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La Elegía de un Voto Válido

⊆ February 8th, 2010 por Jules | ˜ Sin comentarios »

La mañana es fría y oscura. Es nubosa y tiene esa pinta de lluvia que no se va a ir por un buen rato; ya puedo imaginar a más de un romántico creyendo que por alguna razón lo metereológico tiene que ver con lo político, que es natural que por el resultado de la elecciones el día amanezca triste y que hoy no hay ganas de hacer nada y que qué feo. El día seguirá con normalidad, como cualquier otro día, desde mi cuarto escucho los pajaritos, los intuyo felices por el día así y sé que los perros también andarán dando vuelta en el patio y que el día no será diferente a tantos otros, unos celebran el triunfo, otros –como dijo alguien en Twitter- ya saben lo que los futboleros sintieron cuando se fracasó al ir al Mundial. Son los gajes de la democracia: algunos partidarios saldrán decepcionados y se ven las caras largas del gol en contra, del partido que se pierde por goleada al minuto diez y ya la gente sabe el resultado y otros harán comentarios incoherentes como que los resutlados están raros y darán a entender una sospecha silenciosa de esa palabra con ‘f’ que me aturde y cuya sospecha me parece absurda. Sh! Ese rumbo no es el que tome este blog.

Amaneció también otro grupo nuevo en Facebook, lleno de resentimiento e indignación: “Laura no es mi presidente”. Yo insisto en no tomarme las elecciones tan personales. Costa Rica eligió. Laura Chinchilla es la nueva presidente de Costa Rica. Yo no la elegí, sin embargo no por eso deja de ser mi presidente. (No tolero el lenguaje inclusivo, Laura es presidente, sin ningún chiste de travestismo del Paté Centeno de por medio). Yo no la elegí por varias razones, que se resumen en que no encontré en ella ni en su plan algo que mereciera la confianza del liderazgo de un país. Quien la haya elegido, espero, tenga sus buenas razones para haberlo hecho. Su campaña tibia, sus recitales de promesas, y la media docena de puntos específicos que tocó no me convencieron por mucho.

Tal vez yo peque de cierto resentimiento, también. Siempre hay algo de hincha amargado que antes de decir por enésima vez que de fútbol nada quiere saber, siempre habla volúmenes del último partido que vio, para justificar su fuga, pero de la campaña ya hablé suficiente, del sistema no puedo decir nada sin pecar de anti-democrático, sugerir un examen para los votantes, para garantizar que estén entendiendo qué es lo que están votando sería visto con malos ojos. Y eso ¡dios libre! Sería casi tan malo como quebrar una hostia y echársela en la bolsa a un candidato.

Me quedaría hablar de los votantes, pero son tantos, tan pluriformes, cada uno una historia, una justificación diferente entre sí, que cansa sólo el prospecto de imaginarlo. Tuve, por cuestiones de la vida, que ir el sábado allá al norte sancarleño y el domingo al valle de Orosi y pude ver las banderas y los comportamientos de la gente. Intuía el triunfo de liberación, ahí lo empecé a entender, repensando en los debates, cosas que yo veía como fracasos, para otra gente eran enormes triunfos de Laura Chinchilla (verbigracia la insólita defensa de la memoria de Pepe Figueres), y así con todo la demás. Las prioridades de otra gente son diferentes a la mía, sus necesidades otras y las atenderán buscando a un candidato que les ofrezca cosas inmediatas; para muchos efectos prácticas Costa Rica es un potrero, uno con internet, pero potrero al fin, con preocupaciones de pueblito; tanta gente entiende poco de economía que los números de Ottón Solís don’t amount to a hill of beans, ni siquiera si son los nuestros; la campaña es diferente en cada lugar. La gente busca mantener su status quo, visión no necesariamente egoísta, pero sí, a veces, tan rural, donde no importa si China o no China, ni tantas cosas de principios, o reorganización, o políticas de protección, impuestos (que es una palabra que siempre asusta) cosas tan políticas, tan poco que ver con tanta gente que más bien se alegra de una mujer que sea presidente, porque es mujer, y que es por eso que el PASE simpatizó lo suficiente para cuatro curules, igual que Fishman que también se sonrió su camino a una diputación.

Yo voté, no lo anulé, tal vez la apología deba ser este post en vez del artículo en la nación, no lo sé. No me lamento. Quise ayudar a un partido a alcanzar una madurez que sólo va a lograr con la responsabilidad sobre los hombros, no fue así. Los votos, las papeletas, serán disecadas en próximos días en el TSE, pero ya todo está dicho. Costa Rica tendrá una presidente y yo seré de pronóstico reservado. Volveré a mis historias de mujeres que hablan de embutidos en el Automercado o figmentos de mi imaginación en el bus de San Ramón.


Dancing With Myself

⊆ January 31st, 2010 por Jules | ˜ Sin comentarios »

No sé en qué momento me percaté que él estaba ahí. Varios asientos delante de mí, del lado izquierdo del cetáceo bus apoyado a la ventana por la cual se escurría el paisaje mitológico mitad-rural, mitad-urbano que carecteriza inequívocamente el viaje a San José. No sé por qué me fijé en él. Yo leía un libro de Cortázar y en una vez finalizado una de sus narrativas levanté la mirada en consecuencia a un reflejo epifánico de masticar a la vez las últimas palabras, recordar el título del cuento y resistir la tentación de buscar en el texto cuándo fue que la trama se contorsionó, en qué malabar semántico el viejo zorro argentino se me escurrió, me adelantó y me dejó como a Aquiles persiguiendo tortuga ideológica. En esa sonrisa intelectual burdamente comprimida en un intérvalo de imprecisa cronografía lo vi y lo comencé a analizar. Le veía sólo la espalda, pero supe de inmediato que leía.

Confieso que en ese momento no reconocí en él nada particular, no vi nada familiar. La contextura delgada y el alborotado cabello no tienen nada realmente extraordinario, en ese momento me dejé llevar por una fuga de optimismo en medio del cinismo de cada día y noté lo verdaderamente singular que me resulta descubrir a otra persona leer en un bus, al menos en el mío en el que las bolsas plásticas hediondas a pollo o los rítmicos jadeos camuflados como música son harto más comunes.

Me volví a sumergir en Cortázar. En menos tiempo del que creí ya veía por la ventana el Registro Civil, el paseo de Damas que se agotaba y tres párrafos por leer aun para terminar otro cuento y esa rápida duda si cerrar el libro y dejar esos tres párrafos que me carcoman mientras busco dónde terminarlos o leerlos en el bus luchar contra la presión de leer rápido para no perder una palabra luego finalmente  decidir que me da tiempo e ignorar la visión del parallax sobre el Morazán y rosado burdel camuflado como hotel a la izquierda y sí leer. Ignoré el movimiento normal de la gente que anticipa la salida y me concentré en disfrutar ese momento en que el autor le clava a uno las espuelas para llegar al final del cuento en ese ritmo vertiginoso de un ovillo de lana que se enreda y pronto todo se va entendiendo pero a la vez no.

Terminé. El bus llevaba un par de minutos detenidos y ya casi todo mundo había descendido, quedaban las viejecitas paciente que preferían bajarse de últimas en vez de someterse a la agresiva cortesía de quiénes les daban espacio para bajarlas más rápido como un ganado milenario y ancestral. También estaba él. Él, quien parecía replicar mis movimientos al hacer desaparecer su libro en su bolso con la presteza y agilidad con la que un espadachín envaina su espada después de hacer gala de su arte, elegancia y presteza. Se puso de pie, al mismo tiempo que yo, avanzó hacia la puerta, hacia ese punto de escape a medio camino entre él y yo. Cara a cara nos vimos. Él tal vez no me vio. Era más viejo y yo le parecí un transeúnte más. Yo me quedé pasmado. Me detuve. Él balbuceó un con permiso y salió, detrás de él se escurrieron las viejitas más hábilmente que lo que yo esperaba y por la puerta de adelante el chofer del autobús ya le cobraba a los nuevos pasajeros. Y yo seguía incrédulo ahí, pero a la vez bajando las gradas y siguiendo el cordón de la acera para doblar una esquina, pero aun seguía detenido en el bus, maldiciendo a Cortázar, pues sólo ese cronopio atrapado entre tintas y papeles podría ser capaz de embrujarme a partir de un cuento insólito, hacerme desconfiar de la lógica de este mundo ordinario y recurrir a la imaginación por explicaciones.

Él, el otro hombre que leía en el autobús y que me vio a la cara, él, él no era otro, porque era yo; tenía una buena decena de años más, la moda era otra así como la forma de peinarse o la decisión de dejarse crecer un bigote. Sus ojos eran los mismos, la cara de distracción aparente, la mente jugando a tirar el avioncito de papel cada vez más lejos hasta que el avión se vaya donde no se pueda alcanzar y que simplemente queda volver a la realidad y hacerse otro avioncito con lo que se ve. Perplejo yo evadía los tumultos de la Avenida Central y aun visualizaba el momento en el bus. El encuentro, el pequeño baile de gente que se disputa el derecho de salida, los ojos, la mirada, el libro, las manos, el con permiso y gracias tan mío, tan en otra boca. Yo caminaba y ya mi mente se quería distraer en las conversaciones que flotan en los semáforos peatonales. La muchacha que dicta cátedra sobre los rituales de apareamiento entre brasileños y su comprobación práctica, el tipejo de sonrisa esquiva cuya mirada fija se perdía buscando Canaán debajo de esa falda blanca prohibida y distante que no vería nunca jamás.

Yo seguía un rumbo equívoco a un café mocachino (¿y por qué no también?) un arreglado que tal vez fuera de jamón o pollo o un cangrejo. Pero pensaba en Borges, ese otro magnífico argentino que también tuvo un encuentro a la vez real y a la vez sueño de una fecha imposible. Pensé en la Ciencia Ficción, en los viajes en el tiempo qué deseché como explicación pues el baladí encuentro consigo mismo en un autobús no amerita el rasgado de las fibras del tiempo. Doppelgänger o alterego o tal vez, Fata Morgana, pero seguía dándole vueltas a explicaciones, daba vueltas a la cucharilla en el café y el azúcar que se disolvía y que sabría que no iba a tener respuesta que más bien todo lo habría imaginado para jugar conmigo mismo mientras esperaba en ese café y ya el juego se me agotaba y extraje de una vez el libro de Cortázar de nuevo, pero que no dejaba de verlo sin abrir con una mirada de sospecha. Caja de pandora de imaginaciones, fantasías y magia. Decidido a no olvidar el episodio saqué el bolígrafo y el cuaderno que siempre ando y escribí esto, pausando a veces para recordar, porque ya el azúcar se me disolvía y veía por la ventana a los pasantes que nunca veían para arriba y terminé de escribir, y pensé en encuentro improbables al cerrar el cuaderno y abrir la página doscientes dos y agradecí a Cortázar, agradecí de lo más profundo de mi ser, por enseñarme a ser un cronopio.


Candidato de Ingenuidad

⊆ January 28th, 2010 por Jules | ˜ 2 Comentarios »

Mi nombre es Julián Astorga. Yo represento al Partido Charlatán Unido Autárquico Costarricense. El Partido CUAC. Aprovecho esta oportunidad para presentarle a usted, señor votante, mis ideas y planes de cara a las elecciones.

Yo soy un hombre íntegro, firme y honesto, creo en que el cambio es posible y que es además se puede cambiar las formas de hacer política; en pocas palabras soy el menos peor. Creo en el respeto: hacia mis ciudadanos, hacia su inteligencia, hacia su capacidad de comprender la coyuntura en la que se encuentra Costa Rica y la importancia de actuar sin tibiezas. Por eso hablaré sin rodeos, sin demagogias, ni promesas.

Ustedes, votantes, amigos, socios en la reconstrucción de Costa Rica, no me verán a mí caer en las bajezas de mis rivales políticos. Yo no atacaré a los demás candidatos, me limitaré a dilapidar a sus familiares cercano. Es así como digo con certeza que la mamá de Laura Chinchilla come mocos, que la señora de Luis Fishman no se baña y huele feo, el papá de Otto Guevara tiene toda una colección de caballitos de “Mi Pequeño Pony” y que el hermano de Ottón Solís no sabe patear una bola.

Yo vengo a ustedes tras analizar largamente la situación de la Costa Rica que se nos ha venido saliendo de las manos deslizándose hacia el desagüe echando a perder las obras e instituciones que nos han legado nuestros padres y los padres de nuestros padres alargando las oraciones con gerundios y adverbios de modo y con pausas estratégicas en los discursos para que la gente entienda rítmicamente mis planes de gobierno es por eso yo, mejor que nadie, entiendo los problemas de Costa Rica.

La Inseguridad. Es la gran cruz de esta administración, es el cáncer que crece despiadadamente, es el peligroso halcón que se lanza sobre los inocentes ratoncillo de campo, es la mancha que no sale de mi camisa nueva, es la mancha de moho en la pared, el salpullido misterioso en la ingle, es toda aquella metáfora de algo pequeño e insignificante que luego crece y ya no hay como curar. Yo sé lo que es. Y lo puedo solucionar. Construiré cárceles que funcionen como hoteles todo incluido, así, los privaditos querrán ir voluntariamente a ellos, también familias van a querer aprovechar tiempos-compartidos y semanas vacacionales ahí y eso permitirá financiar la construcción de estos lugares. Llevaremos a cabo una reforma fiscal, y según el ejemplo de los reality shows, permitiremos que la ciudadanía en general escoja la sentencia de los condenados, por medio de votación por mensaje de Texto.

La Reforma Fiscal. Es la nueva oportunidad que tenemos para llenar las arcas del estado. El gran Arca del Estado la llenaré con dos impuestos de cada especie fiscal, para que después del gran diluvio en la captación monetaria puedan reproducirse y repoblar la tierra; modernizaré los sistemas de captación y supervisión de impuestos, para que nadie pueda volver a zafarse de los impuestos a las casas de lujo, a los carros de lujo, a los artículos de lujo, el arte de lujo, los calzoncillos de lujo, los lujos de lujo. Del dinero de los impuestos depende el porvenir de los costarricenses, en especial de aquellos que ya han desviado fondos y cobrado comiciones y que incluso ahora que son presidiarios en la Reforma siguen siendo financiados por el dinero de todos los costarricenses.

La Gobernabilidad. Como todo mundo lo dice creo que yo también voy a apoyar los planes para darle más orden al estado, volveremos a prácticas comprobadas, al código de Hammurabi y a la Ley del Talión. Eliminaremos las trabas burocráticas, eliminando la burocracias, agilizaremos los trámites del estado, haciendo sistemas computacionales más ágiles, y mejoraremos la atención de las oficinas gubernamentales pagando seminarios de capacitación para atención en oficinas gubernamentales para que todos ellos pasen continuamente capacitándose y nunca atendiendo en las ventanillas. Agregaremos más reglamentos, para inhibir reglamentos anteriores y crearemos una Sala Quinta que permita contrarrestar los dictámenes de la Sala Cuarta.

Instituciones Autónomas. Sin duda alguna en este nuevo pero con una década menos siglo iks iks i (xxi) hay que fortalecer a nuestras instituciones autónomas, así a partir del 8 de mayo por medio de un decreto especial ordenaré la repartición de suplementos multivitamínicos para los empleados de esas instituciones, el sapito de kölbi se me ve un poco escuálido y poco capaz para competir.

Infraestructura vial. Concesionaremos más calles, más puentes, más vías de tren, más líneas de autobuses para que la seguridad vial de los costarricenses quede en otras y mejores manos. Pronto concesionaremos a los taxis, a los porteadores y a los policías de tránsito y antes de mis cuatro años, también concesionaremos a los semáforos inteligentes, a los peatones y al mismo Ministerio.

Medio Ambiente. Para proteger el ambiente y cumplir con el objetivo de la carbono-neutralidad crearemos nuevas leyes para declarar más zonas protegidas. El Casco Central de San José será declarado Parque Nacional, para proteger su única flora y fauna, animalitos como los Venderos Ambulantes Salvajes, los Homo Petrerus, las manadas de madres que pasean con sus críos, las duales simbiosis entre conductores psicópatas y automóviles descompuestos deben ser protegidos por ley. Se prohibirán las construcciones de todo tipo para que los turistas sigan queriendo disfrutar con la cruda naturaleza de Costa Rica, para que de verdad crean que no conocemos la tecnología, la ingeniería ni el lenguaje.

En esta campaña recuerden votar por Julián Astorga y por el Partido CUAC.

No insultaré su inteligencia con eufemismos y palabras falsas, lo que he dicho lo cumpliré y por eso se los presento así sin tapujos. En los debates podrán esperar de mí una actuación sobria y convincente. Me preparé bien. Mejor que para los exámenes de Bachillerato. Me entrenaré en Danza Interpretativa para que mi lenguaje corporal transmita seguridad, confianza y elegancia. Podré cantar el himno, recitar poemas y los últimos cinco informes del estado de la Nación en verso yámbico. En vez de coros de mujeres embarazadas, serán hombres y mujeres embarazados y embarazadas para que se transmita mi mensaje de igualdad para todos y todas los votantes y las votantas, los que sostengan mi campaña. No aceptaré donaciones millonarias, por eso ando en los buses, vendiendo estas divertidas calcomanías y sabrosos chocolates, recordándoles que manos que dan, nunca estarán vacías.

Muchas Gracias.

[Espacio politico impagable]