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	<title>Julián, su blog &#187; embajada rusa</title>
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		<title>En la Embajada Rusa, Acto IV</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2008 18:31:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No recuerdo si lo mencioné anteriormente, pero la Embajada Rusa -como es de esperarse- no se rige por horarios normales. No atiende todos los días, ni atiende todo el día. Atiende sólamente los lunes, miércoles y viernes, y si en estos dos primeros atiende de tres a seis de la tarde, hoy viernes atiende solo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No recuerdo si lo mencioné anteriormente, pero la Embajada Rusa -como es de esperarse- no se rige por horarios normales. No atiende todos los días, ni atiende todo el día. Atiende sólamente los lunes, miércoles y viernes, y si en estos dos primeros atiende de tres a seis de la tarde, hoy viernes atiende solo de nueve a doce de la mañana.</p>
<p>Hoy, 31 de octubre, vencían los siete días hábiles de plazo que tardaaría el trámite de obtención de una visa rusa. Hoy, también, era la última oportunidad para lograrlo, no había tu tía; pues el lunes a primera hora ya tenemos que estar en el patio trasero del Autódromo la Guácima, conocido como el Aeropuerto Juan Santamaría.</p>
<p>Se dice comúnmente que por la víspera se saca el día, y honestamente la víspera había sido engorrosa, complicada y lenta; el día sin embargo fue diferente.</p>
<p>Hacía sol, el camino desde el punto de encuentro de nuestro héroe y su sagaz compañero hasta la embajada fue breve, en la embajada tocamos el timbre y rápidamente una vos rusa, nos pidió repetir más despacio qué era lo que queríamos, y en pocos instantes ya estábamos adentro. (Los dos, al parecer quedó en el olvido la regla de que sólo uno pudiera entrar).</p>
<p>El guarda revisó a los héroes con mayor diligencia, e incluso solicitó a nuestro protagonista abrir su siempre-presente maletín verde. El guarda ladró un &#8216;svítch ooof&#8217; refiriéndose al celular, que  inmediatamente murió en la palma de la mano.</p>
<p>Luego, volver a entrar a la habitación consular. Donde nos recibió la secretaria de la vez pasada y un ruso canoso que se ocupó de nosotros rápidamente. Nuestro héroe creyó detectar una mirada de reconocimiento en los ojos anteojeados de la secretaria que prestidigitó un par de pasaportes y un par de libretas tabulares repletas de nombres en cirílico.</p>
<p>El rudimentario conocimiento de nuestro protagonista de ese particular alfabeto le permitió reconocer su propio nombre camuflado entre esos caracteres, codificado fonéticamente. HULIAN VASTORGA KAMPOS, así como el de su compañero.</p>
<p>Después de entregar los recibos, firmar las libretas, comprobaron y verificaron los datos en el pasaporte. Fechas bien, número bien, nombre bien, en cirílico pero bien.</p>
<p>Habían pasado menos de cinco minutos y el trámite había finalizado. No hubo duelo sobre un volcán de lava ardiente para reclamar las visas, ni tener que mendigar por una visa. Vini, Vidi, Vinci. Al mejor estilo de Julio César. Vinieron, vieron, y vencieron.</p>
<p>Se fueron de ahí, uno confió al otro el pasaporte para safekeeping, y discutieron últimos detalles, en realidad sintiéndose ambos más del otro lado del charco que de este.</p>
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		<title>En la Embajada Rusa, Acto II</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Oct 2008 06:03:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Anteriormente nuestro héroe había dejado atrás la embajada rusa antes de la hora sin sombra (el mediodía para los que no están versados en metáforas) después de un intento fallido de obtener la visa. Zune en mano, audífonos en oreja y caminando por Barrio Dent en rumbo a un almuerzo menos que apetitoso nuestro héroe [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Anteriormente nuestro héroe había dejado atrás la embajada rusa antes de la hora sin sombra (el mediodía para los que no están versados en metáforas) después de un intento fallido de obtener la visa.</p>
<p>Zune en mano, audífonos en oreja y caminando por Barrio Dent en rumbo a un almuerzo menos que apetitoso nuestro héroe empezaba a reformular su día.</p>
<p>Pasaron las horas. El sol cruzó el cénit, enrumbado hacia el ocaso y nuestro protagonista de forma poco productiva pasó su día entre conversaciones y charlas (entre lo aleatorio y lo real) hasta que llegó de nuevo la hora de repetir la peregrinación.</p>
<p>Nuevamente abordó la buseta. Tomó un asiento cerca de la puerta (esperó que no subiera otra Ciudadana de Petróleo a la cual le debiera ceder su asiento) y tal como horas antes la buseta impacientemente hizo la parada solicitada y nuestro héroe, con sabor de refrito recorría los cincuenta metros de acera, dobló la esquina, intercambió una mirada de reconocimiento con el oficial de la Fuerza Pública que vigila y tocó el timbre.</p>
<p>Miró fijamente a través de las rejas, de la máquina de detección de metales, de las otras rejas, y veía las puertas abiertas que daban a una sala de espera que contrastaba fuertemente con el exterior del edificio.</p>
<p>Búnker por fuera, Minikremlin por dentro. Nuestro héroe esperaba que las puertas se abrieran de par en par, que una legión de rusos, no diferentes al que le había hablado por las rejas en la mañana le dieran la bienvenida y con prontitud recibieran sus papeles y le  felicitaran por sus deseo y curiosidad de querer visitar esa gran nación.</p>
<p>Nadié se asomó. El policía, con un tinte de ironía en su arrugada sonrisa se acercó a nuestro héroe. Creo que ya hoy no están atendiendo más, a unas señoras las devolvieron hace poco. ¿No las vio cuando venían? ¿Anda usted todo?</p>
<p>El protagonista sintió de nuevo cómo su espíritu decaía. En un rótulo se explicaban los diferentes requisitos, los enumeraba y se dio cuenta de que le hacían falta la cuádruple repetición de su propia imagen en papel fotográficoreducido. Aunque estuviesen atendiendo gente, no recibirían sus papeles porque no andaba las cuatro fotos tamaño pasaporte.</p>
<p>Agradeció al policía, con una pizca sinceridad y con más de una onza de desgano, esa ayuda habría sido mejor recibida temprano. Pero ya todo había pasado y nuevamente había fallado, había vuelto con las manos llenas, aun traía paseando su pasaporte y su invitación, no había podido dejarlo procesando la visa.</p>
<p>Quedaría para la tercera visita. La vencida. A la cual no irá solo. Esta es solo la segunda parte, faltan más. Eso se decía nuestro héroe mientras volvía sobre sus pasos a la Universidad, a esperar a su hermana, a darle un regalo de Feliz Cumpleaños. (Sip mi hermana cumplió 16 años).</p>
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