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Yours Truly, Angry Mob

Es posible que yo sea muy tonto. Sí, un poco denso y torpe; es posible que tenga que ver que me guste usar tenis y no chancletas y que la literatura que me gusta sea la fantástica, la que juega con las palabras o las formas y no con las ideas sociales. Algo en mi educación debe faltar si mi primer impulso al ver un policía no es saltar sobre él y reclamarle por ser un símbolo de la opresión; naturalmente mi miopía ha de haberse agravado porque ni siquiera veo tal opresión. Sospecho que estoy defraudando el legado de Rodrigo Facio porque no hay fuerza que me arrastre a participar en un bloqueo, peor aún, ni siquiera logro comprender su utilidad. Compadézcanme, porque de verdad, no estoy logrando entender esto.

Ah y la Autonomía. ¿O autonomía? Se trata de un concepto terriblemente difícil. Creo que mi comprensión del mismo se ha visto severamente trastocada, me explico: por autonomía universitaria yo entendía que la UCR tenía libertad de cátedra y que podía escoger la forma en la cual invertir el presupuesto y podía desarrollar sus terrenos sin tanta bronca adminsitrativo-municipal, cosas así, pero. Pero. Según leo la UCR es como el Vaticano; desprovisto, eso sí de toda la parafernalia místico-religiosa y dotado de un fanatismo –no menos nocivo, ni fervoroso eso sí- político-revolucionario-democrático y todo lo demás, pero totalmente independiente, con su propia bandera e himno y las nobles falanges de estudiantes de élite como su ejército protector. Es tan independiente que puede evitar un arresto de un oficial corrupto, no porque defienda la corrupción, sino porque son sus fronteras y los agentes del OIJ no trajeron sus pasaportes visado, ni la orden de extradición. Sí, sí, yo también leí el reglamento interno de la UCR y debo tener un bajísimo Coeficiente Intelectual porque no logro reconciliar lo que dice el reglamento [avalando la intervención del OIJ en el campus universitario] y lo que debería ser, porque sí la autonomía es eso ¿no?

Naturalmente todo esto fue el día de ayer, hoy es diferente, está nublado y el día comienza con un análisis de lo sucedido. Sé, que debería, ya que no logro justificar intelectualmente las motivaciones de los estudiantes, limitarme a imitar, actuar como hacen esos nobilísimos estudiantes, pero hay algo que me lo impide. Veo cómo los estudiantes [no todos pero los socio-revoltosos de siempre] ahora insultan y desprecian el trabajo de los medios que se atienen a analizar lo sucedido, claramente si tal periodista luchó por lo de Alcoa pero en este momento le da la razón al reglamento, está en un error. Debería creer que es una vendida pero no lo logro, porque algo en mi mente reduce todo a ese reglamento que justifica la intervención. Perdón, sí, perdón, porque no logro desatarme de ese fría mesura, de ese análisis consecuente de las acciones, perdón, sí, porque mi noción de libertad es la que me impide ir a bloquear calles o agredir policías. Debo ser terriblemente tonto si creo que el arresto de un oficial corrupto amerita la intervención de un órgano judicial.

Al fin y al cabo soy un tipo que dibuja velocirraptores en paint. Soy uno de esos cínicos que ve el estado y lo ve con los defectos horribles que tiene, a veces no menos feo que una cucaracha aplastada; soy el que critica las inadecuadas leyes de este país, soy el que se pregunta si no es hora de una buena reorganización, acaso modular de las responsabilidades de ministerios y leyes y autoridades municipales, soy el que pienso que Costa Rica necesita ver qué quiere ser en veinte-treinta-y-cincuenta años para saber qué tiene que hacer ya, soy el que lee, pero no me dejo manchar por las convicciones del autor, hago lo que conviene hacer, cuestionarlas y ver qué tan bien se sostienen. Sé que el estado dista de la perfección: premia aún un régimen donde la corrupción, el nepotismo, las argollas y la underhandedness están a flor de piel. La policía es burda, es torpe, muchos elementos tienen una educación básica deficiente, mediocre o cuando mucho la menos peor. Su entrenamiento es antiplatónico, les hace falta ser más que uniformados (mal)armados. A sus líderes les hace falta sentido común, eso se pudo manejar mejor, pero la incompetencia rara vez justifica la violencia. Mucho menos los bloqueos. Los estudiantes que en eso participan no están siendo estudiantes, un estudiante es un individuo, una persona que razona, que es consecuente, que respeta; cerrar calles, hacerse tirado contra la policía es la cobardía de la masa, de la turba, de encontrar la justificación de los actos en una mala idea compartida. Sería muy cínico decir que si algún diente salió quebrado, pues fue un diente que se lo ganó por meterse en lo que no corresponde, pero me abstendré de estas gratuitas sutilezas. No dejaré de decir, eso sí, que la actitud de los alborotadores es a lo sumo patética, insultante, un resentimiento de niño que hace berrinche, que defiende una autonomía que no comprende y que arrastra a su día de hoy los demás berrinches previos, que sus argumentos descansan en el fanatismo, en la inmadurez. Su actitud es digna de la palabra zafarrancho, palabra que resume la falta de elegancia, de inteligencia de esos pocos, pero escandalosos estudiantes que lo que hacen es crear un estigma.

A esa hora, mientras todo se desenvolvía, yo, como tantos otros verdaderos estudiantes, estaba en un aula aprendiendo algo.

Una de Romanos

Los dioses me quieren tanto que me odian, eso dije yo hace unos días al recibir una noticia que es, en esencia, buena; repasando, necesariamente, las lecturas sé que esos dios ahora debería llamarlos númenes son en realidad fuerzas de la naturaleza, que conviene obedecerles y que más de un augur me los interpretaría en el vuelo de las aves en el cielo, las tripas de un animal sacrificado, o en la forma en la que cae la torre séxtuple de latas de cerveza.

Esos tiempos, sin embargo son cosas del pasado, así como la mores maiorum, que tanto defendían Catón el Censor o Marco Tulio Cicerón. Valores de antes, la gravitas que censuraría este blog, porque no lo consideraría comitas sino más bien lo asociaría con la mente, mens… de ahí viene mentir. Cosas dichas con astucia equivalen a eso, por eso los romanos valoraban la discreción, la seriedad, no este malamansamiento literario. Digno, tal vez, de la poesía fescenina, de las saturas, que al final son un género propio romano, como los discursos forenses, políticos o demostrativos, donde importa lo justo, lo útil, o lo bello y todas esas cosas. Y ciertamente los escritos de Cicerón me convencen de apoya a Gneo Pompeyo, pero los discursos actuales me convencen de votar por Ringo.

Pero me adelanto, qué voy a estar hablando de Cicerón y sus discursos sin hablar de Plauto y Terencio o las Carmina que meramente son oraciones solemnes, desde oraciones, hasta encantamientos. Todo eso en un día, estoy mareado, de tantas Puellae (porque sólo una me interesa), las matronas o las meretrices, el tontón enamorado, el sénex los astutos esclavos siempre al servicio del amor, las viejas y el leno o el soldado o cualquier otro impedimento. ¡Por Cástor, en qué momento leí todo eso! ¡Que me confundan los Dioses! Me da picazón en el seso. [nota al pie decía que en las obras de Plauto la picazón indica por dónde va a venir la zurra posterior] (en las de Terencio, en cambio, el callidus hace poco, es medio inútil, pero el Sénex es más importante].

¡ah! y este post es como una nube o un río, o cualquier otra cosa, sólo lo escribo para decir que esto es un símil, un tropo, o una figura retórica. Y decir que en la primera línea de este párrafo ya hay un polisíndeton, y ni siquiera les voy a decir que esto que me niego a decirles es una pretericín, ¿porque para qué? pero ahí está, plantada la dejé, la pregunta retórica, y a estas alturas del párrafo ya me dirán que todo es una prosopopeya o una enorme onomatopeya de un filólogo falso que no haya que hacer, sí, vos lector, sólo para meter la apóstrofe, porque ya no se me ocurren más formas de camuflar figuras retóricas.

Figuras retóricas que quedan aún. (hipérbaton con algo de anadiplosis por ahí) también para analizarlas en Catulo, pero cuando se le caga a los amigos y les dice que son un montón de sodomos (“¡Eh! Talo, marica, más suave que piel de conejo…” y otros insultos que por ahí hay que me convencen que desde hace dos mil años es común cagársele a los demás, diciéndoles playos [no es un insulto discriminatorio, sigo el ejemplo de Catulo]) en lo menos en lo que se piensa es en el análisis y más bien hace gracia el odio que tienen esos versos, aunque otros sean cursos, otros patéticos y otros me hagan pensar de Anatolia y el Asia Menor. Pero soy un geek y por eso lo hago.

Estudié, este post demuestra que al menos leí algo y me tomé el tiempo de darle forma de sandez (aunque la sandez probablemente no haya sido aprobada por los romanos, por no estar en versos saturnion, ni en ningún yambo ni tener esa pateticidad de paraklausíthyron, que es una gran palabra para el lamento de la puerta cerrada, cosa que sólo he sentido cuando llego muy tarde a una oficina gubernamental. Sí puedo decir que hice caso a Cicerón. e hice mi inventio, mi dispositio la chamboneé, la probatio la omito porque no quiero convencer a nadie, la peroratio la hago siempre, y la elocutio es la normal. La memoria que no me falle mañana y el pronuntiatio pues que sea de boca de la profe que me diga que pasé.

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