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	<title>Julián, su blog &#187; gente molesta</title>
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		<title>Animal Instinct</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Sep 2010 06:04:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barrabasadas]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Diré que no miento. Todo lo que refiera es cierto, también es falaz, pero primordialmente es cierto. Soy parte de una larga tradición de hombres que refieren con asombro lo que descubren en tierras desconocidas, o más bien, tierras bien conocidas. Es difícil ya poder decir que hay algún lugar terrible y misterioso donde puedan habitar criaturas como las que mencionaré a continuación. Es por eso que más bien no me toca a mí hablar de los habitantes de la luna, ni de las minúsculas islas del Pacífico sino de algo más desconocido: los parajes cotidianos, la calle de la iglesia, la parada de bus, la acera por la escuela. </p>
<p align="justify">Sé que en algún momento mi infancia fue aniquilada por Dalí. No por los temas, no por el surrealismo, al fin y al cabo era un niño nomás, tan incapaz de entender el arte o los sueños como lo sigo siendo. But that is beside the point. No, fueron sus elefantes. Grandes, enormes, robustos, regordetes, pero. Pero. ¡Con esas patitas! Esas patas de insecto, tan alargadas, tan imposibles. El elefante se tambalearía y caería, era yo un niño y no entendía, el elefante se quebraría todo, pero en los cuadros parecían caminar, San Antonio&#160; y yo tan aterrados por ellos, esos elefantes que desde entonces he visto también en esculturas y otros cuadros. Esos elefantes que también he visto en calles cualquieras. Únicamente no eran grises, ni andaban en cuatro patas. En dos patas, robustas y negras, sostenidas sobre agujas, caminando para tambalearse, lentamente, con la prepotencia y rabia de un elefante africano. Un macizo deambulante. La acera es estrecha. La Dalifante va por el centro, se mueve al azar tratando de evitar los inevitables camanances en el cemento. Quiero pasar, no se mueve, parsimoniosamente marcha toc toc suenan sus pezuñas de aguja. Quiero, pasar. A la calle qué diablos. </p>
<p align="justify">Quien se detenga y vea al cielo podrá fácilmente divisar –si tiene suerte- un grupo de aves migratorias. Algunas vuelan sin particular orden, otras volarán precisas, dándole dolores de cabeza a los investigadores que busquen explicar eso. Una de las más comunes es aquella que se denomina comúnmente como la formación en v. El esquema es obvio, la forma sugerida como una V también podría remitir a la cabeza de una flecha. Es posible, en las cercanías de las escuelas, descubrir esta formación también en un tipo particular de bestia terrestre. Digamos que son del tamaño de avestruces. La población es casi homogénea, el grupo está compuesto de crías pero son lideradas por una criatura de mayor edad que ocupa el lugar en el vértice de la V. La bestia del vértice, extiende sus dos extremidades, con ellas se aferra a dos crías que también han extendido sus extremidades. De cada cría es posible que se aferren otras crías, siempre creciendo de forma simétrica hacia ambos lados. En el centro la madre o nodriza grazna, ladra y chilla a las crías a su cargo, como un avestruz, pero también como un búho gira su cabeza en los trescientossesenta grados cuando tiene que descender de una acera para cruzar a la otra. Cruza ella primero y hala a las crías que parecen colgar de sus extremidades. Si tiene suerte podrá ver estas madres migratorias sin necesidad de elevar la mirada. Si no tiene suerte verá esta formación caminando delante suyo sobre las aceras cerca de las escuelas. </p>
<p align="justify">Decía algún vejete degenerado, seguro griego, que existe tal cosa como la mímesis. Quien vea a Mc Hammer dirá que no es más que la imitación del cangrejo. Debo profundizar al respecto. Sí, Mc Hammer lo imita, intencionalmente. Es mil veces más enriquecedor ver ese comportamiento como una segunda naturaleza, una aprehensión total de la lateralidad. En alguna de las tenazas portan el infaltable celular, en la otra pues el paraguas, la bolsa del súper o quién sabe qué. Por el celular escucha los chirridos y sonidos de su especie, ante lo cual entra en un estado de desconcierto total. Camina lateralmente. Va de un lado a otro, ora sostiene en alto el teléfono, ora mueve la cabeza buscando congéneres. Normalmente esto no tiene nada de malo, en una plaza amplia, vacía no estorba a nadie. En una calle peatonal estrecha, donde la gente va en dos sentidos (el sentido propio, y el de la gente que viene contra uno) la intromisión lateral puede conducir a un empujón no intencional y eso en un efecto similar al de bolas de billar que se empujan, bolas de billar como átomos en plena fisión. Boom. Cangrejos desorientados, sin avanzar pendulando esperando ser encontrados. Obstáculos y no caminantes. </p>
<p align="justify">Sé que en lugares mejores se efectúan simulaciones de flujos con programas de cómputo, otros menos confiados de lo tecnológico han llegado a demostrar que el tránsito se comporta como hojuelas en aguas. Se basan en las unidades, cosas simples, no conciben lo terrible de algo amorfo, de un conglomerado. Imaginen ustedes -los que andan en carro- qué terrible sería que de repente en un semáforo a un bus se le soldara otro y siguiera el camino entero delante de ustedes. El águila bicéfala en el este de Europa es un símbolo de poder, donde yo lo he visto es una criatura terrible, impasable. Como algo quasi-mitológico se trata de una coincidentia oppositorum, opuestos juntos, puede ser un hombre y una mujer, vejez y juventud, etc. Lo importante es su naturaleza bicéfala puesto que actúan como un solo cuerpo con dos cabezas. Uno al lado del otro. Llenando con todo su amor la amplitud escasa de la acera. Es flexible también, porque no sería tan molesto el ser bicéfalo si no se extendiera, pero no, se mantienen juntos, a veces parece que están a punto de hacer mitosis, puesto que sólo el extremo de sus extremidades los mantiene fusionados. Esta es la oportunidad para pasar, a veces no hay otro remedio que tratar de separarlos, en no pocas ocasiones más bien acaban por crear un arco, como uno de esos juegos de escuela y uno pasa por debajo y todo es muy ridículo. A veces yo mismo actúo bicéfalamente, pero no, nunca así, nunca con ese tortuguismo mortal, algo me obliga a la consideración, a la fila india si es del caso, pero no, no el conglomerado atado dactilarmente como el nudo gordiano. </p>
<p align="justify">Son muchos más los ejemplos, muchas más las páginas que podrían llenar un bestiario, de esos medievales que transpiran algo de lo antiguo y lo colorean con sus colores y dorados. Me dicen aquellos que manejan su automóvil que en la calle sólo hay bestias, no lo niego; pero no entienden que en las aceras van las peores, tal vez más transparentes, porque nadie muere si es atropellado por la gorda taconuda, la tipa que avanza con media docena de niños como golondrina no causa una presa de horas y el tipo que te sale de la nada te pega un empujón y ya y la pareja estorbosa eventualmente se estrecha y uno puede pasar. La magnitud del daño es menor, el error es más grave, sí: en la acera –diría uno- no hay reglas de cómo moverse, se puede andar como un salmón, o errático, un zig zag de hormiga, no, no, no, sí hay una regla: saber dar espacio, caminar rápido, ágil, no estorbar, nada se gana aletargándose en la acera, andando como si cada paso fuera sobre una alfombra ilusoria y roja sobre la que los engañados caminan, esa regla olvidada le da sentido a mi catálogo. Termino entonces, satisfecho de haber contado de estas míticas criaturas, de haber instruido y resaltado sus características, no hay von Humboldt ni Darwin que las puedan explicar, yo me satisfaré de haber contado cosas ciertas.</p>
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		<title>Torture Me</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Nov 2009 03:06:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Punzocortadas]]></category>
		<category><![CDATA[desesperación]]></category>
		<category><![CDATA[gente molesta]]></category>
		<category><![CDATA[mujer pola]]></category>
		<category><![CDATA[trámite]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Soy quisquilloso, no bueno, no, tal vez sea que me desespere, pero no, tampoco, más bien es algo como ser un amargado, pero aun así, a la palabra le sobra fuerza, tal vez sea cosa de ser un insoportable, reprimido, sí, insoportable al fin. Tal vez la habitual mueca, el extremo del labio que se desplaza hacia la mejilla, la boca, cerrada, halada, horizontal, larga, con esa expresión de angustia levemente muppetiana, esa expresión de Rana René acongojada, tal vez sea esa la expresión que resuma mi state of mind. Víctima de esa incómoda tortura –inevitable- de coexistir con gente molesta en el mundo. </p>
<p>La tipa (porque decirle ‘señora’ habría sido un insulto para madres, esposas y demás en el mundo) me llamó la atención desde que me puse en la fila, ella estaba como seis personas por delante, su simple atuendo fue alarmante, es de esas que andan con una camiseta de la Sele que compró en un cruce de calle o una rotonda, la llevaba –a pesar de sus 40 años (o más)- amarrada para revelar un ombligo gris en una piel sin vigor, andaba el mangano rosado, pijamoso a más no poder, combinación de chuicas para pasar el palo-piso en la privacidad de la casa, no para pavonearse por la Oficina de Registro de la UCR con un lapicero BIC, una hoja llena de garabatos que habrán sido respuestas de algún funcionario en una oficina que sin duda alguna habrá agradecido a los dioses en el momento que la mujer se fuera y esas pulseras de pelotas plásticas sacadas de un bazar. <em>In a nutshell</em>, era para todo efecto y prejuicio práctico y superficial una pola. [Júzguenme superficial, prejuicioso, pero creo que todo mundo entenderá a la perfección esa sensación de ver a alguien discordante, un elemento foráneo que –casi que intencionalmente- hace manifiesto que no pertence ni encaja ahí, y por tanto sólo va a venir a causar enredos]</p>
<p>La tipa era prepotente, tenía el orgullo herido por el fracaso de una pesquisa telefónica que la había hecho venir hasta ahí <strong>desde Moravia</strong>. [Quien no esté familiarizado con la geografía josefina, la distancia entre Moravia y la Universidad de Costa Rica es comparable únicamente a la distancia entre el puerto de Shanghai y la ciudad de Constantinopla, jornadas enteras a través de peligrosos parajes llenos de bandoleros e infieles. A lo sumo 10 minutos en carro, unos 25 en bus.] Todo su carácter quedó en claro en los primeros 20 segundos de conversación: “Señorita yo intenté hacer esto por teléfono y no me atendieron. En cambio en la UNA sí me atendieron bien”. Ahí inició su larga letanía, a la cual le puse atención por natural curiosidad mientras se evaporaba la demás gente en la fila y yo quedaba en pole position. Finalmente yo pasé a otra ventanilla, de dónde fui remitido con cierta cara de apología hacia la ventanilla donde aun estaba anclada en sus peroratas la mujer de pelo corto, ombligo pelado y amplias necesades. </p>
<p>Puse atención a toda la conversación, pero no podría reproducirla en su totalidad. Como introducción baste decir que la mujer, era la orgullosa madre de una muchacha que sacó 527 puntos en el examen de la U, algo así. Luego su preocupación de madre la había traído ahí. <em>[Aunque si la perenceja está en el colegio al colegio iba a llegar la información]</em>,&#160; “Mi hija toda su vida ha querido estudiar Ingeniería en Sistemas y yo quiero saber qué puntaje es necesario para entrar”. La muchacha servicial, trató de explicar el sistema de cortes de la U, la mujer estaba empecinada en no entender cómo no podían tenerlo de antemano, a pesar de que reconocía que era primero necesario efectuar el concurso. Habló y habló. Dimes y diretes. Pendulaciones conversacionales. La fila se hacía más larga, porque una ventanilla había sido secuestrada por esa mujer, yo escuchaba su historia porque la muchacha que podía responder a mi duda era embestida por falsas cortesías “¿y en toda su experiencia aquí qué me recomienda?” con el backhand de la grosería “¡ah pero usted no me está ayudando!”, del insulto prepotente “&#8217;yo no estoy aquí para que alguien que no sepa me haga perder el tiempo”, naturalmente ella tan importante, tan preocupada por la “hija que merece tanto más que esta universidad tan desordenada”, pero siempre siempre la alusión “a computación que es lo que siempre quiso” hasta que surgió el asunto de estudiar Económicas y pues “economía es lo que siempre quiso”. Ahí estuve a punto de interceder de enjachar a la señora a quemarropa, con cinismo decirle que la muchachita está huevoncita, que si quiere entrar a la U a compu o a lo que sea que lo haga ella. Me contuve, más porque era absurdo el diálogo y lo absurdo me entretiene. Es como una improvisación de Robin Williams. Pointless. Fatua. Ahí seguía, disculpando por absorber el tiempo de la muchacha de la ventanilla [¿y el del resto de la fila qué?]. Yo esparaba, torturado suavemente por el tedio de lo absurdo cuando se inicia a tomar en serio, Y la mujer seguía sin entender que la hija con esa nota no iba a entrar a compu, la muchacha detrás de la ventanilla defendía la posición de la U y trataba de contener su frustración. Cuestiones de elegibilidad, de dos opciones, de terceras semanas de enero, de cortes como indicadores, pero que no son ni garantía ni obstáculo. ¡au! En medio de algún suspiro bufado creo que la mujer comprendió que ahí no habría de poder hacer que si preciada chiquita que merece más que ser una adminstradora como su tía, tío, primo y quién sabe qué, y que ella como madre quería que estudiara computación y… y se fue. Dijo algo poco cortés, quejándose de la ineficiencia y se fue. </p>
<p>Como un barrido de las escobillas en el parabrisas, me prestidigité ante la escobilla; compartí una sonrisa de complicidad de la muchacha, los ojos rodados, el suave agitar de la cabeza, y luego el buenas tardes, mi pregunta, su respuesta, mi encoger de hombros, su disculpa, como un juego de gato, ágil, di las gracias, me recordó fechas, le volví a agradecer y comenté que al menos no había absorbido tanto de su tiempo no lo pude evitar, la frustración ajena se me salía por las orejas, ella río, dijo algo de cortes de notas y mis cosas en enero. </p>
<p>Me fui caminando. Lento. No tenía la verdad nada que venir a hacer. Pensando en esa mujer que es una caricatura de sí misma y de todo lo demás, arquetipo de lo molesto, de la gente que cree ciegamente que hablando consiguen su cometido, cansando a la gente, haciéndose (o siendo llanamente) imbéciles categóricos, innecesaria ella, asumiendo responsabilidades ajenas, queriendo cosas a su voluntad, malacrianza existencial. Secretamente confieso que a veces el 2012 se me hace muy distante. </p>
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