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	<title>Julián, su blog &#187; julian astorga</title>
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		<title>Dancing With Myself</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Jan 2010 17:01:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>No sé en qué momento me percaté que él estaba ahí. Varios asientos delante de mí, del lado izquierdo del cetáceo bus apoyado a la ventana por la cual se escurría el paisaje mitológico mitad-rural, mitad-urbano que carecteriza inequívocamente el viaje a San José. No sé por qué me fijé en él. Yo leía un libro de Cortázar y en una vez finalizado una de sus narrativas levanté la mirada en consecuencia a un reflejo epifánico de masticar a la vez las últimas palabras, recordar el título del cuento y resistir la tentación de buscar en el texto cuándo fue que la trama se contorsionó, en qué malabar semántico el viejo zorro argentino se me escurrió, me adelantó y me dejó como a Aquiles persiguiendo tortuga ideológica. En esa sonrisa intelectual burdamente comprimida en un intérvalo de imprecisa cronografía lo vi y lo comencé a analizar. Le veía sólo la espalda, pero supe de inmediato que leía. </p>
<p>Confieso que en ese momento no reconocí en él nada particular, no vi nada familiar. La contextura delgada y el alborotado cabello no tienen nada realmente extraordinario, en ese momento me dejé llevar por una fuga de optimismo en medio del cinismo de cada día y noté lo verdaderamente singular que me resulta descubrir a otra persona leer en un bus, al menos en el mío en el que las bolsas plásticas hediondas a pollo o los rítmicos jadeos camuflados como música son harto más comunes. </p>
<p>Me volví a sumergir en Cortázar. En menos tiempo del que creí ya veía por la ventana el Registro Civil, el paseo de Damas que se agotaba y tres párrafos por leer aun para terminar otro cuento y esa rápida duda si cerrar el libro y dejar esos tres párrafos que me carcoman mientras busco dónde terminarlos o leerlos en el bus luchar contra la presión de leer rápido para no perder una palabra luego finalmente&#160; decidir que me da tiempo e ignorar la visión del parallax sobre el Morazán y rosado burdel camuflado como hotel a la izquierda y sí leer. Ignoré el movimiento normal de la gente que anticipa la salida y me concentré en disfrutar ese momento en que el autor le clava a uno las espuelas para llegar al final del cuento en ese ritmo vertiginoso de un ovillo de lana que se enreda y pronto todo se va entendiendo pero a la vez no. </p>
<p>Terminé. El bus llevaba un par de minutos detenidos y ya casi todo mundo había descendido, quedaban las viejecitas paciente que preferían bajarse de últimas en vez de someterse a la agresiva cortesía de quiénes les daban espacio para bajarlas más rápido como un ganado milenario y ancestral. También estaba él. Él, quien parecía replicar mis movimientos al hacer desaparecer su libro en su bolso con la presteza y agilidad con la que un espadachín envaina su espada después de hacer gala de su arte, elegancia y presteza. Se puso de pie, al mismo tiempo que yo, avanzó hacia la puerta, hacia ese punto de escape a medio camino entre él y yo. Cara a cara nos vimos. Él tal vez no me vio. Era más viejo y yo le parecí un transeúnte más. Yo me quedé pasmado. Me detuve. Él balbuceó un <em>con permiso</em> y salió, detrás de él se escurrieron las viejitas más hábilmente que lo que yo esperaba y por la puerta de adelante el chofer del autobús ya le cobraba a los nuevos pasajeros. Y yo seguía incrédulo ahí, pero a la vez bajando las gradas y siguiendo el cordón de la acera para doblar una esquina, pero aun seguía detenido en el bus, maldiciendo a Cortázar, pues sólo ese cronopio atrapado entre tintas y papeles podría ser capaz de embrujarme a partir de un cuento insólito, hacerme desconfiar de la lógica de este mundo ordinario y recurrir a la imaginación por explicaciones. </p>
<p>Él, el otro hombre que leía en el autobús y que me vio a la cara, él, él no era otro, porque era yo; tenía una buena decena de años más, la moda era otra así como la forma de peinarse o la decisión de dejarse crecer un bigote. Sus ojos eran los mismos, la cara de distracción aparente, la mente jugando a tirar el avioncito de papel cada vez más lejos hasta que el avión se vaya donde no se pueda alcanzar y que simplemente queda volver a la realidad y hacerse otro avioncito con lo que se ve. Perplejo yo evadía los tumultos de la Avenida Central y aun visualizaba el momento en el bus. El encuentro, el pequeño baile de gente que se disputa el derecho de salida, los ojos, la mirada, el libro, las manos, el <em>con permiso </em>y <em>gracias</em> tan mío, tan en otra boca. Yo caminaba y ya mi mente se quería distraer en las conversaciones que flotan en los semáforos peatonales. La muchacha que dicta cátedra sobre los rituales de apareamiento entre brasileños y su comprobación práctica, el tipejo de sonrisa esquiva cuya mirada fija se perdía buscando Canaán debajo de esa falda blanca prohibida y distante que no vería nunca jamás. </p>
<p>Yo seguía un rumbo equívoco a un café mocachino (¿y por qué no también?) un arreglado que tal vez fuera de jamón o pollo o un cangrejo. Pero pensaba en Borges, ese otro magnífico argentino que también tuvo un encuentro a la vez real y a la vez sueño de una fecha imposible. Pensé en la Ciencia Ficción, en los viajes en el tiempo qué deseché como explicación pues el baladí encuentro consigo mismo en un autobús no amerita el rasgado de las fibras del tiempo. Doppelgänger o alterego o tal vez, Fata Morgana, pero seguía dándole vueltas a explicaciones, daba vueltas a la cucharilla en el café y el azúcar que se disolvía y que sabría que no iba a tener respuesta que más bien todo lo habría imaginado para jugar conmigo mismo mientras esperaba en ese café y ya el juego se me agotaba y extraje de una vez el libro de Cortázar de nuevo, pero que no dejaba de verlo sin abrir con una mirada de sospecha. Caja de pandora de imaginaciones, fantasías y magia. Decidido a no olvidar el episodio saqué el bolígrafo y el cuaderno que siempre ando y escribí esto, pausando a veces para recordar, porque ya el azúcar se me disolvía y veía por la ventana a los pasantes que nunca veían para arriba y terminé de escribir, y pensé en encuentro improbables al cerrar el cuaderno y abrir la página doscientes dos y agradecí a Cortázar, agradecí de lo más profundo de mi ser, por enseñarme a ser un cronopio.</p>
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		<title>Death and All His Friends</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Nov 2009 04:37:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<category><![CDATA[julian astorga]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Trago saliva, más porque es un gesto de alguien quien duda mucho en qué escribir. Dos días atrás escribir de la muerte habría sido totalmente diferente. Dos días atrás Muerte era sinónimo de cempaxóchitles, esas flores naranja omnipresentes en panteones y altares de muertos, en esa Oaxaca colorida que celebraba la muerte, en ese Xoxocotlán [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Trago saliva, más porque es un gesto de alguien quien duda mucho en qué escribir. Dos días atrás escribir de la muerte habría sido totalmente diferente. Dos días atrás Muerte era sinónimo de cempaxóchitles, esas flores naranja omnipresentes en panteones y altares de muertos, en esa Oaxaca colorida que celebraba la muerte, en ese Xoxocotlán con Mariachis y gente que cocinaba en las tumbas y donde las nubes de algodón de azúcar llevaban esa dulce atmósfera sobre el cementerio, en esa Etla de lentas comparsas y donde la Catrina iba con una calaca Mariachi, junto a otras figuras tan coquetas ante los lentes fotográficos. En ese atiborrado Cementerio de la Ciudad de Oaxaca donde la gente rendía sus tributos a sus muertos. Había sido un viaje para conocer esa muerte que se celebra, que incluso se venera como una santa. </p>
<p>Trago saliva y frunzo el ceño, el gesto se complica tal vez porque no sé aun cómo hablar de esa otra muerte que es más real. De esa que me hace garabatear en el teclado, escribir una cosa y borrarla porque sé que lo que aquí escribo alguien lee. Las siguientes oraciones han sido escritas y reescritas varias veces, justamente por eso, porque trato de decidir que poner y lo único que vuelve a mí es una frase que vi en algún altar, en alguna Catrina, en algún tapete o quién sabe dónde. “Pa’morir vivimos”. En algún momento pensé en el juego de palabras obligatorio, “pa’vivir morimos”, pero vuelvo al original, a la muerte como un final, una transición, no más ni menos, el luto es de los que quedan y no de todos, existe el alivio de que acabe el sufrimiento, igual hay tristeza y esa piedra en el pecho, ese nudo en la garganta y esa pausa en todo lo que escribo. </p>
<p>Hoy murió mi abuela paterna. Hoy recuerdo mis domingos de niño en Alajuela. Recuerdo a mi abuela y a mi abuelo juntos, son las imágenes que vienen a mí, la de abuelitos juntos y no la de la viuda de los últimos años. La recuerdo, mi abuela de nombre curiosamente árabe y apellido hanseáticamente germano. Sus ojos azules, su sonrisa, sus historias de chiquilladas de mi padre. Ya no trago saliva, ni revoloteo en pensamientos, sonrío con cierta serenidad. </p>
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		<title>New York State of Mind</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Sep 2009 11:38:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Viajes. Viajes que inician. Que inician desde la noche que se empaca, pero más aun en este momento, en este instante en que se está ante la Puerta 10 del Juan Santamaría, después de haber sido revisado, de que se percataran que no ando materiales explosivos ni nada de eso, que solo soy un turista, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Viajes. Viajes que inician. Que inician desde la noche que se empaca, pero más aun en este momento, en este instante en que se está ante la Puerta 10 del Juan Santamaría, después de haber sido revisado, de que se percataran que no ando materiales explosivos ni nada de eso, que solo soy un turista, con su laptop, con su pasaporte, con sus amigos. </p>
<p>Este es un viaje paréntesis, un momento intermedio, antes hay clases de Literatura Latina y Sánscrito y estarán después de este viaje, es un fin de semana, pequeña grieta en la rutina existencial, es por eso que tal vez sea Nueva York el destino indicado (y el DC, y U2 y Muse), ese lugar que es vibrante y dinámico, y que tiene cómo vivirse así acelerado, rápido. </p>
<p>Nos vemos, ci vediamo. Pronto volveré. Pronto, también, volveré a estar escribiendo cosas desde aquí desde esta sala pequeña, pero que siempre es estar en el marco de una puerta, sonriendo, yendo hacia el mundo para volver con sonrisa de nuevo. </p>
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		<title>Stranger in a strange land</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Jul 2009 19:18:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<category><![CDATA[costa rica]]></category>
		<category><![CDATA[julian astorga]]></category>
		<category><![CDATA[nacionalidad]]></category>

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		<description><![CDATA[“GET THE FUCK OUT OF HERE, GRINGO”, mal pronunciado se escuchó ese gritó detrás de la Casa Amarilla, con esa entonación que solo se podría definir como una escupa en la cara, con esa expresión que porta un xenófobo. Irónico, ¿no?, que fuera ahí, tan a la vista de ese pedazo de Berlín ‘wiedervereinigt’ que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“GET THE FUCK OUT OF HERE, GRINGO”, mal pronunciado se escuchó ese gritó detrás de la Casa Amarilla, con esa entonación que solo se podría definir como una escupa en la cara, con esa expresión que porta un xenófobo. Irónico, ¿no?, que fuera ahí, tan a la vista de ese pedazo de Berlín ‘wiedervereinigt’ que está ahí porque algún presidente lo consideró un memento digno de un país tolerante, que da la bienvenida a todo tipo de personas. Ridículo, ¿no? que en realidad el ‘Gringo’ que se debe ir, aparentemente era yo. </p>
<p>Fue con cara de incredulidad que volví a ver a mis dos acompañantes, por un momento dudé de lo que el caminante había dicho, luego la confirmación extrañada de ambas, sí, sí, alguien me creyó extranjero y me hizo echado de mi propia patria. Por un momentó pensé en gritarle algo de vuelta, pero igual ya el desaparecía detrás de una esquina y no sabría qué decir. Debería decir Tshes Yíos, como tuve que detallar mi domicilio en el ICE para que me creyeran que no era un foráneo que hablara muy buen español, debía darle la receta típica de la olla de carne de mi abuelo, o detallar el árbol genealógico de mi familia para revelar que sí, soy tico, con genes de Taras, de Atenas, de San José Centro, con apellidos que han perdido su europeídad hace mucho. </p>
<p>Al rato se olvidó el incidente, una loquera de esas que uno oye en San José, imagino que a las mujeres les pasará igual con los piropos de constru, mejor no darles mayor importancia, pero aún así, hay algo que me carcome, ese no-tiquismo aparentemente evidente. Me ha pasado, que en Rusia me han hablado en ruso creyéndome un local, igual en Turquía, en Italia, en Alemania, en España, en todos esos me he podido camuflar, pasar por un local, un nativo, pero aquí… Aquí caminando, haciendo filas, o simplemente por el hecho de ser puntual, termino no siendo lo que mi cédula y pasaporte dicen, aquí, no soy tico. </p>
<div style="float: right; margin-left: 10px;"><a href="http://twitter.com/share?url=http://julianastorga.com/2009/07/stranger-in-a-strange-land/&via=Katagelon&text=Stranger in a strange land&related=:&lang=en&count=horizontal" class="twitter-share-button">Tweet</a><script type="text/javascript" src="http://platform.twitter.com/widgets.js"></script></div>]]></content:encoded>
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		<title>Close Encounters of the Third Kind</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Apr 2009 01:33:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barrabasadas]]></category>
		<category><![CDATA[encuentros random]]></category>
		<category><![CDATA[entrevista]]></category>
		<category><![CDATA[jueves]]></category>
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		<category><![CDATA[trabajo]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay días monótonos, no, en realidad no monótonos, esa palabra no es, sino días, pues, normales. No es una normalidad igual que la normalidad de alguien que trabaje, o alguien que estudie derecho o medicina, son los días normales de un apostático graduado en informática con ínfulas de filólogo clásico. Mi normalidad, entonces, son esos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay días monótonos, no, en realidad no monótonos, esa palabra no es, sino días, pues, normales. No es una normalidad igual que la normalidad de alguien que trabaje, o alguien que estudie derecho o medicina, son los días normales de un <a title="Julián el Apóstata" href="http://www.wordreference.com/definicion/ap%F3stata" target="_blank">apostático</a> graduado en informática con ínfulas de filólogo clásico. Mi normalidad, entonces, son esos días de lenguas muertas en la mañana y socialización en la tarde, zacatales y sombras, sushis y kebabs, olafos y vagancia. (Bref, lo que no hice en años anteriores). </p>
<p>Cualquier rutina, cualquier pastoral existencia universitaria es sumamente frágil, pues como un relámpago en una tarde soleada, o <a href="http://www.nacion.com/ln_ee/2009/abril/01/pais1924148.html" target="_blank">un aguacero en el primer día de abril</a>, un evento único puede perturbar y alterar sustancialmente esa forma de ser. En mi caso fue la aparente insistencia con la que mi voluntad fue socavada, alterada y confundida hasta el punto de acceder a una entrevista de trabajo. Ese prospecto laboral, anclado con firmeza el día jueves creo que rasgó las fibras del universo para conjurar encuentros de todo tipo. </p>
<p>La mañana fue corriente, levantarme, apagar el despertador y disfrutar de esos cinco (sí, quince, lo confieso) minutos más cobijado por la noción de que me tengo que levantar que me hace agarrar las almohadas con más fuerza como si se pudiesen exprimir sueños de ellas. Seguir después del baño con el ritual matutino de ponerse los ojos, aromatizarse, vestirse, prestidigitar un ínfimo desayuno e ir a la parada, esperar como un tonto en el sol e ir a clases de griego. El profesor llega tarde, yo voy a hablar por teléfono, llega el profe, empezamos a leer, a repetir, a leer, a repetir, intermezzo gramatical y luego más lectura y repetición. Luego, por fin, hay que irse. Y sé que no voy a mi casa, ni voy a quedarme a buscar caras amigables en la universidad. </p>
<p>Debía llegar al cabo de una hora a Ultrapark en La Aurora de Heredia, desde antes ya había planificado mi ruta, el bus de Alajuela, el Real Cariari, de ahí Taxi (para no caminar bajo el sol) y ya. La entrevista vendría después, primero tenía que llegar. </p>
<p>El bus de Alajuela estaba donde siempre está, tomé asiento, encontré, o fui encontrado por un co-computín, en lo que se podría llamar el primero entre muchos encuentros aleatorios de ese día, entre chistes y sandeces llegó la hora de bajarme. Salí del bus: estaba en Real Cariari. Llevaba buen tiempo y mi tripa me sugirió ir a comer. Con tiempo limitado pensé que lo más fácil sería ir directo al McDo y comprarme lo más elemental y universal en existencia, un Big Mac y una Coca. (El cepillo de dientes y la pasta en mi bulto me tranquilizaban, sé que no habría de llegar con mal aliento ni nada). </p>
<p>Entré al antro capitalista. Esperé rapidez y eficacia, calculaba un tiempo de servicio mínimo me llevé una gran decepción: todo el personal estaba distraído. ¿Por qué? Wálter ‘Paté’ Centeno y Celso Borges estaban pidiendo no sé cuántas hamburguesas, las aurinegras empleadas del local les pedían fotos con el celular, el guarda felicitaba el juego y el gol de la noche antes, todos los comensales tímidamente dividían su atención entre las papitas y los ídolos futboleros. Yo quería que me atendieran, quería mi hamburguesa, quería algo para rellenar la tripa. Una cajera me atendió con cierta resignación y desprecio, pues yo era sólamente un cliente normal, no era ningún seleccionado de Costa Rica. </p>
<p>Me dieron mi hamburguesa y la engullí, entre la presión del reloj y el desprecio hacia los dos jugadores en pleno exhibicionismo. (Sí, porque no veo sentido que lleguen en carro, compren la comida para llevar y se vayan… Para eso existe el Auto-Mac, ¿o no?). Este fue el segundo encuentro random y uno que no quería tener. </p>
<p>Dientes lavados, tripa calmada, taxi abordado. Ya estaba en un curso de colisión con mi destino, con la entrevista, primera en toda mi vida. Llegué y esperé, me pasaron a un cuartucho, me entrevistaron, me enfrentaron a mi currículum, indagaron sobre mi alemanosidad formativa, luego we switched to english to test my language skills, which do not need to be perfect, just adequate, then back again to spanish, chatting sobre la vida. Por momentos los roles de entrevistado y entrevistadora se invirtieron por medio de algún conjuro que no identifiqué. Luego un examen de aptitudes lingüísticas (un examen de inglés más fácil que aquellos de Mrs. Bruce en Sexto Grado) y finalmente un interviú técnico con el monigote técnico residente. El tiempo pasó, las preguntas se respondieron ya era hora de irme. </p>
<p>Me encontré con Alejandro en el menos aleatorio de los encuentros del día, hablamos de la vida, de las vidas ajenas y ya luego me fui. (Aunque intenté convocar a Axel su celular no me quiso contestar). Caminé de vuelta hacia Real Cariari, con la intención de cruzar el puente y enTuasarme de vuelta a la Capital. Caminaba por la Radial liberado, tranquilizado después de la entrevista, empujado por el viento y sintiéndome liviano, alegre y feliz. Entré a Real, observé su geografía y bajé (quería ir al MegaSuper –y no no tengo ni quiero Tarjeta Mayorista- a comprarme un fresco). Al final de las gradas, el instante de reconocimiento mutuo, una cara de mis tiempos de colegio que creí que estaba al menos a un océano de distancia. De nuevo saludos, los discursos de mutuo esclarecimiento de vida profesional, el qué hacés acá, cómo te vá, qué estás haciendo, luego la partida, el qué bueno verte, qué vacilón encontrarse así, chao y pura vida. El encuentro más raro del día, el más inesperado. </p>
<p>900 ml de té frío y un bus de Tuasa después llegué a San José, caminé por el bulevar, negué cortés y cortantemente papeles y tenis nuevas. Me fui en el ‘Bluebird’ (otrora buseta) de Barrio Escalante para ir a la U. Junté un mandado de mi madre e iba de camino a su oficina cuando en medio del parqueo de Ingeniería (entre los toldos de la EXPO UCR) el siguiente encuentro random me esperaba, con Elena fui a dar al pretil, a hablar paja, a acordar una birrita ahora después, fui donde mi madre y le dejé su encargo, le ayudé con un par de cosas más, me fui. Directo a Caccio’s a tomar esa bien merecida cerveza colorizada y michelada en jarra. </p>
<p>Ahí, entre birras y codazos de la rusa (que no sabe aceptar un buen chiste) transcurre el último de los encuentros (encuentro que admito le daba una relativamente alta probabilidad de que ocurriese) (y también admito que mi despiste es considerable). Un saludo y una felicitación/pésame (cosa relativa que depende si llegar a tener trabajo sea bueno o malo) le dieron tema a ese encuentro. </p>
<p>Al cabo de varias cervezas, me fui a mi casa y caminando por mi barrio me senté a meditar en el parquecito, arropado por el silencio de un play cuando no hay niños, sobre trabajos, sobre la vida, (y <a href="http://www.schopenhauer-web.org/textos/El_amor_las_mujeres_y_%20la_%20muerte.pdf" target="_blank">el amor, las mujeres y la muerte</a>, para jugar a ser Schopenhauer también). En las banquitas, (colgado como Odín) en el pasamanos o en una hamaca me sorprendió la medianoche (me sorprendieron también un perro que es paseado a esa hora y además uno que otro etilómano). Ya después llegué a mi casa y aun sin sueño me dejé arrullar por historias a través del espejo (del vidrio-para-ver, o el vidrio-vidente).</p>
<div style="float: right; margin-left: 10px;"><a href="http://twitter.com/share?url=http://julianastorga.com/2009/04/close-encounters-of-the-third-kind/&via=Katagelon&text=Close Encounters of the Third Kind&related=:&lang=en&count=horizontal" class="twitter-share-button">Tweet</a><script type="text/javascript" src="http://platform.twitter.com/widgets.js"></script></div>]]></content:encoded>
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		<title>Twelve Months Gone</title>
		<link>http://julianastorga.com/2009/02/twelve-months-gone/</link>
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		<pubDate>Sun, 15 Feb 2009 04:54:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ciclos, todo en la vida son ciclos. O al menos todo lo construimos en torno a tales estructuras. Una fecha –cualquiera- se convierte en aniversario que es tanto una celebración, pués siempre hay que celebrar la persistencia. Este blog por dicha no ha padecido de fragilidad, aunque en grandes intervalos escasean los aportes siempre tengo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ciclos, todo en la vida son ciclos. O al menos todo lo construimos en torno a tales estructuras. Una fecha –cualquiera- se convierte en aniversario que es tanto una celebración, pués siempre hay que celebrar la persistencia. Este blog por dicha no ha padecido de fragilidad, aunque en grandes intervalos escasean los aportes siempre tengo pendiente escribir cosas, o tomar fotos, o simplemente decidir que hay eventos dignos de ser inmortalizados en estos pergaminos de electrones. </p>
<p>El blog inició un Catorce de Febrero, a raíz del aburrimiento. Doce meses después, sigo aburrido en esta fecha. Bueno no, aburrido no he estado. He hablado de la climatología tan inadecuada del Valle Central con Tatiana, he explorado diferentes futuros laborales para octillizos con otra Tatiana, he ensayado piropos gastronómicos con Sofía, antes de ser acusado de ‘Grinch del Amor’ (yo también te quiero Rebe), y de discutir y divagar con el mismísimo Axel (autor de la célebre frase del año pasado: ‘San Valentín ¡MIS CUERNOS!’. </p>
<p>A lo largo del Año (mayúsculas, el año no es cualquiera, su intervalo no está definido por punto aleatorios) el blog ha acumulado desde posts cortos hasta pequeñas novelas, algunos altamente metafóricos, otros muy simples; en algún momento me puse a releer algunos y me maravillé del nivel de irreverencia al que puedo llegar, en otros me quedé atónito preguntándome si en efecto yo habría escrito eso. </p>
<p>La dirección posiblemente esté contaminando alguna startpage en algún oculto lugar del mundo (no resistí de tentación y en algunos internet cafés la puse como startpage para algún pobre curioso). También pueda ser que confunda a otros visitantes. (El flag counter no miente, alguien en varios países del Cono Sur y del Viejo Continente lo leen, lo han leído y lo leerán.) Este blog es mi pequeño monumento a la charlatanería creativa, es su misión, la misión que le he dado. </p>
<p>No quiero pensar a futuro para él, no quisiera por eso verlo como un elemento en un ciclo, algo que se va a repetir, que se debe planear. Quisiera verlo como un organismo, crecerá y algún día expirará (a más tardar cuando su propio creador expiré), pero mientras seguirá creciendo. (De hecho el blog es más grande de lo que aparenta, con posts inéditos e inconclusos; pero esos se publicarán algún día como mercancia adicional o como “julianastorga.com Extended Edition”). </p>
<p>¡Feliz Aniversario, querido blog! Sea eso lo que celebremos hoy. </p>
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		<title>En la Embajada Rusa, Acto IV</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2008 18:31:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>No recuerdo si lo mencioné anteriormente, pero la Embajada Rusa -como es de esperarse- no se rige por horarios normales. No atiende todos los días, ni atiende todo el día. Atiende sólamente los lunes, miércoles y viernes, y si en estos dos primeros atiende de tres a seis de la tarde, hoy viernes atiende solo de nueve a doce de la mañana.</p>
<p>Hoy, 31 de octubre, vencían los siete días hábiles de plazo que tardaaría el trámite de obtención de una visa rusa. Hoy, también, era la última oportunidad para lograrlo, no había tu tía; pues el lunes a primera hora ya tenemos que estar en el patio trasero del Autódromo la Guácima, conocido como el Aeropuerto Juan Santamaría.</p>
<p>Se dice comúnmente que por la víspera se saca el día, y honestamente la víspera había sido engorrosa, complicada y lenta; el día sin embargo fue diferente.</p>
<p>Hacía sol, el camino desde el punto de encuentro de nuestro héroe y su sagaz compañero hasta la embajada fue breve, en la embajada tocamos el timbre y rápidamente una vos rusa, nos pidió repetir más despacio qué era lo que queríamos, y en pocos instantes ya estábamos adentro. (Los dos, al parecer quedó en el olvido la regla de que sólo uno pudiera entrar).</p>
<p>El guarda revisó a los héroes con mayor diligencia, e incluso solicitó a nuestro protagonista abrir su siempre-presente maletín verde. El guarda ladró un &#8216;svítch ooof&#8217; refiriéndose al celular, que  inmediatamente murió en la palma de la mano.</p>
<p>Luego, volver a entrar a la habitación consular. Donde nos recibió la secretaria de la vez pasada y un ruso canoso que se ocupó de nosotros rápidamente. Nuestro héroe creyó detectar una mirada de reconocimiento en los ojos anteojeados de la secretaria que prestidigitó un par de pasaportes y un par de libretas tabulares repletas de nombres en cirílico.</p>
<p>El rudimentario conocimiento de nuestro protagonista de ese particular alfabeto le permitió reconocer su propio nombre camuflado entre esos caracteres, codificado fonéticamente. HULIAN VASTORGA KAMPOS, así como el de su compañero.</p>
<p>Después de entregar los recibos, firmar las libretas, comprobaron y verificaron los datos en el pasaporte. Fechas bien, número bien, nombre bien, en cirílico pero bien.</p>
<p>Habían pasado menos de cinco minutos y el trámite había finalizado. No hubo duelo sobre un volcán de lava ardiente para reclamar las visas, ni tener que mendigar por una visa. Vini, Vidi, Vinci. Al mejor estilo de Julio César. Vinieron, vieron, y vencieron.</p>
<p>Se fueron de ahí, uno confió al otro el pasaporte para safekeeping, y discutieron últimos detalles, en realidad sintiéndose ambos más del otro lado del charco que de este.</p>
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		<title>En la Embajada Rusa, Acto II</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Oct 2008 06:03:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Anteriormente nuestro héroe había dejado atrás la embajada rusa antes de la hora sin sombra (el mediodía para los que no están versados en metáforas) después de un intento fallido de obtener la visa. Zune en mano, audífonos en oreja y caminando por Barrio Dent en rumbo a un almuerzo menos que apetitoso nuestro héroe [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Anteriormente nuestro héroe había dejado atrás la embajada rusa antes de la hora sin sombra (el mediodía para los que no están versados en metáforas) después de un intento fallido de obtener la visa.</p>
<p>Zune en mano, audífonos en oreja y caminando por Barrio Dent en rumbo a un almuerzo menos que apetitoso nuestro héroe empezaba a reformular su día.</p>
<p>Pasaron las horas. El sol cruzó el cénit, enrumbado hacia el ocaso y nuestro protagonista de forma poco productiva pasó su día entre conversaciones y charlas (entre lo aleatorio y lo real) hasta que llegó de nuevo la hora de repetir la peregrinación.</p>
<p>Nuevamente abordó la buseta. Tomó un asiento cerca de la puerta (esperó que no subiera otra Ciudadana de Petróleo a la cual le debiera ceder su asiento) y tal como horas antes la buseta impacientemente hizo la parada solicitada y nuestro héroe, con sabor de refrito recorría los cincuenta metros de acera, dobló la esquina, intercambió una mirada de reconocimiento con el oficial de la Fuerza Pública que vigila y tocó el timbre.</p>
<p>Miró fijamente a través de las rejas, de la máquina de detección de metales, de las otras rejas, y veía las puertas abiertas que daban a una sala de espera que contrastaba fuertemente con el exterior del edificio.</p>
<p>Búnker por fuera, Minikremlin por dentro. Nuestro héroe esperaba que las puertas se abrieran de par en par, que una legión de rusos, no diferentes al que le había hablado por las rejas en la mañana le dieran la bienvenida y con prontitud recibieran sus papeles y le  felicitaran por sus deseo y curiosidad de querer visitar esa gran nación.</p>
<p>Nadié se asomó. El policía, con un tinte de ironía en su arrugada sonrisa se acercó a nuestro héroe. Creo que ya hoy no están atendiendo más, a unas señoras las devolvieron hace poco. ¿No las vio cuando venían? ¿Anda usted todo?</p>
<p>El protagonista sintió de nuevo cómo su espíritu decaía. En un rótulo se explicaban los diferentes requisitos, los enumeraba y se dio cuenta de que le hacían falta la cuádruple repetición de su propia imagen en papel fotográficoreducido. Aunque estuviesen atendiendo gente, no recibirían sus papeles porque no andaba las cuatro fotos tamaño pasaporte.</p>
<p>Agradeció al policía, con una pizca sinceridad y con más de una onza de desgano, esa ayuda habría sido mejor recibida temprano. Pero ya todo había pasado y nuevamente había fallado, había vuelto con las manos llenas, aun traía paseando su pasaporte y su invitación, no había podido dejarlo procesando la visa.</p>
<p>Quedaría para la tercera visita. La vencida. A la cual no irá solo. Esta es solo la segunda parte, faltan más. Eso se decía nuestro héroe mientras volvía sobre sus pasos a la Universidad, a esperar a su hermana, a darle un regalo de Feliz Cumpleaños. (Sip mi hermana cumplió 16 años).</p>
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