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	<title>Julián, su blog &#187; viaje</title>
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		<title>And Good Bye to All That</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Oct 2009 02:03:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace más de una semana, cuando llegué, simplemente acertaba a mover la cabeza de lado a lado, un péndulo de ojos verdes que intentaba, desesperadamente, absorber por los ojos cuanto fuera posible de Nueva York, salir de Penn Station y sentirse súbitamente tan ínfimo, al pie de esos monstruosos rascacielos, colosos de concreto, toda mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace más de una semana, cuando llegué, simplemente acertaba a mover la cabeza de lado a lado, un péndulo de ojos verdes que intentaba, desesperadamente, absorber por los ojos cuanto fuera posible de Nueva York, salir de Penn Station y sentirse súbitamente tan ínfimo, al pie de esos monstruosos rascacielos, colosos de concreto, toda mi mente estaba dedicada a ver, a descifrar cada detalle, a reinterpretar todo aquello de cultura pop que me había llegado de Nueva York, me sentía un graduado en asuntos neoyorquinos cortesía de Seinfeld y Friends, pero eso eran sólo pensamientos que pasaban de aquí a allá, mientras yo caminaba y veía y luego el Empire State ahí nomás, y la discusión sobre si lo era realmente porque no se veía grande, más bien peque como el Banco Nacional, pero conforme nos acercamos comprendimos la perspectiva, la distancia se redefinía y la azotea del Empire State porque sólo de ahí se podrían ver las cosas y no creerlas, porque se queda en un ¡wow! que es una unterjección sumamente puntual para un sentimiento que se prolonga por días, porque la ciudad tiene su propia luz, su propia alma –dirían algunos-, pero simplemente es un encanto que se deriva de ser un caleidoscopio-skyline-arquitectura-iluminación ya reconocible pero hasta el momento no comprendido. </p>
<p>Muchas otras veces pasamos por Times Square, era nuestra ancla, como un lugar que hay que ver aunque sea marginalmente, agregarlos sutilmente a nuestros itinerarios para verlo sin necesariamente comentar sobre algo nuevo, simplemente era el cruce por excelencia, el lugar típico por el cual había que pasar de nuevo y de nuevo. Y las tiendas, y los lugares para comer. Y simplemente las luces, los carros, el hummer-limusina que era la ubicación de una fiesta rodante de nenas-rubias-bobas sacando cabezas y gritando por el quemacocos, los vendedores de cosas de imitación, la Babel ambulante, porque había indios, alemanes, franceses, españoles (hasta para tirar para arriba) y nosotros cuatro ticos, balbuceando sandeces de la mejor manera posible, o con nariz de payaso en la cara o simplemente tomando docenas de fotos de todo. Y riendo, porque si algo dejamos en esa ciudad fue el eco de carcajadas burlistas e irreverentes desde Times Square hasta el Battery, en el Upper East Side o en una mesa en Little Italy y ni hablar de Secaucus y el tren a Newark que era ya familiar, las carreras en Penn Station y los indigentes cumpleañeros y las cervezas que comprábamos en la farmacia. </p>
<p>En los días siguientes fueron los museos los que me maravillaron, por su extensión o lo imposible de su naturaleza, imposible por que no hay forma real de poder ver todo en una visita, hay que satisfacerse con haber visto algo, esos museos que una amiga me dijo –y estoy de acuerdo con ella- que son el verdadera alma de esta ciudad, más allá de sus inmigrantes y sus landmarks son el Met, el MoMa, el Guggenheim y el Museo de Historia Natural lo que definen el carácter de los Neoyorquinos, de esa cultura donde saber que tienen a Monet, Picasso y Tiranosaurios ahí nomás, que desde pequeños se los enseñan, y yo a los 24 deambulaba como un niño también queriendo llevarme de eso cuanto fuera posible sea Kandinsky o Magritte, el Templo de Dendur, a Warhol y a Roy Liechtenstein, pero sólo en tarjetas me los pude traer cuando mucho. </p>
<p>Luego la quintaesencia de cualquier experiencia en EE.UU. el roadtrip, el viajecito, el GPS y el Dodge Journey que salió de un rental en Newark y luego se tiró por el Turnpike, guiado por CARlita, auxiliado por ‘Rosita&#8217;, para evitar perderse camino a Philadelphia para pasar el día y luego seguir a Dulles, pero el Centro Histórico de Philly es como el Smithsonian, de esas cosas <em>chivísimas e increíbles que ‘vimos’</em> que <em>cuánta historia en un solo lugar</em> pero de las que<em> no hay fotos por enredos y cosas de la vida, pero increíbles los lugares</em>. Alejandro maneja, y Jose pone música, yo interpreto el mapa del GPS y estamos pasando de nuevo por un mismo lugar, pero la salida es aquella y hay que caer de nuevo en la I-95, que ahora va para Delaware o Baltimore o quién sabe dónde y en ella vamos nosotros y ¡peaje! ¿quién cuenta las monedas y billetes? y así vamos, y a ratos es Bon Jovi, a ratos los Beatles y –obvio- Muse y U2 que suenan y cantamos o gritamos, pero por lo general vamos riendo y que cuándo llegamos. Y el Hotel de Washington está en el culo del mundo pero hay un mall cerca y eso es debacle porque hay que comprar ropa y zapatos y al día siguiente es el concierto y viajamos y cruzamos por todo el estado rural y hay tractores y el ave estatal de Virginia son los semáforos y por enésima vez a comer en el McDonalds y todo menos una Angus que tiene calorías y grasa para matar y ya estamos hartos y llegamos temprano y el concierto es chiva aunque está lleno de rocos y eso no matiza tanto y la voz de Bono está hecha una desgracia pero Muse ¡MUSE!. </p>
<p>Y D.C. que para nosotros será la troleada tan dolorosa porque a estas alturas los pies son tamalópodos, porque duelen y quién sabe cuánto caminamos pero vimos el National Mall, y todo alrededor y caminar, pero Washington es aburrido y punto, nos hacía falta NYC y cada vez volvían los chistes de Salvador, de Wedges, de Rosita y Carlita, de imaginarnos escibiendo sandeces con Seth McFarlane, porque la producción es infinita, es irreverente, y la nariz de payaso que atrae los lentes de cámara ajenos nos sorprende así como los helicópteros que aterrizan en la Casa Blanca y secretamente temí que algún granjero redneck me viera y me quisiera volar un balazo por estar frente al Capitolio haciendo payasadas, porque es lo que mejor hacemos. Y luego más compras, pero el dinero ya no da. </p>
<p>Divagaciones. Risas. Irreverencias. Stellas Artois. Facebook. La payasa a la 1 a.m.Y si teníamos gente en el cuarto de a la par que se aguante, pero eso ya quedó en el pasado, porque ahora estamos en el aeropuerto y el Sudoku nos confunde y nos irrita el Wifi que se cobra, pero todo se acaba queda el vuelo y el viaje fue genial de esas cosas que se recordarán porque es memorable, porque casi morimos estampados porque un peaje nos sorprendió, porque los rocos genéricos nos veían con desprecio. Porque Washington apesta, y porque quisiéramos estar meses en Nueva York. </p>
<p>Thing is, good-bye for now, pero lo cierto es que un viaje de estos se vuelve necesario, ritual y ahí estará en el futuro, siempre habrá más destinos que conocer. </p>
<div style="float: right; margin-left: 10px;"><a href="http://twitter.com/share?url=http://julianastorga.com/2009/10/and-good-bye-to-all-that/&via=Katagelon&text=And Good Bye to All That&related=:&lang=en&count=horizontal" class="twitter-share-button">Tweet</a><script type="text/javascript" src="http://platform.twitter.com/widgets.js"></script></div>]]></content:encoded>
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		<title>New York State of Mind</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Sep 2009 11:38:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Viajes. Viajes que inician. Que inician desde la noche que se empaca, pero más aun en este momento, en este instante en que se está ante la Puerta 10 del Juan Santamaría, después de haber sido revisado, de que se percataran que no ando materiales explosivos ni nada de eso, que solo soy un turista, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Viajes. Viajes que inician. Que inician desde la noche que se empaca, pero más aun en este momento, en este instante en que se está ante la Puerta 10 del Juan Santamaría, después de haber sido revisado, de que se percataran que no ando materiales explosivos ni nada de eso, que solo soy un turista, con su laptop, con su pasaporte, con sus amigos. </p>
<p>Este es un viaje paréntesis, un momento intermedio, antes hay clases de Literatura Latina y Sánscrito y estarán después de este viaje, es un fin de semana, pequeña grieta en la rutina existencial, es por eso que tal vez sea Nueva York el destino indicado (y el DC, y U2 y Muse), ese lugar que es vibrante y dinámico, y que tiene cómo vivirse así acelerado, rápido. </p>
<p>Nos vemos, ci vediamo. Pronto volveré. Pronto, también, volveré a estar escribiendo cosas desde aquí desde esta sala pequeña, pero que siempre es estar en el marco de una puerta, sonriendo, yendo hacia el mundo para volver con sonrisa de nuevo. </p>
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		<title>En la Embajada Rusa, Acto IV</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2008 18:31:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No recuerdo si lo mencioné anteriormente, pero la Embajada Rusa -como es de esperarse- no se rige por horarios normales. No atiende todos los días, ni atiende todo el día. Atiende sólamente los lunes, miércoles y viernes, y si en estos dos primeros atiende de tres a seis de la tarde, hoy viernes atiende solo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No recuerdo si lo mencioné anteriormente, pero la Embajada Rusa -como es de esperarse- no se rige por horarios normales. No atiende todos los días, ni atiende todo el día. Atiende sólamente los lunes, miércoles y viernes, y si en estos dos primeros atiende de tres a seis de la tarde, hoy viernes atiende solo de nueve a doce de la mañana.</p>
<p>Hoy, 31 de octubre, vencían los siete días hábiles de plazo que tardaaría el trámite de obtención de una visa rusa. Hoy, también, era la última oportunidad para lograrlo, no había tu tía; pues el lunes a primera hora ya tenemos que estar en el patio trasero del Autódromo la Guácima, conocido como el Aeropuerto Juan Santamaría.</p>
<p>Se dice comúnmente que por la víspera se saca el día, y honestamente la víspera había sido engorrosa, complicada y lenta; el día sin embargo fue diferente.</p>
<p>Hacía sol, el camino desde el punto de encuentro de nuestro héroe y su sagaz compañero hasta la embajada fue breve, en la embajada tocamos el timbre y rápidamente una vos rusa, nos pidió repetir más despacio qué era lo que queríamos, y en pocos instantes ya estábamos adentro. (Los dos, al parecer quedó en el olvido la regla de que sólo uno pudiera entrar).</p>
<p>El guarda revisó a los héroes con mayor diligencia, e incluso solicitó a nuestro protagonista abrir su siempre-presente maletín verde. El guarda ladró un &#8216;svítch ooof&#8217; refiriéndose al celular, que  inmediatamente murió en la palma de la mano.</p>
<p>Luego, volver a entrar a la habitación consular. Donde nos recibió la secretaria de la vez pasada y un ruso canoso que se ocupó de nosotros rápidamente. Nuestro héroe creyó detectar una mirada de reconocimiento en los ojos anteojeados de la secretaria que prestidigitó un par de pasaportes y un par de libretas tabulares repletas de nombres en cirílico.</p>
<p>El rudimentario conocimiento de nuestro protagonista de ese particular alfabeto le permitió reconocer su propio nombre camuflado entre esos caracteres, codificado fonéticamente. HULIAN VASTORGA KAMPOS, así como el de su compañero.</p>
<p>Después de entregar los recibos, firmar las libretas, comprobaron y verificaron los datos en el pasaporte. Fechas bien, número bien, nombre bien, en cirílico pero bien.</p>
<p>Habían pasado menos de cinco minutos y el trámite había finalizado. No hubo duelo sobre un volcán de lava ardiente para reclamar las visas, ni tener que mendigar por una visa. Vini, Vidi, Vinci. Al mejor estilo de Julio César. Vinieron, vieron, y vencieron.</p>
<p>Se fueron de ahí, uno confió al otro el pasaporte para safekeeping, y discutieron últimos detalles, en realidad sintiéndose ambos más del otro lado del charco que de este.</p>
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		<title>Lunes por la Ma&#241;ana a San Jos&#233;</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Sep 2008 21:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jules</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Algunas veces sospecho que es por el hecho de levantarse temprano que los lunes en las ma&#241;anas siempre me toca ver cosas inesperadas, ins&#243;litas en una manera terriblemente ordinaria. Aunque est&#233; ba&#241;ado, mudado y &#8216;despierto&#8217;&#160; no dudo que alguna parte m&#237;a aun est&#225; rezagada en la tierra de los sue&#241;os, como en una niebla, un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Algunas veces sospecho que es por el hecho de levantarse temprano que los lunes en las ma&#241;anas siempre me toca ver cosas inesperadas, ins&#243;litas en una manera terriblemente ordinaria. Aunque est&#233; ba&#241;ado, mudado y &#8216;despierto&#8217;&#160; no dudo que alguna parte m&#237;a aun est&#225; rezagada en la tierra de los sue&#241;os, como en una niebla, un pantano de la realidad, donde la tierra firme se confunde con la levedad del sue&#241;o, del imaginario. </p>
<p>Tal vez no sea yo, tal vez sea simplemente que se trate del &quot;lunes por la ma&#241;ana&quot; y todos suframos de ello. Tal vez, y s&#243;lo tal vez, sea aqu&#237;, el lugar y sus caracter&#237;sticas y que sea la peregrinaci&#243;n a San Jos&#233; la que conjure todo tipo de absurdas coincidencias. </p>
<p>Los viajes en el bus, tan cotidianos que se confunden entre s&#237; son tambi&#233;n &#250;nicos. El bus azul, blanco o tricolor que cumple neciamente la misma ruta, recoge siempre a la misma gente, esclavo de una rutina, se estanca en las mismas presas; este lunes la presa padec&#237;a de un <em>twist</em>. </p>
<p>Como de esperar un accidente evitaba el flujo del cardumen carburante, pero en medio de ello involucrada en la colisi&#243;n una cara inesperada. Sulf&#250;rica e infernal, la mirada de enojo me dio risa, me satisfizo alg&#250;n grado de justicia universal, de gozar (con una culpabilidad posterior) el mal ajeno, m&#225;s a&#250;n de alguien conocido. Ven&#237;an a la mente deseos de &#233;pocas pasadas, en las que uno quisiera que cayeran rayos, yunques o pianos de cola para evitar los encuentros <em>nem&#233;sicos</em>.</p>
<p>Las maniobras torpes y evasivas del leviat&#225;n p&#250;blico cumplieron bien para abrirse paso en las arterias que conduc&#237;an a la ciudad, atr&#225;s quedaba el accidente, mi sonrisa -sin embargo- permanec&#237;a indeleble. Mientras m&#225;s me acercaba al destino final (y por esto creo que realmente sea la ciudad quien conjure los accidentes m&#225;s absurdos) m&#225;s interesante se tornaba el viaje.</p>
<p>Otra colisi&#243;n a la vista. A babor, dos buses, en esa ins&#243;lita posici&#243;n con la que se bloquea la mayor cantidad de carriles posibles. La que ocasiona la improvisaci&#243;n de v&#237;as. La calle que crece hacia el ca&#241;o, hacia la acera, ensanch&#225;ndose por necesidad, prodigioso espect&#225;culo donde se aglomera el curioso p&#250;blico, donde estalla la sensacional sinfon&#237;a de bocinas ensordecedoras. </p>
<p>El sonido aun se o&#237;a pasados los minutos y los metros. Como una bestia exhausta el bus se frenaba, carburando sonoramente para llegar a la seguridad del cord&#243;n de la acera. Un &#250;ltimo bufido desesperad&#243; marc&#243; la muerte del viaje, las puertas y palancas que se activaban justo cuando la bestia exang&#252;e expiraba. </p>
<p>Ya fuera de la bestia, el tiempo volv&#237;a a montar la carga de la puntualidad sobre el individuo y no sobre el transporte. Como hormigas borrachas los pasajeros se dispersabas por aceras, calles y pasajes, sus mentes puestas en un lugar y una hora, y una tarjeta que marcar. </p>
<p>Sin mayor prisa, yo mismo busque la esquina donde deb&#237;a cruzar, s&#243;lo para ver el &#250;ltimo taqueo a la ciudad. Infaltable, pues todas las cosas deben ocurrir de a tres. </p>
<p>Se ve&#237;a venir. De esas predicciones que se pueden hacer sin ser profeta, con solo ver el veh&#237;culo rojo a la distancia. La hip&#243;crita corona amarilla que lo acredita como d&#233;spota del asfalto, que le dota de autoridad aristocr&#225;tica.&#160; Mirar con curiosidad el giro ortogonal y la invasi&#243;n en diagonal de carril y acera. </p>
<p>En medio del coro renovado de bocinas, se vislumbraba en el interior el cierre de una transacci&#243;n, la mujer servidora p&#250;blica y p&#250;bica que pagaba antes de huir dentro del hotel, bar y lupanar. </p>
<p>En alg&#250;n instante la sinfon&#237;a de bocinas mut&#243; en la onomatop&#233;yico y canino coro a capella que <em>loaba</em> a la mujer hasta que como si nada el tr&#225;nsito recobro su curso normal. Ya para ese momento caminaba presuroso, por entre kioscos y recuerdos de vacas. Para cuando fuera a abandonar el recinto multicultural al que asist&#237;a ya no quedar&#237;a m&#225;s que la resaca de la locura de lunes por la ma&#241;ana. </p>
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