que su trama que mi mente en gran parte ha desdibujado, me fascinó el título. Un dios loco ocupó mi mente infantil, acaso la más propensa a comprender un dios, a comprender la naturaleza voluble y antojadiza. Un niño es dios, loco y tirano de sus juguetes. Un dios que deja caer una botella en el desierto no es diferente al niño que tiene carros voladores que se rescatan y se hablan que interactúan con hombrecillos amarillos. </p>
<p>Sí, es fácil creer loco a un dios. Teólogos y filósofos podrán preocuparse de por qué es loco un dios, qué es la locura de un dios y todo esas signos de preguntas que crecen sobre las cosas. Es más lúdico imaginarse a dios (algún dios el barbudito de los cristianos, o cualquier otro) en una de esas habitaciones simétricas, blancas y agotadoras como si las hiciera Kubrick, con una de esas prendas de moda exclusiva, con correas y acolchada, imaginarlo hablando incoherencias, víctima de su omnipotencia, omnipresencia, senilidad y confusión. Imaginarlo como el loco que en San José ladra palabras a los cuatro vientos y se ríe. Loco. Un Loco que se dio cuenta que el tiempo es muy poco. </p>
<p>Loco. ¡Qué variado es ser loco! Loco como el hijodeputa que se salta el alto que casi nos mata, malparido de mierda, loco, cuidado con el loco sociópata que tiene un arma y con cualquier chichón lo saca para amenazar y decir que con un par de plomazos todos los problemas se arreglan. Loco, loco como el mero iluso, el pobre herediano que cree que este año sí, porque alguna cábala dice que sí. Loco como el que aún cree que este país es una tierra de paz, belleza y únicamente alaba la motita de bondad en el cerro de la corrupción. Hacerse el loco y ser ciego no es tan distinto. Loco. Loco de rabia o loco de amor. No sé en qué momento me dejé de imaginar a dios y simplemente pensé en locos. En ser loco, estar loco, parecer loco. Loco como el que dice palabras al viento, que suspira poemas en alemán o lee de oro rojo en el bus. </p>
<p>Loco como aquello que no podemos comprender. Que no va. Que no tiene coherencia. Que empieza de una forma y resulta de otra. Que nos da lástima si termina mal lo que bien empieza. Loco como decapitaciones, accidentes, imprudencia, corrupción, caos, desorden, inoperancia, egoísmo, plutocracia, fanatismo. ¡Uf!</p>
<p>Luego, de tantas ideas locas, tantas imágenes furtivas queda la idea fija de un país entero recostado en un diván. Luego la certeza de que el país tuvo un presidente que fue psiquiatra y peor quedó. </p>
<p>Finalmente sólo flota la imagen de la camisa de fuerza que le luciría a más de uno.</p>
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		<title>Con Nombre de Guerra</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Jul 2010 17:58:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
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		<description><![CDATA[“Ante todo, sincretismo”, parecía decir la puta sin estarlo diciendo. Obvio, no puedo empezar a hablar de su lado de la acera sin hablar del mío. Del nuestro. No estaba solo de mi lado, estaban aquí las señoras subsombrilladas y los señores fumando bajo sus paraguas, todos haciendo fila para el bus de la ruta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">“Ante todo, sincretismo”, parecía decir la puta sin estarlo diciendo. Obvio, no puedo empezar a hablar de su lado de la acera sin hablar del mío. Del nuestro. No estaba solo de mi lado, estaban aquí las señoras subsombrilladas y los señores fumando bajo sus paraguas, todos haciendo fila para el bus de la ruta 56. Del lado de acá: la cocina de un casino, el haitiano vendiendo platanitos, la entrada de Plazavenida y el Mr. Churro; hay más cosas más abajo, pero eso es para la gente del bus de Sabanilla, hay más cosas más arriba pero ya eso es otra cuadra, el Hotel del Rey y todo aquello. De aquel lado un edificio con un vidrio roto y una cadena oxidada en las verjas, el New York Bar, un taxi parqueado (ese taxi son muchos taxis, uno se va y llega otro, gente sube y baja, dinero pasa, pero el taxi ahí es parte del paisaje). De sendos lados parqueos. </p>
<p align="justify">De aquel lado estaban las putas y de este lado no. No sólo porque no anduvieran caminando en la misma acera, porque sí, sí estaban de este lado. Andan con sus tacones abriendose paso, bajan o suben, vienen y van, se vuelven a ver. Pero. A la vez no estaban porque no, simplemente no. La gente les huyen con la mirada, unos, ven como si viera a través de ellas, otros. Negación en todo caso. No falta también la lectura automática de un lupino hombre, que ve los tacones y las piernas y todo lo demás tan elaboradamente expuesto y después de la degustación visual, agitando la cabeza el hombre vuelve a su antigua distracción. Sí de este lado, aunque anden no están. No son. </p>
<p align="justify">Del otro, están y son. Ahí las ven todos. Las mujeres subsombrilladas balbucean su desencanto, su desprecio, su crítica punzante.<em> Esas. Ahí van. Ah.</em> El tono es algo que no se puede poner aquí. No es arrogancia, ni desprecio en sus puras formas, van mezclados, se tiñe de lástima, de tristeza, de una inadmitible envidia, seguida del odio puro. Interpreto sus voces, sus comentarios, incluso cuando ya estemos los de la fila en el bus y el bus esté lejos algunas conversaciones aún se agitan en hablar de la parada, de las putas, de las putas que es un trabajo, que es un relajo, que sólo crimen y gringos pervertidos, que qué feo, pero también qué saladas, o qué descaradas. </p>
<p align="justify">Sincretismo entonces. Las putas están ahí al frente mío, del otro lado de la acera. Sus devenires me interesan poco, las veo como si viera una obra de teatro. Repiten las escenas de siempre. Eso. Sí. La fila del bus crece detrás mío y todos somos espectadores. Creemos que es algo Brechtiano, la vemos asumiendo que es un espectáculo, que es pura trama, un mero montaje y que al final la ilusión se manifieste como tal. Pero no. Eso no ocurre nunca. Sincretismo falso, inventarse dramas. Creer que lo de aquel lado está sólo de aquel lado. La putilla cruza la calle, saca su sombrilla de ese bolso (porque ella también se moja, y la sombrilla no será diferente a la de una de las subsombrilladas). Los tacones del desprecio (epíteto hurtado a Bunbury) van sobre el asfalto húmedo. De nada sirve reducir ‘este lado’ a lo individual, lo harán –imagino- las subsombrilladas, el bigotón, el tipo que por no andar paraguas se tapa con una bolsa plástica . Las putas siempre están allá, del otro lado, del show eterno de la ciudad ajena y decadente que vale siempre atacar, criticar, destruir. Allá. </p>
<p align="justify">“Sincretismo”, parecía insistir. ¿Qué quiere decir con eso? ¿Tengo que aceptar que está de mi lado de la acera, del lado mío, yo, mi bolso, mi libro de Keats o de Luciano de Samósata, mi celular, mi cárdigan, mi San José ficticio, mis mil ideas para hacer una ciudad mejor aunque ninguna será puesta en práctica, mi lado, el lado del crítico que soy? Si la acepto qué. Es aceptar también al piedrero, al gringo pervertido y degenerado, al proxeneta, la plata sucia. Es aceptar que esa es la bajeza de mi realidad que sigue estando ahí cuando ya esté en el bus. Pero, me digo, con la anagnórisis a medio apagar: <strong>eso ya está aceptado</strong>. Si no, leería los periódicos como novelas. Sin preocuparme de muertos, ni asaltos, ni violencia, ni cifras. ¿Entonces? </p>
<p align="justify">¿Sincretismo qué? Pienso en ser metódico y volver a pensar. Sincretismo exigiría también ponerme en su lugar, en tratar de ver el mundo a través de los ojos sobre sonrisas falsas, cansados por andar en zancos de aguja y el frío por las tiras de tela que llevan por ropa. En pensar estar de aquel lado de la acera y ver la fila, ver la gente que hace caras pero que las ve, ve fijamente, verme a mí desde su óptica, ver al haitiano y ver el bus azul de la ruta 56 tan molesto recuerdo de la vida común y silvestre anegadas de mandados y sombrillas. </p>
<p align="justify">Aquella ruta es insensata y futil. Puedo imaginar, hasta ahí; esta imaginación mía se iría por otras tangentes, buscando algo heroico en aquello que es grotesco y vulgar. Mi razón se iría por lo darwiniano, por la respuesta, la adaptación, la supervivencia. No, no conviene imaginar un punto de vista ajena, ni siquiera el más verosímil deja de lado el –símil. C’est la verité. </p>
<p align="justify">Ya no sé cuántos días más he estado ahí. Bajo el paraguas en la parada. Es mi salida de San José, entre el vaivén pendular de prostitutas solas o mal acompañadas. La puta (no distinta al taxi ya mencionado) está ahí, siendo otra puta. Aún insiste en el sincretismo, en decir que los dos lados de la acera son iguales. No porque ella guarde alguna moral retorcida, no porque de este lado haya parangones de moral. Ni una ni la otra. Sino porque sí, porque los dos lados de la acera son lo mismo. No porque la gente sea la misma, no, no se trata de eso. Pero tenemos igual atribuciones, tenemos la misma relación con la ciudad. </p>
<p align="justify">No, no, huyamos de la idea de siempre, de que somos hijos de la ciudad, hijos de San José sólo porque nacimos en una clínica en su centro, o porque la visitamos con frecuencia. Más bien San José es el remedo de aborto nuestro, es nuestro sincretismo. La puta le da su color a San José. Se lo da el piedrero. El predicador. El tipo vestido de queque de spoon. El policia. El filólogo que se ríe solo por Luciano de Samósata. Los que la juzgan, los que son juzgados por ella. Sincretismo ante todo, decía la puta sin querer decirlo, pero no me lo decía a mí. Se lo decía a ella misma, a San José, tal vez. A la nube no digital, a todos los que leen algo de la gente que pasa al frente suyo en los bulevares y aceras; la densa niebla de caras larga o cortas, pintadas, sonrientes o furiosas. </p>
<p align="justify">Sincretismo, sí, entiendo. Algo así sólo se descubre estando ahí varias veces más, entender que yo también soy ese taxi. Siempre vuelvo a estar ahí. Otras circuntancias, otra expresión. Pero otra vez ahí. Yo no soy distinto a ella. También yo soy observado y bastaría yo estar duplicado para que alguien me examinara de la forma en queyo examino a alguien más para entender del todo la repetida pluralidad de juicios de las personas. Sí, es así como damos forma a San José, a partir de lo que vemos, de lo que pensamos cuando vemos. Así San José nos pretende resumir a todos; nunca lo logrará claro, pero el punto de vía mío, no es más que uno mas en el crisol de momentos josefinos. Sincretismo digo yo en el blog, sin decirlo a nadie en particular. </p>
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		<title>The Emperor&#8217;s New Clothes</title>
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		<pubDate>Wed, 05 May 2010 00:47:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Punzocortadas]]></category>
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		<category><![CDATA[costa rica]]></category>
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		<category><![CDATA[tibieza]]></category>

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		<description><![CDATA[La tijera se acerca a la cinta, única prenda, la corta, la cinta cae suavemente y deja al desnudo las nuevas ropas del emperador. En todo caso la inaguración fue feliz y se puede brindar con la champaña, abrazarse, tomar fotos, aplaudirse, posar para la foto, para la posteridad, mirada al horizonte, visión, sí, visionario. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">La tijera se acerca a la cinta, única prenda, la corta, la cinta cae suavemente y deja al desnudo las nuevas ropas del emperador.</p>
<p align="justify">En todo caso la inaguración fue feliz y se puede brindar con la champaña, abrazarse, tomar fotos, aplaudirse, posar para la foto, para la posteridad, mirada al horizonte, visión, sí, visionario. El estadista inmortalizado por sus obras. La historia caprichosa e injusta en no pocas ocasiones ha olvidado a sus grandes hombres. ¡Ah aquellas épocas! Con un cincel y un mazo era tan fácil hacer olvidar el legado de algún faraón. Cincelazo. Cincelazo. Y desparecía así el nombre del registro de reyes, de sus obeliscos, se reescribía la historia así de fácil; alguien aprovechaba y se jactaba de obras que no eran suyas. Orwell nos exagera la manipulación de la historia, 1984 distópicamente describe cómo se puede mantener la guerra, manipular la propaganda los libros de historia, Eurasia siempre ha sido nuestro enemigo, Asia Oriental el aliado, luego el Gran Hermano lo rebaraja todo. ¿Y qué importa? </p>
<p align="justify">Todo es susceptible a ser manipulado. La historia la escriben los inauguradores, digo, los vencedores. </p>
<p align="justify">Reconozco que ahora la originalidad está en robarse el mandado. Por adelantado. Un hospital que no atiende gente, un estadio poblado por constructores de la lejana Asia Oriental (¿se referiría Orwell a ellos?), una Casa Presidencial en un parqueo ajeno. En todo lugar la foto. Habrá plaquitas, imagino, bien bonitas, de metal, para conmemorar la excelente gestión de esta actual administración que avocó tanta obra pendiente. Tanta obra que ahora, además de pendiente, es fantasma. </p>
<p align="justify">Un rotundo <em><strong>cero</strong></em> recibiría si para algún trabajo de la Universidad entrego algo atrozmente incompleto, así como si sólo tuviera la obra gris y los chinos aun tuvieran que poner las conclusiones o la bibliografía, o si elaborando algo más práctico (recordando mi formación de computín) si entregara un software que no es capaz de ser utilizado, casi tan insensato como cortar el listón de un hospital que no puede atender aún. O peor, poner inaugurar la introducción de un ensayo del que no tengo tema, ni los terrenos para construir. </p>
<p align="justify">Existe algo de surreal, casi kafkiano en esto. Absurdo, sí, terriblemente. Soy ciudadano de un país que promueve oficialmente la mediocridad (y la vive con emoción en los demás aspectos de su vida [para el cliché de siempre que es el futbol está Bryan Ruiz y su Twente como la reducida masturbación en sustitución de lo que habría sido la orgástica experiencia de otro mundial, la solución placebo para el futbol nacional]). Tenemos una carretera nueva, que no abastece bien el volumen de tránsito, tenemos una carretera costanera que vive en un casi-casi-casi-está-casi-un-poquito-nada-más, tenemos los semáforos inteligentes que deben haber sacado mala nota en algún examen porque no se ha vuelto a hablar más de ellos, la palabra “mantenimiento” es una papa caliente que se la pasan de lado a otro y nadie atiende, la nueva ley de tránsito se reduce porque ¡qué fuerte era!, el sistema de justicia por un lado arresta y por otro suelta, así como el Minaet que por un lado protege y por otro explota; y todo está bien tal cual es porque <em>¡algo es algo!</em> y <em>¡diay, peor es nada!</em> o el <em>¡mucho enredo cambiar las cosas, si sirve no se cambia! y <em>¡deje de criticar si no lo puede hacer mejor, agradezca que están haciendo algo!</em> </em>Ok. Gracias. </p>
<p align="justify">Pienso, en el fondo, que esos argumentos defensivos son igual de irreducibles e intransigentes que los de un fanático. Lo cual es terriblemente preocupante. ¿Por qué? Por la simple implicación que hay gente que defiende a capa y espada lo poco que se hace, por el mero hecho que se hace, sin poner en tela de duda la eficacia, la eficiencia de lo que se hace, o de cómo se hace siquiera. Ven y aplauden las nuevas ropas del emperador [serán nuevas, pero no hermosas, probablemente arrugadas, quien conozca el cuento no querrá imaginar al emperador]. Cualquier crítica es apabullada por el fanatismo en el comodismo del sistema. </p>
<p align="justify">Es realmente cansado llevar algo a su fin, sí lo es, para qué ponernos en eufemismos. Lo es. Requiere esfuerzo, disciplina. Lo vale, es cierto, pero hay que tener conciencia de lo que cuesta. Construir un puente, arreglar una calle, invertir en tal o cual desarrollo urbano implica un mantenimiento, mantenimiento implica un compromiso, una inversión igual o incluso superior a lo que fuera la obra per se. En muchos casos es algo de nunca acabar; asusta un poco, pero está bueno, así se ponen los pies en tierra, así entendemos que cortar una cinta es una tibieza, una cobardía. La cinta la deberían cortar quienes se comprometan a mantenerlo, a entregarlo listo, no el que se desentiende de esto en una semana o menos. </p>
<p align="justify">Contrario a Óscar Arias, yo dejaré este post inaugurado, porque lo he finalizado.</p>
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		<title>What do you do for money, honey?</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Apr 2010 19:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Punzocortadas]]></category>
		<category><![CDATA[costa rica]]></category>
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		<category><![CDATA[día de la tierra]]></category>
		<category><![CDATA[resolución]]></category>
		<category><![CDATA[sala IV]]></category>

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		<description><![CDATA[Es un asunto simple: No a la minería a cielo abierto. No a la mina de Crucitas. No a las otras minas que se vislumbran que vendrían después de esta. No, simplemente no. Y no. Punto. He dicho. Es un asunto simple: El oro vuelve loca a la gente; empezó, cuando todo empezó, con aquel [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Es un asunto simple: No a la minería a cielo abierto. No a la mina de Crucitas. No a las otras minas que se vislumbran que vendrían después de esta. No, simplemente no. Y no. Punto. He dicho. </p>
<p align="justify">Es un asunto simple: El oro vuelve loca a la gente; empezó, cuando todo empezó, con aquel extraño casi troglodita que seguró encontró un poco de metal que le recordó al brillo del sol. Le daba prestigio, fue ornamento de sacerdotes y reyes, era un metal maleable que no se corrompía (¡ah, pero cómo corrompe el metal!), cuántas guerras inició, cuántos mercenarios pagó, muertos aquí y muertos allá y el oro cambiando de manos, ídolos que se derriten, se funden en nuevos ídolos, luego la idea, tan vigente, de que el que más oro posea más rico es; van los españoles, sacan el oro y lo hacen lingotes, luegos los estadounidenses y ahora los chinos que también lo quieren para lo mismo, para guardarlo. Oro también despilfarrado en los lujos, en el anillito, en la cadenita que a más de uno hizo morir por un asalto trivial. Ahora también, al servicio, pero esto es el menos, de la ingeniería eléctrica en cuanto trombofonoscopio digital que exista, porque el oro es un noble metal y excelente conductor, pero qué vil. La sed de oro se mantiene, sigue, de las minas agotadas salen las mineras a buscar otros yacimientos; a ofrecer saciar la sed de oro de algunos gobernantes como pago para poder liberar las vetas doradas del abrazo de la Tierra, dárselas a ese mundo hambriento. ¡Oh noble incorruptible metal, vil y corruptor! Tal locura es un asunto simple. </p>
<p align="justify">Es un asunto simple: Con el ambiente no se juega. Es una verdad elemental, obvia y transparente, a tal punto que la hacemos de lado, que no la recordamos. La suerte de las grandes civilizaciones va de la mano con el trato que den al ambiente, en muchos, pero verdaderamente, <em><strong>muchos</strong></em> casos el colapso de una civilización se da por la irresponsable explotación del ambiente (deforestación, erosión, caza excesiva, pesca excesiva, manejo de aguas, sobrepoblación) y eso desde la Antigüedad. La región que conocemos ahora como Siria, Palestina o el Medio Oriente está en gran parte árida por la eliminación atroz de los grandes bosques de cedro de líbano para hacer enormes flotas mercantes o militares, la región que conocemos como Túnez después de ser conquistada por el Imperio Romano fue el granero del Imperio, ahroa el desierto se extiende y mucha flora y fauna se ha extinto; la isla de Pascua es el ejemplo clásico de una sociedad aislada que decayó por lo mismo, por si misma. Los polinesios que ahí llegaron arrasaron con los bosques conforme su población creció, murieron especies nativas [que incluían la variedad más grande de Diente de León existente], luego, a la llegada de los europeos ya habían llegado al punto de botar su famosas estatuas de piedra, maldiciendo el abanadono de sus dioses. El mecanismo es evidente: La explotación del ambiente da enormes recursos, estos recursos permiten el crecimiento de la población, el crecimiento de población aumenta la riqueza, la economía mediante la producción, se agota la fuente de riqueza, la sociedad se debilita: cae influencia externa o interna: Colapso. Dirán algunos, que todo esto no es posible, que existirá una torombola tecnología mágica que reparará los platos rotos, pero ¿acaso hemos arreglado los desastres de nuestros antepasados? Dicen otros, que el progreso así se consigue, que hay que pensar en el presente y que el futuro se arreglará solo. Pero, por algo ya no hay mayas (que quemaban bosque para tener campos arables), por algo la terrible pobreza de Haití (que practicaba una excesiva producción de caucho). No hay un Ctrl+Z para la Tierra, si algo hacemos las consecuencias nos tocan y son reales, es un asunto simple. </p>
<p align="justify">Es un asunto simple: Aquí hay oro. Tal vez no mucho, pero lo pueden sacar. Algo que aquí resulta fácil y barato. Mucho más ganancias perciben si explotan aquí a que si explotaran en sus países primermundistas, que tantas lecciones han aprendido de tantantísimas metidas de pata. En una <em>Pangea</em> restituida por las telecomunicación, la aeronáutica y los enormes contenedores, resulta fácil que Freeport vaya a meterse a Indonesia y Papúa Nueva Guinea y que Infinity Gold venga a meterse a San Carlos, aquí las leyes, como rezan en un coro singular Laura Chinchilla y la Sala IV, lo permiten; es más, ¿lo promueven? Allá en Indonesia la Freeport dejó un montón de oficiales gubernamentales con demandas de corrupción, un montón de pueblos mineros donde prolifera la prostitución y las drogas, toneladas y toneladas de materiales, de basura pétrea lanzada a ríos como un inmenso desagüe. ¿Y aquí? Aquí. Aquí. ¿Podría ocurrir algo similar? Mejor no averiguarlo, mejor rehuirle a ese miope progreso que parte de la explotación desmedida del ambiente. Porque, si se aprueba Crucitas, también se le va a allanar el camino a tantos otros proyectos mineros que vienen, casi encadenados, detrás. No sólo ese yacimiento se ha encontrado. Tenemos los instrumentos legales para prohibir la actividad minera de este tipo, la Sala IV fue lo primero, sigue el Tribunal contencioso, hay métodos legales por agotar, por detener esta actividad. Falta, sí, la voluntad política, pero si Costa Rica quiere se puede detener, es un asunto simple. </p>
<p align="justify">Es un asunto simple: Hay que ser decisivo. Tal vez Túnez, la Isla de Pascua y Papua Nueva Guinea suenen lejanos en el tiempo y en el espacio; San Carlos en cambio es real, está a menos de seis horas de San José. Es nuestro país. Esta protesta no es gratuita, el asunto es importante, importantísimo y no se debe dejar en el aire. Mucha gente ya se ha manifestado por prensa, por medios virtuales, el jueves lo harán en una marcha. No se trata de una negativa, terca; existen sólidos fundamentos en contra de la minería, que van desde el impacto ambiental, desde el mal manejo administrativo que se le ha dado a todo el proceso, pero más importante, la pregunta crucial: ¿se beneficia el país realmente? ¿es un 2% (establecido por el canon minero) de lo que se extraiga realmente un beneficio para el pueblo de Costa Rica? Sea egoísta, si quiere, ¿se beneficia usted? diga entonces: ¿quién se beneficia de Crucitas? ¿quién se beneficiará de los demás proyectos mineros? ¿qué daña, en cambio? ¿la imagen? ¿el turismo? ¿el enorme riesgo de contaminación? La respuesta, que parece evidente, es un asunto simple. </p>
<p align="justify">¡No a Crucitas! No al escaso oro a cambio de daños irrecuperables, imposibles de deshacer. </p>
<p align="justify">Es tan simple como eso. </p>
<div style="float: right; margin-left: 10px;"><a href="http://twitter.com/share?url=http://julianastorga.com/2010/04/what-do-you-do-for-money-honey/&via=Katagelon&text=What do you do for money, honey?&related=:&lang=en&count=horizontal" class="twitter-share-button">Tweet</a><script type="text/javascript" src="http://platform.twitter.com/widgets.js"></script></div>]]></content:encoded>
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